Grandes momentos para el sector

 Publicado el Por Salvador Manjón

Por un 2024 próspero. (photo: User)
Por un 2024 próspero.

Llegan las Navidades y, con ellas, momentos frenéticos de ventas en las bodegas. El carácter festivo del vino le confiere un protagonismo especial en unas fechas en las que la preocupación por el gasto pasa a un segundo plano y todos, cada uno dentro de nuestras posibilidades, hacemos un esfuerzo por darnos un homenaje con vinos a los que, tal vez, les hemos dado la espalda el resto del año.

Aun así, la caída del consumo mundial sigue ahí y las consecuencias que pudiera acabar teniendo sobe la vitivinicultura, en forma de una peligrosa espada de Damocles, resultan todavía impredecibles.

Hasta no hace mucho, todo era una cuestión de oferta y demanda, oscilaciones propias del mercado que debía ir ajustando precios en función de la producción (cosecha) y demanda. Destacando una fuerte componente internacional para todos los grandes productores mundiales (Francia, Italia y España), pero especialmente relevante en nuestro caso.

Vender fuera lo que no somos capaces de consumir en nuestro país, no es, en sí mismo, nada malo. Hacerlo a bajos precios, con comportamientos más propios de commodities que de verdadero valor de producto, lo es mucho más. Pero es lo que hay.

Los problemas vienen cuando esos compradores que se acercan a nuestros vinos “por precio”, tienen problemas para colocar su producción y acaban obligándonos a asumir como nuestros sus desequilibrios, trasladándonos problemas de comercialización sobre los que no tenemos ninguna posibilidad de actuar.

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