Te conozco, te amo, te vi nacer, madera...

 Publicado el Por Vargas

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Es habitual recibir en nuestra casa a diseñadores que vienen cargados de expectación al salir de sus agencias de diseño en el centro de la ciudad para conocer nuestro taller de estuches de madera. Su ubicación en un paisaje rural, cobijado por la Sierra de Cantabria y rodeado de viñedos favorece la experiencia. Por cierto, esos viñedos se encuentran ahora cuando escribimos esas líneas, colmados de nieve tras una espectacular nevada.

Llegan a Vargas, miran a su alrededor y comienza una conversación llena de referencias a la naturaleza, los bosques, los tipos de árboles y la importancia de mantener vivo y ocupado el mundo rural.

Nos gustaría dedicar este espacio que amablemente nos cede La Semana Vitivinícola para compartir algunas de las referencias que inspiran esa conversación, que impulsan los valores de la familia Vargas y que nos gusta compartir con cuantos diseñadores y clientes visitan nuestro taller. Querido lector, esperamos que las disfrute.

Todo había cambiado. Incluso el aire. En lugar de los vendavales secos y brutales que me acogieron las primeras veces, soplaba una leve brisa cargada de aromas. Lo más asombroso de todo fue oír el ruido del agua de verdad cayendo en un estanque. Advertí que habían construido una fuente que manaba en abundancia y que, junto a ella y eso fue lo que más me emocionó, habían plantado un tilo que debía tener unos cuatro años, ya lozano, símbolo incontestable de la resurrección.

“El hombre que plantaba árboles”, Jean Giono.

 

Es una sensación inigualable la de salir al bosque cuando la nieve aún tiñe la tierra alrededor de los árboles y se respira un aire primaveral frío y sutil.

La naturaleza es dadivosa en muchos sentidos, y los esfuerzos del leñador siempre tienen premio.

“El libro de la madera. Una vida en los bosques”. Lars Mytting.

 

“He vuelto a ver los álamos dorados,/ álamos del camino en la ribera/ del Duero, entre San Polo y San Saturio,/ tras las murallas viejas/ de Soria -barbacana/ hacia Aragón, en castellana tierra-./ Estos chopos del río, que acompañan/ con el sonido de sus hojas secas/ el son del agua, cuando el viento sopla,/ tienen en sus cortezas/ grabadas iniciales que son nombre/ de enamorados, cifras que son fechas./ ¡Álamos del amor que ayer tuvisteis/ de ruiseñores vuestras ramas llenas;/ álamos que seréis mañana liras/ del viento perfumado en primavera:/ álamos del amor cerca del agua/ que corre y pasa y sueña,/ álamos de las márgenes del Duero,/ conmigo vais, mi corazón os lleva.

“Campos de Castilla”, Antonio Machado.

 

Y empecé a darme cuenta entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

“El pueblo en la cara. Viejas historias de Castilla La Vieja”. Miguel Delibes.

 

Mi mejor poema es mi huerta; mi mejor documental, el bosque que he conseguido poner a crecer; mi mejor conferencia, la que le doy a menudo al silencio… Poco, o nada, iguala y menos aún supera al sereno placer de asistir a la revitalización de un paisaje.

Hay que situar al bosque en la dieta esencial. Su primera función es alimentar, pero no solo a nuestros estómagos, todavía más a los pulmones, a los ojos, a los tímpanos…

Y me puse a imaginar un bosque, shakespeariano, avanzando hacia las ciudades para talarlas.

El bosque es la más compleja, completa, hermosa y necesaria de las formas en que la Vida salva a las vidas.

“Laudatio Naturae”. Joaquín Araújo.

 

Que no desaparezca el paisaje.

Que se mantenga viva la llamarada de lo que nos ha conformado. De esas caminatas entre bosques, río y montañas a los lados del Pirineo.

Que perdure esa mirada. La esencia de lo puro.

Y por todo ello, desde aquí quiero empezar con una invitación a que os perdáis en los bosques. Que os acerquéis a un diálogo con el paisaje. Al taco y al olor de la madera.

“El lenguaje de los bosques. Un diálogo con el paisaje. Con el tacto y el olor de la madera”. Hasier Larretxea.

 

Llama la atención el valor que aún se otorga a la madera, incluso en nuestra época en un país nuevo: valor más duradero y universal que el del oro. A pesar de todos nuestros descubrimientos e invenciones, no hay hombre que pase por alto un montón de leña.

“Walden”. Henry David Thoreau.

 

Todo era verdad bajo los árboles,

todo era verdad. Yo comprendía

todas las cosas como se comprende

un fruto con la boca, una luz con los ojos.

Antonio Gamoneda.


Te conozco, te amo,

te vi nacer, madera.

Por eso

si te toco

me respondes

como un cuerpo querido.

Pablo Neruda.


Más información en www.vargas.es


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