Los errores no se niegan, se asumen

 Publicado el Por José Vicente Guillem , Rafael de Michelena

En el seno de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2010, su sector más ortodoxo y el lobby anti-alcohol impusieron sus criterios en asuntos que contradecían determinadas normativas nacionales, tradiciones inteligentes o reglas, que consideraban el vino como alimento e integrante de la Dieta Mediterránea en toda la Unión Europea, adoptando un posicionamiento por el que consideraban que el vino no podía conceptuarse como una mercancía y menos un alimento, olvidándose de su posición en la década de los 80 sobre la Paradoja Francesa.

La problemática, interesadamente creada hace diez años, fue creciendo e incitando a la creación de atmosferas enrarecidas en torno a nuestro sector, emplazando al vino (con un bajo contenido alcohólico procedente de un proceso fermentativo natural) entre aquellas otras bebidas de alta graduación alcohólica que utilizan alcoholes destilados y, por ello, no cualificadas como alimento, enraizándolo a nivel de estupefaciente.

En este sentido, es indignante que una TV pública y nacional, en espacio de mayor audiencia, se permitiera introducir una de sus noticias destacando: “La droga legal que más se consume es el alcohol y concretamente el vino”. Pero no se preocupen, no ha pasado nada, ya que, para algunos, los errores no hacen falta negarlos, simplemente basta con asumirlos.

Desgraciadamente, sin querer buscar culpables, transcurrieron años de abandonos, separaciones, tensiones y traiciones por parte de la Comisión, Gobiernos nacionales y operadores sectoriales que configuran la cadena agro-alimentaria, que posibilitaran restañar heridas, tranquilizar y unir voluntades para encarar el futuro. Futuro incierto si no se afronta con soluciones sólidas, con un modelo de gestión eficiente, igual para todos, que defienda los intereses generales de nuestros vinos y del bien común.

En determinados ambientes se consensua que una de las razones fundamentales para que un sector crezca, se desarrolle y evolucione, es su capacidad para dar respuesta precisa a los problemas que se le plantean, además hacerlo en tiempo, hora y, si es posible, todos juntos con las sinergias correspondientes. Pregunta de examen: ¿cuándo y cómo se asumió o promociono el necesario liderazgo que se necesitaba para enfrentarse a la OMS?

 

 

Que nadie se excuse en perseverar que la OMS actuó con poca transparencia, pues La Semana Vitivinícola, en 1983, público un trabajo, sobre “El vino en la alimentación humana”, analizando una evolución a nivel de consumidor, con descenso del consumo y cansancio de determinados vinos, enfatizando destacar prioritariamente la consideración del vino como alimento. Advertía que el problema llegaría de las naciones emergentes por su concepto de viña y vino y su competitividad, exhortando la oportunidad de incorporar tecnología e innovación al tradicional e histórico mundo vitivinícola europeo para no perder mercado. Observaciones importantes en 1983, validas en 2010, pero manifiestamente insuficientes en 2021.

Ante la adversa y nefasta filosofía acordada por la OMS y apoyada por los potentes lobbies industriales anti-vino, solo desde la ciencia, el conocimiento y la formación, pueden generarse sinergias que se contrapongan clara y razonadamente a estas opiniones. En ese sentido se tiene que potenciar la educación ciudadana en la cultura del vino y su consumo moderado, dejando en discreto segundo plano aspectos economicistas, comerciales o luchas por el poder.

El proceso ya iniciado, que avanza lentamente, es más seguro que el autobombo y la complacencia que siempre ha imperado en nuestro sector comunitario y nacional, ante el indebido uso que algunos hacen de la libertad al generar problemas de salud, económicos, sociales y culturales según zonas, que se imputan sobre el vino y no sobre otras bebidas más o menos alcohólicas e industriales, dejando a la sociedad o los principios activos que la mueve, libre de toda culpa.

Una vez creado el problema, muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras ante un inmerecido ataque sectorial, callaron o no participaron en el recurrente eufemismo de “transformar un problema en una oportunidad”. Puede que las prisas, la inmediatez o la falta de interés o aquello de “que inventen ellos”, haya hecho posible que los arboles no dejen ver el bosque y se perdiera una oportunidad de defender al sector frente al fuego amigo y sus incondicionales.

Cuando es necesario ganar la batalla ciudadana y que el concepto de credibilidad saludable se incline hacia el lado del sector del vino, en razón de ser de sus viñedos, los caracteres del vino de él procedente y las sensaciones capaces de generar por su aportación a la cultura y patrimonio de los pueblos y en constante dialogo con ellos, hay que cuestionarse cómo hemos sido capaces de mal gestionar el legado histórico de las culturas Mesopotámicas, donde la viña y el vino desempeñaban una función social casi divina, o griegas, hasta nuestros días en el que el vino se estudia y presenta bajo tres aspectos: nutricional, tóxico y medicinal. Cómo hemos sido capaces de no potenciar los estudios que buscaron y demostraron las bondades del vino realizados por eminencias de la ciencia tales como Pasteur, Ramón y Cajal, Masquelier, Grande Covián, De la Torre, Lamuela, Polo y otros muchos más que hacen interminable un completo listado de ellos.

En España, actualmente tenemos y reconocemos la ingente labor que desarrolla SeVi (1945), FVEA (1978), FEV (1978), UEC (1985), FIV actualmente IN (1992), AEPEV (2006), PTV (2010) y un conjunto de equipos en el CSIC, Universidades, Escuelas Técnicas. Institutos, Masters, etc., que estudian y divulgan la personalidad del sector entre sus líneas más importante de trabajo, aportando valores que se contraponen al porcentaje de alcohol en su composición equilibrada, pero si nos remitimos a los resultados que se precisan, nos falta un Messi organizador y un Cristiano que convierta en gol el trabajo de todo este formidable equipo. Tenemos buenos mimbres para confeccionar el mejor cesto.

Ojalá la situación creada por un pequeño despiste en información televisiva, avive mentes dormidas y no sea solo postureo mediático o el sueño de una noche de verano. La viña y el vino necesita seguridad, sobre todo en esa España deshabitada estos días cubiertas de blanco y en lucha contra Filomena y el Covid.


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