Los nuevos enclaves del viñedo argentino buscan una identidad propia

 Publicado el Por Alfredo López

Argentina.

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La Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) y el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación están avanzando en el Plan Estratégico Vitivinícola Argentino (PEVI) y su adecuación a las exigencias del 2030. El sector vitivinícola de Argentina cree que su futuro próximo pasa por una rápida recuperación y crecimiento de las exportaciones; por la eliminación o bajada de las retenciones; por la eliminación del impuesto PAIS para los gastos de promoción de las empresas en el exterior; por la reducción de los altos costos financieros para la inversión en innovación tecnológica y por la utilización conjunta de las plataformas digitales con las que poder llegar de forma conjunta a los mercados, según cita en una nota informativa la Consejería de Agricultura de la Embajada de España en Buenos Aires, que dirige Arnaldo Cabello.

El vino argentino, con la Malbec como “variedad insignia”, se ha ganado el prestigio internacional, tanto por la calidad de sus productos, como por el enoturismo que genera, considerado como de los mejores del mundo.

Prueba de ello, es el reconocimiento por la World’s Best Vineyards, a la Mejor Bodega y Viñedo en 2019 y 2020. Cuyo es la región productora y Mendoza su provincia referente; pero la producción se está extendiendo a regiones más extremas, tanto hacia el Norte (Salta, Jujuy, Catamarca) como al Sur-Patagonia (Neuquen, La Pampa, Rionegro), en busca de sus valles y sus uvas, para elaborar pequeñas producciones de alta calidad, de caldos diferentes a los tradicionales

Así, las variedades Bonarda, Chenin, Cereza, Torrontés, Criolla Grande, Moscatel de Alejandría, ganan terreno en los nuevos enclaves de producción, a las variedades francesas como Merlot, Cabernet Sauvignon o Pinot Noir, según se cita en la nota de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación, en Buenos Aires.

Crisis multifactorial

Hay multitud de factores, según se recoge en ‘Noticias del Exterior’ del Ministerio de Agricultura, que inciden, como en el caso de España, en esa bajada: las recurrentes crisis económicas, que reducen lo superfluo; los hábitos laborales, que llevan a que el tiempo dedicado a la comida sea breve y, por lo tanto, no haya vino; las empresas, que reducen o suprimen los almuerzos o cenas de negocios y con ello el vino; los controles de alcoholemia en las carreteras y vías públicas, que retraen el consumo; el arraigado culto al cuerpo de la sociedad argentina, en la que el alcohol es un elemento negativo a eliminar o disminuir; otras alternativas que antes no existían (aguas saborizadas, zumos, bebidas isotónicas, refrescos bajos en calorías y azúcar, etc.). Y, sobre todo, la popularización del consumo de cerveza.

 

En Argentina la cerveza pasó de estar muy por debajo del vino, a duplicarlo a nivel consumo per cápita. Hay que diferenciar los dos grandes mercados en este país, el interno y el exterior. El interno, está muy afectado por la situación económica, la inflación y el tipo de cambio, siempre muy fluctuante. Durante el confinamiento a consecuencia del Covid-19, las ventas del canal de Hostelería y Restauración (Horeca) han sufrido una fuerte caída, pasando las mismas a la venta “off-trade” y a la venta “online”, lo que ha llevado a que el consumo en los hogares haya aumentado un 8,8% en los siete meses de 2020, circunstancia que han aprovechado las bodegas para aligerar los stocks acumulados de campañas anteriores.

El vino en Argentina está muy bien posicionado en edades de 50 años para arriba. Ahora se trata de atraer a los “millennials” como consumidores del futuro, con propuestas que incorporen la tecnología para que interactúen con su móvil “smartphone”, haciéndolo más accesible a sus bolsillos (buena relación calidad/precio) y asociando su producción a lo “sostenible” (la vitivinicultura incorpora medidas para paliar el cambio climático y la utilización responsable del agua).

Por último, no pretenden descuidar lo que en Argentina se denomina el “cara a cara”, que es el “boca a boca” español, como guiño de acercamiento y complicidad con el consumidor directo.

Según datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, se exportan 300 millones de litros (3Mhl), por valor de 800 millones de dólares estadounidenses al año. Los principales destinos son Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Brasil, Países Bajos y China.

Sin embargo, durante la pandemia los principales mercados han caído un 3,5% en volumen y un 3,2% en valor, a lo que Argentina ha contrarrestado con exportaciones de vino a granel, manteniendo los precios o bajándolos, lo que le está permitiendo captar ese “trade down” (comercio a la baja).


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