Una vendimia de sobresaliente

 Publicado el Por Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL)

“Dios aprieta, pero no ahoga”, un refrán que se ajusta a la perfección a lo vivido este año. Mientras que el 2020 pasará a la historia por la pandemia y todos los problemas aparejados, en el sector vitivinícola se recordará como uno de los mejores por la cantidad, calidad y sanidad de la uva recolectada. No ha sido fácil, sin embargo, cosechar estos resultados. Lo atestiguan cinco ingenieros agrónomos del COIAL que trabajan en cuatro zonas diferentes dedicadas al cultivo de uva: Terres dels Alforins, Utiel-Requena, Turís y Yecla. Todos coinciden en su buena valoración de la cosecha a pesar de las complicaciones. Sin embargo, la más conocida de todas ellas, el Covid, no ha tenido incidencia en la vendimia.

Calidad y cantidad

“La de 2020 ha sido una especie de vendimia soñada. Después de dos años consecutivos en los que las danas nos han inundado en plena recolección, este año la climatología nos ha acompañado a pedir de boca. 2020 ha sido una gran añada, por el momento, con muy buena calidad de uva, muy buena maduración y sin fenómenos meteorológicos que interrumpiesen el ritmo de recolección”, se felicita Joan Llobell, ingeniero agrónomo y copropietario de Fil·loxera & Cia, en Terres dels Alforins (Valencia).

Pablo Cortés, de Winery On de Yecla (Murcia), ingeniero agrónomo y enólogo, afirma que hacía años que no tenían “una vendimia así, ha sido espectacular. El clima nos ha acompañado mucho. Las lluvias de primavera nos dieron buen aporte hídrico para el resto del ciclo, y cuando la uva empezó a enverar comenzó a hacer calor y no ha llovido, por lo que tenemos una uva muy sana. La producción más o menos igual que el año pasado, pero la uva está mucho más sana y es de mucha calidad”.

Algo similar ha ocurrido en Turís (Valencia), al frente de cuya cooperativa está la ingeniera agrónoma Ana Calvet. “Hemos recolectado más kilos de lo esperado a pesar de la merma en Malvasía y en Tempranillo, pero en Moscatel la producción ha superado a la del año pasado. Podríamos hablar de producción media y de calidad buena. Para nosotros no ha sido un año complicado y estamos contentos con la calidad. Ha salido una uva con bastante grado y una sanidad buena”.

Pablo Martínez, ingeniero agrónomo a cargo de las viñas de Bodegas Vegalfaro, de Utiel-Requena (Valencia), reconoce que ha sido “un buen año en cuanto a cantidad. Pero nosotros anticipamos calidad a cantidad, por lo que hemos recurrido a los clareos para evitar un exceso de carga que hubiera actuado en detrimento de la calidad de la uva”.

Uva sana, pero mucho trabajo

Para Pablo Martínez no ha sido, ni mucho menos, un año fácil: “Hemos tenido un cúmulo de muchos trabajos para que la vendimia haya dado resultados tan buenos. En el aspecto sanitario y equilibrio agronómico, de los últimos diez años ha sido la más complicada y la hemos gestionado muy bien para obtener uva de primera calidad. Se han juntado una primavera muy lluviosa con la Covid. El manejo agronómico del cultivo ha sido complicado, pero luego todo ha ido bien. La gestión de la cubierta vegetal ha sido de especial importancia. Con lo que sufrimos a principio de año, nadie pensaba que acabaría así. En otras zonas vitivinícolas de España han tenido muchos problemas, llegando a perder hasta el 80% de la producción en un caos generalizado, cosa que no ha pasado aquí”.

Pablo Cortés incide en la calidad que ha propiciado la meteorología. “La uva ha madurado muy bien. También ha habido un equilibrio con la maduración fenólica. Hemos cosechado la Monastrell a partir de 14 grados y los blancos sobre 11 porque buscábamos un poco más de acidez este año, lo que nos llevó a vendimiar un poco antes, en agosto. Y la uva tinta también ha ido espectacular: tiene color, el tanino maduro, los vinos están saliendo con mucha fruta. Estamos muy contentos, la verdad”.

Para Pablo Calatayud, de Celler del Roure, en Terres dels Alforins, “la naturaleza ha querido reparar las heridas de la pandemia y nos ha regalado racimos muy sanos, mostos equilibrados con notas cítricas y de flores en infusión. La vendimia del Covid-19 será la de vinos tremendamente frutales con un carácter y brillo especial”.

La ingeniería agronómica, una profesión que no se entiende sin la vitivinicultura

Quizá estemos ante una de las dedicaciones más “pasionales” de la ingeniería agronómica y cada vez son más los profesionales que se abren camino en este difícil pero gratificante mundo. Un ejemplo de las nuevas generaciones que vienen pisando muy fuerte es Pablo Martínez que, como ingeniero agrónomo, se responsabiliza de analizar cada uno de los factores que influyen en el proceso agronómico. “Tenemos conocimientos globales de todo lo que puede afectar a un cultivo y darle solución, y si no existe tenemos los recursos para llegar a dar con ella. Es necesaria la capacidad de análisis de la totalidad del proceso para la toma de decisiones, porque esto es una cadena, si falla un eslabón perjudica el resto”, sentencia Martínez.


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