Conservación del agua y del suelo en viñedos

 Publicado el Por Jorge Mongil Manso

Artículo con tablas en PDF adjunto.

El suelo y el agua son dos elementos esenciales para cualquier cultivo y, específicamente, para el viñedo. Pero si no se gestionan adecuadamente, estos recursos pueden perderse fuera de la viña y, por lo tanto, reducirse la productividad del suelo y la influencia positiva de este sobre la vid. El suelo, la planta y la atmósfera forman un ciclo hidrológico puntual, a pequeña escala, en el que el intercambio de agua es fundamental, y que, además, tiene implicaciones en otros aspectos como la nutrición de la planta. Hay dos problemas que pueden afectar a este sistema:

- La pérdida del recurso suelo: El suelo está sujeto a la erosión hídrica si no posee una cubierta vegetal que lo proteja durante las lluvias.
- La pérdida del recurso agua: En los suelos desprovistos de vegetación, el agua de lluvia no se infiltra sino que se convierte en escorrentía y se dirige hacia los cursos de agua, arrastrando las partículas del suelo.

Los cultivos leñosos de secano, como son los viñedos, se incluyen en el Plan de Acción Nacional contra la Desertificación (2008) como uno de los escenarios de la desertificación en España, fundamentalmente por tratarse de terrenos muy susceptibles de erosión, por su escasa cubierta.

En algunos viñedos, como los de Anoia-Penedès, las transformaciones en las tierras eliminaron las técnicas tradicionales y dejaron los suelos desnudos, lo que reactivó o aceleró los procesos erosivos (Martínez-Casasnovas et al., 2009; Martínez-Casasnovas et al., 2012). En los suelos de viñedo, en los que las filas de vides dejan amplios espacios sin vegetación, se genera una gran cantidad de escorrentía superficial que arrastra el suelo y produce la pérdida de nutrientes (Ramos & Martínez-Casasnovas, 2006). De esta forma, progresan y se generalizan fenómenos de erosión laminar, en regueros y en cárcavas. Por otra parte, se ha cuantificado el coste de los daños producidos por la erosión en un 5% de los ingresos por la venta de la uva (Ramos et al., 2005).

Los procesos erosivos en viñedos provocan el arranque y transporte de sedimentos, la reducción del almacenaje de carbono orgánico, la pérdida de la fertilidad de los suelos, exposición de las raíces de las plantas y, por lo tanto, la pérdida del soporte físico de las plantas, y formación de regueros, cárcavas y coladas de barro (Auzet et al., 2006; Blavet et al., 2009).

Como se puede deducir de la ecuación universal de pérdidas de suelo (USLE), los principales factores de los que depende la erosión son el clima (fundamentalmente las precipitaciones), el suelo, el relieve (pendiente y longitud de la ladera), la cubierta vegetal o cultivo y la utilización de prácticas de conservación de suelos. Más concretamente, para los viñedos mediterráneos, hay que tener en cuenta también los siguientes factores:

- El viñedo se cultiva muy frecuentemente en áreas de fuerte pendiente (Wichereck, 1993). Además, en la mayoría de las zonas vitícolas del mundo, las líneas de vides se disponen en línea de máxima pendiente, lo que acentúa la pérdida de suelo (Zanchi, 1998).
- Zonas sometidas a tormentas muy intensas de gran capacidad erosiva (Arnáez et al., 2007).
- La superficie del suelo se encuentra durante buena parte del año desprovista de vegetación, porque los propios viticultores la eliminan para reducir competencia con la vid (Llorente, 2015).
- Las labores mecanizadas compactan el suelo, lo que reduce la infiltración y la retención de agua e incrementa la escorrentía (Llorente, 2015).
- En la viticultura actual se han dejado de lado prácticas de conservación de suelos y se tiende a reducir la densidad de viñas lo que supone más suelo desnudo (Llorente, 2015).

En la Tabla 1 se muestran algunos valores de pérdidas de suelo en viñedos, obtenidos por varios autores y recopilados por Llorente (2015). En general, se consideran como tolerables tasas de 10-12 t·ha-1·año-1 pero, para Europa, Verheijen et al. (2009) indican que la tasa tolerable es de 0,3 a 1,4 t·ha-1·año-1.

Conservación de aguas y suelos
El manejo adecuado del suelo y el agua en el viñedo pasa por favorecer la infiltración (entrada de agua a través de la superficie del suelo) y frenar la escorrentía. Si somos capaces de captar el agua de lluvia y escorrentía en las viñas, también recogeremos suelo, nutrientes y materia orgánica que, en caso contrario, se perderían fuera del viñedo transportados por la escorrentía superficial.

De forma tradicional, tanto en los viñedos como en otros cultivos, se han llevado a cabo técnicas de conservación de suelos para preservar a estos de su deterioro, pérdida o reducción de su fertilidad. Algunas de estas técnicas han caído en desuso, generalmente debido a la mecanización de la agricultura, pero sería muy interesante su recuperación por los beneficios que implican. La estrategia general en la utilización de técnicas conservacionistas se muestra en la Tabla 2. En función de la vocación del suelo, y según sea la comparación entre las pérdidas de suelo reales de la parcela y las tolerables (alrededor de 10-12 t·ha-1·año-1), la tabla nos indica la mejor alternativa.

A continuación, se describen las principales técnicas de conservación de suelos aplicables a viñedos:

1) Terrazas. Las terrazas son estructuras que consisten en un surco o canal y el correspondiente lomo o caballón, generalmente construido de tierra o piedra, trazados según curvas de nivel, de manera que intercepten la escorrentía, provocando su infiltración o evaporación, o desviándola a un lugar determinado debidamente protegido y con una velocidad controlada que no ocasione erosión en el canal (López-Cadenas, 2003). Existen diversas terrazas, en función del perfil, de la forma del tamaño, etc. (Mongil et al., 2009). Uno de los tipos más habituales son los bancales, que se construyen con pendientes mayores del 20% y perpendiculares a la línea de máxima pendiente. En este caso, el movimiento de tierras afecta a todo el terreno de forma continua, mientras que en otros tipos suele existir una franja de terreno natural sin alterar. Han sido ampliamente utilizados para la plantación de viñas desde hace siglos (Figura 1).

2) Cultivo siguiendo curvas de nivel. Consiste en realizar las labores y otras prácticas de cultivo en el sentido de las curvas de nivel del terreno, para eliminar o reducir la escorrentía superficial
y la correspondiente erosión por arrastre del suelo. En los viñedos, todas las labores mecanizadas deberían realizarse en el sentido de las curvas
de nivel, para favorecer la infiltración frente a la escorrentía.

3) Cultivo en fajas. Ordenación de los cultivos en el tiempo y en el espacio, de manera que se sucedan alternativamente las fajas de terreno descubierto o con escasa vegetación, con otras, cubiertas de vegetación densa y resistente a la erosión hídrica. Las fajas se disponen según curvas de nivel. La anchura de las fajas debe ser suficiente para detener la erosión. Por lo tanto, se trata de alternar fajas de viñedo con fajas de otro cultivo de cubierta más densa, para que esta frene la escorrentía y reduzca la erosión.

4) Laboreo de conservación. El laboreo de conservación (mínimo laboreo y siembra directa) consiste en realizar las mínimas labores en el terreno, dejando sobre el suelo la paja o los restos del cultivo anterior. Es de aplicación fundamentalmente para los cultivos herbáceos, aunque en el viñedo se podría aplicar esta idea dejando la hojarasca de la vid sobre el suelo y no arando las calles entre filas de vides.

5) Rotación de cultivos. Se trata de la sucesión en el tiempo de distintos cultivos en una misma parcela. A largo plazo supone un método de defensa y recuperación del suelo, y da mayor estabilidad al ecosistema agrario. No obstante, la técnica no es viable directamente para los cultivos leñosos, pero sí podría llevarse a cabo una rotación de cultivos o de diferentes cubiertas en las calles entre vides.

6) Cultivos de protección. Son cultivos de cereales o leguminosas que se destruyen antes de completar su ciclo, quedando los restos sobre el suelo. De esta manera se controla la erosión y aumentan los rendimientos de cultivos posteriores. La aplicación a los viñedos sería, como en los casos anteriores, en el espacio entre filas de vides.

7) Cortavientos y setos. Los setos y cortavientos son plantaciones lineales de árboles o arbustos, que reducen la velocidad y fuerza erosiva del viento. Así mismo, frenan la escorrentía y, por ello, aumentan la oportunidad de infiltración del agua. Además, estas plantaciones contribuyen a disminuir la desecación del suelo y la formación de costras.

8) Cubiertas vegetales. Las cubiertas vegetales de los suelos de las viñas son una medida eficaz y muy en boga en los últimos años. Aunque tienen algunos inconvenientes debido a la competencia de esta vegetación con las vides por recursos como el agua o los nutrientes, las cubiertas presentan bastantes ventajas (Ramírez & Lasheras, 2015): protegen contra la erosión, mejoran la estructura del suelo, facilitan el paso de la maquinaria en cualquier época del año, reducen la compactación del suelo debida al paso de la maquinaria, enriquecen el suelo en materia orgánica, activan la actividad microbiana del suelo y controlan el crecimiento de algunas malas hierbas. En la Tabla 3 se muestra una clasificación de los diferentes tipos de cubiertas vegetales empleadas en viñedos.

Existen numerosas experiencias de utilización de cubiertas en viñedos. Rodrigo-Comino et al. (2017a, 2017b) proponen sembrar plantas aromáticas y/o leguminosas en forma de parches en aquellas zonas de la viña que sean el origen de la erosión, que además de proteger el suelo también pueden comercializarse o servir de alimento para el ganado. Marqués et al. (2007) han comprobado en la comunidad de Madrid que las cubiertas frenan la escorrentía generada por la lluvia en primavera. La humedad media del suelo no se ve afectada, aunque sí su comportamiento hidrológico. Marqués et al. (2009) indican que las cubiertas vegetales permanentes en cultivos leñosos en pendiente mejoran las características del suelo y reducen la erosión, pero afectan al rendimiento de los viñedos cuando son jóvenes. Otras técnicas como las cubiertas con siega primaveral evitan la competencia por el agua, permiten obtener los mismos rendimientos y frenan eficazmente la erosión.

Prosdocimi et al. (2016) analizan el efecto de un acolchado de paja de cebada sobre la pérdida de agua y sedimentos en suelos de viñedo frente a episodios de lluvia intensa poco frecuentes, característicos del clima mediterráneo. El acolchado de paja reduce un 78% la erosión de los viñedos y en un 25% la escorrentía. Aunque en este caso estamos hablando de una cubierta de restos vegetales o mulch y no de cubierta viva.

9) Aserpiado. Es una técnica de manejo de suelos de la viticultura tradicional. Después de la vendimia (mayo-junio en Castilla-La Mancha, noviembre-diciembre en Jerez) se retira a la cepa la tierra que se le había arrimado para abrigarla, incluso se cavan alrededor de las viñas unos hoyos o piletas, todo ello con el fin de recoger el agua de lluvia y escorrentía y facilitar su infiltración. Esta operación recibe el nombre de alumbrado o aserpiado (Revilla, 1980), desacollado (en La Rioja) y descubierto (en Valladolid).

10) Microcuencas circulares sobre picón con muretes. En la comarca de La Geria (Lanzarote) las vides se suelen plantar en microcuencas circulares excavadas en el lapilli (llamado picón), que se protegen por muros de piedra seca (Figura 2). Con este sistema, además de la recogida de agua de lluvia y escorrentía, se pretende que las plantas enraícen con mayor facilidad en el suelo fértil, que la capa superior de picón reduzca la evapotranspiración y que la propia forma del hoyo y el muro de piedra protejan a las plantas del viento y capten agua de las nieblas y vapor de agua del aire (Mongil et al., 2015).

Estas técnicas de conservación de aguas y suelos deben tomarse como ideas o recomendaciones que hay que adaptar a cada viñedo, según sus características y problemática. Pero no podemos cerrar los ojos ante un problema cada vez más importante. Conservar el suelo y el agua es conservar el capital del viñedo.

Referencias
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