Tiempos de teletrabajo vitivinícola

 Publicado el Por José Vicente Guillem

Cuenta la historia y la cultura de la civilización de la viña y el vino, que, desde cuevas, fincas rusticas, cenobios, castillos, bodegas, laboratorios y empresas nacieron tipos de vinos cuyos perfiles han movido voluntades, creado iconos y garantizado el consumo del honesto vino de cada día, para satisfacción de ser humano. En todas las épocas el tiempo es oro.

Crónicas y tradiciones indican que los vinos necesitan “tiempos y hechos” para expresar sus valores y atributos, suma de ciclo de la vid, momentos de madurez, elección de técnicas de elaboración, quietud y silencio para las crianzas y sentimientos y satisfacciones en la degustación.

Los intervalos de reposo, reflexión y aislamiento, han aportado múltiples beneficios no solo a la expresión del vino, sino también a la evolución de un sector dinámico que en 2020 trabaja a golpe de ratón y correo electrónico y necesitando sosiego. Toda sinfonía tiene sus compases y tiempos lentos o vivace cual vino vivo con su fermentación tumultuosa, la tranquila retrogradación maloláctica o la crianza en silencio.

Los avances tecnológicos de las últimas décadas engarzados a la actual situación de alarma sanitaria creada, explican y motivan el aislamiento, el teletrabajo y la disposición en cumplir con determinadas vocaciones desde otras aristas y puntos de vista. Temor sanitario que afecta al sector desde la producción al comercio exterior y consumo y que obliga a mitigarlo con talento.

En la actualidad, una apuesta por el teletrabajo en la actualidad genera limitaciones propias de la actividad en bodega, administración, y transporte, pero da oportunidades que permiten avanzar en las nuevas tecnologías como la digitalización, robotización, etc., que robustecerán los controles, la gestión, la programación de actividades e incitan a pensar, por ejemplo, en un futuro de descarbonización, de vinos climáticamente neutros, de gestión racional de recursos energéticos, de biodiversidad.

La actitud del servicio a la sociedad mueve a distribuir el tiempo y cuidar momentos para pensar sobre lo bueno y lo malo, lo divino y humano y, ¿por qué no?, sobre la viña y el vino. Son muchas las situaciones sectoriales que necesitan acuerdos y tiempo.

Desde siempre, la información y comunicación han poseído sus polos de atracción, prioridades y circunstancias, si bien hay que reconocer que estos días son poco propicios para hablar de vinos, de consumo o compra, de calidades, marcas o referencias, por lo menos en lineales o tiendas (desconozco la información de lo comprado online).

Anecdóticamente, pude observar en la cola de un súper, lo que cada uno llevaba en su carrito de compra y presté atención, quizá por deformación profesional a la saturación impulsiva de algunos productos, la poca diversidad y, desgraciadamente, reparé que los vinos escaseaban o no estaban presentes en el mismo. Quizá las personas desconocían las referencias de Arnau de Vilanova, Pasteur o Fleming sobre el consumo moderado de vino y sus propiedades antisépticas.

Por otra parte, siempre se ha atribuido testimonio a que el vino es dialogo, compartir y comunicar. Regularmente nadie abre una botella y se la trasiega a palo seco o en soledad, pues sería una manifestación de anticultura vínica y pérdida de valores humanos.

En este sentido, es momento de compartir el vino en familia, de dedicarle tiempo y cariño haciendo con relajación aquello que normalmente no es posible: identificar si gusta o no, explicar los porqués y evocar con los seres queridos aquello que nos une. Volver a la hora de los vinos dulces, del fondillón, de la mistela moscatel, de las pastas y dulces tradicionales, compartiéndolos con sobremesas, diálogos en torno a una copa y esa música que ayuda a enaltecer el espíritu.

Lo que nos une en estos días de confinamiento, es la sana esperanza de poder abandonar claustros, volver a saludar y disfrutar con los amigos del buen vino, dando tiempo a la ciencia, a la sociedad y al saber hacer para que llegue el momento de pasar página, quitarse mascarillas, abrir mercados y demostrar que la civilización de la viña y el vino no tiene fronteras.

Sentencia el Evangelio la importancia del vino en su narración “Bonum vinum laetficat cor hominis”, traducido “el buen vino alegra el corazón de los hombres y mujeres” y tampoco hay que olvidar aquella otra de “con pan y vino se hace camino”.

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