Rioja levanta la bandera de la singularidad

 Publicado el Por Salvador Manjón

Un paso fundamental en la valorización del origen. (photo: Justo Rodriguez / JPEG Estudio 2)
Un paso fundamental en la valorización del origen.

La D.O.Ca. Rioja siempre ha sido un referente para el sector vitivinícola español. Atenta como pocas a las necesidades del mercado, ahora comienza su enésima revolución para valorizar sus vinos enarbolando la enseña de la singularidad. Con los nuevos “Viñedos Singulares” de Rioja (los 84 primeros se aprobaron oficialmente el pasado mes de julio) demuestra que mantiene la “cintura” suficiente como para aguantar los requiebros del consumidor y del propio sector y apuesta por el origen (hasta por el micro origen) y la autenticidad. No es un paso menor y, sin duda, quedará como hito en la historia de esta Denominación de Origen, que se constituyó como primera D.O. de España en 1925; que alcanzó el estatus de D.O. Calificada en 1991 y que en 2019 actualiza su “nomenclátor” de indicaciones, más allá de las clásicas y consolidadas de vino joven, crianza, reserva o gran reserva.

Con los “Viñedos Singulares” de la D.O.Ca. Rioja se culmina un proceso que tuvo su punto de partida a mediados de 2017, cuando se resolvió añadir al Pliego de Condiciones de la Denominación de Origen Calificada Rioja la posibilidad de identificar un origen más específico para ciertos vinos, que tiene el valor de ser certificado por el Consejo Regulador. Se combinan así requisitos cualitativos y trazabilidad geográfica, que van a enriquecer el sobresaliente elenco de vinos de ensamblaje que fundamentan la reputación de Rioja. Un avance en el esquema de certificación de los vinos de Zona (1998) y los vinos de Municipio (1999) para llegar al origen, a la viña y sus raíces. Cuando un consumidor de vino tenga en sus manos una botella con la mención de “Viñedo Singular”, tomará un vino con doble garantía. Según la normativa, el vino procederá de parajes calificados como viñedos singulares (integrados por una o varias parcelas catastrales, con características agrogeológicas y climatológicas propias y uniformes que los diferencian y distinguen de otros de su entorno, de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares), cuyas vides tendrán más de 35 años y unos rendimientos inferiores a los 5.000 kilos por hectáreas para tintas y los 6.922 kg por hectárea en las blancas. El rendimiento líquido no podrá superar los 65 litros por 100 kilos de uva y su cultivo será respetuoso con el medio ambiente y su vendimia manual. Estos vinos, como decíamos, serán evaluados organolépticamente dos veces: una vez recién elaborado y otra justo antes de su comercialización, debiendo alcanzar la excelencia a juicio de los catadores.

Hasta la fecha, la nueva indicación geográfica de menor tamaño ha recibido la respuesta de 50 titulares de 84 viñedos, representativa de 154 hectáreas, a los que se sumará, en 2020, algo más de una veintena de proyectos hasta culminar una superficie de 200 hectáreas.

Se trata de un cambio imparable, Rioja es dinámica, ha revisado las definiciones de las categorías tradicionales (reserva y gran reserva), ha introducido novedades en blancos y rosados, amparará vinos espumosos de calidad blancos y rosados y ha impulsado nuevas indicaciones geográficas. Abre un camino que otros están llamados a seguir.


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