22º Japan Wine Challenge (Tokyo)

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Con más de 20 años, el Japan Wine Challenge es el decano, más prestigioso y más profesional concurso de vino internacional de Japón. Es una cita ineludible en el calendario anual. Ronald Brown, su propietario y organizador, se apoya mucho en la experiencia de los Masters of Wine, que actúan como líderes del jurado en el concurso. Este año yo tuve el honor de ser el presidente del concurso.

Volé a Tokyo por una ruta interesante (de Burdeos a Helsinki con Finnair y luego a Tokyo con British Airways operado por Japan Airlines). Del aeropuerto fui al Shibuya Park Hotel, que resultó no ser el correcto, pero no sé cómo allí sabían dónde estaba alojado y acudí en taxi al Park Hotel. Nada más acceder a mi habitación, recibí un mensaje de Ron Brown invitándome a comer. Nos reunimos en el lobby y tomamos una excelente comida francesa mientras me daba todos los detalles del programa y de mis obligaciones como presidente. Descansé el resto del día y tomé una frugal cena japonesa con dos de los jueces del concurso: Chris Martin y Eduardo Dingle.

Al día siguiente se celebró el concurso internacional de sake y el de sidra. Toda la cata se desarrolló en el Conrado Hotel, a 2 minutos a pie desde mi hotel.

Para el concurso de sake éramos 10 jueces, entre los que había cinco de los mayores expertos japoneses en sake, tanto de la vieja escuela como de las nuevas corrientes. Estos especialistas son asombrosos. Pueden identificar el tipo de arroz que se empleó, el hongo y hasta el agua. Catan rápido y con una habilidad sorprendente. Los jueces extranjeros nos las vimos para catar más de 100 muestras de sake servidas en los tradicionales pequeños cuencos azules y blancos puestos en fila según las diferentes variedades. Catamos de pie y moviéndonos entre las filas de cuencos durante unas tres horas de arduo trabajo. Todos los jueces japoneses acabaron antes que nosotros. Hubo un sake envejecido en barrica con un color pardo que se llevó casi todas las máximas puntuaciones de los jueces y que tenía semejanzas con el jerez. Me encontré un poco desubicado, sin dar puntuaciones suficientemente útiles y entiendo que debo aprender mucho todavía de esta bebida tan compleja y fascinante antes de la cata del año próximo.

Después de un receso para comer en el hotel, unos pocos elegidos fuimos al Fuji Cider Challenge. En Japón, Fuji también es un tipo de manzana. Conformamos tres mesas con cuatro jueces cada una. En total había 54 muestras a concurso y mi mesa evaluó 19. La mayoría de ellas eran japonesas, pero hubo una muestra de Letonia y algunas de Bretaña, Normandía y el País Vasco, lo que posibilitó que el concurso pudiera denominarse como internacional. Hubo de todo, secas, semis, dulces, rosadas, ecológicas, de pera y, por supuesto, de manzana Fuji.

Como presidente de los tres concursos (sake, sidra y vino) mi día todavía no había terminado. Tuvimos un tutorial para los nuevos jueces. También acudieron algunos de los veteranos. Nuestro objetivo era enseñar a los nuevos jueces la mejor forma para evaluar las muestras con la máxima precisión y profesionalidad. Además de trasladarles nuestras metas, que eran trabajar junto con el sector japonés para aumentar el conocimiento de los aficionados al vino y para hacer crecer las ventas en Japón de vinos de calidad y valor. El seminario estuvo completo y fue muy bien recibido.

Esa noche tomé un delicioso sushi con dos de mis camaradas jueces y me fui a la cama pronto para estar listo para la cata de vino del día siguiente.

El Japan Wine Challenge ocupó los siguientes tres días. Este año éramos ocho jurados de tres o cuatro jueces cada uno. Los presidentes de panel eran jueces internacionales (4 Masters of Wine) y el conocido Katsuyuki Tanake. La cata se celebró en los salones del Conrad Hotel, con condiciones perfectas. Una sala espaciosa, ventilada, fresca y bien iluminada. Mantelería blanca, galletas saldas, agua mineral, escupideras de cartón y una más grande y de metal en el centro. Las copas se renovaban con cada ronda de vinos, de hasta 15 referencias. En mi mesa éramos tres jueces y todos resultaron muy profesionales. El primer día fueron Mitsuaki Sato y Naoki Watanabe; y el segundo Yui Uno y Charles Lawrence. Fue una jornada de cata muy larga, con más de 100 vinos evaluados. Además de un creciente número de vinos japoneses, caté vinos de Bali, Kenia y Jordania. Una cata muy internacional.

Los vinos se dividieron en cinco categorías según su precio al por menor. Entrada de gama (hasta 999 yenes), Media gama (1.000 a 1.999 yenes), Premium (2.000 a 2.999), Boutique (3.000 a 3.999) y Ícono (más de 4.000 yenes). Vinos con 14,5 puntos o 15 sobre 20 conseguían una mención; de 15,5, 16 y 16,5 alcanzaban el bronce; 17 y 17,5 la plata; 18 y 18,5 merecían el oro y 19, 19,5 y 20 ganaban la medalla de platino. El jefe de cada panel tomaba las notas de cada juez y calculaba la media. También era tarea suya la de persuadir a sus jueces para aumentar o bajar sus notas si consideraba que los vinos lo requerían. Fue otra jornada con más de 100 vinos catados. Comimos en el restaurante del hotel y cené de nuevo sushi.

Al día siguiente, evaluamos los vinos restantes. Comimos de nuevo en el restaurante del Conrad, pero acabamos más pronto. Como presidente, tuve que tomar algunas decisiones en vinos que estaban entre la plata y el oro, puesto que contaba con voto de calidad. Unos pocos escogidos recatamos todos los vinos con medalla de oro y de platino para confirmar que no había ningún error. Esa noche, auspiciados por Charles Lawrence, un joven americano casado con una japonesa y con un profundo conocimiento de la gastronomía nipona y 20 años de residencia en Japón, disfrutamos del más maravilloso pollo yakitori.

El tercer y último de los días se dedicó a los Trofeos. Participaban todos los vinos ganadores de medalla de oro y platino, de cualquier rango de precio, país o región. Los resultados pueden consultarse en www.japanwinechallenge.com/results. La ceremonia de entrega de premios tendrá lugar en febrero de 2020. Una cita que se celebra junto con la gala anual benéfica Japan Wine Challenge para la ONG Wine into Water. Los beneficios se destinan a hacer que agua potable llegue todos los días a aquellos que carecen de ella. Ronald Brown considera que esta gala es un componente fundamental de los fines educativos y sociales del concurso.

Esa noche tenía que volar con Ronald hasta Adelaida para participar como juez en su Australian Internacional Wine Tasting, pero tuve tiempo de disfrutar de una magnífica tempura, con mis apreciados erizos de mar.

El concurso sigue creciendo y ya ha cumplido 20 años. No solo es de gran valor para los operadores y los consumidores japoneses, sino que ya ha entrenado a un considerable número de paladares japoneses como jueces expertos de vinos internacionales.

Traducción: Vicent Escamilla.


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