Análisis del clima de la añada 2018 en Burdeos

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Lo mantengo año tras año. Pero como considero que es de vital importancia, no voy a pedir perdón por afirmarlo una vez más. Cada año el vino de una añada es perfilado y estructurado por el clima y las condiciones meteorológicas desde la brotación a la vendimia. Como todos sabemos, los tres factores vitales son el suelo, el clima y la mano del hombre. Podemos enriquecer el suelo, nutrirlo, regarlo (con algunas restricciones) y corregir su contenido mineral. El hombre puede aportar su conocimiento, habilidad y arte para gestionar el viñedo, la vinificación y la maduración. Pero sobre el clima no se puede actuar. Está fuera de cualquier control. Puede elevar o destrozar una añada sin que podamos hacer nada al respecto. No tenemos ni idea de qué nos deparará el mañana y los viticultores viven en un permanente estado de esperanza y miedo.

En este artículo analizamos el patrón meteorológico que moldeó la añada 2018 en Burdeos y que creó sus taninos, sus acideces, su fruta y su alcohol. Veamos, mes a mes, cómo el clima configuró la añada y por qué es lo que es.

Los cinco criterios para un gran vino

El fallecido (y al que echo profundamente en falta), Denis Dubourdieu, uno de los más grandes enólogos que Burdeos ha producido, y una autoridad mundial respecto al Sauvignon y sus precursores, formuló una receta para la obtención de un gran vino. Contiene cinco criterios que él consideraba esenciales para elaborar un vino verdaderamente grande. Con tres de los cinco tienes suficiente para hacer un buen vino, con cuatro un vino fino pero deben cumplirse los cinco para obtener un gran vino. Estos criterios son ya aceptados universalmente por los grandes enólogos en todo el mundo y son, posiblemente, el mayor legado de Denis al mundo del vino.

Los cinco criterios de Denis Dubourdieu:

  1. Una floración rápida y temprana y una buena fecundación que garantice un rendimiento suficiente y la esperanza de una maduración homogénea.
  2. Estrés hídrico suficiente durante el cuajado para limitar el crecimiento de las jóvenes bayas y determinar su futuro contenido tánico.
  3. El cese del crecimiento vegetativo de la viña antes del envero, impuesto por un estrés hídrico limitado y, por tanto, permitiendo a todos los compuestos fluir de la raíz a las uvas y no hacia crecimientos improductivos.
  4. Una completa maduración de las uvas (contenido en azúcares entre otros factores) garantizado por el óptimo funcionamiento de la cubierta foliar hasta la vendimia sin más crecimiento vegetativo (ver punto 3).
  5. Buena climatología durante la vendimia sin diluciones o podredumbre, permitiendo una total maduración de todas las uvas, incluso las de variedades más tardías.

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