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Las ventajas del acuerdo UE-Mercosur sobre los vinos europeos tardarán bastante tiempo aún en plasmarse

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Como ya avanzó la SeVi, la entrada en vigor del Acuerdo político y comercial de la Unión Europea con el bloque de Mercosur, anunciado el pasado 28 de junio y que, al parecer, podría facilitar la exportación de una parte importante de los vinos comunitarios, no será, ni mucho menos, de hoy para mañana.

Dos años más, después de 20 años de negociación con grandes altibajos, es el periodo que los responsables de la Comisión Europea calculan que se tardará al menos para que entre en vigor el Acuerdo de Asociación, del que forma parte el tratado comercial (que incluye también capítulos sobre medio ambiente, seguridad alimentaria y condiciones laborales).

Si a esto le añadimos los plazos transitorios acordados para ir eliminando los aranceles a los vinos tranquilos envasados y a los vinos espumosos más baratos de la UE, se tendrá que esperar al menos una década más –y eso si va todo más o menos bien- para puedan entrar sin tasas en los mercados de los países sudamericanos que conforman Mercosur, y viceversa.

Cabe recordar que tanto los vinos tranquilos a granel europeos, como los de los países sudamericanos de esa misma categoría mantendrán el “statu quo” actual, quedando excluidos de cualquier recorte arancelario adicional.

Según la responsable de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, por la parte europea, el tratado se aprobará en su apartado comercial dentro de un año por la CE  y posteriormente en 2021 por el Parlamento Europeo y por cada uno de los parlamentos nacionales (en la parte política y de cooperación del acuerdo). Por tanto, no se espera que entre en vigor, y solo en parte y con carácter provisional en algunos capítulos, como sería el comercial, antes de 2022.

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Preocupación por la próxima cosecha, ¿justificada?

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Está claro que el volumen elevado de existencias en bodega a estas alturas de campaña preocupa y tiene en vilo a los operadores. Que ven en los bajos precios y las posibles repercusiones que una cosecha “normal” pudiera tener sobre los mercados una situación de consecuencias impredecibles.

Acabar (son todo suposiciones porque los datos a 31 de julio no estarán disponibles hasta septiembre) con cerca de treinta y siete millones de hectolitros de vino de stock, siete sobre la campaña anterior que son poco menos de los 8’5 que tenemos de más en los últimos datos conocidos del mes de abril, no debería alarmarnos tanto como parece estar haciéndolo a los operadores. O no al menos atendiendo exclusivamente al volumen de las existencias, ya que dicha cantidad vendría a parecerse mucho a la de los años 2005 (39,3 Mhl) y 2014 (37,1 Mhl), ambas consecuencias de cosechas históricas 50,062 en 2004 y 53,55 Mhl en 2013.

También convendría señalar que las vendimias que sucedieron a estos grandes cosechones fueron de 41,119 y 44,415 millones de hectolitros, o lo que es lo mismo, cosechas consideradas “normales” por los operadores. Y aunque en estos momentos no seríamos capaces de aventurarnos en una cifra de producción para la cosecha que comienza dentro de siete días, todo parece indicar que estaremos en un volumen muy similar.

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Las incongruencias del sector

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Todos los operadores del sector vitivinícola, desde el más humilde de los viticultores, hasta la bodega con mayor capacidad de elaboración, pasando por distribuidores e importadores, están de acuerdo en señalar que si queremos que nuestros productos vitivinícolas se desarrollen y adquieran mayor notoriedad en los mercados y disfruten de precios más altos repartidos a lo largo de toda su cadena de valor es imprescindible regular la producción e intentar limitar al máximo el efecto añada que provocan el clima y las patologías del viñedo.

No es posible que cada año el precio de la uva sea motivo de gran preocupación entre los operadores dada la importante fluctuación a la que está sometido, o que la producción de vino en disposición de los operadores oscile de manera considerable con fuertes dientes de sierra en sus cotizaciones; incluso que sean las propias bodegas las que le hagan el trabajo a la demanda con prácticas de competencia desleal al fijar sus precios en función de lo que ha hecho su vecino y no de sus propios costes de elaboración.

Hasta es frecuente leer y escuchar en los medios de comunicación, hasta en los generalistas donde la información no siempre es tratada con la profundidad que merece para un público totalmente ignorante de las condiciones en las que desarrolla su actividad un sector intervenido y que debe vender sus productos en mercados muy maduros; demandas en la dirección de contar con medidas de regulación que permitan al sector autorregularse. Palabra clave con la que la Administración ha justificado ante el sector su inacción, alegando que debe ser el propio sector el que decida lo que debe hacer y el Ejecutivo limitarse a dotarle del marco legal suficiente para que pueda hacerlo.

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Mercados 24-07-19

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Mercados 17-07-19

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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