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Vía libre al informe del poder judicial sobre el anteproyecto de reforma de la Ley de Marcas

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

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El Pleno del Consejo General del Poder Judicial aprobó el pasado 27 de septiembre por unanimidad el informe sobre el Anteproyecto de Ley de modificación parcial de la Ley de Marcas que, aunque tiene un carácter general, incide claramente también en un sector netamente marquista, como es el del vino.

El objetivo es estos cambios es incorporar al ordenamiento jurídico español la Directiva (UE) 2015/2436 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2015, referida a la noción, contenido material y límites del derecho de marca, al régimen de prohibiciones de registro, a las causas de nulidad, a la caducidad, a la marca como objeto de propiedad, al procedimiento de solicitud de registro y de oposición, así como de declaración de nulidad y de caducidad, y a las marcas colectivas.

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El sector vitivinícola de la UE dejó sin gastar 64,2 M€ del presupuesto del ejercicio 2017

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El presupuesto del ejercicio del Fondo Europeo de Garantía Agraria (FEAGA) de 2017 (de 16 de octubre de 2016 a 15 de octubre de 2017) preveía unos créditos disponibles para el sector vitivinícola de 1.076 M€, destinados a hacer frente a las necesidades de todas las medidas en el mismo, incluidas en los programas nacionales de apoyo.

De ese importe total, el sector vitivinícola comunitario fue capaz de ejecutar un gasto de 1.011,75 M€, es decir, como se señala en el informe de la Comisión Europea, “hubo una infrautilización de 64,2 millones (6% del total presupuestado), frente a las necesidades previstas en el presupuesto de 2017, debido a la disminución de los gastos efectuados por algunos Estados miembros en los componentes de promoción, reestructuración e inversión de sus programas nacionales para el sector vitivinícola”.

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Un 76% de la superficie vitivinícola española demandó pagos directos de la PAC en 2018

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) publicó recientemente los datos provisionales de las superficies incluidas en la Solicitud Única de la Política Agraria Común (PAC) de 2018 y el avance de superficies declaradas de la campaña 2018/19. La superficie de viñedo por la que el sector demandó pagos directos en el Régimen de Pago Básico (RPB) se elevó a casi 720.820,06 hectáreas. Con datos provisionales, un 0,6% y unas 4.414 ha más sobre lo solicitado en la campaña anterior.

Esta superficie vitivinícola es equivalente a un 75,7% de la superficie de viñedo plantada a 31 de julio de 2017 que, según datos del Ministerio de Agricultura, se elevó a 951.985 hectáreas. Significa también que otras 231.165 hectáreas, un 24,3% del total, no percibirían tales ayudas, sobre todo en las CC.AA. de la mitad Norte peninsular.

Como ha sucedido en ejercicios anteriores, a tales efectos se incrementa la superficie declarada de viñedo en regadío y disminuye tanto la declarada en secano, como la de pequeños productores.

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Quizá deberíamos plantearnos qué hacer

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Más pronto que tarde deberemos abordar el tema de la ordenación del sector de una forma seria, responsable y siendo conscientes de la importancia que ello representa para el futuro de nuestros viticultores y bodegueros. Mantener precios que no permiten obtener una renta digna, es inasumible por un sector que quiera tener una cierta proyección. Solo cuando la viticultura se desarrolla como actividad secundaria a la que se obtiene la renta vital es posible enfrentarnos a esta situación, pero ni es factible desarrollar un sector basándonos en esta estructura productiva, ni imaginable que el relevo generacional no lleve parejo una profesionalización del sector que acabe con estas aberraciones comerciales.

Para cuando esta situación se haya dado la vuelta, será imposible mantener los actuales precios de las uvas en una parte muy importante de nuestra producción, los vinos deberán ser exportados a precios muy encima de lo que lo estamos haciendo, viéndose mermada de manera muy importante nuestra competitividad, y la producción tendrá que ser ajustada de manera imperativa.

Esta reconversión industrial, para la que hemos gastado insultantes cantidades de fondos en la reestructuración y reconversión de nuestro viñedo, inversiones en bodegas y desarrollo de mercados; expulsará del mercado a la gente que no haya sido capaz de ajustarse y cuando esto llegue las protestas de las organizaciones agrarias clamarán por la intervención de las administraciones que hagan menos dolorosa la situación.

Y yo me pregunto: ¿y si este proceso ya estuviéramos viviéndolo?

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¿Qué estamos dispuestos a hacer?

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

El mercado es libre y sus operadores, desde el viticultor hasta el distribuidor, pasando por la bodega, tienen derecho a actuar de la mejor manera que consideren para defender sus intereses. Esa al menos es la teoría que todos exigimos. Aunque llegado el momento de ser la parte que sufre las consecuencias ya no estemos tan de acuerdo con esta libertad y lleguemos a exigir cierto grado de intervencionismo.

De esta manera, cada parte busca lo mejor para ella, alcanzando un punto de equilibrio en el que los intereses del conjunto pueden operar. Esa es la teoría del libre mercado y la forma en la se desarrollan económicamente las sociedades capitalistas.

Lo que provoca que no siempre valor y precio coincidan, generando distorsiones en su sintonía, que pueden llegar a resultar chirriantes e incluso inasumibles, poniendo en peligro la propia supervivencia de aquellas empresas que no alcanzan el nivel de competencia exigido.

En el sector vitivinícola sabemos bastante de esto. Nuestros viticultores se quejan de que los precios a los que son adquiridas sus uvas no permiten obtener una renta digna. Las bodegas, de que los precios a los que pueden vender sus elaborados no les dejan margen para incrementar sus costes de elaboración. Y los distribuidores, de que el consumidor no está dispuesto a pagar un mayor precio por unos productos que tiene catalogados como de “calidad muy aceptable y bajo precio”.

La forma de romper este círculo vicioso, yo la desconozco. A pesar de lo cual, y si me lo permiten, lo que sí creo es saber la forma en la que no se soluciona. Y es bajando y bajando los precios.

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