Carta abierta a Miguel Vidal Pontones

 Publicado el Por Rafael de Michelena

Mi querido amigo Miguel, el pasado día 13 de abril y en el marco del ciclo de sesiones dedicadas a la “Cata de la Variedad Moscatel” celebrado en Cheste y organizado por la Asociación Valenciana de Enólogos, merecidísimamente te fue entregada la Medalla de Oro al Mérito Vitivinícola , que por decisión unánime acordó concederte su actual Junta Directiva, en reconocimiento a toda una trayectoria personal y profesional dedicada a la defensa de nuestra vitivinicultura y de aquellos que la hacemos posible: los enólogos.

Desafortunadamente, por compromisos familiares aceptados con anterioridad, no pude acompañaos a Mari Tina y a ti en un día tan especial. Pero ahora quiero manifestarte algo que posiblemente sea en algún caso incierto o algo falso, lo que siempre me sucede cuando el corazón se me impone a la razón, sabiendo que la vida es un camino en sentido único que debemos andar siempre hacia delante.

Podía alargarme en reseñar la personalidad de Miguel Vidal, que por encima de todo y sobre todo es siempre amigo. Siempre dispuesto. Siempre solícito. Siempre preocupado por resolver el problema de aquel que llama a su puerta. Pero siendo cierto que “el paso de los años hace selectiva a la memoria” quiero honrar en tu persona, el recuerdo de aquel grupo de jóvenes que en los principios de la década de 1970, fijando sus prioridades en la ética y la solidaridad con el extraordinario patrimonio vitivinícola de Castellón, tomaron la iniciativa de convocar y realizar la serie de los Coloquios Enológicos Internacionales de Castellón, que tu presidías acompañado por Manolo Castellanos Ribes, Tomás Villalonga, Juan Pavía, Vicente Carot, Paco Quintana, Juan Andreu, Henri Bouche, Argelio Barrera , Joaquín Pastos, José Cervera, José Noguera y a los que unieron su incondicional apoyo Luis Albalate, Víctor Fuentes, Fernando Molero, Pepe Guillem, Rafa Michelena, todo el equipo de SeVi y otros pocos más que ahora mi memoria distrae. De ahí nace nuestra irrenunciable amistad.

Fueron cinco los Coloquios Enológicos Internacionales que llegamos a celebrar (el último en abril/mayo de 1981), todos ellos bajo la Presidencia de Honor del excelentísimo ministro de Agricultura y la colaboración del alcalde-presidente del Excmo. Ayuntamiento de Castellón del año en cuestión. Qué emoción cuando en el cuarto Coloquio de 1979, un ministro de Agricultura, don Jaime Lamo de Espinosa y Michels de Champourcin, nos honró realizando la clausura del mismo.

Coloquios en los que no puedo concretar si la numerosa asistencia de profesionales que llegaban de toda España se debía a la calidad de los ponentes (Antonio Larrea, Mateo Carbonell, Emilio Boix, Manolo Ruiz Hernández, Mareca Cortes, Pedro de Bernardi, Concepción Llaguno, Clara Diez de Bethencourt, P.G. Garoglio, Baldomero Iñigo, Jöel Bonneau, Zdenko Jarolim, entre otras “primeras espadas” de la época), a los temas tan novedosos que se trataban, a la simpatía y entrega de los organizadores o a la bondad de la ciudad de Castellón.

Pero querido Miguel, no quiero olvidar que los organizadores de los coloquios decidisteis fijar los mismos justamente en las vísperas de las fiestas de la Magdalena, ya que el vino es por excelencia quien lleva la felicidad, la alegría y el amor a la sociedad y por eso Castellón se sentía satisfecha y orgullosa por estas reuniones de los enólogos de toda España y muy especialmente porque en el seno de las actividades lúdicas que ofrecían a la sociedad crearon/apoyaron el Mesón del Vino, idea original de Carlos Murria, como atracción indiscutible y reclamo eficaz para todo visitante, ya que el vino no distingue edad, ni sexo, ni status social. No hay que olvidar que el mismo, aunque durante años dejó de montarse por la deriva no deseada que tomaba, fue el origen y base del actual Gran Mesón del Vino de las fiestas de la Magdalena.

Pero, ante todo y, sobre todo, Miguel, eres una persona que derrochas generosidad en el afecto y que te haces querer desde el mismo momento en que se te conoce. Formación, imaginación, buen hacer y responsabilidad siempre te ha acompañado en tu gran labor profesional. Eres una de esas personas a las que quieres tener siempre a tu lado porque sabes que caminando junto a él siempre iras por el camino correcto.

Qué gran suerte haber mantenido durante tantos años la amistad de Miguel Vidal Pontones, de quien quiero despedirme con una cita que Mateo Carbonell atribuyó a Gonzalo de Berceo: “Vino que del cielo vino, / vino con tanto primor, / que al hombre sin saber letra / le hace predicador”.

Un fuerte y sincero abrazo.


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