Pau Roca, candidato español a la Dirección General de la OIV: ‘Defiendo una visión compleja, pero también más rica del mundo del vino’

 Publicado el Por Alfredo López

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El próximo 23 de noviembre, en Punta del Este (Uruguay), en el trascurso del 4º Congreso de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), se conocerá si finalmente Pau Roca accede a la Dirección General de este organismo internacional con sede en París. Sería la primera vez que un candidato español accediese a este puesto, desde su creación en 1924, haciendo honor y justicia al peso social, económico y cultural que representa el sector vitivinícola de nuestro país en el mundo.

Esta organización intergubernamental, formada por 46 Estados miembros, que representan más del 85% de la producción mundial de vino y cerca del 80% de su consumo, y con 14 diversas instituciones y asociaciones como observadores entre ellas la Unión Europea como tal, ha estado siempre dirigida por un candidato francés, salvo en la década de principios del año 2000, en que la ocupó el italiano Federico Castellucci.

No es la primera vez, sin embargo, que Pau Roca se presenta a este puesto. Hace 22 años que ya se lo pidió el ministro de Agricultura socialista, Luis Atienza, y luego, la ministra popular, Loyola de Palacio. Entonces no fue posible romper la “tradición francesa” y se perdieron esas elecciones frente al candidato galo.

Ahora la oportunidad se ha visto más clara para sustituir al actual director general francés, Jean-Marie Aurand durante los próximos cinco años (2019-2023). De hecho, en sendas asambleas (ordinaria y extraordinaria) celebradas en julio y septiembre, Pau Roca logró la mayoría de votos en las seis rondas respectivas de votación frente al candidato de Nueva Zelanda, John Barker.

En la última de las votaciones del pasado 19 de septiembre, el candidato español logró vencer de nuevo con mayoría holgada de 84 votos y 25 países a favor, frente a los 54 votos y 21 países del candidato oceánico. La mayoría cualificada necesaria para la elección de director general de la OIV exige, sin embargo, 92 votos y 24 países, al margen del número de votaciones que se realicen. Esta dura exigencia estatutaria bloqueó la elección, como de hecho ha sucedido en estas dos ocasiones, a pesar de que el candidato neozelandés no lograra hacerse ni tan siquiera con la mayoría simple en ninguna de las votaciones celebradas.

John Barker ha contado con el apoyo total del Gobierno neozelandés, que se ha centrado casi exclusivamente en este objetivo, y ha desarrollado una campaña muy potente para tener la posibilidad de salir elegido.

A pesar de no ser un productor tradicional, los vinos de Nueva Zelanda han experimentado un gran despegue en los últimos años. El país oceánico cuenta con una superficie de viñedo de apenas 40.000 has, a lo largo de sus 1.600 km, y produce alrededor de 2,9 millones de hectolitros. De este volumen total, exportó más del 86% y 2,5 Mhl en 2017, más de un millón al mercado comunitario, por valor superior a los mil millones de euros.

En declaraciones a la SeVi, el candidato español, Pau Roca, defiende una visión del sector vitivinícola mundial más compleja, pero también más rica y más diversa, frente a la que postula el candidato neozelandés, con un posicionamiento más liberal, que podría resumirse en eliminar normas para facilitar el comercio de vino.

Para Roca, “el sector sostiene una cadena de valor, en la que la distribución del beneficio está bastante equilibrada entre sus diferentes eslabones. Y esto ocurre por razones como el vínculo con el territorio, que hace que el productor tenga mayor fuerza en la negociación que en otros sectores frente al comprador. Asimismo, al final de la cadena de valor, la notoriedad del producto y de la marca va vinculada al territorio. No existe una gran concentración del beneficio que genera el sector”.

Gran diversidad

A juicio de Roca, “la normativa y la reglamentación actual sustentan el actual entramado del sector vitivinícola y mi opinión es que hay que conservarlo, porque genera esa gran diversidad económica y social y, a la vez, permite poner en marcha con más facilidad normas para la sostenibilidad del propio sector”.

Esto no significa una apuesta por la permanencia y el inmovilismo en la OIV. De hecho, entre los retos que Pau Roca se plantea, si sale elegido director general, están la mejora y modernización de los actuales métodos y procedimientos internos de organización, de gestión y de decisión de este organismo.

Sin olvidar los objetivos a los que se deben dar también respuesta, como los que afectan al ámbito del comercio internacional, donde es conveniente que no haya trabas, y respecto a la percepción de la imagen del vino como bebida alcohólica, trasladando, defendiendo y dando a conocer a los consumidores en el marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuáles son las pautas óptimas para su consumo moderado y responsable.

Pau Roca se propone ampliar la presencia de los países que son solo consumidores en la OIV y, en este sentido, señala que “los países que no producen vino y que, mayormente, no tienen una cultura del vino, y son solo consumidores, son también muy sensibles a las políticas de etiquetado y a las normas sobre el consumo de alcohol”.

En este sentido, añade el candidato español, “creo que el futuro de la OIV pasa por integrar sobre todo a estos países, como los del Sudeste asiático, que necesitan una serie de servicios que les puede ofrecer esta organización para ayudarles a constituir su entrado legislativo que regule el sector, el sistema de colaboración con otros países en la persecución de fraudes, etc.”. Y, por lo general, al ser la OIV la principal organización de referencia del sector vitivinícola mundial, “aunque no sean miembros de la misma, estos países esencialmente consumidores terminen adoptando sus normas”

En su programa como candidato a la Dirección General de la OIV, Pau Roca contempla también su intención de potenciar la interlocución de esta organización intergubernamental con otras organizaciones multilaterales, que aborden asuntos relacionados de manera directa o indirecta con nuestro sector vitivinícola, relacionándose con las mismas. Este es ya uno de los objetivos que está previsto en la OIV desde 2011.

Pau Roca considera también de especial gravedad las falsificaciones y los fraudes que afectan a los derechos de propiedad intelectual en el sector de vino. Y, en este sentido, resalta que en la OIV hay todo un campo de actuación, en el que los métodos científicos y de trazabilidad son muy importantes y donde se lleva trabajando bastante desde hace tiempo. Precisamente, recuerda Roca, el origen de la anterior Oficina Internacional de la Viña y el Vino, en 1924, se debe a la necesidad de perseguir el fraude en un sector, como el vitivinícola, que está ya muy supervisado y vigilado, y donde la función tutelar es importante por parte de todos los países.

Etiquetado

Otro de los asuntos que siguen siendo objeto de debate son el etiquetado del vino y la información sobre los alérgenos. Para el secretario general de la Federación Española del Vino (FEV), “las personas que sufren alergias deben estar bien informadas y tener acceso a esa información en todo momento, pero el etiquetado es limitado y el idioma en un producto que viaja por tantos países es un problema para un sector muy fragmentado de pequeñas empresas”. En su opinión, “si además, añadimos información complementaria sobre ingredientes, calorías, etc., como se exige, todo se complica bastante por el reducido espacio físico de las etiquetas. Hasta ahora, en el sector del vino pensábamos que era mucho más importante para el consumidor conocer factores ligados a la calidad del vino, la variedad, el proceso de elaboración y crianza, añada…etc.”.

De cualquier forma, reconoce Roca, “se trata de un problema complejo tanto para el país de origen, como para el país consumidor, que se tiene que resolver con una visión global”. En su opinión, recurrir a los pictogramas, que son reconocidos por la mayor parte de los consumidores, puede ser una solución, pero sin renunciar a otras formas de comunicación que mantengan un vínculo entre el producto y la profusa información que demanda este colectivo y que de forma reglada exijan las autoridades.

En relación a la definición de “vino” y a que se permita incluir en la misma la “chaptalización” o adición de sacarosa o el denominado “vino de frutas”, señala que hay 17 categorías muy claras y precisas de lo que se entiende como “vino” y, en la actualidad, no hay base jurídica en la OIV que dé pie al enriquecimiento de algunos vinos con productos exógenos. No obstante, añade, “en la reglamentación de la UE, la chaptalización está autorizada y esto refleja una contradicción que, en algún momento, habrá que abordar”.

Por último, el candidato español, no quiere olvidarse de un asunto de enorme importancia para el sector vitivinícola mundial y, por lo tanto, para la OIV, como es el cambio climático. Según Roca, “nuestro sector está muy implicado en la lucha contra el cambio climático porque lo percibe, lo siente, lo registra y lo sufre al estar vinculado totalmente al territorio. Las empresas vitivinícolas mantienen unos registros históricos muy precisos de las vendimias que demuestran esta realidad y que hacen que este sector sea referencia y se sienta más responsable en la lucha contra esta adversidad que el resto. En la OIV tenemos que fomentar normativas y mejoras prácticas para combatir el cambio climático”.


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