Conformar la cadena de valor del sector vitivinícola

 Publicado el Por José Vicente Guillem

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Conocer la opinión que le merece al sector vitivinícola todo lo que conlleva el desarrollo y aplicación de la cadena de valor concluye en una maniquea división de opiniones: unos la apoyan y sin lugar a dudas se esfuerzan en su aplicación; y otros, en cambio, no son partidarios y la encuentran algo impuesto sin valor adicional alguno.

Todos muestran su acuerdo en asignar un papel esencial, en la citada cadena de valor del sistema vitivinícola, a los siguientes elementos: producción, transformación, comercialización/distribución y consumo, destacando precisar siempre la importancia del buen hacer y compromiso entre todos ellos, para que la eficiencia sea el hilo conductor de todo proceso y alcanzar aquellos indicadores que posibiliten una evaluación ágil y sólida presencia en la sociedad de consumo.

Igualmente valoran que una cadena de valor respetada, aceptada y segura deviene en un principio básico de evolución de un sistema vitivinícola en un marco agroalimentario y, en consecuencia, debe permitir no solo atender a las exigencias de una sociedad de la alimentación, si no, que ayude al desarrollo rural de las zonas agrarias más deprimidas, entre las que se encuentran aquellas donde vegeta la viña.

En este ámbito, la pertenencia al sistema agroalimentario determina un modelo de actuación y vertebración entre los sectores primario, secundario, terciario y terciario avanzado, con todo lo relacionado con la dimensión 4.0 que nazca de la aplicación de la inteligencia artificial y nuevas tecnologías y puedan avalar la toma de decisiones y valorar la evolución de un sector al servicio de la sociedad de la alimentación.

Armonizar los intereses de todos, preservar lo inteligente y bueno, luchar por una innovación basada en criterios técnicos, económicos y comerciales, incorporar aquello que la ciencia ayude a dar respuestas con futuro y no olvidarse de que, a pesar de todo, el conocimiento, inteligencia artificial, etc., debe seguir siendo de interés general, sin olvidar jamás que “la viña y el vino” poseen una dimensión humanista y civilizada, siendo el sentido común asignatura a aplicar.

Se ha avanzado, pero no lo suficiente, en la difusión, implantación, perfeccionamiento y trasparencia de la cadena, en su reconocimiento sectorial y social, pero no se ha llegado a todos los lugares. Hay que seguir andando para hacer camino.

Si los operadores sectoriales que constituyen los “eslabones” de la cadena de valor, considerasen oportuno rebrotar la misma, diez pueden ser los elementos/entornos más significativos que acompañan a la cadena de valor vitivinícola y su implantación, sobre los que realizar una auditoría constructiva que determine un análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) en una sociedad de la alimentación, en constante evolución:

1) La viña y el vino como cultura, patrimonio y territorio. Quizás el elemento más básico sea reconocer la defensa del vino como tradición inteligente, con arraigo social e imagen de un producto de la tierra y vocación social de mercado. Se produce para obtener rentas dignas y sobre ello revalorizar el potencial vitivinícola derivado de la riqueza del mundo rural y su naturaleza. Se plantea la recuperación del consumo.

2) Alimento saludable y placentero. En un sistema agroalimentario competitivo, complejo, dinámico e innovador, con valores gastronómicos y nutricionales puestos en positivo por la ciencia, es importante dar a conocer los avances de los conocimientos que permitan proseguir en la difusión de todo aquello que facilite posicionamientos saludables para el sector y que genere satisfacción e ilusión.

3) Credibilidad en los balances y decisiones. Desajuste en el mercado con la caída del consumo, generación de excedentes, datos sectoriales, mercado interior, internacionalización… Es importante que el sector alcance el nivel de crédito suficiente para las cualidades objetivas y subjetivas que posee. La confianza de los consumidores ante el “buen hacer” es básica y ello empieza por disponer de una “casa propia” ordenada.

4) Limitaciones en materia de promoción y publicidad. A nivel internacional y nacional, se han establecido limitaciones a la promoción, que establecen diferencias entre los sectores del sistema agroalimentario. La divulgación de valores y atributos del vino está limitada en función de lobbys (anti vino), acuerdos (OMS) y competencias leales frente a tratos recibidos por otros elementos del sistema.

5) Tendencia de la PAC. Tras el periodo 2013-2020. Revalorización de conceptos como, sostenibilidad, condicionalidad, funcionalidad, viticultura de montaña, medidas medio ambientales, ecología, ahorro energético y reducciones presupuestarias, están en las agendas de todas las reformas no solo para el desarrollo rural, sino para garantías de atención a la población, ayudas y programas de desarrollo.

6) Acción de la ciencia, el conocimiento y tecnologías. Sobre estructuras, formas y fondo del sector y fases de los procesos, el desarrollo de programas de investigación y desarrollo, va unido a las estrategias de innovación (I+D+i), que junto con la formación y educación, en todas las fases desde el campo a la mesa, permitirán que todo el sector se beneficie de la armonización y buenos acuerdos.

7) Valor de una información veraz, eficiente y diversa. Comunicación, divulgación, marketing, redes sociales, TIC, big data, nuevos usos del territorio y entornos, aprovechamiento de recursos naturales son elementos que cada día están más en disposición de los operadores sectoriales y ayudarán tanto a la credibilidad, como a la evolución del sector en términos competitivos.

8) Dogmatismos en los conceptos de D.O.P./I.G.P./Vino de Pago, frente a las marcas, sitúan en primer foco a las relaciones interprofesionales y la vertebración. Las exigencias de la distribución y las nuevas tecnologías permiten incorporar nuevos sistemas de calidad y reconocimiento de peculiaridades más exclusivas que trataran de ganar cuotas de mercado.

9) Estructuras, precios y mercados. La volatilidad de precios e incremento de costes, es un hecho a resolver, igualmente es necesario actuar en materia de capitalización y rentas, apoyo a las base sociales y pérdida patrimonial. Se debe atender a las nuevas profesiones nacidas de los servicios a desarrollar por la presencia urbana en el mundo rural y los modelos de educación y formación exigidos, con materiales del s.XXI.

10) Certificación y acreditación para valorar comportamientos de producto, empresa y servicios, se presentan nuevas responsabilidades: responsabilidad social corporativa, responsabilidad social empresarial y modelos de certificación, como la huella de carbono, de agua, eficiencia energética, comportamiento ético, medidas medioambientales, recursos humanos, gestión y control de ayudas.

A raíz de las publicaciones y estudios, cada uno de estos apartados puede revitalizar una zona y todos juntos, no solo ser valedores del sistema, sino, además, dotar al sector de un sólido posicionamiento en un sistema agroalimentario muy competitivo, liberalizado, globalizado y con consumidores cada vez más exigentes.

Si el sector con carácter general y universal toma unas normas, su extensión obligara a todos. De ahí la necesidad de tomar decisiones, en cuyo caso ya sabemos que “quien ama la rosa, asume la espina”.


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