Retraso del riego de la vid hasta envero

 Publicado el Por Jesús Yuste , María V. Alburquerque , J. Ramón Yuste

Artículo con tablas en PDF adjunto.

La influencia del riego y del déficit hídrico en el comportamiento del viñedo ha sido ampliamente observada y estudiada por diversos autores (Cuevas et al. 2006), siendo reconocida de forma generalizada (Castel et al. 2013). La disponibilidad hídrica ejerce influencia directa en algunos estados fenológicos del ciclo de la vid, como la iniciación y el desarrollo florales, modificando el futuro rendimiento (Ojeda et al. 2001), así como durante la última parte del ciclo, en la que puede favorecer la reducción significativa de la pérdida de cosecha (Sánchez-Llorente 2004). Además, el nivel de riego durante los últimos estadios de madurez afecta al estado hídrico de la vid y tiene cierto impacto sobre la composición de la uva (Méndez et al. 2009). Según Cuevas et al. (2006), bajo condiciones de riego deficitario, como puede darse al retrasar el riego hasta el envero, el cierre de los estomas reduce la toma de CO2, y modifica la relación entre la tasa neta de fotosíntesis y la conductancia estomática. Mientras el déficit hídrico perdura, los estomas permanecen más tiempo cerrados, lo cuál conduce a una reducción de la fotosíntesis. En este sentido, dado que la floración y el cuajado son estados críticos para la vid debido a los procesos de división celular que se producen, el estrés hídrico en dicha época puede conducir a una reducción del cuajado y del tamaño de la baya (McCarthy et al. 1992), de manera que el crecimiento de la baya y su peso en vendimia están directamente relacionados con el estado hídrico de la planta. Hay que considerar también que desde el cuajado hasta el envero el flujo de agua dentro de la baya ocurre principalmente a través del xilema, mientras que desde el envero hasta el punto de máximo crecimiento de la baya este ocurre principalmente por el floema (Greenspan et al. 1994).

Según Ojeda et al. (2001), un déficit temprano de agua puede provocar la disminución del volumen celular, cuando se produce desde la floración al envero, resultando irreversible el estado que provoca para la vid, ya que uno de los componentes del rendimiento, el tamaño de la baya, está más influenciado por el déficit hídrico cuándo se produce entre floración y envero que cuando se produce entre envero y madurez. Por tanto, para garantizar el éxito de cualquier estrategia de riego es necesario que la toma de decisiones esté basada en indicadores hídricos sensibles y fiables (Yuste et al. 2004) y tener en cuenta que el exceso de estrés hídrico después del envero debe ser evitado, ya que este puede causar retraso en la acumulación de azúcares (McCarthy 1998).

Los resultados observados en diversos trabajos relacionados con el riego moderado o deficitario de la vid han mostrado respuestas variables, condicionadas por diversos factores de cultivo, como la variedad (Romero et al. 2012, Santesteban et al. 2011), la densidad de plantación (Pérez 2002), el sistema de conducción (Yuste et al. 2012) y las condiciones de cultivo (Castel et al. 2013, Valdés et al. 2013).

A tenor de las referencias y las consideraciones indicadas, este trabajo trata de estudiar el efecto de la variación de la época de aplicación de riego deficitario durante el período estival en el desarrollo vegetativo y productivo, así como en la calidad de la uva de la variedad Tempranillo cultivada en espaldera, en las condiciones climáticas semiáridas del centro del Valle del río Duero.


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