La Niña de Cuenca, vinos de Bobal nacidos del barro

 Publicado el Por Vicent Escamilla

Valentín López Orozco, en la parcela conocida como La Perilla, de Bobal emparrado hace más de 20 años. (photo: )
Valentín López Orozco, en la parcela conocida como La Perilla, de Bobal emparrado hace más de 20 años.

Que a los niños les gusta jugar es algo que no se puede negar. Va en su naturaleza. Que hay pocas cosas más atractivas para ellos que el barro es incuestionable. El barro es un elemento que refresca, que es dúctil y manejable y que tiene mucho de sensualidad. A la bodega La Niña de Cuenca (Ledaña, Cuenca, D.O.P. Manchuela) le va mucho jugar con vino y con barro. Tanto es así que en esta joven bodega familiar (fundada en 2016) las tinajas de barro son axiales para su proyecto vitivinícola. Nada de acero inoxidable o roble. Sus vinos fermentan y se crían en tinajas tradicionales y ovoides, de 500 y 1.000 litros de capacidad. Su lema: “Natus lutus” (nacido del barro).

Tinaja con sistema de frío en el que se cría Rubatos 2017 de La Niña de Cuenca.

Tinaja con sistema de frío en el que se cría Rubatos 2017 de La Niña de Cuenca.

La bodega es fruto del empeño de los hermanos López Orozco por elaborar un gran vino en su pueblo, por ofrecer algo diferente de viñedos que saben con personalidad. La materia prima, la uva, nace de viñedos de entre 30 y cien años de edad, con suelos que, según parcelas, varían el porcentaje de gravas y cantos rodados, con materiales arcillosos y calcáreos. Un clima extremo, con escasa precipitación y elevadas temperaturas desde primavera y una altitud media de 700 metros sobre el nivel del mar. Valentín se encarga de la viticultura, de facto ecológica, mientras que Lorenzo es el responsable de comercializar los vinos.

La parte enológica de La Niña de Cuenca recae en Diego Morcillo, recientemente nombrado mejor enólogo del año por la Federación Española de Cofradías Vínicas y Gastronómicas (FECOES) por su labor al frente de Coviñas (Requena).

La apuesta por el barro huye de tendencias. Sostienen que emplean las tinajas por “coherencia” con el origen, la tradición y la historia vitivinícola de Ledaña y de Manchuela. Cuentan actualmente con tres vinos en el mercado. Todos ellos de la variedad autóctona Bobal, a la que “castigan” para obtener uvas concentradas, sacrificando los elevados rendimientos que de por sí arroja la Provechón (como también se conoce) si no se está encima de las cepas.

Los López Orozco y Morcillo creen firmemente en la variedad Bobal y en su expresión y potencia y la consideran óptima para fermentar y envejecer en tinaja. Vinos que no buscan perfecciones si ello conlleva sacrificar identidad frutal o expresión de origen. Pero no por ello renuncian a la evolución. De hecho, la gestión de la temperatura durante todos los procesos en bodega (y en campo también), con sistemas de frío adaptados a las tinajas y vendimias nocturnas huyendo de los calores estivales de Ledaña.

Las tres referencias en el mercado actualmente de La Niña de Cuenca.

Las tres referencias en el mercado actualmente de La Niña de Cuenca.

Hemos dicho que cuentan con tres vinos de Bobal. El primero de ellos es el rosado Velvet and Stone 2016. Bobal 100%, suavemente prensado (menos de dos atmósferas de presión) y elaborado en tinajas ovoides de barro, donde permanece seis meses hasta su embotellado. De precioso color fresa pálido, intensidad media alta en nariz con marcado carácter varietal Bobal, frutillos rojos, cerezas incluso en licor, con un fondo fresco y ligeramente balsámico. Acidez frutal en boca, equilibrada con la sensación grasa que le aporta el trabajo con lías. Fresco. Gana complejidad con la aireación y será curioso ver su evolución en botella.

A continuación, el tinto Rubatos Bobal 2016, que fermenta en tinajas, donde también se cría durante 10 meses, para pasar a afinarse al menos otros tres en botella. Vino con empaque e intensidad, brillante y profundo color. La nariz es intensa y en ella hayamos frutos negros de óptima maduración, incluso acompotados y ciruelas en licor, pero también frutos rojos más vivos, bosque mediterráneo y hierbas aromáticas, cierto perfil floral y profundidad (trufa). La boca es amplia, concentrada, pero fresca gracias a un fondo mineral y terroso que está perfectamente equilibrado con un tanino maduro, sedoso y seductor.

Por su parte, Ildania 2016, fermentado y criado durante 18 meses en tinajas, es un vino de paraje (Los Villares). Un 50% de la uva fermenta despalillada y estrujada, un 25% fermenta con raspón y el otro 25% realiza una maceración carbónica. Supone varios peldaños más en concentración y complejidad. Mantiene un color muy vivo y joven. Aromas de fruta negra muy madura, pero con la frescura que le aportan las notas balsámicas (menta, hierbabuena) y aún guarda fruta roja ácida. Perfil mineral. Boca amplia, con sensaciones terrosas y frescas. Mayor acidez que el anterior. Se recomienda decantar antes de disfrutar de él.

Pero este proyecto no acaba en Bobal, La Niña de Cuenca está empezando a jugar con variedades blancas…

De izquierda a derecha: Diego Morcillo, Valentín López Orozco y Lorenzo López Orozco.

De izquierda a derecha: Diego Morcillo, Valentín López Orozco y Lorenzo López Orozco.


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