Bacchus 2018 desde dentro

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Trabajo en la trastienda para presentar las muestras a ciegas a los catadores. (photo: )
Trabajo en la trastienda para presentar las muestras a ciegas a los catadores.

Este año se celebró la 16ª edición del Concurso Internacional de Vino Bacchus, lo que significa que es un certamen consolidado, maduro y serio. Comenzó celebrándose cada dos años, pero cuando los Zarcillo, en el norte de España, dejaron de existir, se tornó anual y aunque se ha recuperado una versión reducida de los Zarcillo, Bacchus permanece en la actualidad como concurso anual y es la referencia para todos los concursos de vinos en España.

Este año, como ya viene siendo costumbre desde hace varios años, los miembros del jurado nos alojamos en el cómodo Hotel Paseo del Arte y las catas se celebraron en el elitista, magnífico e histórico Casino de Madrid. A causa del código de vestimenta del club, los caballeros debíamos vestir de chaqueta y con corbata, lo que nos hizo parecer un ramillete de jueces muy civilizados.

El presidente de Bacchus fue Luis Suárez de Lezo, su director Fernando Gurucharri y su gerente Miguel Berzosa. Está organizado por la Unión Española de Catadores (UEC). Cuenta con el reconocimiento de la OIV, Vinofed (de la que es miembro) y del Mapama. Entre las firmas que colaboran con el concurso destacan Riedel, Vinoseleccion y Hotel Association. La representación de la OIV en esta edición fue, ni más ni menos que su presidenta, Monika Christmann.

Este año participaron 1.735 vinos, llegados de 21 países. España aportó 1.348 de las referencias, que se sumaron a las 96 de Eslovaquia, 91 de Portugal, 56 de México, 28 de Brasil, 24 de Italia, 22 de R. Checa, solo 14 de Francia y ninguna del Reino Unido. De España hubo vinos de 87 D.O.P./I.G.P., con Rioja a la cabeza con 203 muestras, seguida de Ribera del Duero (154 vinos). Por colores participaron 1.017 tintos, 498 blanco, 74 rosados, 87 espumosos, 48 vinos de licor, 7 vinos de aguja, 3 vinos de uvas sobremaduradas y solo uno de uvas pasificadas.

Para evaluarlos, cada jornada se configuraron 13 jurados de cinco jueces cada uno (65 catadores por jornada de cata), de 28 países. Con 84 puntos se alcanzaba una medalla de plata, con 88 se merecía la de oro y con 92 el Gran Bacchus de Oro. Las puntuaciones de todos los jueces se sumaban y se extraía la media. Cualquier puntuación con una desviación mayor a 7 puntos sobre la media se descartaba y se recalculaba la media del vino, que quedaba como nota final.

En cada uno de los cuatro días de cata, cada juez cató entre 32 y 38 muestras, a un ritmo pausado, impecablemente servidas y a su temperatura correcta. Disfrutamos de una pausa a mitad de las jornadas. Empleamos las fichas de cata de la OIV y se aplicó la regla de que solo un 30% de los participantes podía obtener medalla.

Las condiciones para la cata en el Casino fueron perfectas. Iluminación brillante. Una sala fresca, espaciosa y ventilada. Mantelería blanca. Tres copas por catador. Escupideras negras. Agua mineral y colines. Servilletas de papel. Todo estuvo en su lugar.

Antes de que arrancaran las catas, se llevaron a cabo dos minutos de silencio en recuerdo de los recientemente fallecidos Javier Carmona y Ghislain K. Laflamme.

Bacchus ofrece el que, sin duda, es el más completo programa social de entre los concursos internacionales de vinos y se enfoca hacia la gastronomía. Cada comida y cena fue un festín. Además, este año tuvo continuidad el programa de clases magistrales. La primera tarde, jueves, nos reunimos en el hotel y nos llevaron a la Embajada de la República Checa, donde la embajadora Grácz, nos obsequió con una degustación de gastronomía checa y una amplia cata de sus vinos.

A la mañana siguiente, viernes, el autocar nos llevó bien temprano al Casino de Madrid para la cata. Le siguió una soberbia comida y cata en “La Huerta de Tudela”, a cargo de González Byass. Tras un breve reposo, Pedro Ballesteros MW ofreció una clase magistral sobre el cava en el Hotel Villa Real y continuamos con una cena en el mismo hotel patrocinada por el C.R.D.O.P. Cava.

El sábado, tras las catas, recalamos en el Restaurante Alameda para otro banquete y cata a cargo de la Familia Torres. La clase del sábado la impartió Sarah Jane Evans MW en el Hotel Villa Real, bajo el título “Embajadores autóctonos”. La cena no fue una cena al uso, sino que consistió en el Gastro Bacchus, un tour de 7 bares con diferentes tapas y vinos en cada uno. Yo me quedé en mi bar favorito, Mariano, disfrutando de mis tapas favoritas.

El domingo, después de catar, el almuerzo de trabajo lo ofreció Osborne en “La Cocina de San Antón”. Comida deliciosa y una selección de excelentes vinos Montecillo Rioja. El habitual tiempo libre y la tercera de las clases, por Fernando Mora MW, titulada “Joyas mediterráneas”. A continuación la cena de gala, por cortesía de Rías Baixas desde hace años, en el Hotel Urban.

El lunes fue el día final. Completamos las catas en el Casino y terminamos con una magnífica comida en el restaurante “Albora”, ofrecida por Bodegas Ramón Bilbao-Zamora Company, antes de salir en busca de nuestros vuelos de vuelta a casa.

Un Bacchus verdaderamente memorable, una sabrosa mezcla de trabajo y ocio, de concentración y relax gastronómico. Gracias Bacchus, es un placer y un honor ser uno de tus jueces. Honor que espero que se prolongue en años venideros. Enhorabuena a todos los implicados y muchísimas gracias.

Traducción: Vicent Escamilla

Los ganadores de Bacchus 2018 pueden encontrarse aquí


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