Crónica del 20º Japan Wine Challenge

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Aunque sea difícil de creer, este año 2017 se celebró la 20ª edición del concurso Japan Wine Challenge. Un certamen que ha alcanzado totalmente la edad adulta y la madurez y que ha crecido de forma consistente en tamaño e importancia hasta alcanzar la importante cifra de 1.800 muestras en esta edición. El concurso fue fundado por el filántropo y carismático Ronald Brown, quien tiene más de 35 años de experiencia trabajando en Japón. El certamen le pertenece, lo dirige y lo preside.

No es fácil ser juez en este concurso y los requisitos son estrictos y severos. Ronald ha creado un núcleo de jueces internacionales que son Masters of Wine, instructores de Wine and Spirit Education Trust, sumilleres con alta cualificación, críticos de vinos y escritores profesionales de vino. Este pequeño grupo de 10 personas se completa con un número mayor de jueces japoneses que han sido formados y que han superado todos los requisitos para ser jurados de calidad acreditada.

Para garantizarlo, uno de los jueces internacionales califica cualitativa y cuantitativamente el nivel de sus colegas japoneses al final de cada jornada de cata. Aquellos que superan los mínimos exigidos se convierten en jueces acreditados y pueden ser elegibles como miembros del panel de cata para determinar los trofeos, recibirán la acreditación oficial y serán invitados para participar como jueces en 2018.

El nivel de cata es, por tanto, posiblemente uno de los más elevados de cualquier otro concurso de vino en todo el mundo, tenga o no el patronazgo de la OIV. Este certamen carece de ese patronazgo y no ha sentido nunca la necesidad de él. De todas formas, las normas del concurso, la ficha de cata y el número de vinos catados no se ajustan a las reglas y reglamentos de la OIV. Ronald Brown sus propias reglas. En cualquier caso, las normas se cumplen estrictamente. El Japan Wine Challenge es también, y sin duda alguna, el mejor concurso de Japón y el más profesional.

En esta edición tuve el honor de que me nombraran presidente del concurso, lo que supuso que, además de ocupar un lugar preeminente en las reuniones y conferencias, tuve que asumir la importante tarea, junto con Jim Harre y Katsuyuki Tanaka, los co-presidentes, de tomar decisiones sobre cualquier vino ante el que los 10 jurados fueron incapaces de alcanzar un acuerdo o tuvieron cualquier otra dificultad. Nuestra decisión era definitiva. Además, también nos ocupamos de recatar todos los vinos galardonados con medalla de oro y de platino para confirmar que no había errores y que todos los vinos escogidos eran merecedores de las medallas recibidas.

Los jueces internacionales estuvimos alojados en el lujoso Conrad Hotel, en el corazón de Tokyo, donde los concursos se llevaron a cabo. Digo concursos porque, además del certamen de vino, se realiza un concurso de sake y otro de sidra.

El primero de los eventos del primer día fue el concurso de sakes. Este año participaron 125 muestras de 47 sagakuras (los lugares en los que se elabora el sake). La cata fue tremendamente profesional y cada muestra de sake contó con su pequeño tazón de cata con círculos concéntricos azules y blancos. Los jueces japoneses, seleccionados de entre los más expertos y profesionales del país, cataron con una sorprendente velocidad y precisión Son capaces de catar y evaluar la proveniencia y calidad del arroz, el agua de cada referencia, algo imposible para el resto de nosotros. No obstante, contamos con dos jueces internacionales con experiencia en sake y uno de ellos está escribiendo un libro sobre esta bebida en estos momentos y que será el primer libro de referencia fuera de Japón y editado en inglés originalmente. Las puntuaciones iban de 0 a 20. Los jueces japoneses completaron la cata de las 125 referencias en poco más de dos horas.

Esa misma tarde se celebró la cata de sidras. Ronald lo denomina el Fuji Cider Challenge. Fue la primera edición. Participamos muy pocos jueces, para catar 54 sidras de 21 productores. Los jueces japoneses eran principalmente expertos elaboradores de sidra. No obstante, había en el jurado un elaborador inglés de sidra (el único en Japón), que vive en el país desde hace muchos años y que fue una gran ayuda como experto intermediario. La calidad varió enormemente en las muestras, y catamos desde sidras con manzanas casi podridas a otras deliciosas, frescas y aromáticas. Fue una cata que disfrutamos y Ron pretende que siga adelante y que crezca.

Los siguientes tres días se dedicaron al concurso de vinos. Los dos primeros catamos las 1.800 referencias presentadas y el tercero hicimos una segunda cata de los ganadores de medalla de oro y platino para seleccionar los mejores vinos de cada categoría y conceder los trofeos y premios especiales.

Por segundo año, el sistema de evaluación se basó en el precio de venta al público del vino. Hubo cinco grupos diferentes divididos en 5 horquillas de precio:

Entry Level (básico): hasta 999 Yenes

Mid-Range (gama media): 1.000 – 1.999 Yenes

Premium: 2.000 – 2.999 Yenes

Boutique; 3.000 – 4.999 Yenes

Icon: 5.000 Yenes y más

Los vinos se evaluaron de 0 a 20 puntos. Con 15,5 a 16,5 se obtenía el bronce. De 17 a 17,5 la plata. De 18 a 18,5 el oro y con 19 o más puntos el platino.

La ceremonia de entrega de trofeos se celebrará en enero de 2018, junto con su recaudación anual de fondos solidarios.

Filosofía

He destacado que se trata de un concurso extremadamente serio y que lucha por la excelencia. Ya he mostrado como tan solo se permite juzgar a jueces de acreditado citerio. El certamen tiene también objetivos serios y una filosofía profunda. Esto son trabajar con el sector del comercio de vino para incrementar el conocimiento del vino en Japón, las ventas de vinos de calidad y consolidar la posición de Japón en el mercado mundial del vino.

De manera muy inteligente, Ronald nos da libertad cuando no tenemos catas, para que dediquemos el tiempo según nuestros intereses (el mío es la gastronomía nipona). Con la excepción de una cita muy, muy especial: la cena con Su Alteza Imperial la princesa Takamado de Japón. Este año la cena fue en el Odaiba Hilton, una cena soberbia que disfruté con el honor y privilegio de estar sentado a la derecha de la princesa. Nos comunicó que el actual emperador abdicará y será sucedido por su hijo tan pronto como considere que no puede continuar su labor imperial sin perjuicio de su salud.

Esperamos que la princesa siga siendo una embajadora de su país durante muchos años venideros y ya ha visitado más de 35 países como su representante. Tiene un sentido del humor vivaz e incisivo. Se graduó en la Universidad de Cambridge y habla un inglés impecable. Se mostró profundamente interesada en el vino, tiene un paladar delicado y una excelente bodega. ¡Eligió el Château Ducru Beaucaillou 1988 como vino para la reciente boda de su hija!

De nuevo, fue un acontecimiento exitoso, así como importante para Japón. Ronald Brown merece ser felicitado por su coraje, perseverancia, filantropía y generosidad. El Japan Wine Challenge debe continuar.

Consulta aquí el palmarés de vinos españoles premiados

Traducción: Vicent Escamilla


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