Concurso internacional Vinagora en Budapest: la brújula del vino para Centroeuropa

 Publicado el Por John Umberto Salvi

La reciente edición de Vinagora, durante el pasado mes de junio, en Budapest resultó una de las experiencias más agradables e inusuales dentro del calendario de concursos vitivinícolas internacionales.

¿Por qué fue inusual? Simplemente porque no fui yo el invitado como juez (lo fue mi mujer). Cuando ella recibió la invitación, me pidió si me gustaría acompañarla y puesto que hacía ya mucho tiempo de mi última visita a Budapest, acepté. Esperaba poder hacer algo de turismo y disfrutar de un par de días de relax mientras ella trabajaba. Pero justo unos días antes de la cita, Zoltán Zilai telefoneó a mi mujer para preguntar si yo tenía una agenda muy ocupada. Al decirle que no, preguntó si me importaría participar en la cata, lo que acepté felizmente. Por tanto, me convertí en miembro del jurado en el último minuto. Mi mujer era la importante esta vez y no yo.

¿Por qué agradable? Por el excepcionalmente elevado número de muestras de vinos dulces, en su mayoría deliciosos vinos de Tokaj (uno de mis vinos favoritos). Fue el primer concurso no monográfico que recuerde en el que solo caté vinos blancos (ni tintos, ni rosados) y la mayoría de ellos vinos.

¿Por qué motivo fue excepcional? La brillante organización y el empleo del software específico del concurso. Todo lo que tuvimos que hacer fue hacer click en nuestras puntuaciones para introducirlas en la tableta y todo quedaba grabado y sincronizado. No solo el presidente del jurado recibía todas nuestras puntuaciones y totales, sino que cuando él las validaba todos podíamos ver las notas de cada miembro del jurado, la media de nuestras siete puntuaciones, la media ajustada si fuera necesario y si el vino mereció medalla o no. Esta media de siete puntuaciones se calculaba y si alguna de las puntuaciones se desviaba más de 5 puntos de esa media se eliminaba y se recalculaba la media ajustada, que quedaba como puntuación final. El sistema hacía todos los cálculos y el presidente del jurado solo tenía que apretar botones. Con 82 puntos se alcanzaba una plata, con 87 el oro y con 92 el gran oro.

También fue excepcional porque vi la serie con más altas puntuaciones que había visto jamás después de haber participado como jurado en 34 países. Una serie de 13 vinos dulces que mereció dos medallas de gran oro, seis medallas de oro y cuatro de plata. Lamentablemente, el último vino, eslovaco, quedó eliminado.

Ya había catado antes utilizando tabletas, pero nunca con unas tan sofisticadas. Era un placer trabajar con ellas y podías optar por cuatro idiomas, magiar, inglés, francés o alemán.

No obstante, no nos limitamos a meter las puntuaciones en ellas. También teníamos que hacer click en varias series de atributos de los vinos: intensidad, dulzor, cuerpo, acidez, tanino, envejecimiento en roble y complejidad. Luego teníamos que evaluar sus características: limpidez, carbónico, aromas, impresión general, acidez, potencial de guarda, botrytis y defectos. Cuando habíamos hecho todo esto, el vino en cuestión era profundamente analizado y juzgado y entonces una pantalla nos mostraba exactamente qué habíamos anotado sobre él.

El concurso contó con el patronazgo de la OIV, de Vinofed y de la Unión Internacional de Enólogos. Fernando Cayetano Gurucharri representó a Vinofed y Estela de Frutos a la OIV. El presidente del concurso fue el doctor Miklȯs Kalláy, mientras que Zoltán Zilai actuó como director, organizador, gerente y hombre para todo y el doctor János Zilai era el experto legal.

Desde sus inicios, el concurso ha sido organizado y dirigido por Zoltán Zilai, que es todo un perfeccionista. No solo cree en una organización perfecta y detallada, sino que facilita que los jueces tengan tiempo suficiente como para evaluar cada uno de los vinos en profundidad y sin prisa. Por tanto, cada sesión de cata fue pausada, sosegada, seria y profesional.

Las condiciones de cata fueron excelentes. Las catas se celebraron en el Hotel Mercure, donde nos alojábamos, en el centro de Budapest. La sala era espaciosa, bien iluminada y fresca y con mucho espacio para jueces y jurados. Cada uno contaba con tres buenas copas y las usadas eran reemplazadas tras cada vino. Contamos con mantelería blanca, escupideras negras, agua mineral con y sin gas, panecillos y servilletas. El software funcionó a la perfección y la pantalla era clara y brillante. Cada uno de los jurados estaba formado por siete jueces y había un total de seis (42 jueces cada día).

Este año participaron 556 vinos. 420 eran húngaros y 136 de otros países. 307 blancos, 168 tintos y 81 rosados. 507 tranquilos y 49 espumosos. 15 países remitieron muestras: Argentina, Australia, Brasil, Chile, Croacia, República Checa, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Portugal, Rumanía, Eslovaquia, España y Uruguay. Participaron en total 56 jueces de 16 países.

El primer día catamos 30 vinos, y el segundo otros 30, todo sin prisas. Con estas cifras está claro que tuvimos tiempo para dedicar a cada vino el máximo de nuestra atención para un juicio escrupuloso.

El programa social fue sencillo pero completamente satisfactorio. En la noche que llegamos hubo una copa de bienvenida y una cena de bufet en el hotel para conocernos unos a otros. Al día siguiente hubo una comida de bufet en el hotel después de las catas y luego un tour en autocar y viaje en telesilla para disfrutar de las magníficas vistas en el mirador Erzsébet en la cima del monte János. A ello le siguió una magnífica cena húngara en el restaurante Remiz. Al día siguiente, tras la cata y la comida de bufet, tuvimos el día libre. Mi esposa y yo disfrutamos de los famosos baños Gellert y de una buena gastronomía húngara en el conocido Gerbeaud Bistro.

Por desgracia, tenía la obligación de regresar a Burdeos al día siguiente para acudir a Vinexpo y partí muy temprano por la mañana. Por tanto, me perdí el resto de Vinagora, las catas restantes y el programa social, pero mi esposa sí participó. Al fin y al cabo era ella la invitada originalmente. El día que partí, todos los jueces tomaron un autobús hasta Várkert Bazár y disfrutaron de una visita guiada por la exposición de Béla Kondor (un famoso pintor húngaro). Luego acudieron a un festival folk en el bazar acompañado de vinos espumoso y disfrutaron de una cena en el restaurante Eklektika. El último día siguió la evaluación de los vinos y se eligió a los campeones, seguido de la comida diaria en el bufet del hotel. Aquellos que permanecieron en Budapest por la noche disfrutaron de una excelente cena con Zoltán y del anuncio de los resultados.

Me gustaría dejar muy claro que, aunque es un concurso pequeño en algunos aspectos, es uno de los mejor organizados en los que he participado. He dicho antes que Zoltán es un perfeccionista y la organización así lo demuestra. Todo fluyó y funcionó como un reloj, hubo cálida hospitalidad y no se ahorraron esfuerzos para hacernos sentir cómodos y para que contáramos con las mejores condiciones posibles para una cata rigurosa y profesional. Enhorabuena a Zoltán y a todos lo que le ayudaron y gracias por todo.

La participación española se saldó con tres medallas de oro para los vinos: Del Duque, Matusalem y Noé, todos ellos de González Byass. Los vinos ganadores pueden consultarse en la web: www.vinagora.hu

Traducción: Vicent Escamilla.


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