Concours des Grands Vins Blancs du Monde 2017

 Publicado el Por John Umberto Salvi

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Este es el concurso más agradable de toda la agenda. ¿Por qué? Se debe totalmente a la extrovertida personalidad de Christine Collins, que gestiona el concurso, y a su fantástico marido inglés Dave. Eficiente, bien organizada, precisa y, pese a todo, siempre con buen humor y lista para bromear y echar unas risas, hace que organizar un concurso tan grande e importante como este sea pan comido.

Christine y Dave cuentan con el apoyo de Laetitia Lestingi. El certamen tiene el patrocinio de la OIV y en esta ocasión, la presidenta de la entidad, Monika Christmann, fue la delegada oficial, junto con Yann Juban, adjunto a la dirección general de la OIV. Asimismo, el concurso tiene el patrocinio de Vinofed, representado por Ghislain K. Laflamme, presidente; y por Wolfgang Haupt, vicepresidente. El colaborador oficial es la Union de la Sommellerie Française, representada por mi viejo amigo Serge Dubs (mejor sumiller del mundo en 1989). Lo organiza la empresa Strasbourg Evénements.

Las variedades que admite el concurso son Sylvaner, Pinot Blanc, Riesling, Pinot Gris, Gewürztraminer y (como novedad este año) vinos blancos de variedades y mezclas del mundo. Este añadido pretende abrir el campo de acción del certamen. En la edición 2017 lo cierto es que no se notó demasiado en el número de muestras, puesto que muy poca gente estaba al tanto, pero en el futuro, promete ampliar el concurso de forma considerable.

Los miembros del jurado estuvimos cómodamente alojados en el hotel Mercure, en el corazón de Estrasburgo. La cata se desarrolló en el magníficamente renovado Palacio de Congresos de la ciudad, justo enfrente del hotel.

Este año participaron 929 referencias. Éramos 12 jurados de cinco o seis jueces cada uno (mayoritariamente de seis). En total, 70 jueces. Las muestras provenían de 18 países. Con 82 puntos se alcanzaba la plata, con 85 el oro. No hubo medalla de gran oro, puesto que recordarán que el Ministerio de Agricultura ha prohibido esas medallas para los concursos en Francia con el ridículo argumento de que el consumidor puede tener equívocos entre el oro y el gran oro. ¿Se confunde tan fácilmente el público?

La primera de las noches nos ofrecieron un excelente buffet en el hotel para que nos pudiéramos conocer, ver a los viejos amigos y hacer algunos nuevos.

Al día siguiente, domingo, se llevó a cabo la primera jornada de cata. Estuvo precedida por discursos de bienvenida por parte de las autoridades y una explicación de cómo funcionaban las tabletas electrónicas que emplearíamos en la cata. La primera mañana yo caté 38 vinos y en la segunda otros 37 en tres tandas, con pausas entre ellas.

Las condiciones de cata fueron fabulosas y el Palacio de Congresos es grande, fresco y ventilado y lo tuvimos todo para nosotros. Nos sentamos en grandes mesas cuadradas, vestidas con mantelería blanca. Escupideras negras, colines, servilletas negras, agua mineral y solo una copa. El servicio de sumillería a cargo de la Escuela de Hostelería de Estrasburgo fue impecable y supervisado por Antoine Woerlé, Meilleur Ouvrier de France -Art de la Table et du Service. El segundo día de la cata, el lunes, se siguió exactamente el mismo patrón.

Un fantástico Baeckoffe (plato típico alsaciano) siguió a la cata del primer día. Es un plato con diferentes carnes guisadas en una inmensa cazuela de barro. Christine organizó luego una maravillosa visita al pueblo de Dambach-la-Vile, una población medieval fortificada. Aquí nos recibió el alcalde y otras autoridades. Recorrimos sus viñedos, viendo a las viñas brotando y su fascinante sistema de poda “en quenouille”. Nos mostraron también el suelo granítico que le da a sus vinos tanta personalidad.

La pintoresca Confrérie des Bienheureux du Frankstein honró a Ghislain K-Laflamme y a Monika Chistmann invitándoles a plantar una viña y luego visitamos las antiguas bodegas (siglo XVI) de Domaine Schaeffer Woerly, cuyo lema es “hombres y vinos de granito” y cuyo techo está hecho de arcilla. Finalmente, una cata soberbia de los vinos de Dambach con añadas de hace 20 años y que abarcó desde vinos secos hasta los dulces de Grain Nobles. Esa noche en el hotel, el chef preparó un magnífico chucrut, que devoramos con ganas.

Al segundo día de cata le siguió una comida buffet en el Palacio de Congresos y luego la proclamación de los ganadores, en la Sala de las Estrellas del Palacio de Congresos. Los resultados pueden consultarse aquí.

Este fue el punto final oficial al evento, pero la generosa Christine nos llevó a todos los que no nos marchábamos hasta el día siguiente a cenar flammekeuche (torta salada horneada) en la Ancienne Douane, el plato que resume Alsacia. Fue una noche informal y que disfrutamos mucho. De algún modo, nadie quería que la noche llegara a su fin y más de 20 almas bebieron vino en el hotel hasta entrada la madrugada.

En pocas ocasiones mi mujer y yo hemos disfrutado tanto de un concurso de vino. Muchas gracias Christine y Dave y a todos los involucrados en la organización. Trabaja duro, juega duro podría ser su lema. A las catas serias le siguió un gozoso tiempo de entretenimiento. Nos vemos el próximo año.

Traducción: Vicent Escamilla


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