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Ecoracimo mantiene abierto su plazo de inscripción a falta de confirmar fechas de celebración

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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El Castillo Gran Capitán de Montilla (Córdoba) acogerá la 21ª edición del Premio Internacional de Vinos Ecológicos Ecoracimo, un certamen organizado por Ecovalia, Diputación de Córdoba y Ayuntamiento de Montilla. Si bien el estado de alarma generado por el Covid-19 ha obligado a modificar las fechas de envío de muestras y celebración (aún pendientes de confirmar), la organización mantiene abierto el plazo de inscripción.

Ecoracimo, el certamen internacional de vinos ecológicos, no faltará a su cita en este 2020 y, a pesar de las circunstancias, se celebrará tan pronto como la situación lo permita.

Ecovalia, Diputación de Córdoba y Ayuntamiento de Montilla, organizadores de estos premios, han consensuado la modificación del calendario inicial de este certamen, pendiente de concretar las fechas para el envío de muestras y celebración del evento, si bien han mantenido abierto el plazo de inscripción para las bodegas participantes.

El presidente de Ecovalia, Álvaro Barrera, ha señalado que la promoción de los vinos ecológicos “es una labor que hacemos en Ecovalia desde nuestros inicios pero que, en situaciones como las que estamos viviendo, hay que intensificar aún más si cabe para poner de manifiesto el excelente trabajo de los viticultores y bodegueros ecológicos”.

Las categorías de estos premios son: vinos tranquilos, blancos, rosados y tintos, vinos de aguja, vinos espumosos, vinos de licor y vinos de uvas sobremaduras.

Por su parte, Francisco A. Sánchez Gaitán, diputado de Agricultura de la Diputación de Córdoba, resalta que, “más aún en circunstancias como las que están transcurriendo, debemos apostar por nuestro sector agroalimentario como esencial para nuestra economía y mantenimiento del medio rural, siendo el sector del vino ecológico clave en este sentido, motivo por el que las entidades organizadoras debemos hacer un esfuerzo extra este año y asegurar la continuidad del concurso”.

La dirección técnica correrá a cargo de la enóloga Rocío Márquez y la coordinación general del concurso se realizará desde Ecovalia.

El concurso, que contará con la participación de catadores nacionales e internacionales, otorgará, dentro de cada categoría, los galardones: ‘Ecoracimo Gran Oro’ (a los que obtengan 100-93 puntos); ‘Ecoracimo de Oro’ (92-88 puntos); y ‘Ecoracimo de Plata’ (87-83 puntos). Además, se concederá el ‘Premio Especial Diputación de Córdoba’, el ‘Premio Ecoracimo de Oro’, a una personalidad destacada del ámbito cultural, enológico, gastronómico o económico.

Más información e inscripciones en: www.ecoracimo.org.

El Mondial des Vins Blancs de Strasbourg se pospone hasta octubre de 2020

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Strasbourg Events, miembro del Grupo GL Events, organizador de Le Mondial des Vins Blancs de Strasbourg, ha comunicado que la edición de 2020 (prevista en un primer momento para el 14-15 de junio) se aplaza hasta el 18-19 de octubre.

Según destacan, la decisión se ha tomado como medida preventiva ante la situación sanitaria. “La seguridad de nuestros jueces y nuestro personal es nuestra única prioridad. Consideramos que el aplazamiento de la edición 2020 es lo más razonable”, apuntan los responsables de este certamen.

Desde Strasbourg Events trasladan su agradecimiento al “conjunto del sector vitivinícola”, así como a sus socios, por su comprensión; así como a las autoridades que les están acompañando y han renovado su apoyo durante este complicado momento.

 “Nuestro deseo permanece intacto: ¡hacer de esta edición de Le Mondial des Vins Blancs Strasbourg un éxito internacional!”, expresan.

Desde la organización del concurso se ofrecen a solventar cualquier duda generada y tramitar cualquier cuestión para garantizar la participación en el certamen con total tranquilidad; y destacan que están en permanente contacto con las autoridades nacionales y de salud.

Fechas clave:

• Fecha límite de inscripción: 1 de agosto de 2020

• Fecha límite de envío de muestras: 14 de agosto de 2020

Más información en https://mondial-vins-blancs.com/

Conservación del agua y del suelo en viñedos

 Publicado el por Jorge Mongil Manso (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

El suelo y el agua son dos elementos esenciales para cualquier cultivo y, específicamente, para el viñedo. Pero si no se gestionan adecuadamente, estos recursos pueden perderse fuera de la viña y, por lo tanto, reducirse la productividad del suelo y la influencia positiva de este sobre la vid. El suelo, la planta y la atmósfera forman un ciclo hidrológico puntual, a pequeña escala, en el que el intercambio de agua es fundamental, y que, además, tiene implicaciones en otros aspectos como la nutrición de la planta. Hay dos problemas que pueden afectar a este sistema:

- La pérdida del recurso suelo: El suelo está sujeto a la erosión hídrica si no posee una cubierta vegetal que lo proteja durante las lluvias.
- La pérdida del recurso agua: En los suelos desprovistos de vegetación, el agua de lluvia no se infiltra sino que se convierte en escorrentía y se dirige hacia los cursos de agua, arrastrando las partículas del suelo.

Los cultivos leñosos de secano, como son los viñedos, se incluyen en el Plan de Acción Nacional contra la Desertificación (2008) como uno de los escenarios de la desertificación en España, fundamentalmente por tratarse de terrenos muy susceptibles de erosión, por su escasa cubierta.

En algunos viñedos, como los de Anoia-Penedès, las transformaciones en las tierras eliminaron las técnicas tradicionales y dejaron los suelos desnudos, lo que reactivó o aceleró los procesos erosivos (Martínez-Casasnovas et al., 2009; Martínez-Casasnovas et al., 2012). En los suelos de viñedo, en los que las filas de vides dejan amplios espacios sin vegetación, se genera una gran cantidad de escorrentía superficial que arrastra el suelo y produce la pérdida de nutrientes (Ramos & Martínez-Casasnovas, 2006). De esta forma, progresan y se generalizan fenómenos de erosión laminar, en regueros y en cárcavas. Por otra parte, se ha cuantificado el coste de los daños producidos por la erosión en un 5% de los ingresos por la venta de la uva (Ramos et al., 2005).

Los procesos erosivos en viñedos provocan el arranque y transporte de sedimentos, la reducción del almacenaje de carbono orgánico, la pérdida de la fertilidad de los suelos, exposición de las raíces de las plantas y, por lo tanto, la pérdida del soporte físico de las plantas, y formación de regueros, cárcavas y coladas de barro (Auzet et al., 2006; Blavet et al., 2009).

Como se puede deducir de la ecuación universal de pérdidas de suelo (USLE), los principales factores de los que depende la erosión son el clima (fundamentalmente las precipitaciones), el suelo, el relieve (pendiente y longitud de la ladera), la cubierta vegetal o cultivo y la utilización de prácticas de conservación de suelos. Más concretamente, para los viñedos mediterráneos, hay que tener en cuenta también los siguientes factores:

- El viñedo se cultiva muy frecuentemente en áreas de fuerte pendiente (Wichereck, 1993). Además, en la mayoría de las zonas vitícolas del mundo, las líneas de vides se disponen en línea de máxima pendiente, lo que acentúa la pérdida de suelo (Zanchi, 1998).
- Zonas sometidas a tormentas muy intensas de gran capacidad erosiva (Arnáez et al., 2007).
- La superficie del suelo se encuentra durante buena parte del año desprovista de vegetación, porque los propios viticultores la eliminan para reducir competencia con la vid (Llorente, 2015).
- Las labores mecanizadas compactan el suelo, lo que reduce la infiltración y la retención de agua e incrementa la escorrentía (Llorente, 2015).
- En la viticultura actual se han dejado de lado prácticas de conservación de suelos y se tiende a reducir la densidad de viñas lo que supone más suelo desnudo (Llorente, 2015).

En la Tabla 1 se muestran algunos valores de pérdidas de suelo en viñedos, obtenidos por varios autores y recopilados por Llorente (2015). En general, se consideran como tolerables tasas de 10-12 t·ha-1·año-1 pero, para Europa, Verheijen et al. (2009) indican que la tasa tolerable es de 0,3 a 1,4 t·ha-1·año-1.

Conservación de aguas y suelos
El manejo adecuado del suelo y el agua en el viñedo pasa por favorecer la infiltración (entrada de agua a través de la superficie del suelo) y frenar la escorrentía. Si somos capaces de captar el agua de lluvia y escorrentía en las viñas, también recogeremos suelo, nutrientes y materia orgánica que, en caso contrario, se perderían fuera del viñedo transportados por la escorrentía superficial.

De forma tradicional, tanto en los viñedos como en otros cultivos, se han llevado a cabo técnicas de conservación de suelos para preservar a estos de su deterioro, pérdida o reducción de su fertilidad. Algunas de estas técnicas han caído en desuso, generalmente debido a la mecanización de la agricultura, pero sería muy interesante su recuperación por los beneficios que implican. La estrategia general en la utilización de técnicas conservacionistas se muestra en la Tabla 2. En función de la vocación del suelo, y según sea la comparación entre las pérdidas de suelo reales de la parcela y las tolerables (alrededor de 10-12 t·ha-1·año-1), la tabla nos indica la mejor alternativa.

A continuación, se describen las principales técnicas de conservación de suelos aplicables a viñedos:

1) Terrazas. Las terrazas son estructuras que consisten en un surco o canal y el correspondiente lomo o caballón, generalmente construido de tierra o piedra, trazados según curvas de nivel, de manera que intercepten la escorrentía, provocando su infiltración o evaporación, o desviándola a un lugar determinado debidamente protegido y con una velocidad controlada que no ocasione erosión en el canal (López-Cadenas, 2003). Existen diversas terrazas, en función del perfil, de la forma del tamaño, etc. (Mongil et al., 2009). Uno de los tipos más habituales son los bancales, que se construyen con pendientes mayores del 20% y perpendiculares a la línea de máxima pendiente. En este caso, el movimiento de tierras afecta a todo el terreno de forma continua, mientras que en otros tipos suele existir una franja de terreno natural sin alterar. Han sido ampliamente utilizados para la plantación de viñas desde hace siglos (Figura 1).

2) Cultivo siguiendo curvas de nivel. Consiste en realizar las labores y otras prácticas de cultivo en el sentido de las curvas de nivel del terreno, para eliminar o reducir la escorrentía superficial
y la correspondiente erosión por arrastre del suelo. En los viñedos, todas las labores mecanizadas deberían realizarse en el sentido de las curvas
de nivel, para favorecer la infiltración frente a la escorrentía.

3) Cultivo en fajas. Ordenación de los cultivos en el tiempo y en el espacio, de manera que se sucedan alternativamente las fajas de terreno descubierto o con escasa vegetación, con otras, cubiertas de vegetación densa y resistente a la erosión hídrica. Las fajas se disponen según curvas de nivel. La anchura de las fajas debe ser suficiente para detener la erosión. Por lo tanto, se trata de alternar fajas de viñedo con fajas de otro cultivo de cubierta más densa, para que esta frene la escorrentía y reduzca la erosión.

4) Laboreo de conservación. El laboreo de conservación (mínimo laboreo y siembra directa) consiste en realizar las mínimas labores en el terreno, dejando sobre el suelo la paja o los restos del cultivo anterior. Es de aplicación fundamentalmente para los cultivos herbáceos, aunque en el viñedo se podría aplicar esta idea dejando la hojarasca de la vid sobre el suelo y no arando las calles entre filas de vides.

5) Rotación de cultivos. Se trata de la sucesión en el tiempo de distintos cultivos en una misma parcela. A largo plazo supone un método de defensa y recuperación del suelo, y da mayor estabilidad al ecosistema agrario. No obstante, la técnica no es viable directamente para los cultivos leñosos, pero sí podría llevarse a cabo una rotación de cultivos o de diferentes cubiertas en las calles entre vides.

6) Cultivos de protección. Son cultivos de cereales o leguminosas que se destruyen antes de completar su ciclo, quedando los restos sobre el suelo. De esta manera se controla la erosión y aumentan los rendimientos de cultivos posteriores. La aplicación a los viñedos sería, como en los casos anteriores, en el espacio entre filas de vides.

7) Cortavientos y setos. Los setos y cortavientos son plantaciones lineales de árboles o arbustos, que reducen la velocidad y fuerza erosiva del viento. Así mismo, frenan la escorrentía y, por ello, aumentan la oportunidad de infiltración del agua. Además, estas plantaciones contribuyen a disminuir la desecación del suelo y la formación de costras.

8) Cubiertas vegetales. Las cubiertas vegetales de los suelos de las viñas son una medida eficaz y muy en boga en los últimos años. Aunque tienen algunos inconvenientes debido a la competencia de esta vegetación con las vides por recursos como el agua o los nutrientes, las cubiertas presentan bastantes ventajas (Ramírez & Lasheras, 2015): protegen contra la erosión, mejoran la estructura del suelo, facilitan el paso de la maquinaria en cualquier época del año, reducen la compactación del suelo debida al paso de la maquinaria, enriquecen el suelo en materia orgánica, activan la actividad microbiana del suelo y controlan el crecimiento de algunas malas hierbas. En la Tabla 3 se muestra una clasificación de los diferentes tipos de cubiertas vegetales empleadas en viñedos.

Existen numerosas experiencias de utilización de cubiertas en viñedos. Rodrigo-Comino et al. (2017a, 2017b) proponen sembrar plantas aromáticas y/o leguminosas en forma de parches en aquellas zonas de la viña que sean el origen de la erosión, que además de proteger el suelo también pueden comercializarse o servir de alimento para el ganado. Marqués et al. (2007) han comprobado en la comunidad de Madrid que las cubiertas frenan la escorrentía generada por la lluvia en primavera. La humedad media del suelo no se ve afectada, aunque sí su comportamiento hidrológico. Marqués et al. (2009) indican que las cubiertas vegetales permanentes en cultivos leñosos en pendiente mejoran las características del suelo y reducen la erosión, pero afectan al rendimiento de los viñedos cuando son jóvenes. Otras técnicas como las cubiertas con siega primaveral evitan la competencia por el agua, permiten obtener los mismos rendimientos y frenan eficazmente la erosión.

Prosdocimi et al. (2016) analizan el efecto de un acolchado de paja de cebada sobre la pérdida de agua y sedimentos en suelos de viñedo frente a episodios de lluvia intensa poco frecuentes, característicos del clima mediterráneo. El acolchado de paja reduce un 78% la erosión de los viñedos y en un 25% la escorrentía. Aunque en este caso estamos hablando de una cubierta de restos vegetales o mulch y no de cubierta viva.

9) Aserpiado. Es una técnica de manejo de suelos de la viticultura tradicional. Después de la vendimia (mayo-junio en Castilla-La Mancha, noviembre-diciembre en Jerez) se retira a la cepa la tierra que se le había arrimado para abrigarla, incluso se cavan alrededor de las viñas unos hoyos o piletas, todo ello con el fin de recoger el agua de lluvia y escorrentía y facilitar su infiltración. Esta operación recibe el nombre de alumbrado o aserpiado (Revilla, 1980), desacollado (en La Rioja) y descubierto (en Valladolid).

10) Microcuencas circulares sobre picón con muretes. En la comarca de La Geria (Lanzarote) las vides se suelen plantar en microcuencas circulares excavadas en el lapilli (llamado picón), que se protegen por muros de piedra seca (Figura 2). Con este sistema, además de la recogida de agua de lluvia y escorrentía, se pretende que las plantas enraícen con mayor facilidad en el suelo fértil, que la capa superior de picón reduzca la evapotranspiración y que la propia forma del hoyo y el muro de piedra protejan a las plantas del viento y capten agua de las nieblas y vapor de agua del aire (Mongil et al., 2015).

Estas técnicas de conservación de aguas y suelos deben tomarse como ideas o recomendaciones que hay que adaptar a cada viñedo, según sus características y problemática. Pero no podemos cerrar los ojos ante un problema cada vez más importante. Conservar el suelo y el agua es conservar el capital del viñedo.

Referencias
Se ruega contactar con el autor sobre las referencias bibliográficas utilizadas, que se han omitido para reducir la extensión del artículo.

Precios del aceite 07-05-20

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Información en PDF adjunto.

Balance de campaña del aceite de oliva a 31 de marzo de 2020

 Publicado el por SeVi (colaborador)

La campaña del aceite de oliva 2019/20 alcanzó, al cerrar el mes de marzo, su ecuador; marcada por unos precios muy bajos en origen y por la situación de estado de alarma (desde el 14 de marzo) a causa de la crisis socioeconómica generada por la pandemia de Covid-19. En este primer semestre (del 1 de octubre 2019 al 31 de marzo de 2020), la producción de aceite de oliva en nuestro país alcanzó las 1.116.300 toneladas. El diferencial con lo producido en el mismo periodo de la campaña precedente se sitúa en un -37% y aunque todavía podrían quedar dos meses productivos, no es de esperar que lo que se elabore en abril y mayo sea muy significativo.

Según recogen las estadísticas de la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) del Ministerio de Agricultura, comparando la producción acumulada hasta marzo en 2019/20 con la media de las últimas cuatro campañas también puede considerarse una producción baja.

Si bien los dos primeros meses de campaña (octubre y noviembre) registraron elaboraciones superiores a las de 2018/19, a partir de diciembre la tendencia se invirtió. La producción mensual de marzo (solo 12.000 toneladas, según el dato provisional adelantado por la AICA), es históricamente baja para ese mes.

A esa producción se ha sumado una importación de aceite de oliva de otros países productores, que alcanzó a 31 de marzo, un total de 114.300 toneladas. Las compras de aceite foráneo se han incrementado un 35,9% respecto a la campaña precedente (prácticamente de forma inversamente proporcional a la evolución de la producción). Desde el mes de diciembre, coincidiendo con los menores registros de producción, las compras de aceite de otros productores han sido superiores a las de sus meses homónimos de la campaña anterior.

De este modo, los operadores del sector del aceite de oliva manejan unas disponibilidades (existencias iniciales de campaña, más producción e importaciones) que ascienden a 1.986.300 toneladas. De ellas, 755.700 correspondían a las existencias con las que arrancó la campaña (+101% respecto a la campaña anterior).

Del lado de las salidas, la comercialización acumulada hasta el mes de marzo fue de 799.900 toneladas, con datos provisionales para el último mes. Supone un ritmo de salidas de aceite de oliva un 5,1% superior al de la campaña precedente. En la comparativa con la media de las últimas cuatro campañas la mejora comercializadora alcanza el 13,3%. El promedio mensual de salidas en este primer semestre de campaña ha sido de 133.317 toneladas de aceite de oliva.

La exportación acumulada en esta primera mitad de 2019/20 supera las 517.900 toneladas de aceite de oliva. El mercado exterior del aceite de oliva español crece respecto a la campaña precedente (+7,2%). En comparación con la media de exportación hasta marzo en las cuatro campañas precedentes (437.900 t), el incremento es mucho más acusado (+18,3%). La media de salidas mensual hasta la fecha es de 86.317 toneladas. Si febrero fue el primer mes de esta campaña con un dato de exportación marcadamente inferior al mismo mes de la campaña anterior, en marzo esa tendencia parece haberse superado.

Según los datos de la AICA, la exportación representa el 65% de la comercialización total, frente al 35% que se destina al mercado nacional.

Por su parte, el mercado interior también ha revertido la tendencia descendente detectada desde enero. En este periodo de seis meses desde el arranque de la campaña, la demanda interna suma 282.000 toneladas (+1,5% respecto a la precedente y ya un 5,2% por encima de la media de campañas). El promedio mensual de salidas al mercado interior es de 47.000 toneladas.

Con estos movimientos de mercado, las existencias finales a 31 de marzo sumaban 1.186.400 toneladas y prosiguen con la buena marcha de los dos meses precedentes. Así, el stock a 31 de marzo era un 19,6% inferior a las existencias en la misma fecha del año precedente. No obstante, sigue siendo un stock importante (está casi un 9% por encima de la media de las cuatro campañas anteriores. Atendiendo al detalle de existencias, la mayoría se encontraba en poder de las almazaras, con 821.000 toneladas; mientras que los envasadores contaban con un stock de 296.300 toneladas y en el Patrimonio Común se registraban 69.100 toneladas.

Respecto a los precios, los datos de precio testigo del MAPA reflejan de nuevo caídas todavía en las cotizaciones en las últimas semanas.

Consumo en confinamiento:

El consumo de aceite de oliva durante el confinamiento en España sigue aumentando, según los datos facilitados por el Ministerio hasta la semana del 13 al 19 de abril. Según el panel de consumo alimentario, durante esa semana, el aceite de oliva creció un 29,2% por encima de la misma semana del año anterior. No obstante, esa demanda por parte de los hogares se redujo un 14,8% en comparación con el volumen adquirido por los hogares en la semana precedente.

Aceituna de mesa

En cuanto al balance del sector de la aceituna de mesa, según los datos de la AICA a 31 de marzo, la campaña arrancó con 398.600 toneladas de existencias y, tras los movimientos de mercado, el stock quedaba en 536.730 toneladas, en su mayoría de Hojiblanca (230.190 toneladas) y Manzanilla (181.740 toneladas). La comercialización total alcanza las 297.950 toneladas, de las que 222.910 toneladas se destinaron a exportación.

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