Próximos retos de la viticultura. Encuentro Técnico de la Fundación para la Cultura del Vino (FCV)

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La Fundación para la Cultura del Vino (FCV) organizó el pasado 27 de abril su décimo segundo Encuentro Técnico, que reunió en Madrid a alrededor de un centenar de profesionales del sector vitivinícola. En esta ocasión, el tema escogido fue el de los “Próximos retos de la viticultura”, que se abordó desde un punto de vista multidisciplinar, gracias a un extraordinario elenco de expertos. Desde la adaptación de las distintas variedades de vid y sus enfermedades y tratamientos, a los modelos climáticos, la influencia del cambio climático en el viñedo, el diagnóstico microbiológico, viticultura de precisión y, por supuesto, los aspectos económicos relacionados con la viabilidad del viñedo.

Tal y como quedó patente en la presentación de la jornada, los encuentros técnicos de la FCV cumplieron con el objetivo de entremezclar conocimiento científico, con la experiencia y las necesidades de las empresas vitivinícolas.

Mª José Hernández, subdirectora General de Frutas y Hortalizas, Aceite de Oliva y Vitivinicultura del Ministerio ya estableció desde un primer momento que el marco productivo en el que se va a mover el vino español es el de un potencial de más de 53 millones de hectolitros, por lo que resulta vital “estar preparados” como sector y “conocer las herramientas de las que se dispone” para gestionar ese potencial. Lo que puede resumirse en más autorregulación e incremento de la competitividad, gracias a herramientas como la reestructuración y reconversión del viñedo, siempre que se oriente hacia tres pilares, mantener la calidad máxima, adecuarse al mercado y adaptarse al cambio climático y sus efectos.

Javier Sanz (González Byass) planteó los principales retos para la viticultura en la próxima década, como la adaptación varietal, el traslado del viñedo, las variedades híbridas, las enfermedades y patologías, el estado hídrico, la zonificación de la producción o la viabilidad económica del sector.

Vicente Sotés, vicepresidente de la OIV, presentó la evolución climática y qué previsiones hay al respecto para el sector vitivinícola, así como qué estrategias de adaptación se pueden tomar. El clima de una zona determina las características del vino obtenido, especialmente su tipicidad, por el efecto en el desarrollo de los procesos de maduración y por la adaptación del ciclo de las variedades, por lo que un cambio climático “puede originar la pérdida de la producción específica de ciertas regiones”. Además, los escenarios de clima futuro implican cambios potenciales (riesgos y oportunidades) en la mayor parte de los sistemas de producción y, particularmente en España. No obstante, defendió que la mayor parte de los viticultores de España se pueden adaptar “potencialmente” al cambio climático, teniendo en cuenta los avances científicos y tecnológicos, aunque “no todas las regiones y sistemas de cultivo de la vid tienen el mismo potencial de adaptación”.

La recuperación de variedades tradicionales de vid fue el eje de la intervención de la investigadora Carmen Martínez (CSIC). La investigadora defendió que la “enorme riqueza varietal” de España (más de 250 variedades genuinas) “abre grandes posibilidades para las bodegas que, mediante la utilización y adaptación de muchas de estas variedades, podrán realizar una viticultura más rentable y más respetuosa con el medio ambiente, además de diversificar sus vinos y ofrecer a los mercados productos diferentes, únicos y exclusivos”.

El italiano Riccardo Bugiani (Servizio Fitosanitario de Emilia-Romagna) explicó cómo los modelos climáticos y pronósticos en la vid pueden servir como estrategia en el control de enfermedades y patologías del viñedo. Estos modelos de previsión pueden ser útiles para reducir el uso de agentes químicos e incrementar la eficacia de los mismos. Además, estos modelos pueden emplearse para avisar del riesgo en años siguientes.

A continuación, Jesús Yuste (ITACyL) ahondó en las estrategias vitícolas frente a la realidad del cambio climático, centrándose en la influencia en la maduración tecnológica y fenólica, así como en el aroma y la composición nitrogenada de la uva. Reflexionó sobre las variaciones meteorológicas y sus posibles efectos en el viñedo y planteó posibles adaptaciones o estrategias de cultivo que puedan paliar las hipotéticas consecuencias del cambio climático. A su juicio, las estrategias vitícolas para intentar paliar los efectos del cambio climático se centrarán en factores y técnicas de cultivo como: lugar, latitud, altitud y exposición, orientación de las filas, densidad de plantación, portainjerto, variedad y clon, mantenimiento del suelo, sistema de conducción, poda en seco y en verde, operaciones en verde y regulación de cosecha y riego.

Por su parte, Javier Tardáguila (Universidad de La Rioja) vertió luz sobre los últimos avances tecnológicos orientados a la estimación objetiva de la cosecha mediante el empleo de desarrollos basados en visión artificial. Este nuevo sistema, desarrollado por un equipo multidisciplinar de investigadores del grupo Televitis de la U. de la Rioja y del Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino, permite estimar la producción de uva del viñedo de forma rápida, precisa y georreferenciada, haciendo uso de la visión artificial para el conteo de flores y bayas y calcular una estimación de la producción final.

En la sesión vespertina, , José M. Martínez (ICVV) habló sobre las estrategias genómicas dela caracterización molecular del estado fisiopatológico de la vid y concluyó que, ahora que se cumplen 10 años de la publicación de la secuencia del genoma de referencia de la vid (hito que pasó casi inadvertido para el sector en su momento), las nuevas tecnologías de re-secuenciación genómica y de RNAseq constituyen herramientas muy potentes para el uso de la diversidad genética de la vid y para el seguimiento de sus respuestas a diferentes condiciones ambientales y de cultivo.

A continuación, el especialista Fulgencio Honorio (Universidad de Extremadura) presentó una caracterización y zonificación vitícola de la España peninsular, en la que detecta siete climas diferentes en la España peninsular, con 36 grupos climáticos. Además, considera que “hay una gran superficie potencialmente productora de uvas de calidad y que en la actualidad no está ocupada por el viñedo”.

El diagnóstico microbiológico del suelo del viñedo fue el tema de la ponencia que dirigieron Antonio Palacios (Lab. Excell) y Alberto Acedo (Biome Makers), mientras que Cristina Monteserín (Seresco) presentó la plataforma de viticultura de precisión Cultiva Decisiones. Anna Pedró (BASF) habló a los participantes de la innovadora molécula Initium y sus aplicaciones en el sector vitivinícola.

Desde la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV), Trinidad Márquez presentó la estrategia de I+D+i 2017-2020 para el sector y José Ramón Lissarrague (UPM) analizó los costes de producción y la viabilidad económica del viñedo. El experto defendió que los modelos de viticultura deben ser diferentes “en función de las condiciones medioambientales, de los objetivos vitícolas y enológicos, de la estructura productiva, de los precios pagados en el cultivo del viñedo y de los precios percibidos por la uva”, pues la viabilidad económica del viñedo está condicionada por la elección y ejecución adecuada de viticultura en relación a los condicionantes y retornos económicos de cada explotación vitivinícola.


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