Unas Botas de Barro para recorrer el mapa del vino español

 Publicado el Por Vicent Escamilla

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Nicola Thornton decidió, años ha, mudar su vida en una ciudad industrial del norte de Inglaterra, por la región zamorana de Toro, donde conoció el patrimonio de viña vieja de la vitivinicultura española. Junto con el enólogo sevillano Álvaro Martín pusieron en marcha la distribuidora internacional Spanish Palate, que defiende en los mercados nacional e internacional las creaciones de pequeñas bodegas con un carácter único, y excepcional  con una clara definición de su terruño.  

Pero, además, han lanzado una colección de vinos propia, Botas de Barro, con unas características basadas en sus experiencias y relaciones con clientes y consumidores. Por condensar esas cualidades de los vinos: “vinos con fruta y algo de complejidad, pero no demasiada”. Y, con el condicionante de que fueran vinos de viña vieja.

El nombre de la gama es un homenaje directo a los millones de pares de botas embarradas que han gastado los viticultores españoles para que los consumidores puedan disfrutar de vinos increíbles.

“Botas de Barro y ceros acumulados en el cuentakilómetros”, añade Álvaro Martín, sevillano y alma máter del proyecto para el que ha viajado por España en búsqueda de esos viñedos viejos y cerrando acuerdos con cooperativas y bodegas privadas. El resultado es una colección de (por el momento) seis vinos, un blanco y cinco tintos, que permiten recorrer parte de la infinita geografía vitivinícola española. Está llamado a crecer.

Arrancamos la cata con el Botas de Barro Verdejo 2016, procedente de viñas viejas conducidas en vaso, de pie franco y sin más riego que la lluvia. Marcado carácter varietal, intenso en nariz pero sin atosigar, con un perfil cítrico que lo hace muy fresco. Boca sencilla, equilibrada acidez y ligero perfil graso.

A continuación, nos proponen que nos pongamos las Botas de Barro Rioja 2015, elaborado con uvas de Tempranillo procedentes de un viñedo de Arnedo. El vino tiene una crianza corta, de 8 meses en barrica, para respetar un Tempranillo bien madurado y expresivo. Fruta roja y negra madura, sin compotas ni mermeladas, que está acompañada de ligeras especias y tostados. Boca elegante y madura, sin aristas, tanino suave y agradable balsámico final.

De Arnedo, estas botas que ya empiezan a estar manchadas llegan a Jumilla, para probar el Monastrell (viñas de edad media de 60 años) de la añada 2015, que ha pasado cuatro meses en barrica. Un Monastrell elegante y ¿fino? Presenta un carácter mediterráneo innegable, con fruta vendimiada en su momento óptimo, pero destaca por un perfil mineral que te hace volver a la copa. La boca es amplia, carnosa incluso golosa. Gustó.

Cerca de allí se elabora Botas de Barro Almansa 2015, a partir de Garnachas Tintoreras con más de 30 años y con una breve crianza de cuatro meses en barrica de roble. Nariz profunda e intensa, una Garnacha madura que se traduce en notas de ciruela negra y frutos negros con sensaciones dulces y medicinales. Equilibrado aporte de la madera, en forma de especias dulces y torrefactos. Llena la boca y presenta un tanino maduro.

Álvaro nos guió luego hasta la Ribera del Duero, para probar su Botas de Barro 2015. De nuevo viña vieja, en vaso y sin aporte hídrico. Tinta Fina con seis meses en roble. En nariz el aporte de la madera es más evidente y aunque sin ser molesto, enmascara parte de un componente frutal muy maduro e interesante. Amplio en boca, sabroso, con el tanino algo secante todavía, a la espera de que se pula en breve en botella.

Cerramos el círculo tal vez donde se inició toda esta aventura, en tierras zamoranas. Botas de Barro Toro 2015, Tinta de Toro nacida en viñas centenarias a 750 metros sobre el nivel del mar y con entre 5 y 6 meses de barrica. Nariz intensa, viva y profunda. Marcado carácter floral (violeta y otras flores azules), y una fase frutal en la que aparecen los frutos negros como la mora, maduros pero sin llegar a compotar. Boca con gran textura y presencia, equilibrado y con recuerdos de cacao amargo y regaliz.

Nicola y Álvaro nos prestan sus botas, que no solo son de barro, son de ilusión, pasión y honestidad. Ahora solo queda calzárnoslas y recorrer con ellas parte del patrimonio enológico español.


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