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Nuevos desafíos sobre una evolución regular

 Publicado el por Rafael del Rey (OEMV) (colaborador)

Exportación. (photo: )

Exportación.

En situación normal, el informe sobre las exportaciones, propio de este especial de La Semana Vitivinícola, debería dar cumplida cuenta de lo ocurrido el año anterior y, al final, hacer un breve apunte sobre cómo se presenta el año en curso; en nuestro caso, el 2020. Pero en los actuales tiempos del Covid-19 la situación no es normal. El 2019 y todo lo ocurrido en él queda muy lejano, y nos preocupa sobremanera lo que pueda pasar con nuestras vidas, nuestra economía y también con el vino a raíz de la nueva situación. Aunque, con suerte y pecando de optimistas, el informe del año que viene refleje una situación posiblemente mala en el año 2020 pero, en su conjunto y si se da una buena recuperación en el segundo semestre, confiemos en que no catastrófica. Un año, sin embargo, el actual, en el que el vino español se enfrenta a serios retos en los mercados internacionales por los efectos del Covid-19, pero también el Brexit, los aranceles en EE.UU., la nueva normativa en Rusia y otros desafíos. Por todo ello, hacemos en este artículo un repaso a lo que fueron las exportaciones españolas en 2019, que están profusamente documentadas e los informes del OEMV, y en especial en el informe económico sobre mercados de nuestra web (‘Los mercados del vino español en 2019’, disponible en www.oemv.es, pero concentramos mayor atención a los problemas que enfrentamos en este 2020.

El entorno mundial

El comercio mundial de vino, en su conjunto, se muestra muy estable en volumen, aunque revalorizándose y, por lo tanto, con tendencia a una mayor facturación. Tanto en litros como en euros, el crecimiento desde la crisis del 2009 fue extraordinario, pero en el primer caso se ha suavizado desde 2012 costándole superar los 10.000 millones de litros o 102/104 millones de hectolitros; mientras que, en el segundo, en valor, el crecimiento ha seguido hasta superar ya los 31.770 millones de euros. Desde esa fecha, 2012, el crecimiento medio anual acumulado de las exportaciones mundiales de vino y mosto ha sido del 3,2% en euros y de apenas el 0,4% en litros; porque lo que ha crecido ha sido, sobre todo, el precio medio por litro de las exportaciones, a un ritmo del 2,8% medio anual, hasta los 3,05 €/l en 2019 y pese a la ligera caída respecto del año anterior.

Pero no todos los productos han variado de la misma forma ni al mismo ritmo, demostrando una segmentación del mercado importante de tener en cuenta. Entre las exportaciones mundiales predominan, sin duda, los vinos envasados, que representan casi el 70% del valor total y cerca del 54% del volumen. Estos vinos en envases de hasta dos litros de capacidad, van seguidos en importancia por los vinos espumosos en euros y por el granel en litros.

En ambos casos, tanto el bag in box (BiB) como las ventas de mosto representan cantidades menores. Y cada una de estas categorías ha evolucionado de forma distinta. Tomando como referencia ese año 2012, es decir, analizando su evolución respectiva de los últimos 8 años, parece claro que el vino espumoso ha sido el gran protagonista de la evolución y el crecimiento, mientras que el granel, que fue el gran protagonista del aumento entre 2008 y 2012, ha crecido más lentamente en valor y apenas en volumen, y los vinos envasados han crecido bien en euros, pero incluso han caído en litros. Es decir, se venden menos pero más caros. Simplificando el análisis, el comercio mundial de vino en los últimos años parece:

- impulsado por los vinos espumosos, aunque en meses más recientes presentan síntomas de crecimiento más lento,

- con un volumen de vinos a granel estancado y del que se segmentan dos subcategorías importantes:

                a) los graneles entre productores, que dependen de las cosechas respectivas y de la comercialización de los compradores.

                b) los graneles a mercados finales, en progresión por incremento del envasado en destino.

- y con unos vinos envasados no espumosos de los que cada vez se venden menos botellas, pero más caras.

Un contexto de evolución general del comercio mundial de vino, que distintos actores, tanto exportadores como importadores, aprovechan de forma diferente. Entre los primeros, y en este último año 2019, Francia e Italia han aumentado a buen ritmo su facturación respectiva (4,6% y 3,2% respectivamente) mientras la española caía un 8,7% por pérdida de ingresos en prácticamente todas las categorías de vino. Más allá de los tres primeros y mayores productores mundiales, Australia se mantuvo en los 1.830 millones de euros, Chile, EE.UU., Portugal y Argentina avanzaron suavemente, mientras Sudáfrica perdió un 11%, Alemania un mínimo 0,3% y, por el contrario, Nueva Zelanda sigue avanzando a muy buen ritmo con crecimiento el pasado año del 8% en su facturación en euros.

Desde la perspectiva de los mercados, EE.UU. se consolida en 2019 como mayor comprador mundial de vino, con más de 5.500 millones de euros, aunque no en volumen donde, con 12,3 millones de hectolitros es sobrepasado por Alemania y Reino Unido, ambos por encima de los 14 millones. Aumenta sus compras en valor en proporción muy similar a la de Reino Unido (5,7% frente a 5,8% respectivamente), mientras disminuyen las de Alemania y China. Entre los mercados que mejor fueron en 2019 destacan Japón y Rusia, con crecimientos del 13% y del 16% respectivamente; mientras que presenta evolución negativa, además de los ya mencionados Alemania y China, Hong Kong y Francia.

En definitiva, un mercado mundial del vino relativamente estable, donde todavía el espumoso es el que tira de las ventas, con un granel estancado y dependiente de las respectivas producciones de los grandes operadores y unos vinos envasados no espumosos que apenas crecen en litros, aunque se encarecen en euros.

Las exportaciones españolas de vino en 2019

En este contexto mundial es en el que se han desarrollado las exportaciones españolas, que dependen, por supuesto, de cómo vayan los mercados y nuestros principales competidores, pero también (y mucho) de cómo evolucionan nuestras producciones y, en función del exceso o déficit de las mismas, cómo afectan a nuestros precios en los mercados. En los últimos años y desde la pérdida de medidas de regulación de mercados como en su tiempo fueron las destilaciones (de nuevo en boga por la crisis del 2020) las ventas exteriores españolas se ven muy condicionadas por la mayoría que representan sus exportaciones a granel y éste, a su vez, por (i) la necesidad o no que de él tengan nuestros cuatro principales clientes y también productores de vino (Francia, Italia, Alemania y Portugal) y (ii) de los precios que derivan de cosechas muy o poco abundantes en relación con nuestra capacidad de comercialización. Fuera del mundo de vinos a granel, que sigue sus propias pautas y depende de esos factores mencionados, los envasados llevan dos años sufriendo la subida de precios derivada de la escasez del 2017 y la fuerte competencia que tanto en vinos tranquilos, pero sobre todo en espumosos, existe internacionalmente.

En líneas generales y para el conjunto de los vinos españoles, 2019 no fue un buen año. Al final resultó peor de lo esperado. Si en el ’18 perdimos ventas por subir los precios como consecuencia de la mala cosecha del ’17, para 2019 y después de una vendimia abundante en el otoño anterior, esperábamos vender mayor cantidad de vino, aunque fuera a precios menores. Y así fue, pero en menor medida de lo esperado. Sí, bajaron los precios como consecuencia de la mayor vendimia, un 13,6%; Sí, subieron las ventas en volumen (6,5%) pero menos de lo deseable, después de una primera mitad de año muy débil y sin que apenas mejoraran las exportaciones de vinos envasados; y, como resultado, la facturación no llegó a subir, sino que reflejó una pérdida del 8%, fruto de la combinación de pocas ventas más a precios sustancialmente menores.

¿Qué pasó? Básicamente, que los graneles no se recuperaron todo lo que habría cabido esperar de una fuerte cosecha y la consiguiente bajada de precios, y los envasados no remontaron el vuelo. Los primeros (graneles) por descubrir con cierto pesar que (i) no basta con bajar los precios para vender más, porque (ii) si nuestros principales clientes tienen buenas cosechas no necesitan nuestros vinos y (iii) lo que les vendamos a ellos depende también de lo que ellos necesiten para vender a sus clientes.

Sin contar con el efecto punitivo que haya podido tener la “resaca” del 2018, en el que se vieron obligados a comprarnos mucho vino, a precios muy elevados, por tener todos cosechas menores. Todo ello nos lleva a meditar sobre la gran vulnerabilidad de las exportaciones españolas de vino que, en la actualidad, dependen en más del 55% de ventas a granel, que están básicamente concentradas en cuatro clientes (Francia. Alemania, Italia y Portugal), que nos comprarán o no en función del precio, de sus cosechas y de cómo les vayan sus ventas.

Por su parte, las ventas de vinos envasados, incluidos los de denominación de origen, llevan dos años de estancamiento o ligera disminución; según muchos operadores, como consecuencia de la subida de precios registrada en 2018 y todavía no asimilada por unos mercados en fuerte competencia. Si 2017 fue el mejor de nuestra historia para las ventas de vinos envasados en volumen y 2018 lo fue en valor, ambas cifras han disminuido en este pasado 2019, con precios medios que efectivamente subieron de forma sensible en el ’18 para tener que disminuir al año siguiente.

Marcha irregular de nuestros vinos envasados que, por mercados, presenta también grandes variaciones. En caída los 6 primeros destinos, peor en Reino Unido, Alemania y China que en EE.UU. o Suiza y apenas subidas en Canadá, Japón, Noruega y Letonia.

Un mal año, pues, para las exportaciones españolas de vino envasado en la mayoría de los mercados, que se suma a la ralentización del comercio mundial en volumen, pero no emula el crecimiento de nuestros principales competidores en valor. Y que en 2019 tampoco fue acompañado de grandes progresos en los vinos a granel, por ralentización de las compras en Francia, estancamiento de las de Alemania y fuerte caída de las italianas, que apenas se compensan por el aumento de exportaciones de vinos españoles a Portugal y a Rusia, y por las extraordinarias ventas registradas este año a Sudáfrica.

¿Imagen? ¿Precios? ¿Capacidad de comercialización? ¿Distribución? ¿Restricciones legales?... Son muchas las posibles explicaciones para la marcha de los vinos españoles en los mercados mundiales y muchas las que ofrecen los distintos operadores, pero sí parece que existe un potencial de crecimiento en el mundo del vino, que todavía no estamos pudiendo aprovechar. En el granel, posiblemente por ser muy dependientes de otros productores en lugar de aprovechar una creciente tendencia hacia el granel de calidad y varietal en mercados de consumo final. En el BiB por escasa presencia en un mercado donde, si bien las ventas no son abundantes, sí permitiría una diversificación positiva hacia un segmento de mayor valor en comparación con muchas de nuestras exportaciones. En los envasados tranquilos, posiblemente por la brusquedad de los movimientos de precios, derivada de las variaciones en las cosechas, que los mercados no admiten con facilidad, así como por un tamaño relativamente pequeño de muchas de nuestras bode-gas y presencia aun escasa en el segmento premium y ultra-premium mundiales. Entre los vinos espumosos y pese a la buena marcha que la categoría ha experimentado en los últimos años, los españoles se han distanciado un poco más de Prosecco y Champagne en 2019, demostrándose, en este caso, que no por ser más competitivos en precios hemos conseguido ganar cuota de mercado. Mientras en los vinos generosos mantenemos unas ventas muy estables, con una subcategoría de productos alabada internacionalmente, aunque con un mercado relativamente pequeño. Y, sin embargo, las posibilidades de crecimiento y mejora de los vinos españoles en el mundo son grandes, la multiplicación de actividades promocionales ayuda, hay cada vez marcas españolas más potentes en los lineales y cartas de muchos puntos de venta y existe un creciente interés de los medios especializados por los grandes avances que se están dando en nuestras distintas comarcas vitivinícolas.

Pero, en esta línea de potencial mejora que ya se atisbaba para el 2020, acompañada por (i) una cosecha del ’18 relativamente escasa que disminuía la presión bajista sobre nuestros precios y (ii) unos mercados de envasados en mejoría, nos vemos enfrentados a unos retos extraordinarios que generan grandes dudas sobre cómo pueda ir este presente año. A los efectos posibles de un Brexit que debía llegar al final del 2020 a un acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido, se sumaron los nuevos aranceles de Trump a los vinos franceses, alemanes y españoles, pero no a los italianos y, a finales del 2019, una nueva Pero, en esta línea de potencial mejora que ya se atisbaba para el 2020, acompañada por (i) una cosecha del ’18 relativamente escasa que disminuía la presión bajista sobre nuestros precios y (ii) unos mercados de envasados en mejoría, nos vemos enfrentados a unos retos extraordinarios que generan grandes dudas sobre cómo pueda ir este presente año. A los efectos posibles de un Brexit que debía llegar al final del 2020 a un acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido, se sumaron los nuevos aranceles de Trump a los vinos franceses, alemanes y españoles, pero no a los italianos y, a finales del 2019, una nueva normativa rusa que, por favorecer los vinos locales, puede poner en serio riesgo las exportaciones de graneles españoles. Y, además, llegó el Covid-19.

Principales retos para el vino español en 2020

Los números no presagiaban un mal 2020. Además de la recuperación del consumo nacional, que acabó el año con un crecimiento del 9%, la esfera internacional apuntaba hacia una recuperación de los vinos envasados y un mercado del granel que, gracias a una cosecha menor de lo esperado, podría mantenerse en equilibrio con cierta recuperación de los precios. Y todo ello, pese a las amenazas que ya se atisbaban a finales del pasado año.

La que tenemos desde hace más tiempo es el Brexit. Tras consumarse la salida del Reino Unido de la UE, en principio sin modificaciones en las relaciones, quedaba para finales de este año 2020 llegar a un acuerdo comercial donde se verían, en su caso, las novedades a las que deberían someterse los distintivos productos que entraran en el mercado británico. Lo deseable (y razonable, aunque eso no es siempre se da) era un acuerdo que mantuviera en gran medida las disposiciones comerciales y técnicas actuales.

En todo caso, la sensación en el mercado era que los peores efectos del Brexit, derivados en especial de la caída de valor de la Libra Esterlina, se produjeron justo después del referéndum, hace ya casi 4 años. Desde entonces, empresas y distribuidores se han venido preparando, aun bajo la incertidumbre de cómo fueran a quedar las relaciones comerciales futuras. No se han detectado movimientos especiales de estocaje y la sensación más extendida es que (i) el Brexit tendrá como consecuencia algunos cambios en la tramitación de las exportaciones, pero nada a lo que no puedan adaptarse bodegas e importadores y (ii) lo que sí es muy probable es que la salida plena del Reino Unido de la UE signifique una mayor competencia con vinos de otras procedencias, alguno de los cuales puede incluso encontrar condiciones más favorables para su venta en el mercado. En este caso, la cuestión es si los vinos europeos en general y españoles en particular son, y pueden seguir siendo, competitivos en el Reino Unido, y la experiencia nos hace pensar que sí. Aunque a lo que todos podemos tener más miedo es (iii) al menor consumo generalizado que se produzca como consecuencia del “wealth effect” derivado del Brexit, dado que este divorcio (como todos) es previsible que derive en empobrecimiento de los británicos y, por lo tanto, menor consumo, al tiempo que (iv) puede aumentar la voluntad recaudadora de los políticos británicos y llevarles a incrementar los impuestos sobre el vino.

Más grave, a priori, parecía la amenaza de los nuevos aranceles a los vinos de ciertos países europeos impuestos en el mercado de EE.UU. Sobre todo, por el hecho de ser discriminatorios. Es decir, un 25% de incremento en los aranceles que afectan a los vinos de franceses, alemanes y españoles (nominalmente también a Gran Bretaña, pero sus exportaciones de vino no parecen relevantes), que hacía presagiar un incremento del precio final de los vinos de estos países ante el consumidor y, por lo tanto, la relativa fácil sustitución de nuestros vinos por los de otras procedencias cuyos precios no se hubieran incrementado. Es una medida negativa, indeseada e injusta para nuestro sector y, sin embargo, la evidencia de los datos de importación de vinos en los EE.UU. no muestra que nos haya perjudicado especialmente durante los meses siguientes a su implementación.

Según los informes que periódicamente va haciendo el OEMV sobre esta nueva traba a las exportaciones españolas de vino, en los cinco meses desde su implementación y hasta el último dato disponible de marzo de 2020, las compras norteamericanas de vinos extranjeros subieron en su conjunto (6% en volumen y 1,1% en dólares), pero no lo hicieron las de vinos envasados, que son precisamente los afectados por los aranceles (-2,4% y -6,2% respectivamente), aunque sí los espumosos y los vinos a granel. Luego, sí, la imposición de aranceles ha perjudicado las compras por parte de los norteamericanos de vinos envasados. Pero no a todos de la misma forma. Así y según los datos disponibles, Francia sí parece haber sido la gran perjudicada por la imposición de aranceles, pero tampoco parece que Italia se haya beneficiado extraordinariamente, dado que ha crecido en valor pero no en volumen durante estos meses. Y España parece perjudicada, pero no en la medida de Francia. Como tampoco se ven con claridad tendencias en otros países no afectados por los nuevos impuestos, incluyendo las ganancias de Nueva Zelanda frente a las pérdidas de Australia. Luego la amenaza norteamericana es grave, pero los números no reflejan aun sus efectos sobre los vinos españoles.

También hacia finales del año 2019 se conoció la nueva normativa en Rusia que busca favorecer la producción local y, como consecuencia, puede perjudicar las exportaciones españolas de vinos a granel. Así, la nueva Ley de Viticultura y Enología de la Federación Rusa, aprobada en la Duma el 18 de diciembre y con previsión de entrada en vigor a mediados del año 2020, impide el uso del término “vino” para los elaborados en el país a partir de vinos o mostos importados a granel. Aunque se ha planteado una entrada en vigor más escalonada para esta norma, dada la falta de alternativas locales y el gran perjuicio que podría suponer para el consumo de vino en el país, esta noticia se sumaba a finales del pasado año a las amenazas para el vino español puesto que España es el primer exportador de vinos a granel a este mercado, con 125 millones de litros en 2019.

Otras posibles amenazas para nuestras exportaciones, como una posible saturación del mercado japonés, que tan buena marcha mostró el pasado año, quedaban sin embargo amortiguadas por noticias positivas como las ventas a Canadá, mercados escandinavos y otros, que fueron muy positivas el pasado año.

Y en estas estábamos cuando llegó la Covid-19. Una situación absolutamente excepcional, por su gravedad sobre la salud de las personas, pero también por su impacto en la economía, de forma extendida globalmente por todo el planeta. Primero en China, donde los datos disponibles de importaciones del primer trimestre sí muestran una apreciable disminución del conjunto de sus compras. Caída, que ha afectado a casi todos los proveedores por igual, con la excepción de Argentina y los pocos litros que adquiere de Moldavia. Entre los principales, la disminución en sus importaciones respecto del primer trimestre del año anterior es del 16% en su conjunto, pero la caída de las compras de vinos chilenos, australianos y franceses superan el -20% mientras que la de vinos españoles apenas alcanza un -8%.

Pero la pandemia ha afectado al negocio del vino en China y lo va a afectar en muchos otros países y con desigual impacto. El perjuicio que cause dependerá de su duración y del tiempo que permanezca cerrados los establecimientos de hostelería de los diferentes mercados. No es fácil estimar cuál pueda ser este efecto global, pero todo apunta a que pueda haber una disminución del volumen mundial de comercio exterior del vino, aun-que confiamos en que se mantenga relativamente estable la facturación, o no disminuya mucho, si el aumento previsible de precios medios compensa, al menos parcialmente, la potencial caída en litros.

Lo que sí nos enseñan tanto los desafíos actuales del vino español en los mercados internacionales como la situación global del sector, son algunas lecciones que pueden resultar útiles para el futuro. La importancia de mantener un equilibrio entre lo que producimos y lo que somos capaces de vender bien es lección ya aprendida y que viene siendo palpable en España desde la pérdida de medidas de regulación de mercado sobre el año 2010. De hecho, el planteamiento de nuevas medidas de regulación en 2020, a raíz de la pandemia, incluyendo destilación de crisis, almacenamiento del vino y vendimia en verde, apuntan a esta necesidad de equilibrio con el objetivo de que no se derrumben los precios del vino.

Pero, a la del equilibrio, se une ahora otra lección fundamental, que ya vimos con mucha claridad en la anterior crisis económica del 2010-2015, y es la de la diversificación de mercados. También entonces y a partir de la crisis financiera, el impacto fue enorme en la hostelería y, por lo tanto, las bodegas más enfocadas hacia este canal fueron las que más sufrieron. Y aprendieron la necesidad, y se esforzaron en conseguir, un mejor posicionamiento en mercados de exportación. En la crisis actual, pese a que su origen y características son muy diferentes, también ha sido la hostelería la más afectada por el cierre al que se ha visto sometida durante un buen número de semanas. En este caso, quienes ya estaban presentes en mercados internacionales también han podido amortiguar ese efecto, como también ha ayudado el hecho de estar presente en el canal de alimentación, que ha crecido, aunque no compensado la pérdida en Horeca, y nos ha lanzado a sistemas de venta por internet, ya sea desde la propia bodega o a través de plataformas multimarca. En todos los casos, antes como ahora, lo fundamental para sortear la crisis de la mejor manera posible ha sido la diversificación de ventas en canales y mercados diferentes.

Equilibrio entre producción y ventas, por una parte, y diversificación de los mercados, por otra, se unen a la tradicional necesidad de mejorar, aún más, el esfuerzo comercial de las marcas y los graneles, para posicionar mejor los vinos españoles en los mercados internacionales, que se viene dando desde hace años y tendrá sus frutos en el futuro.

Artículo con tablas aquí

Información más detallada y continuada por mercados y tipos de vino en www.oemv.es

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Datos de la exportación del vinagre español en 2019

 Publicado el por Aevin Asociación Española del Vinagre (colaborador)

La Asociación Española del Vinagre, a partir de los datos del Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria, ofrece el estudio estadístico de exportaciones.

En el año 2019 se han exportado 45,45 millones de litros por un valor de 30,43 millones de euros. Estas cifras, si se comparan con 2018, implican un descenso de 17,25% en volumen comercializado y de 16,45% en ingresos.

La exportación de vinagre de vino español sigue siendo la categoría fundamental tanto en reintegro como en volumen respecto de otros tipos de vinagre. El producto más exportado resulta el vinagre de vino a granel. En 2019 se comercializaron 24,08 millones de litros por un valor de 10,36 millones de euros, que en relación con los datos de 2018 suponen un descenso del 14,82% en volumen y en valor un descenso del 25,55%.

La exportación de vinagre de vino envasado es la única que se mantiene estable, aunque ligeramente a la baja respecto de 2018, con 8,01 millones de litros, lo que supone un descenso del 3,76% y 12,52 millones de euros, prácticamente la misma cifra que el año anterior.

Destinos

Entre los países que más vinagre han comprado a España son: Reino Unido e Italia que compraron cada uno una quinta parte (20,66% y 19,13%), seguidos de Francia y Estados Unidos, también con cifras similares de ambos (11,58% y 10,45%) y en los últimos puestos Senegal, Portugal, Marruecos y Alemania. (7,07% 5,70%, 5,51% y 3,76%).

En cuanto a la inversión por país se da una cierta variación respecto a los anteriores. Estados Unidos ocupa la primera posición (22,56%), seguida de Reino Unido (14,01%), Francia (12,28%), Italia (10,19%), Portugal, (3,59%), Alemania (3,26%), Canadá (3,08%) y Senegal (2,55%).

Artículo completo con tablas aquí.

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La PTV dinamiza en tres años 63 proyectos de I+D+i por valor de 50 M€

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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La Plataforma Tecnológica del Vino presentó el 26 de mayo los resultados de su 3º Plan Estratégico de Innovación 2017-2019 con un total de 63 proyectos de I+D+i aprobados, que han sido financiados con casi 36 millones de euros de fondos públicos. En términos de inversión, estas iniciativas han movilizado más de 50 millones de euros, dato que pone de manifiesto el claro compromiso de nuestro sector vitivinícola hacia la innovación.

Del total de proyectos aprobados, 53 se desarrollan en el ámbito nacional mientras que 10 están compuestos por consorcios internacionales. Todos ellos, suman la participación de 98 empresas, 97 centros y organismos de investigación y 23 asociaciones y/o Denominaciones de Origen. El Especial Proyectos I+D+i 2017-2019 presentado por la PTV (y que puede consultarse aquí) clasifica estas iniciativas entorno a las seis áreas en las que está estructurada su Comisión Técnica: Viticultura, Proceso, Producto, Sostenibilidad y Cambio Climático, Salud y Economía Vitivinícola, siendo Proceso y Producto las áreas más representadas con un 30% y un 29% del total de iniciativas.

Desde que iniciara su andadura en 2011, la PTV trabaja para potenciar la I+D+i del sector del vino, acercando posiciones entre bodegas, empresas vitivinícolas y producción científica para dinamizar, no solo proyectos individuales, sino también grandes proyectos en cooperación muy necesarios para el beneficio del conjunto del sector.

Perspectivas para el año 2020

A pesar de la situación de incertidumbre que vivimos a causa del Covid-19 y su impacto en la economía mundial, el pasado 20 de mayo los socios de la PTV se reunían en la 8ª Asamblea General para aprobar el presupuesto y plan de trabajo del presente año 2020. La Asamblea, presidida por Mireia Torres, en representación de la Federación Española del Vino (FEV), aprobaba así por unanimidad un plan de acción que pretende continuar entablando alianzas estratégicas, apostar por la internacionalización de la I+D+i y contribuir a la difusión de la Innovación del sector vitivinícola.

Otro de los grandes objetivos de su plan de trabajo en 2020 es el de sumar a los proyectos del 3º PEI, otras 11 iniciativas y conseguir una financiación pública de 15M€. Además, la secretaría técnica de la PTV ya ha comenzado a trabajar, de la mano de sus 186 socios y su Comisión Técnica, en la renovación de la Agenda Estratégica de Innovación que se presentará a principios del próximo año.

El mosto y zumo de uva: imprescindibles en el futuro del sector vitivinícola

 Publicado el por Asociación Empresarial de Zumos de Uva y Mostos de España (colaborador)

La crisis mundial que la pandemia está produciendo una crisis sin precedentes en el sector vitivinícola, que indudablemente requiere medidas extraordinarias. Sin embargo, todas las iniciativas que están circulando en el sector como la destilación o un almacenamiento privado de vino resultan soluciones a corto plazo con dudoso resultado y que no inciden en el origen del problema, una alta capacidad de producción de vino que en campañas normales resulta parcialmente de difícil comercialización mucho más aún cuando se dan circunstancias excepcionales como la actual.

Por todo ello desde Azume entendemos que el futuro del vino pasa indudablemente, por el apoyo a iniciativas que promuevan la elaboración de zumos de uva y mostos, que pueden llegar a retirar del mercado un 20% de la producción de cada vendimia hacia un destino rentable y con demanda internacional.

Desde que la Unión Europea retiró las ayudas a nuestro sector, el saber hacer y esfuerzo de las empresas del sector en la elaboración de mostos y zumos de uva supone solo en exportaciones, unos ingresos anuales para nuestro país de más de 200 millones de euros con un coste cero para la administración, pero con una reducción en la elaboración de mostos entre el 8% y el 12% de la producción.

La administración castellano-manchega debe ser la primera que apoye esta iniciativa, ya que sus 500.000 hectáreas de viñedo producen el 85% de mostos y zumos de uva de España. Si a esto se suma que es la región española que más vino debe comercializar, debe ser la primera interesada en la diversificación de la producción de su vendimia ampliando sus horizontes más allá del vino.

En Azume estamos trabajando en medidas a largo plazo para todo el sector como la prohibición de la chaptalización que representa entre 5.000.000 y 8.000.000 hectolitros. de mosto. Es necesario que se valore que pasaría si este volumen se retira del mercado del vino.

En breve se presentará un estudio en este sentido a la Administración, pero es imprescindible que en el momento presente tanto el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación como la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha apoyen al sector del zumo de uva y mosto como producto regulador del balance vitivinícola.

Covid-19: El Partido Popular se suma a las demandas de más fondos adicionales de la UE para el sector del vino

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El Grupo Popular del Congreso de los Diputados solicitó al Gobierno que reclame a la Comisión Europea (CE) fondos adicionales para el sector del vino, que vayan más allá que las medidas nacionales. Algo que ya solicitó el ministro de Agricultura, Luis Planas, en la última reunión del Consejo de la UE el pasado 13 de mayo, junto con sus homólogos de Francia e Italia, entre otros, pero sin que el comisario de Agricultura, Janusz Wojciechowski, diera a entender mínimamente que los fuese a haber.

En una proposición no de ley de apoyo al sector vitivinícola español para su debate en la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados, la portavoz de Agricultura del Grupo Popular, la palentina Milagros Marcos, recalcó que los programas nacionales no son suficientes en la actual situación de declive agudo del sector por la pandemia del Covid-19, tanto por el descenso de las exportaciones, como en el de ventas en el interior, debido especialmente al cierre del canal de Hoteles, Restaurantes y Cafeterías (Horeca).

Necesidades mínimas

En su propuesta, Marcos pide que el Congreso de los Diputados sea el que pida al Gobierno de España que inste a la CE a incluir fondos más allá de los programas de apoyo nacionales, al considerar que el PASVE 2020 "no cubrirá las necesidades mínimas del sector".

Asimismo, demanda reclamar a la CE apoyo tanto para recuperar las exportaciones de vino anteriores al estado de alarma, como para la apertura de nuevos mercados, así como para que se autorice la promoción en el mercado interior en el marco de la Organización Común de Mercado (OCM), incluyendo el apoyo al enoturismo.

La propuesta de resolución solicita también que se adopten medidas para asegurar el equilibrio del mercado en el futuro, especialmente que la cosecha en verde se pueda aplicar de manera parcial en una parcela para facilitar la reducción de rendimientos en 2020 en aquellas zonas amparadas por una D.O.P., donde es posible hacer un control de la medida.

Otras peticiones del Grupo Popular del Congreso en su proposición no de ley son que se facilite el acceso al crédito para dotar de liquidez a las bodegas, con el fin de que éstas puedan soportar la disminución de ingresos y el futuro pago de la vendimia de este año; que se dote suficientemente a las medidas de almacenamiento privado y de destilación de crisis, con cargo a los fondos europeos, a fin de que las bodegas puedan almacenar o sacar la parte del vino no vendido de la cosecha 2019, o la negociación de ayudas a la uva no destinada a la vinificación para diversificar las salidas comerciales a la producción.