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Los vinos de Utiel-Requena regalan Placer Bobal a discreción

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Utiel-Requena celebró con gran éxito la sexta edición de su evento anual de presentación Placer Bobal. Durante la tarde del lunes 17 de junio, un millar de asistentes pudieron disfrutar de las virtudes de los más de cien vinos que las bodegas llevaron al salón del Hotel Balneario Las Arenas, con el Mediterráneo como testigo. Entre los invitados, acudió una amplia representación de la restauración valenciana, la sumillería, la distribución y la prensa especializada. También hubo espacio en el salón para recibir al consumidor final, que agradeció poder degustar los vinos de la mano de los propios enólogos de las bodegas.

Un evento que, pese al nombre que debe a la variedad mayoritaria de la D.O.P. Utiel-Requena y de la que hace gala y bandera: la Bobal; hace ya unas ediciones que se ha abierto a otros varietales, tanto en tintos, como en blancos. No obstante, el corazón del showroom sigue siendo la Bobal (cada una de las más de 20 bodegas presentes destacaba en su mesa un Bobal Singular). Una cepa capaz de rosados golosos, otros que apuesten más por la elegancia, tinto jóvenes, tintos de alta expresión, con crianza tradicional y en envases vinarios como las ánforas; incluso de espumosos equilibrados…

Pero también hubo cabida para otros varietales, tanto en tintos (Tempranillo, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah, Pinot Noir, Merlot…), como de blancos (Tardana, Merseguera, Macabeo, Sauvignon Blanc, Chardonnay…).

“Estamos muy contentos con el resultado de esta acción de promoción y divulgación del trabajo que día a día hacen los viticultores y las bodegas, que se refleja en cada botella etiquetada con la marca de calidad de este Consejo Regulador”, comenta el presidente de la D.O.P. Utiel-Requena, José Miguel Medina. El showroom tuvo lugar en un lugar emblemático, el Hotel Las Arenas de Valencia, “una ubicación excepcional para dar a conocer las novedades de nuestros vinos, así como su carácter y tradición, a los profesionales del vino de la Comunidad Valenciana”.

Valencia abraza a la nueva añada de los vinos de la D.O.P. Rías Baixas

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Hacía tres años (desde 2016) que la D.O.P. Rías Baixas no acometía de forma oficial una acción de promoción en Valencia y en la capital del Turia había “hambre” de Albariño.  El túnel de presentación de la añada 2018 tuvo lugar el 27 de junio en Valencia. Una añada que ha sido calificada por el Pleno de su Consejo Regulador como “Muy Buena”. 

Los profesionales del sector valenciano tuvieron la oportunidad de degustar hasta 90 marcas pertenecientes a 49 bodegas inscritas a esta Denominación de Origen.

La importancia del mercado valenciano para los vinos de Rías Baixas es su buen posicionamiento según el informe Nielsen. Precisamente en el apartado de blancos con D.O., los vinos de Rías Baixas se sitúan en la 3ª posición en los canales de alimentación y hostelería del área 2 de Nielsen (que incluye la Comunidad Valenciana, Murcia y la provincia de Albacete), con una cuota de 9,3 puntos y con un crecimiento del 3,1 en junio de 2018. 

La calificación de la añada 2018 como “Muy Buena” se basa en el informe técnico, desarrollado por el Órgano de Certificación y Control, que incluía datos relativos a la cosecha y vendimia 2018, así como a los análisis sensorial y fisicoquímico llevados a cabo hasta el pasado 31 de mayo. Además, dicho documento se apoya en que más del 50% del vino elaborado de esta añada ya ha sido calificado y, por tanto, valorado a través de los mencionados parámetros. De hecho, en los primeros cinco meses de 2019, el vino calificado por esta denominación ha crecido un 1,7% con respecto al mismo periodo del pasado año, de manera que a 31 de mayo de 2019 ya se habían verificado 13.177.444 litros, lo cual muestra que el mercado está respondiendo muy satisfactoriamente a esta añada.

Con respecto a las valoraciones del panel de cata sobre la añada 2018, el informe indica que  “en las fases visual y olfativa, responde a las características propias de los vinos de esta Denominación de Origen: amarillo pajizo con tonos brillantes y limpios y con aromas cítricos, herbáceos y florales y también con matices frutales (manzana y fruta de hueso)”. 

Vino calificado

Según el informe del Órgano de Certificación y Control, a 31 de mayo de este año, la D.O.P. Rías Baixas ya había verificado un total de 13.177.444 litros (de noviembre de 2018 a mayo de 2019). Esta cantidad supone un 50% del vino elaborado en la cosecha 2018, que ascendió a 26.399.654 litros.  En la actualidad, más del 26% de estos vinos se destina a los mercados exteriores.

La foto fija de la D.O.Ca. Rioja al cierre de 2018

 Publicado el por Antonio Ejido (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

La D.O.Ca. Rioja presentó recientemente su Memoria 2018, que ofrece un retrato estático de su situación. Un año que ofreció como resultados más potentes que la evolución de hectáreas, producción de uva y elaboración de vino del año pasado se cerró con estas cifras: las hectáreas productivas de tintas fueron de 59.037, de blancas 5.965, siendo el total de 65.002 cuando el año anterior había sido de 64.215 hectáreas. Estas hectáreas dieron como resultado una producción de 485.854.620 kilos de uvas (el año anterior habían sido 349.494.277 kilos) que, con un rendimiento de 7.475 kilos por hectárea, en el 2017, 5.443, ofreció una elaboración amparada total de 336.124.391 litros, siendo la cifra del año anterior de 250.164.769 litros.

Junto a este cuadro, está el de la evolución de la comercialización de vinos de Rioja que cerrado 2018 nos ofrece un total de 263.338.705 litros, con una bajada sobre el año anterior del -7,35%, ya que en 2017 se vendieron 284.171.963 litros.

Se quedaron en el mercado interior en 2018, 166.887.988 litros, -5,12% y salieron al mercado exterior 96.450.717 litros con una evolución del -10,98%, comparados con los de 2017.

8º Concurso Internacional de Vino de los Balcanes

 Publicado el por John Umberto Salvi (colaborador)

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Tras contraer una neumonía bronquial en China, llegué en baja forma después de un largo viaje y una larga espera en el aeropuerto de Ámsterdam. Había enviado un mensaje y la maravillosa Ivana había concertado una cita con el médico a mi llegada. Tanto Galina como Ivana me acompañaron al centro médico donde me examinaron metódicamente y me hicieron una placa de rayos X. El resultado no les satisfizo y me dieron antibióticos fuertes y me indicaron reposo en cama y que tomara mucha agua. Por tanto, me perdí la primera noche y la cena de bienvenida a cargo de The Happy Bar and Grill, en Sofía.

Este prestigioso concurso, que ha celebrado su octava edición, está organizado y dirigido por la indomable Galina Niforou y apoyada por la solícita Ivana que había preparado mi cita con el doctor y que me atendió durante mi estancia. Ambas deben ser felicitadas por un evento exitoso y del que disfrutamos. El concurso está abierto a productores de vino de la Península Balcánica, Europa Central y del Este, del Mar Negro… y de cualquier región productora. El director, el Master of Wine griego Konstantinos Lazarakis hizo un gran trabajo.

Al día siguiente era el primero de dos días de cata. Se celebró en la planta 11ª de un hotel. Éramos 16 jueces, divididos en cuatro jurados de cuatro miembros cada uno. Yo fui uno de los presidentes de jurado. El sistema fue completamente distinto del que siguen los concursos amparados por la OIV y nos llevó un poco acostumbrarnos. Konstantinos no está de acuerdo con el sistema de la OIV y nos explicó el porqué. Aquí cada jurado emplea dos mesas y las rondas son de 12 vinos. La docena de vinos (o menos) se colocaban enfrente de nosotros en puestos numerados. Teníamos una hoja de cata en la que redactar nuestras notas de cata y las coordenadas de la ronda que íbamos a evaluar. Nos decían las variedades de uva, la añada y, en ocasiones, el contenido de azúcar. Anotábamos nuestras impresiones y notas, puntuando cada vino sobre 100. Luego íbamos a otra sala (una deliciosa terraza con vistas sobre la ciudad) y nos sentábamos en una mesa para debatir nuestras puntuaciones. Con 81 puntos se alcanzaba la medalla de bronce, con 85 la plata, con 89 el oro y con 94 puntos se merecía el gran oro. Nos pidieron que fuéramos flexibles y mi jurado lo fue. Debatimos cada vino en profundidad y, como presidente del jurado, rellené una segunda ficha con el nombre y las notas de cada juez, nuestra puntuación final y la propuesta de medalla. Como líder del jurado, tenía el derecho de decidir la medalla, incluso si no correspondía exactamente con las puntuaciones, aunque es una potestad que raramente empleé.  Cuando habíamos terminado de conceder las medallas y las puntuaciones, regresábamos a la sala de cata para enfrentarnos a la siguiente ronda, que ya estaba dispuesta lista para la cata. Por tanto, alternábamos entre las dos mesas. Catamos tintos, blancos, rosados y espumosos. El sistema funcionó a la perfección.

Las condiciones de cata fueron excelentes. Una sala fresca y espacios, pequeñas escupideras de metal, mantelería blanca, deliciosos panecillos, agua mineral y, como he dicho antes, con los vinos ya servidos.

La comida de ambos días fue en el restaurante, solo una planta por encima del lugar de las catas y tras la comida seguimos catando hasta las 17.00 h. En la mañana del segundo día la cata siguió el mismo esquema, pero por la tarde catamos para determinar los trofeos. El proceso fue algo complejo, pero muy eficiente. Primero catamos todos los vinos con medalla de oro y de gran oro y seleccionamos los mejores en cada categoría. Luego reunimos a todos los ganadores de cada categoría y escogimos el Gran Trofeo. Se le concedió a Estate Argyros por su Cuvée Monsignori Santorini 2017, de Grecia.

El programa social fue generoso y magnífico. La noche del segundo día de catas fuimos en coche al exclusivo Residence Club, a la altura de los grandes clubes londinenses, donde nos ofrecieron un banquete gastronómico auspiciado  por Katarzyna Estate y acompañado de seis de sus mejores vinos. Krzysztof Trylinski es el propietario de la finca, del mismo modo que lo es de la multinacional Belvedere ubicada en Francia y de muchas otras empresas y bodegas. Su talentosa y encantadora hija fue nuestra anfitriona durante la cena. Tanto la cena como los vinos fueron superlativos y una llamada de atención sobre el potencial de los vinos búlgaros. Fue un momento refinado que todos disfrutamos. Tuve la fortuna de sentarme junto a Tzveta Tanovska, autora de la Guía de Vinos de Bulgaria, que conocía a todo el mundo y cuyo esposo es miembro del club. Me informó de todo durante la noche.

Al día siguiente, tras la cata, nos dijeron que preparásemos una muda y nos fuimos en coche a un destino desconocido. El secreto había sido muy bien guardado y no descubrimos dónde estábamos hasta que llegamos. Estábamos en Château Copsa, en el corazón del interior de Bulgaria, un sitio de gran belleza en el Valle de las Rosas.

Su propietario, Minko Minkov, había tomado piedras de viejas casas abandonadas y erigido con ellas un pequeño Château de estilo medieval. Además, había construido buenas bodegas, habitaciones para huéspedes y otros edificios que configuraban el complejo, en el que se combinaba de forma armoniosa lo viejo con lo nuevo. Los tres Masters of Wine disfrutamos del privilegio de estar alojados en el château (me correspondió la habitación boutique Cabernet), con espléndidas vistas de los viñedos y las montañas.

Después de una cata en la terraza, nos ofrecieron una cena tradicional búlgara verdaderamente maravillosa. Fui afortunado de sentarme en la mesa con los enólogos y la hija del propietaria, Petia Minkov, aparte del resto del grupo, y conversamos sobre enología durante la noche mientras disfrutábamos de uno de los mejores corderos (criado en casa) al horno que he probado jamás, junto con algunos vinos muy finos. Una noche encantadora y, aunque me retiré antes de que finalizara la cena, mi anfitriona me guardó algo de yogurt casero con miel para el desayuno. A la mañana siguiente su hermano, Ivan, me llevó a visitar los viñedos para ver su Sauvignon Blanc antes de que tuviéramos que marcharnos de vuelta al hotel.

Esa misma tarde, viernes, nos llevaron a la ceremonia inaugural del Festival Internacional del Vino de los Balcanes. Un festival al aire libre enfrente del Palacio Nacional de Cultura. Se desarrolló durante dos días y pudimos visitarlo tanto tiempo como quisiéramos. Había vinos de todos los países balcánicos y para muchos de nosotros fue una ocasión para aprender. Del festival nos trasladamos al cercano Hotel Hilton, al salón Musala, donde asistimos a la Gran Cena de Gala y a la entrega de trofeos. Un salón abarrotado con invitados entusiastas, buena comida y excelentes vinos que garantizaron una noche memorable y un apropiado cierre al concurso oficial.

Los resultados del concurso junto con el palmarés y los trofeos se pueden consultar en www.balkanswine.eu    

Traducción: Vicent Escamilla

Tercera edición del Great American International Wine Competition 2019

 Publicado el por John Umberto Salvi (colaborador)

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Catar en los Estados Unidos es interesante, además de ser una experiencia diferente por dos principales motivos. El primero es que el sistema de cata es totalmente diferente del que seguimos en la mayoría de los concursos europeos o en los amparados por la OIV. De hecho, los concursos estadounidenses no son miembros de la OIV, después de abandonarla hace unos años. El segundo es que catamos un buen puñado de variedades híbridas, que no están permitidas en la UE, y que no podemos probar en casa. Ello le confiere una nueva dimensión a este concurso.

Debo destacar, y seguro que lo hago más de una vez, que se trata de un concurso con fines benéficos. Nadie recibe un centavo, todo el trabajo lo llevan a cabo voluntarios y todos los vinos sobrantes se emplean con fines caritativos. Hay pocas catas así y cualquier jurado debería estar orgulloso de que le invitaran a prestar su experiencia en una iniciativa tan voluntariosa.

Mi esposa y yo fuimos invitados como jueces en esta tercera edición del Great American International Wine Competition, que se celebró en el Hotel y Centro de Convenciones del Rochester Institute of Technology (RIT) en la pequeña ciudad de Henrietta, cerca de Rochester, en el Estado de Nueva York. Fue un viaje largo: Burdeos-Ámsterdam-Detroit-Rochester, pero nos recibió el siempre fiel Scot, quien nos llevó hasta el RIT. Un sorprendente mausoleo con larguísimos pasillos en todas direcciones y donde nadie salió a recibirnos. Nos llevó casi 40 minutos encontrar nuestra habitación, pero cuando dimos con ella comprobamos que era amplia, espaciosa, moderna y cómoda. Sin embargo, ni el teléfono ni el wifi funcionaban.

La organizadora del evento, la encantadora Christine Van Zile Stabins, había organizado una comida de grupo esa tarde para conocernos en el Lovin Cup, pero yo tenía un compromiso para cenar con mi viejo amigo Timothy O’Connor, que nos recogió para llevarnos al siempre ruidoso, pero que nunca falla, Dinosaur BBQ, la quintaesencia del espíritu americano. Comimos una tira de costillar, alitas de pollo y barbo. Las pociones eran tan inmensas, que después de comer lo que he relatado no hubo sitio para mi tarta de limón favorita, por lo que me la llevé para tomar más tarde. Disfrutamos mucho nuestra primera comida americana y Tim nos devolvió al hotel a una hora prudencial después de nuestro largo viaje.

El primer día de catas era sábado y todavía era viernes. Tuvimos tiempo libre hasta la tarde. Un joven encantador de la República Checa, Zbynek Ziska, que acudió en lugar del siempre añorado Lubos Barta, había alquilado un coche y nos invitó a ir con él para visitar las Cataratas del Niágara junto con su esposa y Christine. Mi mujer tenía que trabajar, pero yo acepté y pasamos un día delicioso visitando las cataratas tanto desde la orilla americana, como desde la canadiense. Volvimos con tiempo de sobra para nuestro primer acto oficial: el cóctel de bienvenida. Centenares de vinos, muchas cervezas y una amplia variedad de aperitivos para dar la bienvenida a jueces y voluntarios. Fue una noche muy agradable que aquellos con energía suficiente hicieron muy larga. Nosotros estábamos en la cama a las 23.00 h.

La cata se celebró en la sala de conferencias la mañana siguiente, después de un generoso desayuno buffet. La cata se hacía sobre hojas azules, que generaban las estadísticas de cada vino. Allí figuraban las variedades, la añada, el contenido alcohólico y la clasificación. El contenido en azúcar se ofrecía como porcentaje, lo que nos confundió un poco al principio.

Formamos ocho jurados de cuatro jueces cada uno (32 jueces en total) y de forma ocasional con un juez invitado, cuyas puntuaciones no se tenían en cuenta en el concurso. Participaron 1.011 muestras de 14 países. De forma simultánea se celebraron concursos de licores y de sidra y aunque no voy a escribir sobre ellos aquí, sí que debe hacerse referencia. El concurso de licores contó con 270 muestras y 12 jueces, mientras que el certamen de sidras (primera edición) contó con 150 muestras con nueve jueces. En total, los tres concursos, requirieron de 53 jueces. Peter Parts estuvo tan entusiasmado con el dato que debo dejar constancia de que se emplearon 6.081 copas en dos días, por parte de un maravilloso grupo de voluntarios en tres largas líneas de lavado manual.

Los dinamizadores de este gran concurso fueron: Peter Parts, Ron Dougherty, Carol Kristofik y Chris Van Zile. Toda la junta directiva de la Fundación Raise a Glass.

La ficha azul nos proporcionó mucha información que la mayoría de nosotros ignorábamos. Además de la esencial sección para puntuar, había una lista de preguntas pautadas sobre el gusto, aroma, color y composición de los vinos. Si uno dedicaba atención total y cuidadosa a la puntuación, no había tiempo para estas preguntas, por lo que fueron consideradas opcionales. La puntuación, por su parte, era el meollo de la cuestión.

No puntuamos los vinos numéricamente, sino con un sistema de casillas que marcar que iban desde: sin medalla, bronce-, bronce, bronce+, plata-, plata, plata+, oro-, oro, oro+. Si los cuatro jueces coincidían en conceder un oro, entonces se convertía en medalla de platino. Aunque era algo escéptico al principio, descubrí que el sistema funcionaba muy bien siempre que los jueces fueran flexibles y dispuestos a subir o bajar sus puntuaciones si les convencían los compañeros durante el debate.

Yo tuve una mesa de jueces casi perfecta y nuestras puntuaciones fueron, de forma consistente, prácticamente iguales: Timothy O’Connor, Andrejka Gazovic, Matthew Kristofik y yo.

Lamentablemente, como tuve que entregar la ficha azul, no puedo recordar todas las variedades híbridas que caté, como sí hice el año pasado.

Las condiciones de cata fueron excelentes. Una sala grande, ventilada, fresca y bien iluminada, con grandes mesas y mantelería blanca. Lámparas de mesa individuales. Contamos con panecillos, botellines de agua y escupideras negras.

Optamos por puntuar el vino y luego debatirlo hasta alcanzar el consenso. Ya he dicho que funcionó bien porque fuimos flexibles y nuestro presidente no tuvo problema en anotar la valoración común después de que cada juez aportara su opinión.

El primer día catamos 12 rondas de entre cuatro y seis vinos cada una. Esto supuso un total de entre 48 y 72 vinos. Hicimos una pausa después de cada tres rondas y una comida después de la sexta. El segundo día tuvimos seis rondas por la mañana y luego tres por la tarde, seguidas de la cata de todos los vinos con medalla de oro para conceder los trofeos. Mi jurado evaluó los nueve Cabernet Sauvignon que habían merecido la medalla de oro y nuestra decisión sobre el ganador fue unánime.

No hubo un programa social exactamente, pero ocupamos el tiempo de formas muy entretenidas. Ya he descrito la cena en la noche de nuestra llegada y el cóctel de bienvenida. El sábado fue la cena de gala en el famoso restaurante Max of Eastman Place. Comida, vino y música en vivo en generosas cantidades, bonhomía y buena voluntad en el ambiente configuraron un momento maravilloso que todos disfrutamos. ¿Qué más se puede pedir?

Se ha convertido en una grata costumbre, una vez acabado el evento oficial del día, acabar en alguna habitación para compartir vino. El mejor anfitrión es, de forma unánime, Timothy O’Connor y este año le homenajeamos cada noche mientras descorchaba botella tras botella de su magnífica bodega, tanto el sábado, como el domingo. Entre las joyas que consideró adecuado ofrecernos estaba un Château Leoville Les Cases 1978 y un Vega Sicilia Único 1981. Fueron noches deliciosas y su habitación estaba siempre llena a rebosar.

La última noche, O’Connor organizó amablemente una cena para mi esposa y para mí, junto con Bonnie Villacampa, la dama que organiza el concurso en Texas. Pasamos por su casa para recoger algunos vinos y tomarnos una botella de vino naranja. Cenamos en Max’s Chop House, a base de ostras, pastel de cangrejo y filete al estilo New York. Lo que fue, sin duda un final a la altura de un concurso instructivo y útil.

Me gustaría dedicar más espacio a las variedades híbridas de vid, que son tan fascinantes, sean buenas o malas. Me gustaría proponer que el próximo año nos otorguen documentación que podamos conservar sobre los vinos, para poder hacer mención a esas variedades. Para los catadores llegados de Europa suponen una fuente inagotable de interés y de aprendizaje.

Por todo lo dicho, el concurso y sus organizadores deben ser felicitados. Además de los voluntarios, pues todo se lleva a cabo por voluntarios sin remuneración, siempre con una sonrisa. Todos los beneficios se destinan a obras benéficas, lo que debe ser destacado. Es un concurso que merece la pena en todos los sentidos. Estoy orgulloso de formar parte como juez de una cita filantrópica como esta y deseo con fuerza seguir siendo invitado. Muchas gracias y mi más cálida enhorabuena.

Más información y palmarés aquí.

Traducción: Vicent Escamilla.