D.O.P. Calatayud: vinos con un potencial extraordinario

 Publicado el Por Luis Comino

Paisaje vitícola de la D.O.P. Calatayud. (photo: )
Paisaje vitícola de la D.O.P. Calatayud.

Nos adentramos una vez más en tierras mañas para redescubrir unos magníficos vinos obtenidos gracias a la firme determinación, incesante esfuerzo y buen hacer de las bodegas y viticultores locales los cuales, con el objetivo final de ofrecer siempre unos caldos sublimes, no han cesado de investigar e invertir en nuevas tecnologías y sistemas de vinificación. El resultado: unos vinos de calidad superior e inconfundible personalidad que están día a día conquistando y convenciendo a los consumidores más exigentes y entendidos.

Emplazada en la Comunidad Autónoma de Aragón, en la Comarca de Calatayud, perteneciente a la provincia de Zaragoza y lindante con las de Soria, Guadalajara y Teruel, la D.O.P. Calatayud es la más joven de Aragón, pues fue reconocida como tal en 1989, si bien es justo precisar que el cultivo de la vid en esta zona se remonta a las épocas celtíbera y romana.

Un hecho muy reseñable es que, de las aproximadamente 3.200 hectáreas que integran la D.O.P. Calatayud, las uvas tintas suponen un 92% de la superficie total de cultivo, en la que pueden hallarse las variedades Tempranillo, Syrah, Mazuela, Merlot, Cabernet Sauvignon, Bobal, Monastrell y, finalmente, la Garnacha Tinta, con diferencia la que más predomina. De esta última, existen plantaciones que pueden llegar a superar los 50 años de edad, denominadas viñas viejas, cuyos exclusivos vinos, comercializados con el distintivo de “Calatayud Superior”, están compuestos por, al menos, un 85% de Garnacha Tinta y un 15% de otras variedades autorizadas.

Por su parte, entre las variedades blancas, cuya producción puede calificarse de anecdótica, subrayar la presencia de Viura, Garnacha Blanca, Malvasía, Chardonnay, Gewürztraminer y Sauvignon Blanc. Con todas ellas se elaboran unos vinos redondos, con unas singulares características organolépticas, muy equilibrados y estructurados, que resultan idóneos para ser maridados con las suculentas especialidades gastronómicas de esta preciosa comarca, entre las que despuntan manjares tan sabrosos como la sopa de ajo, la caldereta, las migas, la ensalada “ilustrada”, el ternasco al estilo bilbilitano, el cordero a la pastora, el lomo de cerdo a la zaragozana, el pollo al chilindrón, los huevos al salmorejo, el congrio bilbilitano, las patatas y los garbanzos con congrio, los embutidos (fardeles, longanizas, chorizos, morcillas…), los quesos o el jamón. Para los enoturistas que se decanten más por la repostería aconsejarles que no dejen de probar dulces tan deliciosos como el mostillo, apetitosas galletas o dulces preparados con mosto; los “adoquines de Calatayud”, enormes caramelos cuyos envoltorios guardan diferentes coplas aragonesas; los bizcochos “de suela” o de “soletilla”; los roscones, los turrones de guirlache, las “culecas”, las “frutas de Aragón”, las natillas con bizcochos… Atención especial merece, dentro de este rico y gustoso recetario, el chocolate, puesto que la Comunidad de Calatayud, y más específicamente su celebérrimo Monasterio de Piedra, ostenta el gran honor de ser el primer rincón europeo donde fue confeccionado por primera vez este famoso y gustoso producto.

Enodestinos ineludibles

La D.O.P. Calatayud comprende un total de 46 municipios que se extienden por unos parajes de gran belleza natural, surcados por los serpenteantes cursos de los ríos Jalón, Jiloca, Piedra, Mesa, Ribota y Manubles. El primer enclave de visita obligada para todos los enoturistas es Calatayud, sede de esta D.O.P., cuyo espléndido arte mudéjar fue declarado en 2001 “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco. Entre las numerosas joyas arquitectónicas que jalonan esta apacible e histórica ciudad mencionar monumentos tan fabulosos e imponentes como la Colegiata de Santa María la Mayor, declarada Monumento Nacional en 1884; las iglesias de Nuestra Señora de la Peña, de San Andrés, de San Juan el Real y de San Pedro de los Francos; el Conjunto Fortificado Islámico, del siglo IX, un formidable sistema defensivo medieval compuesto por cinco castillos unidos por murallas con torreones; las puertas de Terrer y de Zaragoza; los palacios Episcopal, del Barón de Warsage y de la Comunidad; la porticada Plaza de España, de estilo aragonés; la Fuente de los Ocho Caños, del siglo XVI; la Casa Consistorial…

Recomendamos encarecidamente a los enoturistas que vayan a cualquiera de los bulliciosos y animados bares, tascas y terrazas con las que cuenta Calatayud y prueben su extensísimo surtido de tapas y pinchos, auténticos tesoros culinarios en miniatura ideales para acompañar a los estupendos vinos de esta D.O.P. mientras disfrutan de una amena y agradable conversación.

Otro núcleo enoturístico sumamente interesante es el Museo del Vino de la D.O. Calatayud, asentado en Nuévalos, cuyas modernas y perfectamente acondicionadas instalaciones, inauguradas en 1998, ocupan las antiguas bodegas y almacenes del cisterciense Monasterio de Piedra, majestuosa edificación, erigida entre los siglos XII y XVIII, rodeada por un bucólico parque salpicado por cristalinos lagos y sonoras cascadas. El espacio museístico se divide en tres grandes áreas (Ciencia, Cultura y Calidad), centradas esencialmente en explicar, de una manera muy didáctica, el proceso tradicional y actual de producción del vino, así como en la incuestionable influencia que ha tenido y, por supuesto, aún sigue poseyendo este alimento, en los aspectos sociales, culturales y económicos de esta carismática comarca aragonesa. Entre los objetos y elementos más llamativos que integran sus fondos citar su profusa colección de utillajes y aperos manuales de labranza, sus fidedignas recreaciones históricas, sus cuantiosos mapas, paneles y gráficos, o sus entretenidos audiovisuales.

El broche final a este paraíso vitícola lo encontramos en su Ruta del Vino, o mejor dicho, en sus Rutas del Vino, ya que esta D.O.P. propone a los enoturistas nada menos que cinco grandes itinerarios (“Ruta del río Piedra”, “Ruta del río Jiloca”, “Ruta del río Perejiles”, “Ruta del río Ribota” y “Ruta de Calatayud”) que les proporcionarán, entre otras sugerentes actividades, la oportunidad de poder visitar bodegas emblemáticas, ver multitud de vestigios arqueológicos y formaciones geológicas; alojarse en establecimientos con atractivos programas enoturísticos (cursos de cata, tratamientos de vinoterapia…) o ir a restaurantes con encanto donde poder maridar los sensacionales vinos de la D.O.P. Calatayud con las exquisitas viandas locales.


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