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En busca de las variedades de vid perdidas

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Investigadores en el viñedo de la Finca de Prácticas y de Investigación Agrícola de la UPNA. De izq. a dcha.: Oihane Oneka, Jorge Urrestarazu, Gonzaga Santesteban, Bernardo Royo y Blanca Mayor. (photo: )

Investigadores en el viñedo de la Finca de Prácticas y de Investigación Agrícola de la UPNA. De izq. a dcha.: Oihane Oneka, Jorge Urrestarazu, Gonzaga Santesteban, Bernardo Royo y Blanca Mayor.

El grupo de investigación en Fruticultura y Viticultura Avanzadas de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) inició recientemente un proyecto para identificar y recopilar variedades y biotipos de vid cultivados antiguamente en la Cuenca de Pamplona. Enriquecer la oferta vitivinícola de la Comunidad Foral sería el objetivo final de una iniciativa que, si es exitosa, podría contribuir a la reintroducción del cultivo en esta zona. Por ello, los investigadores buscan la colaboración ciudadana para localizar plantas de vid, que hayan sobrevivido en terrenos sin cultivar, lindes entre parcelas y orillas de caminos, acequias y arroyos. Una vez localizadas, se identificarán genéticamente y se elaborará un plan de conservación y multiplicación.

Los investigadores necesitan, para su labor de prospección, la ayuda de personas que conozcan los terrenos de las diversas localidades de la Cuenca de Pamplona, y que puedan identificar plantas de vid en ellos. Cuando se localice una planta que haya sobrevivido a los cambios en el uso del suelo, se geoposicionará y se registrarán sus características.

De aquellas que se encuentren en buen estado, según una nota de la propia Universidad Pública, se tomarán muestras para su identificación genética y su posterior conservación en el Banco de Germoplasma de la UPNA. Las personas interesadas en colaborar en esta iniciativa pueden ponerse en contacto con los investigadores en el correo electrónico cepasdelacuenca@gmail.com o en el teléfono 620168759.

Antiguo centro vitícola

“Durante siglos, la vid ha constituido una de las más importantes, cuando no la principal riqueza agrícola de las Cuencas Prepirenaicas de Navarra, incluida la capital del Reino, explica el investigador Bernardo Royo, profesor del Departamento de Producción Agraria.

Pamplona, antaño, era un importante centro vitícola, en donde se calcula que, en otros tiempos, llegó a haber hasta 2.000 labradores que vivían de su cultivo y, en la mayor parte de las céndeas –agrupación de pueblos que forman un Ayuntamiento- de la Cuenca, el viñedo constituía uno de los elementos básicos de la economía rural.

Por ejemplo, en el Valle de Aranguren, el viñedo representaba en 1985 el 8,3% de la superficie cultivada. En cualquier caso, todos los pueblos de la Cuenca poseían viñas y la mayor parte de ellos cultivaban una superficie suficiente como para abastecer su propio consumo de vino”.

En “un declive que no ha cesado hasta nuestros días”, tal como constatan los investigadores, la vid fue cediendo terreno a otros cultivos, sobre todo, desde la aparición, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, de las enfermedades del oídio y mildiu y, sobre todo, de la plaga de la filoxera al final de aquella centuria.

“En la Cuenca de Pamplona, se fue instaurando de forma progresiva una agricultura basada más en el cereal, cultivo que encontró en la climatología de esta zona condiciones muy favorables para ofrecer grandes rendimientos”, apunta Gonzaga Santesteban, con el que colaboran los investigadores Bernardo Royo, Jorge Urrestarazu y Blanca Mayor, así como la estudiante del grado en Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural Oihane Oneka.

A la reducción de la superficie del cultivo contribuyó además el desarrollo industrial y los cambios demográficos, de mentalidad y en los modos de producción agropecuaria en el siglo XX, sobre todo, desde la década de los 50.

“Hoy en día, el número de viñas en plantaciones regulares, si se exceptúan las de Bodegas Otazu en Echauri, es muy pequeño, aunque todavía persisten e, incluso, se han plantado recientemente algunas viñas en los carasoles de muchas localidades y, particularmente, en Ansoáin, Aoiz, Artaiz, Belascoáin, Echarri, Bidaurreta, Ciriza, Induráin, Ilzarbe, Imárcoain, Guesálaz y Subiza, entre otras”, añade Gonzaga Santesteban.

Según la nota de la UPNA, los investigadores están convencidos de poder rescatar buena parte del patrimonio genético del viñedo del que se dispuso en el pasado. “Recuperar las formas y variedades que antiguamente se cultivaban en esta zona contribuiría a enriquecer el panorama y la oferta vitivinícola de nuestra tierra, además de ser una obligación desde el punto de vista cultural, señala Gonzaga Santesteban.

También hay que tener en cuenta, añade, que los efectos del cambio climático que actualmente se perciben seguramente provocarán unas condiciones más favorables para el cultivo de la vid en esta zona, al permitir una mejor maduración”.

Comparación de la superficie ocupada por viñedo en Navarra: a la izquierda, en 1956 y, a la derecha, en 2012. Mapa elaborado por el grupo de investigación en Fruticultura y Viticultura Avanzadas de la UPNA a partir de los Mapas de Usos del Suelo suministr

Comparación de la superficie ocupada por viñedo en Navarra: a la izquierda, en 1956 y, a la derecha, en 2012. Mapa elaborado por el grupo de investigación en Fruticultura y Viticultura Avanzadas de la UPNA a partir de los Mapas de Usos del Suelo suministr

Concurso internacional Vinagora en Budapest: la brújula del vino para Centroeuropa

 Publicado el por John Umberto Salvi (colaborador)

La reciente edición de Vinagora, durante el pasado mes de junio, en Budapest resultó una de las experiencias más agradables e inusuales dentro del calendario de concursos vitivinícolas internacionales.

¿Por qué fue inusual? Simplemente porque no fui yo el invitado como juez (lo fue mi mujer). Cuando ella recibió la invitación, me pidió si me gustaría acompañarla y puesto que hacía ya mucho tiempo de mi última visita a Budapest, acepté. Esperaba poder hacer algo de turismo y disfrutar de un par de días de relax mientras ella trabajaba. Pero justo unos días antes de la cita, Zoltán Zilai telefoneó a mi mujer para preguntar si yo tenía una agenda muy ocupada. Al decirle que no, preguntó si me importaría participar en la cata, lo que acepté felizmente. Por tanto, me convertí en miembro del jurado en el último minuto. Mi mujer era la importante esta vez y no yo.

¿Por qué agradable? Por el excepcionalmente elevado número de muestras de vinos dulces, en su mayoría deliciosos vinos de Tokaj (uno de mis vinos favoritos). Fue el primer concurso no monográfico que recuerde en el que solo caté vinos blancos (ni tintos, ni rosados) y la mayoría de ellos vinos.

¿Por qué motivo fue excepcional? La brillante organización y el empleo del software específico del concurso. Todo lo que tuvimos que hacer fue hacer click en nuestras puntuaciones para introducirlas en la tableta y todo quedaba grabado y sincronizado. No solo el presidente del jurado recibía todas nuestras puntuaciones y totales, sino que cuando él las validaba todos podíamos ver las notas de cada miembro del jurado, la media de nuestras siete puntuaciones, la media ajustada si fuera necesario y si el vino mereció medalla o no. Esta media de siete puntuaciones se calculaba y si alguna de las puntuaciones se desviaba más de 5 puntos de esa media se eliminaba y se recalculaba la media ajustada, que quedaba como puntuación final. El sistema hacía todos los cálculos y el presidente del jurado solo tenía que apretar botones. Con 82 puntos se alcanzaba una plata, con 87 el oro y con 92 el gran oro.

También fue excepcional porque vi la serie con más altas puntuaciones que había visto jamás después de haber participado como jurado en 34 países. Una serie de 13 vinos dulces que mereció dos medallas de gran oro, seis medallas de oro y cuatro de plata. Lamentablemente, el último vino, eslovaco, quedó eliminado.

Ya había catado antes utilizando tabletas, pero nunca con unas tan sofisticadas. Era un placer trabajar con ellas y podías optar por cuatro idiomas, magiar, inglés, francés o alemán.

No obstante, no nos limitamos a meter las puntuaciones en ellas. También teníamos que hacer click en varias series de atributos de los vinos: intensidad, dulzor, cuerpo, acidez, tanino, envejecimiento en roble y complejidad. Luego teníamos que evaluar sus características: limpidez, carbónico, aromas, impresión general, acidez, potencial de guarda, botrytis y defectos. Cuando habíamos hecho todo esto, el vino en cuestión era profundamente analizado y juzgado y entonces una pantalla nos mostraba exactamente qué habíamos anotado sobre él.

El concurso contó con el patronazgo de la OIV, de Vinofed y de la Unión Internacional de Enólogos. Fernando Cayetano Gurucharri representó a Vinofed y Estela de Frutos a la OIV. El presidente del concurso fue el doctor Miklȯs Kalláy, mientras que Zoltán Zilai actuó como director, organizador, gerente y hombre para todo y el doctor János Zilai era el experto legal.

Desde sus inicios, el concurso ha sido organizado y dirigido por Zoltán Zilai, que es todo un perfeccionista. No solo cree en una organización perfecta y detallada, sino que facilita que los jueces tengan tiempo suficiente como para evaluar cada uno de los vinos en profundidad y sin prisa. Por tanto, cada sesión de cata fue pausada, sosegada, seria y profesional.

Las condiciones de cata fueron excelentes. Las catas se celebraron en el Hotel Mercure, donde nos alojábamos, en el centro de Budapest. La sala era espaciosa, bien iluminada y fresca y con mucho espacio para jueces y jurados. Cada uno contaba con tres buenas copas y las usadas eran reemplazadas tras cada vino. Contamos con mantelería blanca, escupideras negras, agua mineral con y sin gas, panecillos y servilletas. El software funcionó a la perfección y la pantalla era clara y brillante. Cada uno de los jurados estaba formado por siete jueces y había un total de seis (42 jueces cada día).

Este año participaron 556 vinos. 420 eran húngaros y 136 de otros países. 307 blancos, 168 tintos y 81 rosados. 507 tranquilos y 49 espumosos. 15 países remitieron muestras: Argentina, Australia, Brasil, Chile, Croacia, República Checa, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Portugal, Rumanía, Eslovaquia, España y Uruguay. Participaron en total 56 jueces de 16 países.

El primer día catamos 30 vinos, y el segundo otros 30, todo sin prisas. Con estas cifras está claro que tuvimos tiempo para dedicar a cada vino el máximo de nuestra atención para un juicio escrupuloso.

El programa social fue sencillo pero completamente satisfactorio. En la noche que llegamos hubo una copa de bienvenida y una cena de bufet en el hotel para conocernos unos a otros. Al día siguiente hubo una comida de bufet en el hotel después de las catas y luego un tour en autocar y viaje en telesilla para disfrutar de las magníficas vistas en el mirador Erzsébet en la cima del monte János. A ello le siguió una magnífica cena húngara en el restaurante Remiz. Al día siguiente, tras la cata y la comida de bufet, tuvimos el día libre. Mi esposa y yo disfrutamos de los famosos baños Gellert y de una buena gastronomía húngara en el conocido Gerbeaud Bistro.

Por desgracia, tenía la obligación de regresar a Burdeos al día siguiente para acudir a Vinexpo y partí muy temprano por la mañana. Por tanto, me perdí el resto de Vinagora, las catas restantes y el programa social, pero mi esposa sí participó. Al fin y al cabo era ella la invitada originalmente. El día que partí, todos los jueces tomaron un autobús hasta Várkert Bazár y disfrutaron de una visita guiada por la exposición de Béla Kondor (un famoso pintor húngaro). Luego acudieron a un festival folk en el bazar acompañado de vinos espumoso y disfrutaron de una cena en el restaurante Eklektika. El último día siguió la evaluación de los vinos y se eligió a los campeones, seguido de la comida diaria en el bufet del hotel. Aquellos que permanecieron en Budapest por la noche disfrutaron de una excelente cena con Zoltán y del anuncio de los resultados.

Me gustaría dejar muy claro que, aunque es un concurso pequeño en algunos aspectos, es uno de los mejor organizados en los que he participado. He dicho antes que Zoltán es un perfeccionista y la organización así lo demuestra. Todo fluyó y funcionó como un reloj, hubo cálida hospitalidad y no se ahorraron esfuerzos para hacernos sentir cómodos y para que contáramos con las mejores condiciones posibles para una cata rigurosa y profesional. Enhorabuena a Zoltán y a todos lo que le ayudaron y gracias por todo.

La participación española se saldó con tres medallas de oro para los vinos: Del Duque, Matusalem y Noé, todos ellos de González Byass. Los vinos ganadores pueden consultarse en la web: www.vinagora.hu

Traducción: Vicent Escamilla.

Concurso internacional de vinos rosados 2017 en Cracovia

 Publicado el por John Umberto Salvi (colaborador)

 (photo: Wojciech Karlinski)

Siempre hay un sentimiento de emoción cuando acudo como invitado a un concurso de vino totalmente nuevo. ¿Irá todo bien? ¿Estará bien organizado? ¿Conoceré a gente? ¿Cuál será el nivel de los vinos? ¿Voy a disfrutar? Este fue el primer concurso internacional de vinos rosados organizado por Michał Bardel y la revista ‘Czas Wina' de la que es redactor jefe y cuyo editor es Paweł Gąsiorek.

Paweł no es solamente el editor, sino que es también propietario del hotel en el que nos alojamos y catamos, en el interior de la campiña polaca a unos 20 kilómetros de Cracovia. Una elegante mansión situada en terreno espacioso y con jardines panorámicos, Dwór Sieraków resulta una armoniosa mezcla de lo viejo con lo nuevo, con sólidos y tradicionales muebles y accesorios modernos. El hotel está dentro de la asociación Heritage Hotels Poland, un grupo de 27 hoteles privados que promueven la cultura y la historia polaca. Además cuentan con un hermoso Rover con el que recogen a los huéspedes en el aeropuerto, que lamentablemente se estropeó cuando iba a recogerme y me dejó esperando durante una hora a un taxista maleducado en exceso.

De todas formas, una vez que llegué al hotel todo fue una bienvenida cortés, con una encantadora recepción y una habitación deliciosamente fresca y soleada y una cerveza helada en la terraza. Paweł y Michał fueron la hospitalidad personificada.

La primera noche disfrutamos de una cena gastronómica en el restaurante del hotel para que los jueces nos pudiéramos conocer. El restaurante cuenta con dos sombreros en la Guía Michelin y el chef Janusz Fic siempre busca recetas tradicionales y las reinterpreta. Disfrutamos de una mezcla de vinos polacos, franceses y españoles con trucha, venado y perdiz. Fue un comienzo excelente.

Éramos 15 jueces, que nos repartimos en tres jurados de cinco miembros. Tres jueces eran polacos y 12 internacionales. Las puntuaciones iban de 0 a 100. Se sumaban las notas de todos los jueces y se obtenía la media. Con 84 puntos se alcanzaba el bronce, con 86 la plata, con 89 el oro y con 94 se merecía un gran oro. El certamen cuenta con su propia ficha de cata. Además de las medallas, se determinaron también los premios “Best value” para los vinos con mejor relación precios/calidad y un premio especial “Best Rosé of 2017” para el vino mejor puntuado del concurso.

Uno de los invitados fue Jean-Louis Buer, consejero agrícola de la Embajada Francesa en Varsovia, lo que confirió un importante toque de oficialidad a los procedimientos. No se había solicitado ningún patrocinio. Michał fue extremadamente eficiente y la organización fue impecable. La cata se celebró en la sala de baile del hotel, que era fresca y bien iluminada con luz solar que entraba por grandes ventanales afrancesados. Nos sentamos en mesas redondas con mantelería blanca. Contamos con escupideras negras, tres buenas copas Spiegelau Authentis, agua mineral y pan fresco. Fue una cata muy cómoda.

La cata se celebró durante dos mañanas, en una catamos 34 referencias y en la otra 25 (no fue especialmente agotador). En mi mesa el ritmo de cata fue sostenido, el servicio de los vinos impecable y no se derramó ni una gota.

El programa social fue sencillo y placentero. Una comida de bufet después de cada sesión de cata, una visita a Cracovia el primer día y luego la partida de regreso en la tarde del segundo. La visita a Cracovia se había planeado como un gran tour a cargo de un guía profesional, pero lamentablemente llovió a mares y hubo que cambiar de planes. La visita al barrio judío en Kazimierz tuvo que ser cancelada, pero incluso con la lluvia los más valientes hicieron una visita a la ciudad vieja de Cracovia bajo paraguas. Luego nos reunimos todos para una cena gastronómica en un cálido y cómodo restaurante, Zakladka, con maravillosa comida local y vinos españoles, franceses, eslovenos, israelíes y húngaros. Un buen vodka polaco con pimienta fue el cierre perfecto para la noche.

Breve, pero muy agradable. Aproximadamente, participaron 180 referencias de diferentes países, algunas de ellas fascinantes, otras más comunes. Probé por primera vez en mi vida una mezcla de Petit Verdot y Pinot Noir. La cata fue, en mi opinión, una fantástica iniciativa que debe repetirse. Michał tiene la esperanza de alcanzar las 300 o hasta las 400 referencias el próximo año. Su filosofía, respecto a la que es muy serio, es mostrar la calidad del vinos rosado, para poner en valor las habilidades enológicas que hay detrás de estos vinos y, puede ser por encima de todo, probar que la enología del rosado es un arte consumado y no solo una forma de aprovechar todo lo que queda en la bodega o que no se destina a los mejores vinos. Creo que ha recorrido un buen trecho hacia este último punto. Lo que el certamen necesita es publicidad y apoyo de los medios de comunicación. Espero que este artículo aporte algo de esto último. Un concurso más que agradable. Enhorabuena Michał Bardel.

Traducción: Vicent Escamilla.

61º Concours de Bordeaux Vins d’Aquitaine

 Publicado el por John Umberto Salvi (colaborador)

 (photo: )

A pesar de ser un concurso inmenso (con más de 4.000 muestras), está dedicado exclusivamente a los vinos de la Nueva Aquitania. El objetivo es destacar y premiar a los mejores vinos que se elaboran en la recientemente ampliada región francesa conocida ahora como Nouvelle Aquitaine (Nueva Aquitania). Cubre 111.000 hectáreas de 60 denominaciones de Burdeos más otras 30 marcas de calidad. Se celebró en el Palacio de Congreso, bajo la organización de la Cámara de Agricultura de la Gironda, en el marco del Salón de Agricultura de la Nueva Aquitania y la Feria Internacional de Burdeos. Se trata de un concurso de organización gubernamental.

No es imprescindible ser un profesional calificado o experimentado para participar como catador en el concurso. Este año se formaron 240 jurados de cuatro jueces cada uno, con viticultores, productores, négociants, marchantes de vino, mayoristas, detallistas y gran cantidad de amantes del vino. Lo que alguien tiene que hacer para demostrar que es un “amante ilustrado del vino” está muy poco claro, pero en mi jurado uno de los cuatro jueces estaba desaparecido y los otros dos eran “aficionados ilustrados”. Por tanto, como único catador profesional, fui el presidente del jurado.

La ficha de cata que se empleó es un modelo propio y no tiene nada que ver con las de otros concursos. Los jueces deben redactar una nota de cata clara y precisa para cada vino y marcar con una cruz las puntuaciones para cuatro criterios: visual (0 a 5), aroma (0 a 5), gusto (0 a 5) e impresión general (0 a 20) y marcar con una equis si merece una medalla de oro, plata o bronce. Cada juez cata entre 15 y 20 vinos de cualquiera de las 90 denominaciones participantes (mi jurado cató 18 Bordeaux Supérieur 2014). Nos proporcionaron las fichas de cata, más otra para el presidente en la que anotar los premios para cada vino, una escupidera, servilletas de papel, una copa por juez, galletas saladas y una montaña de instrucciones.

No había programa social, puesto que se desarrolló en una única mañana. Fuimos convocados a las 9.00 hora en el Palacio de Congresos, donde desayunamos mientras nos iban colocando en jurados, escuchamos los discursos de bienvenida y las instrucciones. Luego catamos detenidamente nuestros 18 vino y cumplimentamos nuestras notas de cata y puntuaciones. Finalizó con un buffet a base de ostras, foie-gras, asado de cerdo con puré y pasteles, acompañados con los vinos catados y ganadores de medalla. A las 13.00 todo estaba listo y se anunció a los ganadores por megafonía.

En total, 4.029 muestras de 90 denominaciones. 1.213 recibieron medalla (sin superar, por tanto el 30% del total): 473 oro, 526 oro y 212 bronce. 960 catadores los evaluaron.

Para estar seguros de que no hay fraude de ningún tipo, todas las muestras se toman directamente de la bodega, por parte de un equipo especial de personas de la organización. Las botellas se cubren y permanecen en estricto anonimato todo el tiempo, pues la cata es totalmente ciega.

Los resultados pueden consultarse en www.concours-de-bordeaux.com  

Traducción: Vicent Escamilla

En defensa de los vinos ecológicos

 Publicado el por Antonio Egido (colaborador)

Intervención de Antonio Casado. FOTO: Rafael Lafuente. (photo: Rafael Lafuente)

Intervención de Antonio Casado. FOTO: Rafael Lafuente.

El prestigioso especialista en el mundo del vino Antonio Casado fue el encargado de prologar la entrega oficial de los premios de la octava edición de los Premios EcoVino, realizada recientemente en la Bodega institucional de La Grajera de Logroño, con una charla que, como suele ser tradicional en él, resultó “especial”. Comenzó la misma recordando sus trabajos en diferentes ediciones de la Guía Peñín, y la labor que actualmente viene realizando como responsable de catas de la Guía de Vinos y Aceites de La Semana Vitivinícola, agradeciendo a su director, Salvador Manjón, que le haya dado la posibilidad de acercarse y catar los vinos ecológicos, de manera especial los ganadores de las dos últimas ediciones de los premios EcoVino convocados por la Consejería de la Agricultura del Gobierno de La Rioja y que ya han alcanzado su categoría de internacional.

Sostuvo Casado ser un catador diferente al del resto de compañeros “por mis estudios de Filosofía que uno a mi gusto por catar vino”, y que se ha encontrado con unos vinos ecológicos que “me han hecho saltar chispas, por la frescura, la aparición de los cítricos” lo que le ha hecho meditar que el trabajo en el campo por lo ecológico “acaba reflejándose en los vinos que he degustado”.

Destacó que le han parecido mucho mejores los blancos y que los vinos de año son muy equilibrados en boca al tiempo de indicar que la tecnología del frío ha aparcado la imagen que se puede tener de los vinos ecológicos de épocas anteriores. Dejó apuntado que los “tintos ecológicos con crianza pierden bondad con referencia a los blancos y rosados. Uno de los que más puntos se ha llevado en esta edición es un tinto del año, con mucho peso de fruta que ya se anticipa en nariz”.

Además recordó los valores del suelo y tierra que posiblemente se ven reflejados en el vino, y por ello la mineralidad no viene del uso del roble, además de indicar que en sus catas ha llegado a encontrar matices de turba ahumada y carbón vegetal en alguno de los vinos.

Antes de someterse a las preguntas del auditorio, Antonio Casado afirmó “que a partir de ahora beberé vinos de carácter como los que he sentido con los vinos ecológicos” comprometiéndose a que “no voy a aceptar ninguna otra cosa”.