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Bodegas Muga presenta las nuevas añadas de su Crianza y de Prado Enea

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Isacín Muga, fundador y propietario de Bodegas Muga, junto a sus sobrinos Manu y Eduardo Muga presentaron recientemente las nuevas añadas de sus tintos Crianza y Prado Enea. Concretamente, desgranaron las virtudes de su tinto Crianza 2009 (una cosecha excepcional) y de Prado Enea 2005, flamante muestra de un vino que es el orgullo de la bodega y que ha cosechado amplios reconocimientos internacionales.
“El Crianza 2009 es una añada grandiosa, un vino amable con notas de frutos rojos, flor blanca y un amplio abanico de especias de roble, tostados y cueros”, así lo definió Isaac (Isacín) Muga.
El Gran Reserva Prado Enea, es el vino preferido de Isacín Muga, un tinto que él mismo califica como “clásico”, pero que sin embargo esconde una “atrevida modernidad”, redondeada por una de las cosechas, la del 2005, más completa y elegante de la historia reciente.
“Prado Enea 2005 está a medio camino entre el carácter mediterráneo y el atlántico, con lo que se puede decir que es un vino de presente y futuro” ha explicado Manu Muga, gerente de Bodegas Muga. Las notas de frutos del bosque y endrinas dan paso a matices de clavo, coco, vainilla, e incluso eneldo e hinojo. Prado Enea 2005 es un vino untuoso y dominante, capaz de ofrecer una plenitud intensa y duradera.
Junto a los dos nuevos tintos, Bodegas Muga presentó también su Blanco 2012 fermentado en barrica, fruto de una cosecha castigada por la sequía que, sin embargo, sorprende con percepciones melosas de piña, manzana y melocotón, en un equilibrio perfecto entre dulzor, amargor y acidez.
 
 

Añada 2001 del cava Turó d’en Mota, de Recaredo

 Publicado el por SeVi (colaborador)

La añada 2001 del cava Turó d’en Mota de Recaredo ve la luz después de 10 años y medio en las cavas (126 meses de crianza). Con una producción siempre muy limitada (en el caso de la añada 2001 se han obtenido exclusivamente 2.770 botellas), el cava Turó d’en Mota representa la filosofía de Recaredo llevada al extremo: una añada, una única variedad (100% Xarel·lo) y un solo viñedo plantado en 1940.
El Turó d’en Mota 2001 se presenta después de haber sacado al mercado las añadas 1999, 2000 y 2002. De acuerdo con las palabras de Ton Mata, director de Cava Recaredo, el 2001 “nos ha pedido paciencia y tiempo de crianza para que se exprese con total armonía y plenitud”. El resultado es una cosecha sólida, compacta y vertical, con un potencial increíble y desconocido.
El proyecto del Turó d’en Mota nació el 1999 y desde entonces, se han elaborado 14 añadas, diez de las cuales permanecen en las cavas en una crianza de más de cien meses en contacto con las lías.

Fernando Remírez de Ganuza, fundador y propietario de Bodegas Remírez de Ganuza: ‘La cultura del vino es una forma de vida’

 Publicado el por Jesús Ávila (colaborador)

A pesar de su relativo período de trayectoria en el sector vitivinícola, Fernando Remírez de Ganuza ha convertido su Bodega, afincada en el corazón urbano de Samaniego (Álava), en uno de los referentes obligados de la cultura del vino, a nivel internacional; gracias a su bien hacer en el desarrollo constante de una innovación que parte de los propios viñedos y alcanza su cénit en la copa, elaborando unos vinos de autor que sorprenden, en todos los sentidos.
Navarro de nacimiento y alavés de adopción, Fernando Remírez de Ganuza es uno de los mayores expertos en viñas de toda La Rioja. Un obsesionado por la calidad, cuyo principio fundamental es poner el acento en la edad de la viña y en el pedigrí de la cepa. Quienes le conocen le califican como hombre sensato, voluntarioso, práctico y comprometido, hábil y minucioso. Un revolucionario de la elaboración del vino en Rioja, defensor de la idea de que “la calidad excepcional solo se consigue a partir de una selección exigente”.

¿Su vinculación con el mundo del vino viene de cuna?
No. Mi familia se dedicaba a la producción y venta de embutido; pero mi afición fue el diseño de planos de obras, también hice de comercial para una empresa de frigoríficos. Todo ello me acercó a la mundología, conocer a las personas, tarea que llevé a cabo desde los 21 años. Fue en 1978, cuando inicié mi relación con el vino y el viñedo. Llevé a cabo la compra y acondicionamiento de la finca en la que se construyó Bodegas Torre de Oña. Y 11 años más tarde, adquirí la propiedad en donde ahora nos encontramos, en el centro de Samaniego.

¿Cómo fueron aquellos inicios?
Cuando empecé, reconozco que no tenía conocimientos de enología. Sin embargo, conocía a la perfección el terreno y las viñas, el campo y la materia prima. Con una gran determinación y corriendo muchos riesgos decidí emprender el proyecto con un propósito claro: elaborar uno de los mejores vinos de España con las mejores viñas de Rioja. Lo primero que hice fue clasificar la uva por procedencia y edad, algo que no se tenía muy en cuenta.

¿Qué representa para usted la cultura del vino?
El vino para mí es una forma de vida.

¿Qué diferencia esencial caracteriza a los mejores vinos?
La dulzura y la historia del mismo. La diferencia del precio entre una uva buena y una mala era un 10%, hace 25 años aquí en la Rioja Alavesa, ahora es del 500%; lo que nos ha generado una sensibilidad muy grande sobre el tema; antes era el precio de la uva por kilo. Una expresión muy normal era oír al bodeguero decir: ‘a mí no me importa pagar 2 o 3 pesetas más si la uva es de mejor calidad’. Hoy, debido al avance, normal es escuchar: ‘yo compro uva a 3 €, las otras no me interesan…, y a ojos vistas parecen iguales”.

¿Por qué los vinos de Fernando Remírez de Ganuza están alcanzando las cuotas de calidad más altas a nivel mundial?
Posiblemente por ese mismo principio de un desarrollo de principio a fin. Las cepas viejas dan mejores uvas. En estos momentos me abastezco de mis propios viñedos, que son 80 has de superficie.

¿Qué problemas deberían resolverse en nuestros días en los viñedos de la Rioja Alavesa?
La enseñanza de la poda y el tratamiento respetuoso con respecto a la viña y al medio ambiente.

¿Establece un momento fijo para sus elaboraciones?
Los momentos adecuados de las vendimias están determinados por diferentes factores: dependen del tiempo, de la maduración de la uva; y estas sensaciones me las transmiten el propio viñedo; yo escucho los mensajes de la vid. La uva se recoge en cajas pequeñas, de 12 kg, para evitar la rotura de los granos por la presión. La selección de la uva se hace manual; esta es la mejor uva para comer, pero no debe guardarse porque fermenta. Después se produce la separación de puntas y hombros, yendo seguidamente hacia los depósitos correspondientes. Nosotros lavamos la uva antes de entrar en los depósitos con su propio mosto. El núcleo de la uva con el mosto permanece dentro de los depósitos entre 15 y 20 días; se inicia la fermentación por debajo de los 10ºC, para terminar por debajo de los 30ºC; en los blancos, la fermentación se prolonga en torno a los 50 días.

¿Qué es el vino yema?
Después de terminar la fermentación descubamos la tina por gravedad, que servirá para criar vinos de nuestra empresa; el vino que sale liberado de las orujas (pies), se conoce como ‘vino yema’; y este, que queda dentro de las orujas, para extraerlo se somete a la presión de una bolsa de plástico, con capacidad del 80% de toda la tina, lo que supone una leve presión, para extraer un vino de yema enriquecido.

¿Cuál es el mejor abono para la tierra?
El estiércol de la oveja (abono orgánico animal).

¿Por qué cambia las barricas de roble cada dos años?
Porque las barricas una de las cualidades que tienen es una micro oxigenación limpia y un aporte organoléptico que su mejor momento es el inicio del envejecimiento en barrica nueva, y siempre de roble.

Resulta toda una experiencia asistir a las elaboraciones de los vinos de esta singular bodega de la Rioja Alavesa, en donde se respira la limpieza y los efluvios del mejor mosto impregnan los sentidos.
 

8º Encuentro Técnico de la Fundación para la Cultura del Vino

 Publicado el por SeVi (colaborador)

La Fundación para la Cultura del Vino (FCV), organizó su 8º Encuentro Técnico, que en esta ocasión se centró en la viticultura de precisión, el pasado 25 de abril, en Madrid. El acto, que contó con la presencia de más de un centenar de profesionales del sector, fue inaugurado por el subsecretario del Ministerio de Agricultura, Jaime Haddad; y el presidente de la FCV, Eduardo Muga.
Al respecto, Jaime Haddad, subrayó en su intervención inaugural que las nuevas tecnologías vinculadas a la viticultura abren “posibilidades enormes” para aplicar una agricultura más racional gracias a sistemas GPS, teledetección y monitorización, entre otras.
El subsecretario pidió a las organizaciones agrarias, sectoriales y consejos reguladores que impulsen la generalización de las innovaciones y a los científicos que “señalen el camino que deben seguirse”. Precisamente, eso es lo que se consiguió en el 8º Encuentro FCV: ver el camino ya recorrido y señalar la senda por la que la viticultura de precisión puede guiar al vino español a nuevos mercados y alcanzar la excelencia.
Al respecto, el investigador Jesús Yuste, situó el tema de la jornada y definió la viticultura de precisión como la “aplicación integral del conjunto de técnicas y elementos tecnológicos disponibles en el cultivo de la vid encaminada a su gestión diferenciada según la variabilidad en el espacio, para la optimización del proceso productivo a través del manejo de la mínima unidad de cultivo posible”. En sus conclusiones, este experto indicó que la viticultura de precisión debe permitir identificar cómo las desviaciones en el modelo establecido de manejo del cultivo modifican las características de la uva y del vino, así como conocer de qué manera modificar cada variable en función del tipo de vino predeterminado.
Siguiendo con el discurso inaugural de Jaime Haddad, que animó al sector a utilizar las nuevas tecnologías para adaptarse en calidad, precios y presentaciones de los vinos a los distintos mercados, el edafólogo Alfred Cass, expuso cómo el carácter, la calidad y los rasgos que diferencian a un vino de otro se ven realzados si las uvas utilizadas han madurado de manera uniforme y completa, para lo que es clave la viticultura de precisión, en el sentido en que evita la variabilidad. No obstante, en sus conclusiones remarcó la importancia de los suelos, su conocimiento y su gestión. “Si deseamos abordar de manera más edáfica la viticultura de precisión, nos habremos de basar en el aprovechamiento de los constituyentes del suelo que inciden directamente sobre el comportamiento de las cepas”, apuntó. Para ello, el sector cuenta con bases de datos de suelos, sistemas de teledetección, sensores remotos en suelo y sistemas para combinar esos datos estadísticos, mapas...
Del suelo, al material vegetal. La intervención de Xavier Rius dejó patente la necesidad de elaborar un mapa de suelo previo a la plantación del viñedo, en el caso que sea posible, para seleccionar el patrón según el vigor potencial del suelo, variedades y estilo de vino, puesto que “la planificación inicial de la plantación es básica para la rentabilidad del proyecto”.
Por su parte, Alfonso Calera y Beatriz López abordaron, en sendas ponencias, el seguimiento de la viña mediante sistemas de teledetección. Al respecto, Calera expuso los últimos avances tecnológicos (cámaras espectrales y térmicas, y adelantos en la aviónica y la fotometría). “Esta forma de acercarse a la cubierta vegetal con este grado de detalle empieza a ser conocida como teledetección próxima”, explicó el experto. A su vez, Beatriz López expuso que gracias al avance de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) y su aplicación, en este caso a la viticultura de precisión, es posible “tener una información totalmente personalizada de nuestra parcela, prácticamente en tiempo real, y gracias a las nuevas aplicaciones en smartphones o tablets, hacer que esa información sea muy sencilla y práctica en su manejo”.
Una de las claves de la viticultura de precisión, como quedó patente en toda la jornada, es su capacidad para racionalizar, desde la inversión, hasta lo que se obtiene de la planta. En este sentido, Luis Gonzaga y Victorino Martínez ahondaron en cómo la viticultura de precisión permite una gestión más eficaz de insumos como los fitosanitarios, herbicidas, abonado o riego.
No hay que perder la referencia de que el objetivo final de toda viticultura de precisión es la obtención de vino/mosto de la mayor calidad posible y en función de un ideal buscado. Al respecto, Pascal Chatonet introdujo la importancia de la cartografía de antocianos (uno de los componentes polifenólicos mas influentes o que tienen una de las mejores correlaciones entre el análisis y la evaluación sensorial) en el viñedo. Asimismo, planteó la relación entre suelos y vigor del viñedo, con la acumulación de antocianos y qué herramientas de la viticultura de precisión permiten su conocimiento y su gestión adecuada.
Fernando Martínez de Toda moderó la mesa redonda “Lo que al viñedo se pide desde la bodega”, en la que participaron Enrique Macías, Barbará Sebastián y Roberto Frías. Martínez de Toda expuso la necesidad de tener una previsión temporal amplia, para poder tener un rango de decisiones más extenso. Durante el debate, Enrique Macías planteó los objetivos de la viticultura de precisión en el ámbito de la edafología, la climatología, la planta y el medio ambiente.
Por su parte, Bárbara Sebastián, con su intervención puso en relieve la contradicción entre lo que pide el enólogo a la viticultura de precisión (uva de la mayor calidad posible) y lo que le pide el gerente (uva lo más barata posible). Por tanto defendió la necesidad de anticipar al máximo la inversión en viticultura de precisión, para zonificar la plantación en inicio y así rentabilizar más la inversión que conlleva. A su vez, Roberto Frías ilustró sobre las posibilidades que ofrece la viticultura de precisión y las herramientas existentes a la hora de tomar una de las decisiones más importantes en el viñedo: determinar el momento óptimo de la vendimia.
En definitiva, en el 8º Encuentro Técnico de la Fundación para la Cultura del Vino, que contó con la colaboración de New Holland, Sigfito, Agromillora y La Semana Vitivinícola; así como del Magrama, La Rioja Alta, Muga, Bodegas Terras Gauda, Marqués de Riscal y Vega Sicilia; concluyó que la racionalización que permite la viticultura de precisión ha de ser aprovechada por las bodegas para dotar a sus vinos (de todas las gamas) de un mayor valor añadido y trasladárselo así a los mercados. Más información en www.culturadelvino.org

El vino, la memoria, el futuro 1963-2013. La norma italiana sobre las DOC vitivinícolas cumple 50 años

 Publicado el por Giuseppe Martelli (Comité Nacional del Vino de Italia, D.G. Assoenologi) (colaborador)

La necesidad de regular el sector vitivinícola y, en particular, la producción de vinos de calidad, típicos o vinculados al territorio, nació tras la Primera Guerra Mundial. Hasta entonces, la protección de estas producciones se confió a las normas generales. En 1920 el tema fue sometido al estudio de una Comisión Ministerial especial. En 1921, un grupo de diputados, encabezados por Arturo Marescalchi, enólogo, fundador en 1891 de la Asociación de Enotécnicos Italianos, antecesora de la Asociación Italiana de Enólogos y Enotécnicos (Assoenologi), presentó a la Cámara el primer proyecto de norma para la producción de "vinos típicos", que fue aprobada después de tres años con el Real Decreto de 7 de marzo de 1924 nº 497 titulado: “Disposiciones para la protección de los vinos típicos”, convertido en Ley el 18 de marzo de 1926 con el número 562. Esta medida fue mejorada por algunas normativas posteriores que fueron codificadas en 1930 y recopiladas en la Ley 1.164, promulgada el mismo año.
Como resultado de estas disposiciones surgieron también los primeros Consorcios de protección, como el del Moscato di Pantelleria, del Marsala, del Moscato d`Asti y del Asti Spumante. Para otros vinos, se delimitaron y reconocieron las respectivas zonas de producción. Caso del Orvieto, el Soave, de los vinos típicos del Alto Adige, para los de Castelli Romani, el Sansevero blanco y el Barbaresco. Esta primera aproximación hizo emerger varios problemas que hicieron necesaria la promulgación de otra ley, más amplia y afinada, aprobada en 1937 con el nº 1.266 sobre "Medidas para la viticultura y la producción vinícola” que incluía la “Disciplina de la producción y la comercialización de los vinos de calidad con origen determinado”.
Un vacío legal que duró 27 años
Por desgracia, esta medida no llegó a entrar en vigor nunca, al carecer de reglamentos de aplicación. Sin embargo hico no poco daños, visto que con su promulgación quedaba derogada la normativa de 1930. A partir de aquí la disolución de los consorcios de tutela, la anulación de los límites territoriales, etc. En la práctica, el sector volvió a las situaciones de partida y en 1937 Italia carecía de una legislación que tutelase los vinos típicos, de calidad o de origen determinado. Todo esto a pesar de la necesidad de proteger la imagen de los vinos italianos de cierto renombre ante las falsificaciones. No hubo conferencia ni congreso en los no se hiciera eco de esta exigencia y en los que no surgieran nuevas ideas sobre cómo organizar nuestro sector vitivinícola.
Este vacío abrió una amplia confrontación, que duró veintisiete años, que llevó a miles de discusiones, cientos de congresos y propuestas incontables. En este contexto tomó pie la convicción de que ya no era apropiado hablar de "vinos típicos" para evitar el peligro incluir entre estos también a los productores directos híbridos en general y al Clinton en particular que entonces en varias regiones era “el más típico de los vinos”. Se generaron muchas dudas también con el término “vino de calidad” (vino di pregio), considerado demasiado genérico y sin vinculación al territorio de producción. Tomó pie a continuación el concepto de primar “el origen” del vino.
La base de la legislación comunitaria
En 1957, con el Tratado de Roma, se habló entonces de “vinos con denominación de origen" y se sentaron las bases de una regulación europea del sector vitivinícola. Todo lo previsto en el Tratado de Roma encontró su validación oficial en la normativa comunitaria del 4 de abril de 1962. Aunque este documento no trataba solo del vino, tuvo un impacto fundamental en la renovación del sector. Fue, de hecho, la primera vez que se habló de “vinos con denominación de origen”, convertidos más tarde en "vinos de calidad producidos en regiones determinadas", es decir, V.c.p.r.d. y hoy D.O.P. (denominación de origen protegida). Además, sentó las bases de la configuración de la política vitivinícola comunitaria, ofreciendo ya entonces: el catastro vitícola, la declaración anual de producción y de existencias, la elaboración anual de un balance de las disponibilidades y de un presupuesto anual de disponibilidades y necesidades, así como el establecimiento de un Comité de gestión comunitaria para la aplicación de lo indicado anteriormente.
El histórico DPR 930/63
De ahí el compromiso del Gobierno italiano de promulgar rápidamente una normativa para vinos con denominación de origen, que se promulgó con el histórico DPR 930/63 de 12 de julio 1963, publicado en el Boletín Oficial nº 188, de 15 de julio de 1963, gracias al tesón y habilidad del senador Paolo Desana. El Comité Nacional para la tutela y mejora de las denominaciones de origen y de las indicaciones geográficas de los vinos, más conocido como Comité Nacional del Vino, quedó constituido un año después, más precisamente el 24 abril de 1964. Su primer presidente fue Giovanni dal Masso que después de dos años le entregó el bastón de mando al senador Paolo Desana. El articulado del del DPR 930 se volvió a redactar en 1992, de acuerdo con la Ley 164. Legislación que después de dieciocho años, principalmente por la entrada en vigor de la nueva Organización Común del Mercado vitivinícola (OCM del vino) fue modificada según el Decreto Legislativo 61/2010.
El Comité Nacional del Vino
El organismo del Ministerio de Agricultura, primero, y Política Agrícola, Alimentaria y Forestal, hoy, con funciones consultivas, propositivas y deliberativas sobre todos los vinos designados con una denominación geográfica ha sido y es el Comité nacional para la protección y la mejora de las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas de los vinos, más conocido como Comité Nacional del Vino. Se creó el 24 de abril de 1964 sobre la base de lo establecido en el Decreto Presidencial 930/63, la norma más importante respecto a las denominaciones de origen de vinos italianos. Desde 1964 hasta hoy ha habido 11 Comités. El actual terminará su mandato en los primeros meses de 2015. Hasta 2007, la duración del mandato de cada comité era de cinco años, desde 2008 ha pasado a tres años. Antes los componentes eran reelegibles sin límites temporales, ahora pueden permanecer en el cargo por un máximo de dos mandatos.
Hasta al Comité anterior (2008/2011) los miembros del Comité oscilaban de 28 a 39, más el presidente. Con el Decreto Legislativo 61/2010 se ha reducido a 18 más el presidente. Desde el 1 de enero de 2012, los propósitos y tareas del Comité son los establecidos en el artículo 17 del Decreto nº 61/2010. En estos 50 años, los ministros de Agricultura han designado a ocho presidentes del Comité. El enólogo Giuseppe Martelli, actualmente en el cargo, por su segundo mandato. La primera denominación de origen reconocida por el Comité fue en 1966 la de Vernaccia di San Gimignano. Las primeras D.O.C.G.: Barolo, Brunello di Montalcino y Vino Nobile di Montepulciano se aprobaron simultáneamente con decreto de 1 de julio de 1980.
Traducción: Vicent Escamilla