Impresiones sobre Bacchus 2015

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Sesión de cata en el Casino de Madrid durante la celebración de Bacchus 2015. (photo: )
Sesión de cata en el Casino de Madrid durante la celebración de Bacchus 2015.

El Concurso Internacional de Vinos Bacchus es todo un veterano entre los certámenes vitivinícolas en todo el mundo. En 2015 celebró su 13ª edición. Solía celebrarse cada dos años, alternándose con los Premios Zarcillo, pero este certamen sufrió un paréntesis (ya recuperado) y Bacchus decidió convertirse en concurso anual. Bacchus es, sin duda, el principal concurso de vinos en España y sus catas son una referencia para el sector.

Este año se desarrolló del 19 al 23 de marzo. Estuvo organizado por la Unión Española de Catadores (UEC), bajo el patronazgo y control de la OIV, la Federación Mundial de Concursos de Vino (Vinofed) y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente (Magrama), Fernando Gurucharri es el director de Bacchus y presidente de la UEC, mientras que Miguel Garrido de la Cierva es el presidente de Bacchus. Dos de las personas más agradables que te puedes encontrar.

En esta ocasión los jueces nos alojamos en el Hotel Tryp Atocha, un poco más arriba de la Calle Atocha y no tan agradable como el hotel en el que nos solían alojar y que, lamentablemente, estaba completo como para acomodarnos.

Para recordar los datos (ya los publicó SeVi, en su número 3.443), en esta edición se presentaron 1.651 muestras. 978 vinos tintos, 452 blancos, 91 espumosos y de aguja, 89 rosados y 41 vinos de licor, que incluían vinos de uvas sobremaduras y pasificadas. Las muestras procedieron de 18 países, pero solo de Eslovaquia llegaron 100 vinos. Se requerían 84 puntos para el Bacchus de Plata, 88 para el Bacchus de Oro y 92 o más para un Gran Bacchus de Oro. Se aplicaron las reglas de la OIV y las fichas de cata oficiales de la OIV/UIO, así que solo podían obtener medalla hasta el 30% de las muestras. Claudia Inés Quini fue la representante oficial de la OIV. Éramos 12 jurados compuestos por cinco jueces cada uno; 60 jueces en total y en su mayoría de nivel internacional.

Las puntuaciones cada uno de los cinco jueces del jurado se sumaban y si alguien había concedido una nota que se desviaba más del 7% de la media, entonces, esa nota se descartaba y se recalculaba la media.

Las condiciones de cata, como siempre, fueron sensacionales ya que tenemos el honor durante muchos años de poder catar en el famoso club del Casino de Madrid. Este club se fundó en 1836 y es muy exclusivo y famoso por sus cuadros, esculturas y vidrieras, cuyo mayor exponente está en la gran sala de baile, donde realizamos las catas. Esta sala es de gran belleza, con una iluminación magnífica en todas las mesas. Todo estuvo en su sitio. Mantelería blanca bien almidonada, hasta 10 copas por catador, escupideras negras, servilletas, galletas y el agua mineral.

La cata se prolongó durante cuatro mañanas y acababan con una comida o una visita, seguidas de actos paralelos y cenas. Durante tres días catamos a un ritmo de 40 vinos por día y dejamos unos 25 para el último. La cata fue pausada, lo que proporcionó a los jueces con menos experiencia tiempo más que suficiente para reflexionar en profundidad ante cada vino antes de establecer sus notas.

El programa paralelo fue completo y muy original e imaginativo. En nuestra primera noche se celebró una recepción en la Embajada de Eslovaquia, presidida por el embajador, con una completa cata de vinos eslovacos.

El segundo día (viernes) hubo un almuerzo de trabajo en el Hotel Villa Real con una gran cata de nuevas referencias de vinos españoles de las añadas 2013 y 2014. Esa noche se celebró la cena de gala en el restaurante Centro Riojano, cortesía del grupo bodeguero González Byass.

El sábado, tras la cata del concurso, nos llevaron en autobús hasta el pueblo de San Martín de Valdeiglesias para probar la fantástica comida local en el antiguo castillo de La Coracera, en un acto patrocinado por el C.R.D.O. Vinos de Madrid. El chef estuvo fantástico, con platos tradicionales y el entorno de un antiguo y semiderruido castillo. Aquí varios elaboradores mostraron y explicaron sus vinos y bodegas y la que más me impresionó fue Isabel Galindo, con su viñedo de Garnacha, Las Moradas de San Martín, a 870 metros de altitud (que ya visitamos el año pasado).

La comida se prolongó bastante y aunque estuvo todo delicioso, nos obligó a llegar muy tarde a Madrid. Puesto que requerí atenciones médicas, el alcalde del municipio me sugirió que visitara las urgencias locales. Miguel me acompañó hasta allí y me trataron inmediatamente, muy eficientemente y gratis. Esa noche se celebró Gastro Bacchus, una gira por numerosos bares y restaurantes en la que catamos las tapas ganadoras del concurso y muchos vinos. Los más jóvenes lo estiraron hasta altas horas de la madrugada, mientras que los más ancianos, como yo, nos retiramos relativamente temprano.

El domingo fue un día sin descanso para los jueces de Bacchus. A las habituales catas en el Casino les siguió un almuerzo de trabajo bajo el título “España, un jardín de variedades autóctonas”, en el restaurante Ramsés. En él, la UEC presentó varias cepas autóctonas españolas (Verdejo, Godello, Garnacha y Mencía).

Por la noche hubo una gran cena en restaurante Europa Deco, ofrecida por la D.O. Rías Baixas. Ya se ha convertido en una tradición. Se trata de una cena a base de marisco con una gama de unas 30 referencias de Rías Baixas para catar durante la misma.

Finalmente, el lunes, tras la cata más corta, hubo una comida para aquellos que todavía no tenían que tomar sus vuelos de regreso en el restaurante Casa Patas.

Bacchus es un certamen de talla mundial. Es un maratón de vino y gastronomía que condensa la máxima “trabaja duro”. No solo es el concurso en el que más disfruto, sino que es el más serio, el mejor organizado y el que más vale la pena. Enhorabuena a Fernando, Miguel y a la UEC.

Traducción: Vicent Escamilla


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