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Por un producto identificado

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Comparar 25,39 millones de hectolitros, que ha sido el volumen de lo exportado por nuestro país durante el año 2018 de total de productos vitivinícolas (incluidos vinos aromatizados, mostos y vinagres), con lo importado en el mismo periodo y para las mismas categorías y cuyo volumen apenas supera los 1,5 millones de hectolitros resultaría, sencillamente, absurdo. Pero sí nos ayudaría a entender, o al menos en eso confiamos, un poco mejor qué consumimos y qué buscan los compradores de vino.

Lamentablemente, disponemos de poca y mala información sobre el consumo de vino en España y, por enclenque que pueda resultar cualquier conclusión que obtuviésemos de las estadísticas, siempre es mucho más que nada de cara a plantear posibles estrategias de recuperación incentivación del consumo.

Aunque no sea necesario, sí conviene recordar que somos el primer país del mundo en superficie, que ocupamos el tercer puesto (creciendo) en producción, que nuestra viticultura ha experimentado un cambio espectacular en los últimos lustros aumentando rendimientos y apostando por reestructuraciones a variedades internacionales o simplemente más productivas. Que nuestro consumo interno se mantiene estable en el entorno de los diez millones y medio de hectolitros, que cada uno decida si quiere tomarlo como estimado, aproximado, per cápita o cómo quiera calcularlo. Y que el comercio exterior no deja de crecer desde hace más de veinticinco años, habiéndonos convertido en el primer país del mundo en volumen de exportación.

Y digo que no conviene olvidar estos datos, porque si nuestra producción aumenta y el consumo se mantiene estable; no cabe otra que vender fuera lo que no somos capaces de vender dentro. Y que solo cuando las cosechas se ven afectadas por los envites de la naturaleza y descienden bruscamente, aumentando los precios, que tengamos que importar encuentra explicación.

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Incrementar la comercialización de vinos envasados

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

De la múltiple información que se puede obtener de los datos del Infovi, quizá lo más destacable de las últimas cifras publicadas, correspondientes al mes de enero y con fecha de extracción a 28 de febrero; sea constatar con números la opinión que todo el sector tiene, pero que, hasta ahora, era imposible corroborar con datos concretos. Que no es otra que el mercado se encuentra ralentizado y que las bodegas, ante la abultada cosecha 2018, han visto reducida su operatividad, con caídas en el comercio que les han llevado a situar sus existencias de vino y mosto a 31 de enero en 59,4 Mhl de las que 54,7 corresponderían a vino.

Si comparamos esas existencias con las del mismo periodo del año pasado (44,8 Mhl) tendríamos 9,9 Mhl más (+22,1%), que por tipo de vino nos llevarían al blanco a granel como el mayor responsable de ese incremento con 5,5 Mhl y un 34,6%, seguido del tinto y rosado a granel que aumenta un 18,1% situándose en 28 Mhl (+4,3 Mhl).

Cifras que ponen en evidencia cómo las condiciones del mercado, incluidas las propias de la cosecha, afectan de manera muy desigual a los vinos a granel y a aquellos otros que son comercializados con marca: los envasados; los cuales disfrutan de una estabilidad mucho mayor. Pues si bien también crecen un 3,7% y un 4% respectivamente sus existencias, estos porcentajes apenas suponen cien mil hectolitros en cada una de las categorías con respecto al mismo momento del año pasado.

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Mercados 20-03-19

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Mercados 13-03-19

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Bodegas Castaño: la dinastía de Yecla bajo el influjo del monte Arabí

 Publicado el por Raúl Compés López (colaborador)

 (photo: )

Los territorios del sureste español constituyen una de las grandes regiones vitivinícolas de nuestro país. Por el Levante entró el viñedo a la Península Ibérica de la mano de fenicios, griegos y romanos. En sus tierras se han producido durante siglos vinos vigorosos y resistentes. En algunos de sus rincones la aridez es tan alta que ni siquiera pudo penetrar la filoxera. Desgraciadamente, en las tres últimas décadas el sector se ha contraído en Valencia, Alicante y Murcia. Esta circunstancia hace aún más meritoria la capacidad de la familia Castaño para construir en los dominios del monte Arabí, fundamentalmente en Yecla (Murcia), una de las más importantes bodegas españolas.

La empresa se creó en 1918, hace justo un siglo, pero su etapa moderna arranca en 1978. En aquel año salió al mercado su primer vino embotellado, bajo la marca Las Gruesas. Se trataba de un tinto de 13,8º elaborado con uvas de la variedad Monastrell y amparado por la D.O. Yecla. No fue una salida fácil. Ramón Castaño tuvo que convencer a su padre (que lleva su mismo nombre), de que era imprescindible embotellar para adaptarse a las nuevas tendencias del mercado. No había ocurrido aún la gran transformación del sector, pero Ramón hijo había aprendido en la Escuela de Viticultura y Enología de Requena, donde había realizado sus estudios, que el futuro de la creación de valor en el mundo del vino no pasaba por el granel. La apuesta era doble, porque en la etiqueta de ese primer vino embotellado aparecía el nombre de la variedad Monastrell. Hay que recordar que en aquellos no tan lejanos tiempos esa variedad, como tantas otras autóctonas españolas, era denostada para elaborar vino de calidad y se la relegada a servir de base para realizar coupages.

Cuatro décadas después, la Monastrell es la esencia de los mejores vinos de la bodega, y el patriarca de la familia se congratula de haber aceptado el criterio de su hijo. El acierto de la apuesta, unido a la buena gestión conjunta de padre e hijo a lo largo de todos esos años, ha permitido a Bodegas Castaño crecer de forma casi ininterrumpida. Hoy cuenta con casi seiscientas hectáreas de viña en propiedad, a las que hay que añadir las que gestiona indirectamente a través de numerosos viticultores proveedores de materia prima. Genio y figura, con 84 años bien llevados, Ramón Castaño padre acude puntualmente cada mañana al que fue su despacho. Aunque ahora la responsabilidad del negocio recae íntegramente en sus tres hijos varones, le gusta estar al tanto de lo que ocurre en la empresa. Al primogénito se le han sumado sus hermanos Juan Pedro y Daniel, que se ocupan de la administración y los mercados.

A lo largo de todo este tiempo, la familia Castaño ha ido ampliando sus dominios en las tierras de Yecla rodeadas por las denominaciones de Almansa, Jumilla, Alicante y Valencia. Paradójicamente, mientras la bodega ha ido creciendo, el sector ha seguido languideciendo en la comarca. Hay que tener en cuenta que, en 1911, en un momento en el que el sector comenzaba a enfrentarse a la primera crisis posterior a la “edad de oro”, Yecla contaba con la friolera de 1.200 bodegas, la mayor parte de ellas muy pequeñas1. Sin embargo, a lo largo de todo el siglo XX, el crecimiento de la industria del mueble provocó una intensa reestructuración del tejido económico en detrimento de la actividad vitivinícola. En los últimos tiempos, tras la crisis económica 2008-2012, cuyos efectos han sido devastadores para la industria local, se ha producido un renovado interés por la agricultura. Pese a ello, la viticultura no acaba de dar signos claros de recuperación. La disponibilidad de agua en una parte del término hace más atractivo el cultivo de las hortalizas.

En este contexto, Bodegas Castaño brilla con luz propia en una Denominación de Origen que cuenta con siete bodegas y una superficie de 6.420 hectáreas (llegó a tener 20.535 en 1969). Aunque la Monastrell sigue siendo la variedad más importante, con la expansión de la empresa se ha producido una diversificación hacia variedades blancas y tintas, entre las que destacan la Garnacha Tintorera, la Syrah y la Cabernet Sauvignon. La ampliación de la paleta varietal permite a la bodega ofrecer una mayor variedad de vinos, que van desde la gama de vinos jóvenes hasta la gama de vinos maduros y suculentos que tienen como sustrato la voluptuosidad carnosa de la Monastrell.

Cuentan en Murcia que el monte Arabí tiene propiedades mágicas. Para la familia Castaño su influjo ha sido favorable. El futuro de la empresa parece asegurado. De los nietos del patriarca, la primera en incorporarse a la bodega ha sido Ángela, hija de Ramón y Antonia. Formada en Enología en la Universidad Politécnica de Valencia, es inquieta y viajera. Entiende que el de enólogo es un oficio universal que exige una visión holística de lo que ocurre en la viña, la bodega y los mercados. Más pronto que tarde le planteará a su padre un nuevo desafío, como su padre se lo planteó a su abuelo. Es ley de vida. Los negocios cambian y cada generación debe prepararse para dejar su impronta. No hay que dejarlo todo en manos de la magia. La savia nueva Castaño está lista para dar un nuevo impulso al proyecto centenario.

1 . Gerardo Palao Poveda (2005). La industria vinícola en Yecla. Orígenes, importancia y estado actual. Revista Murciana de antropología.