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Nepal se suma a los mercados de los vinos de Bodegas Vicente Gandia

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Nepal se une a la lista de destinos exóticos de la valenciana Bodegas Vicente Gandia, que exporta sus vinos a una larga lista de países de todo el planeta entre los que se incluyen algunos como: Gabón, Congo, Bosnia Herzegovina, Antigua y Barbuda, Kosovo, Uzbekistán… La República federal Democrática de Nepal es un país conocido por su naturaleza montañosa ya que alberga las cumbres más altas del planeta, destacando el monte Everest. Bodegas Vicente Gandía comienza a exportar vino Nepal debido a la demanda de los hoteles y albergues que reciben a infinidad de turistas que acuden a visitar el Himalaya. La bodega ha empezado en el país con 10.000 litros de vino de Sandara, Hoya de Cadenas y Marqués del Turia. Según ha informado la compañía, en la actualidad exporta sus vinos a 90 países.

La gama de vinos Cerro Bercial, de Bodega Sierra Norte, se centra en su gama alta

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Cerro Bercial (photo: )

Cerro Bercial

Bodega Sierra Norte ha dado un importante giro a su familia de vinos Cerro Bercial. De los seis vinos con los que contaba esta marca, solo continuarán en el mercado dos de ellos, los más icónicos y de más alta gama: Cerro Bercial Blanco Selección y Cerro Bercial Ladera Los Cantos. Y lo hacen, además, con una renovada imagen, unas elegantes etiquetas. Cambia la imagen, pero el proceso de gestación de los vinos permanece intacto. Seguirán elaborándose con uvas seleccionadas de las mejores parcelas que Sierra Norte tiene en Camporrobles, en la zona de cultivo con mayor altitud de la comarca Utiel-Requena, a más de 900 metros sobre en nivel del mar. Esto se traduce en un clima aún más extremo, con picos de temperatura muy dispares entre el día y la noche, que dan lugar a una vendimia más tardía y a una uva de gran calidad. Algo que se completa con el modo de cultivo ecológico, de baja producción y apostando por el viñedo viejo.

Ramon Roqueta Segalès, gerente de Bodegas LaFou: 'La Garnacha Blanca es la variedad que la Terra Alta ha tomado como bandera’

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Los vinos de LaFou ya están presentes en medio mundo. Fotos: Lola Artero (photo: )

Los vinos de LaFou ya están presentes en medio mundo. Fotos: Lola Artero

Fue el 15 de enero de 1267, cuando en la ciudad de Gandesa tuvo lugar la asamblea de agricultores de la Terra Alta; a raíz de la cual se firmó la Carta Delmària, a iniciativa de los templarios y con la presencia del maestre provincial, Guillem de Montanyana. En este documento se establecían las mejores formas de llevar a cabo las vendimias y los sistemas más eficaces para la elaboración del vino. Y tenemos constancia de que la variedad más emblemática de entonces era la Garnacha Blanca. Orgullo y prestigio en nuestros días en esta comarca del mediodía catalán.

Deambulando junto a los soportales templarios de Batea. Fotos: Lola Artero

Deambulando junto a los soportales templarios de Batea. Fotos: Lola Artero

Ramón Roqueta Segalès, consciente de este memorable episodio histórico, que engrandece la calidad cultural y humana de la Orden del Temple en esta comarca que forma parte de las Terres de l’Ebre catalanas, puso todo su interés y esfuerzo para potenciar y dignificar el cultivo de esta singular variedad vitivinícola, de la que se elaboran algunos de los vinos blancos más afamados de nuestros días, tanto a nivel nacional como internacional. Y supo elegir uno de los municipios con más tradición vitivinícola de la Terra Alta: Batea. Un pueblo que transmite aromas a mosto, en cuyo casco antiguo es fácil retroceder a través del túnel del tiempo a los siglos medievales, bajo arcos apuntados, calles en pendiente, cultos a San Miguel y a San Juan Bautista, vírgenes negras y un legado en bodegas de época verdaderamente sorprendente.

Por todo ello, Ramón Roqueta, hijo, nieto y descendiente de afamados bodegueros del Bages, con una tradición que se remonta a finales del siglo XI (Masía Roqueta, de Santa María, de Horta d’Aviñó), no dudó en apostar por esta variedad, y ¿dónde mejor hacerlo?, pues en la comarca más vinculada con la Garnacha Blanca: la Terra Alta. Creando la bodega LaFou, en Batea que, en pocos años, se ha convertido en la joya vitivinícola de la Terra Alta y, al mismo tiempo, sus renombrados vinos en un referente de calidad, exportándose a numerosos países del mundo. Pero dejemos que sea él, quien nos explique a través de unas preguntas algunas de estas particularidades para nuestros lectores, todo un ejemplo a seguir.

Ramón Roqueta nos da la bienvenida a la sala de recepción de LaFou. Fotos: Lola Artero

Ramón Roqueta nos da la bienvenida a la sala de recepción de LaFou. Fotos: Lola Artero

¿Cómo y cuándo surgió la idea de crear esta bodega?

La idea empezó a seducirme en mis inicios profesionales en el mundo del vino, cuando estudiaba enología en Francia e hice mis prácticas en Châteauneuf-du-Pape, una zona muy prestigiosa y de una larga tradición vinícola donde se trabajan sobre todo las Garnachas Negra y Blanca. Allí me enamoré de la Garnacha: pude conocer un estilo de Garnacha distinto y empecé a incubar la idea de desarrollar un proyecto volcado en esta variedad, y decidí buscar el paisaje donde mejor se expresara. La Terra Alta me conmovió por su tradición, por su autenticidad y por la riqueza de fantásticos viñedos de Garnacha Tinta y Blanca. Así, en 2007, con el apoyo de mi familia, emprendí el proyecto de LaFou Celler en el pueblo de Batea.

¿Qué obstáculos tuvieron que superarse al principio?

Empezar en plena crisis económica no fue fácil, pero precisamente el mercado iba falto de novedades y aceptó con entusiasmo el lanzamiento de un vino de terruño, de una zona aún por descubrir. ¡La acogida fue fantástica!

Por otro lado, los recursos de los que dispusimos eran escasos al principio y empezamos elaborando el vino en un espacio alquilado en el pueblo de Batea. Tres años más tarde, con el proyecto lanzado, pudimos construir la bodega. Con la voluntad de fortalecer los vínculos con el entorno y las tradiciones, decidimos instalar la sede de la nueva bodega en pleno casco antiguo de Batea; y así adquirimos Casa Figueras, un inmueble señorial del siglo XVIII construido sobre un antiguo molino de aceite. Para honrar la nobleza de esta casa y su valor histórico, emprendimos una restauración larga y respetuosa del edificio, y en él se pueden apreciar ahora los detalles que atestiguan la tradición vinícola de la finca.

¿Por qué este nombre?

Una fou es un paso estrecho por donde se abre paso una riera. El paisaje de la Terra Alta se caracteriza por valles y estas “fous” o gargantas, originadas por un antiguo río. Hoy día, nuestros viñedos (y muchos en la zona) se localizan en valles y en “fous” o gargantas, nivelados por terrazas, procurando que las plantas puedan recoger la escasa pluviometría de la zona.

¿Qué metas quiere alcanzar LaFou?

LaFou busca expresar al máximo la identidad del territorio. La tierra calcárea con zonas de panal (suelo característico en la zona), la presencia de los vientos, la adaptación de la Garnacha Tinta, Peluda y Blanca… todo nos permite de elaborar unos vinos de gran identidad que revelen al mundo la grandeza de la Garnacha, aunando el respeto por la tradición con nuestra vocación de innovación y de contemporaneidad.

¿Qué aporta LaFou a la cultura vitivinícola de La Terra Alta?

Más que aportar, LaFou quiere rendir homenaje a esa cultura vitivinícola única y tan rica que tiene la Terra Alta: su gente, fiestas, tradiciones, paisaje… Hoy esta zona vuelve a ser valorada y nosotros nos sentimos satisfechos de haber ayudado a través de nuestra ilusión y del compromiso por las señas de identidad de esta comarca.

Cepas de Garnacha Blanca de los viñedos de LaFou.

Cepas de Garnacha Blanca de los viñedos de LaFou.

¿Ha cambiado mucho la viticultura en esta comarca en mil años?

Sí y no. El paisaje se ha ido poco a poco modelando con la infinidad de terrazas que escalonan los viñedos a lo largo y ancho del territorio pero la zona sigue siendo esencialmente agrícola y su gente sigue viviendo esencialmente de la vid. Es precisamente la humildad y el respeto por la tierra de los viticultores lo que sigue siendo un elemento que distingue a la Terra Alta. Prueba de ello es cómo su alto valor paisajístico la ha conducido a ser reconocida como Reserva de la Biosfera por la Unesco.

¿Cuáles son los principales inconvenientes en la actualidad para el buen desarrollo de la viticultura en Batea y el resto de la comarca?

La ubicación, a la vez que permite unas características climatológicas y de suelo que se reflejan luego en el carácter y la identidad de los vinos, es una dificultad para convertir la localidad de Batea en una zona enoturística de fácil acceso para el visitante. Que la gente visite la zona y la conozca de primera mano tiene que ser una ambición para la comarca.

¿No resulta un inconveniente tener tanta competencia cerca?

La competencia te ayuda a querer superarte día tras día y es muy sana. De todas formas, yo sitúo a la competencia más allá de nuestras fronteras. Con las bodegas de la zona nos consideramos compañeros y aliados: el buen hacer de todos suma en favor del buen reconocimiento de la Terra Alta y de sus variedades y hoy, si entre todos hacemos las cosas bien, el empuje positivo para la zona nos llevará a todos mucho más lejos.

La Garnacha Blanca ya es citada en las crónicas medievales, como la variedad más estimada por los templarios, y LaFou está apostando por ella.

La Garnacha Blanca es la variedad que la Terra Alta ha tomado como bandera, ya que esta zona le ofrece un terroir perfecto. Durante siglos se la consideró una variedad comodín, pero es evidente que es capaz de elaborar vinos excepcionales. Prueba de ello es Lafou Els Amelers, nuestro vino monovarietal de Garnacha Blanca, que con su nombre rinde honor a los almendros que conviven con la vid en los viñedos de Terra Alta.

¿Es partidario de introducir variedades distintas a las tradicionales en esta comarca?

Muchas de las variedades llamadas “tradicionales” fueron introducidas en su momento desde otras zonas y, tras generaciones, fueron aceptadas y denominadas así. Lo importante es que, tradicionales o nuevas, las variedades estén realmente adaptadas a la zona; solo así hay recorrido para vinos con expresión de terruño.

Dicho esto, creo que nuestra generación de enólogos y viticultores tiene la responsabilidad, sobre todo, de poner en valor y sacar lustre a las variedades tradicionales en riesgo de desaparición. Nosotros lo hacemos con el Morenillo, de la que quedan escasas hectáreas en la zona. Es un ahora o nunca.

Exterior de la bodega, desde el patio central. Fotos: Lola Artero

Exterior de la bodega, desde el patio central. Fotos: Lola Artero

Modernas instalaciones. Fotos: Lola Artero

Modernas instalaciones. Fotos: Lola Artero

La Jornada Técnica de Enomaq analizará la relación entre vino y sostenibilidad

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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El próximo 16 de febrero, en el marco de la celebración de la Feria Enomaq, en Feria de Zaragoza, tendrá lugar la tradicional Jornada Técnica que organiza La Semana Vitivinícola, este año en colaboración con la Universitat Autònoma de Barcelona, bajo el título “El vino y la sostenibilidad”, que cuenta con el patrocinio de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) por segunda edición consecutiva.

La jornada se desarrollará de 10.00 a 13.45 horas y en ella se abordarán las claves para una vitivinicultura sostenible, con prácticas tanto en campo como en bodega, los diferentes modelos y categorías de certificación de vinos sostenibles y la relación de estas categorías de vinos con el consumidor, entre otras aristas de un tema tan en boga últimamente.

Tras la inauguración de la jornada, que será moderada por Salvador Manjón, director de La Semana Vitivinícola, a cargo de Rogelio Cuairán, director general de Feria de Zaragoza; y del delegado que designe la OIV; arrancarán las ponencias.

En primer lugar, Xavier Farré, presidente de la D.O.P. Costers del Segre, presentará las bases para una viticultura sostenible. Tomarán el relevo Leonor Ruiz, del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario; y Josep Maria Albet i Noya (Albet i Noya), que ahondarán en las innovaciones en viticultura sostenible, centrándose en el desarrollo de variedades de vid resistentes a enfermedades fúngicas.

Y, del viñedo, a la bodega, con la intervención de Santiago Mínguez (Universitat Autònoma de Barcelona), que será el encargado de exponer a los asistentes cuáles son las claves para la sostenibilidad en bodega. A continuación, la ponencia de Pedro Miguel Izquierdo, del Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha, versará sobre los aditivos y coadyuvantes en el vino y se centrará en las sales de plata como ejemplo de sostenibilidad.

Desde la Universidad de Alicante, Ricardo Sellers, tratará de responder a la pregunta ¿qué precio estaría dispuesto a pagar el consumidor español por un vino sostenible?, lo que, sin duda alguna suscitará un interesante debate.

La última de las ponencias programadas en la Jornada Técnica Enomaq 2017 es la de Ignacio Sánchez Recarte, del Comité Europeo de Empresas de Vino, que aportará la visión de las empresas vitivinícolas de los diferentes tipos de vinos (ecológicos, biodinámicos, naturales, sin sulfitos, sostenibles…) y su certificación.

Salvador Manjón y el delegado de la OIV serán los encargados de clausurar la jornada.

La inscripción a la misma es gratuita y libre, hasta completar el aforo de la sala. Para formalizarla, es necesario cumplimentar el cuestionario habilitado para ello en la página web de SeVi www.sevi.net Las inscripciones se atenderán por riguroso orden de entrada.

Huella de carbono y sostenibildad en el sector del vino

 Publicado el por SeVi (colaborador)

 (photo: Abel Valdenebro)

El 19 de diciembre se celebró en Madrid, la segunda Jornada Técnica Divulgativa “Huella de carbono y sostenibilidad en el sector del Vino”, organizada por la D.O.P. Uclés. En el transcurso de la jornada, el coordinador del Proyecto LIFE+ Integral Carbón, el profesor de la Universidad de Burgos Carlos Rad, expuso los objetivos y las principales líneas de actuación que dicho proceso ha realizado en las bodegas de la D.O.P. Uclés en las que durante la campaña 2015/16 ha estado funcionando un prototipo que a partir de los residuos generados en Bodegas Fontana, mediante digestión anaerobia se ha generado biogás para calefacción y un efluente líquido con el que se ha alimentado un sistema de producción de biofertilizante basado en algas del suelo. Dicho biofertilizante, se ha aplicado en los viñedos de la bodega Finca La Estacada.

La profesora Almudena Gómez Ramos de la Universidad de Valladolid, hizo un balance económico y ambiental de la introducción de dicho prototipo en las bodegas de la D.O.  Uclés obteniendo con ello una mejora en la huella de Carbono de todo el proceso y proponiendo un modelo participativo de financiación.

El Ingeniero Agrónomo Jorge Miñón, expuso los trabajos de mapeo de suelos de alta resolución realizados sobre los suelos de la D.O. Uclés y su utilización como herramienta predictiva, junto a la monitorización de parámetros climáticos y la fenología de la viña mediante análisis de imagen, en labores como la fertilización de precisión o la detección precoz de carencias o enfermedades.

La jornada se completó con la exposición por parte de Javier Carroquino, profesor de la Universidad de Zaragoza, del proyecto LIFE+ Rewind “Energía renovable en el sector vitivinícola. Rentabilidad y sostenibilidad en bodega y viñedo” que se está realizando en las bodegas Viñas del Vero, en la D.O. Somontano. Mediante la utilización exclusivamente de energía fotovoltaica se ha instalado un sistema de depuración por lagunaje aerobio de las aguas residuales de la bodega, y el bombeo de esta agua depurada para su utilización en el sistema de riego del viñedo. El exceso de energía eléctrica es almacenada en forma de hidrógeno que es obtenido mediante fotolisis del agua y posteriormente empleado en un vehículo adaptado a este combustible.

José Magro, gerente de Medio Ambiente de AENOR, expuso los principales elementos a considerar en el cálculo de la Huella Hídrica y la Huella de Carbono. Maribel Hernández, técnico de Bodegas Fontana, ejemplificó lo que había supuesto su participación en el Proyecto LIFE+ Integral Carbón.

La jornada finalizó con la entrega por parte de AENOR de las certificaciones de Huella de Carbono a las bodegas de la D.O.  Uclés, lo que la constituye en la primera denominación de origen en alcanzar toda ella una certificación que la sitúa a la cabeza de la sostenibilidad en el mundo del vino.