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Alemania registra un aumento del consumo del vino nacional frente al importado

 Publicado el por SeVi (colaborador)

La demanda de vinos procedentes de las regiones productoras germanas sigue siendo sólida en Alemania. Según informa el Instituto Alemán del Vino (Deutsches Weininstitut-DWI), durante 2013 las ventas de vino germano en Alemania crecieron un 2,5% en un contexto en el que el total del consumo de vino cayó ligeramente en comparación con 2012.

Ligero retroceso de las compras de vino por parte de Reino Unido en 2013

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Tabla en pdf adjunto.
Reino Unido cerró el ejercicio 2013 con una importación de productos vitivinícolas estable, con una ligera tendencia a la baja. Así, este mercado adquirió 1.304 millones de litros de productos vitivinícolas (en su 99,9% vino), lo que representó un retroceso del 0,7%, según recoge el informe elaborado por el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), que puede adquirirse en su web (www.oemv.es).

La exportación portuguesa de vino aumenta un 2,4% hasta 724,7 M€ en 2013

 Publicado el por Marc Barros (colaborador)

Informe completo estadístico en documento adjunto.
Los datos de las exportaciones de vino en 2013 señalan un nuevo aumento de las ventas, con un valor global de 724,7 millones de euros (+2,4%). El año 2012 ya se caracterizó por haber superado, por primera vez, la marca de 700 millones de euros, pero el sector mantiene el impulso de las exportaciones y vuelve a crecer en el cuarto año consecutivo.

El vino español mantiene un 60,9% del mercado de vino importado en Francia

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Pese a ser un mercado maduro, Francia aún ofrece oportunidades para el vino español. (photo: )

Pese a ser un mercado maduro, Francia aún ofrece oportunidades para el vino español.

Tablas en pdf adjunto.
El sector Francés realizó importaciones de productos vitivinícolas durante 2013 por un volumen de 528,1 millones de litros (-10,8%), de los que el 99,3% correspondían a vinos (524,2 millones de litros). España mantuvo durante ese ejercicio el una importantísima cuota de mercado, con el 60,9% del vino foráneo adquirido por los franceses (321,7 millones de litros), aunque muestra un retroceso en litros del 12,1%, superior a la media, según recoge el informe elaborado por el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), que puede adquirirse en su página web (www.oemv.es).

La cultura del vino en la Terra Alta

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La villa de Caseres, entre viñedos, sobre la orilla izquierda del río Algars. Foto: Loli Artero. (photo: )

La villa de Caseres, entre viñedos, sobre la orilla izquierda del río Algars. Foto: Loli Artero.

La cultura del vino forma parte de la historia de la Terra Alta, en general, y de su capital, Gandesa, en particular, desde los tiempos antiguos; pero fue en la Edad Media (coincidiendo con la presencia de la Orden del Temple, cuyos caballeros durante ciento cincuenta años rigieron los destinos de los pueblos y gentes de esta comarca del interior de la provincia de Tarragona), cuando se intensificó este desarrollo, tal como pude transmitirlo en la reciente conferencia que tuve el honor de pronunciar recientemente en las poblaciones de Gandesa y Caseres.

La comarca catalana de la Terra Alta, formada por doce municipios (Arnes, Batea, Bot, Caseres, Corbera d'Ebre, La Fatarella, Gandesa, Horta de Sant Joan, El Pinell de Brai, La Pobla de Massaluca, Prat de Comte y Vilalba dels Arcs), con una superficie de 743,36 km cuadrados y habitada por 12.800 personas, es el territorio de la geografía hispana que estuvo más estrechamente vinculado con los templarios, y todos y cada uno de sus citados municipios conservan con el mayor gozo testimonios de ese pasado glorioso, en monumentos, o tradiciones; entre las cuales: la cultura del vino.

Gandesa, que cuenta con el nombramiento de "ciudad" otorgado a mediados del siglo XIX por la reina Isabel II, ha sido siempre una encrucijada de caminos. Tras la conquista cristiana de las ciudades de Tortosa y Lleida (en 1148 y 1149, respectivamente), Gandesa, gracias a su estratégica ubicación, entre Tarragona y Zaragoza y a mitad de camino entre Tortosa, Morella y Alcañiz, no tardó en convertirse en encrucijada de caminos, que se hizo patente tras recibir del Temple la primera Carta de Población, en 1192. A partir de entonces, Gandesa se convirtió en el más influyente centro administrativo, económico y judicial de los templarios en las tierras del Ebro, lo que facilitó la celebración del primer capítulo general de la Orden del Temple, en esta población, en 1255, en tiempos del comendador de Miravet, Guillem de Cardona.

Pero fue en 1267, exactamente el 15 de enero, cuando en Gandesa se celebró la asamblea de agricultores de la Terra Alta, fruto de la cual se firmó la Carta Delmària, a iniciativa de los templarios y con la presencia del maestre provincial Guillem de Montanyana; documento que establecía las mejores formas de llevar a cabo las vendimias y los sistemas más eficaces para la elaboración del vino.

Un documento que se ha mantenido y respetado hasta nuestros días. Gracias al cual, los vinos que se elaboran amparados por el C.R. de la D.O.P. Terra Alta se ajustan a unas sabias normas de producción y elaboración establecidas por el Temple hace siete siglos y medio.

Tradición vitivinícola que ha sabido mantener Gandesa, como lo confirma no solo en sus preciados vinos, amparados por el C.R. de la D.O.P. Terra Alta, sino también al contemplar la monumental Bodega Modernista de la Cooperativa Agrícola, edificio construido por el arquitecto Cèsar Martinell i Brunet, en 1919, auténtica "Catedral del Vino", cuya visita también aconsejamos, orgullo y prestigio de la comarca.

La sala del "Centre de la Joventud", de Gandesa, registró un lleno absoluto, y lo mismo la del "Centre de Cultura", de la villa de Caseres. Poblaciones, ambas, que condensan una parte importante de la historia de las tierras del Ebro, y de la comarca de la Terra Alta. Al final, tras las proyecciones de un centenar de imágenes digitales, diferentes para cada evento, los asistentes pudieron catar excelentes caldos del Celler La Fou, de Batea; de la bodega Bárbara Forés, de Gandesa, y los excelentes caldos de la Cooperativa de Caseres, así como dulces tradicionales y buen aceite de la comarca. Aprovecho para agradecer a los ayuntamientos de Gandesa y Caseres, y a sus correspondientes alcaldes, Carles Luz i Muñoz, y Josep Mª Peris i Ferrer, respectivamente, la gentileza, y también a los señores: Anton Monner i Estopinyà, cronista de la ciudad de Gandesa, y a Miquel Villagrasa Gil, erudito de Caseres, sus presentaciones en estas poblaciones.