Potencial de las variedades mallorquinas Giró Ros y Gorgollassa

 Publicado el Por Norka M. López

En julio de 2012 la Conselleria de Agricultura del Govern balear formalizó un anuncio que el colectivo de viticultores de Mallorca estaba esperando desde hacía 15 años: la autorización de las variedades autóctonas Gorgollassa (tinta) y Giró Ros (blanca) para la elaboración de Vinos de la Tierra de Mallorca. Más recientemente, en 2013, la autorización llegaría para los vinos de la D.O. Binissalem y próximamente también se incorporará a las variedades amparadas por la D.O. Pla i Llevant. Las bodegas pioneras celebran la “liberación” para unos vinos que hasta ese momento llamaban “prohibidos”, por no poderlos vender al amparo de una marca de calidad. El resto está incorporando estas variedades a sus viñedos, ávidos de ofrecer novedades y peculiaridad varietal a sus clientes y amantes del vino.

Responsables de las bodegas familiares Ribas, Can Majoral y Toni Gelabert comenzaron la tarea de recuperación de estas variedades hace más de una década, y la experimentación para la elaboración de vinos. Las investigaciones y los años de espera dieron sus frutos, pero los vinos solo se podían vender como vino de mesa. Mientras tanto la extensión de viñas sembradas con las nuevas variedades locales iba en ascenso, al punto que hoy en día las principales bodegas de la isla han sembrado Giró Ros y Gorgollassa. De acuerdo con datos oficiales, en 2013 de Giró Ros había unas 6,4 hectáreas en Baleares, que produjeron aproximadamente unos 74.000 kg de uva; y de Gorgollassa había 2,25 hectáreas registradas, con una producción aproximada de 8.200 kilos.

Las nuevas variedades autóctonas autorizadas se habían ido perdiendo como consecuencia de un “continuo proceso de erosión genética”, refieren los investigadores Escalona, March, Luna y Martorell, de la Conselleria de Agricultura, responsables del trabajo ‘Recuperación de variedades minoritarias en Baleares’ (se publicó una versión del mismo en SeVi 3.395). Concretamente citan la sucesiva intrusión de plagas y enfermedades, la pérdida de interés agronómico o enológico a favor de otras variedades de reciente introducción, la política de arranque de viñedo de la década anterior y el envejecimiento de la comunidad agraria con el consiguiente abandono de fincas que contenían este material autóctono, como causas claves de la pérdida de variedades locales.


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