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¿Y si la ocasión para el vino viene en lata?

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

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Buscar la conexión entre el vino y el consumidor es uno de los objetivos que debería regir todas las decisiones de las bodegas. En los últimos años, periódicamente, aparecen datos y reflexiones sobre el “boom” del vino en lata, fundamentalmente en EE.UU. Se trata de un envase que presenta oportunidades: su vinculación con el aquí y ahora, que no necesitan ningún elemento adicional (ni abridor, ni siquiera recipiente para beber) y que son sostenibles (son reciclables y su huella de carbono es menor que la de las botellas tradicionales), como ya ha destacado SeVi en alguna ocasión.

Según la consultora Nielsen, en Estados Unidos, la facturación del vino enlatado alcanza los 45 millones de dólares, aunque todavía cuenta con una cuota de mercado reducida (apenas el 1% del total). Sin embargo, sus tasas de incremento anual están entre las más elevadas de todos los envases alternativos a la botella de vidrio tradicional (+69% en términos de valor y un alza del 49% en volumen en 2018). Con estas tasas de crecimiento, y atendiendo a un reciente artículo publicado en ‘Wine Industry Advisor’, firmado por Barbara Berrielle, el vino en lata podría representar el 10% del mercado norteamericano en 2025.

No solo se trata de apuntes estadísticos económicos. También se está produciendo un salto importante en la calidad del vino enlatado. Como muestra un botón: la reconocida publicación especializada ‘Wine Enthusiast’ ha introducido en su listado “Top 100 best buys 2019”, que recoge los que, a su juicio, son los mejores vinos de menos de 15 dólares, a un vino espumoso envasado en lata de 375 ml. Y ocupa el segundo lugar en el top 100. Se trata del espumoso californiano Dark Horse NV Brut Bubbles, con 10 grados de alcohol y con un precio nada desdeñable de 6 dólares por lata (16 $ por litro).

¿Se imaginan si en hostelería, por ejemplo, en lugar de arriesgarse a pedir un vino por copas, del que no sabemos cuándo se abrió la botella, ni cómo se ha conservado, fuera común poder pedir una lata de vino espumoso?

Está claro que habrá vinos que admitan mejor que otros la lata, pero no es un camino a menospreciar.

Toda una bodega en lata

Las apuestas por el vino enlatado, como hemos visto, son muy fuertes en EE.UU. y en Sans Wine encontramos un caso de éxito. Fundada a finales de 2015, todo su catálogo está compuesto por referencias enlatadas. Apuestan por un estilo fresco, con viñedos ecológicos y definen sus vinos como “naturales”.

Con referencias claras en su concepción y diseño a las cervecerías artesanas, son vinos que se definen a sí mismos como vinos “premium”, con precios de venta al público que oscilan entre 10 $ y los 25 $ por lata de 375 ml (haciendo su traslación a una botella tradicional su precio sería de 50 dólares por botella).

Cada 7 Días 08-01-20

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Agrupada por regiones vitícolas, en esta sección se localiza la información que concierne al viñedo acontecida en la semana previa al cierre de nuestra edición. Desde la Región Gallega a la Andaluza, del Duero, Alto Ebro, Levante o Canarias, el lector localiza aquí el dato especializado...

Cada 7 Días 02-01-20

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Agrupada por regiones vitícolas, en esta sección se localiza la información que concierne al viñedo acontecida en la semana previa al cierre de nuestra edición. Desde la Región Gallega a la Andaluza, del Duero, Alto Ebro, Levante o Canarias, el lector localiza aquí el dato especializado...

Intangibles de la viña y el vino: naturaleza, innovación y consumo

 Publicado el por José Vicente Guillem (colaborador)

Vino. (photo: )

Vino.

Algunos dicen que el mundo del vino esta hecho de mitos, ritos y leyendas. Otros ven posible que la realidad, la tradición y el mercado lo impregnen todo. Los hay quienes centran las esperanzas de un futuro mejor en dar oportunidades a la naturaleza, la innovación y el buen hacer de todo el sector y así manifestarse ante la sociedad con las responsabilidades propias de “su obra” bien hecha.

Asumiendo y valorando el esfuerzo del sector por ampliar la cultura del vino, vía incremento del consumo, si nos centramos directamente en los resultados prácticos que se han alcanzado, parece ser que algo no funciona y no se acierta en el adecuado mensaje que se presenta ante el consumidor, pues remontar el consumo está costando un gran esfuerzo, mucha entrega, dedicación y escaso rendimiento. Una lástima.

Es cierto que nunca se ha dispuesto de mayor nivel de calidad en los vinos ofrecidos y que se han multiplicado los actos, actividades, estudios básicos, etc., para divulgar los valores y atributos que un buen vaso de vino aporta al organismo humano, pero no se acierta en avanzar hacia un sector más abierto, en un sistema agroalimentario hermético, proteccionista, globalizado y con la competencia de otras bebidas diversas, amparadas por coordenadas distintas y legislaciones diferentes que les son más beneficiosas.

Nunca como ahora, el sector ha sido tan “atacado” por agentes internos y externos emergentes del propio sector, la competitividad del mercado, la competencia desleal, las barreras técnico-económicas, fiscalidad, medidas anti-vino, volatilidades varias, etc., que se refuerzan, en determinados niveles sociales, por una incomprensión notoria, elevada y agresiva hacia nuestro sector.

Afortunadamente la viña y el vino poseen su historia, realidad, razón de ser y por ello sus opciones ante una sociedad más justa, transparente y comprometida son firmes, seguras y saludables. Generando gran competitividad en los mercados y expectativas, siendo necesario diferenciarse por la incorporación de intangibles que amplíen las bases de acción sobre la revalorización de la naturaleza, la innovación y motivando el consumo

La uva es un fruto que la naturaleza renueva cada año y no es igual en todos los entornos. La madurez determina calidad, carácter y personalidad del mosto y del vino. El ciclo de la vid depende cada vendimia de la evolución de los entornos naturales donde la vid vegeta y de la mano del ser humano que aporta técnicas y prácticas culturales adecuadas.

Naturaleza viva, sostenible, respetada, cuidada y puesta a disposición, no solo de la producción agraria y alimentaria, sino de la custodia del medio ambiente, mantenimiento del sistema y del disfrute de una sociedad ávida de nuevas sensaciones más hedonistas.

La actividad empresarial implica incorporar innovación sobre toda la cadena de valor, orientada a generar nuevos productos, procesos y formas de gestión, que aporten como resultado la adopción y oferta de nuevos valores comerciales.

Innovación en un sentido bidireccional: desde el campo al mercado y desde el mercado al campo. Con programas idóneos, atención al cliente, formación en los eslabones de la cadena y orientado al crecimiento, con informaciones veraces que acerquen producción y consumo. Toda la cadena necesita de ese plus de formación para innovar y emprender.

Fomentar el consumo moderado en un marco cultural, saludable y dentro de un concepto placentero de dieta puede ser una devoción sectorial que permita desacelerar la tendencia de libre caída en el consumo y consumidores. Imprescindibles campañas de formación, información, divulgación generalista y marquistas deben afrontarse por cada uno de los operadores sectoriales dentro de un plan general consensuado

La sociedad de la alimentación es dura con el sistema vitivinícola y su cadena de valor, generando en ocasiones competencias desleales, limitaciones de comunicación y normas de consumo. Es más fácil atender un botellón (en el que el vino suele brillar por su ausencia), que programar actividades culturales alimentarias en colegios, universidades, etc., donde se aprenda a diferenciar, valorar y comprender este elemento esencial de la Dieta Mediterránea. Insistir en que siempre en el consumo se debe priorizar que “hay que ser moderados hasta en la moderación”.

Este trío de ases está, según grupos de expertos, dinamizando futuros, predestinados al éxito y a ser valorados por una sociedad cambiante, saturada de mensajes, pendiente de lo inmediato y devoradora de noticias con solo apretar una tecla. Pero, a la larga, las exigencias de los mercados y la sociedad no tendrán suficientes elementos de diferenciación y necesitarán más informaciones, comunicación y elementos diferenciales que incrementen opciones de compras

Hace poco, en una reunión de empresarios donde se hablaba de atributos y valores de cualquier oferta alimentaria, uno de los presentes apuntó la necesidad de empezar a utilizar los intangibles de la viña y el vino, de la empresa y del sector para generar futuro. Se precisa utilizar datos actualizados propios de nuevas tendencias, para fidelizar consumos y ganar clientes.

Ahora es momento de reflexionar y detenernos a considerar, si alguna vez se ha pensado, lo que ha supuesto para los vinos de Burdeos o Borgoña, sus empresas y buen nombre, la labor de sus universidades a la hora de formar, proporcionar talentos, pensamiento, ideas, ciencia, cultura y tecnología. Sin lugar a dudas, para los vinos del mundo representan un intangible de marca. Porque la justa fama, lo escrito y valorado de su razón de ser y aceptación general poseen un valor real que traspasan todo factor contable

Resultados igualmente positivos se pueden esperar de un buen planteamiento científico a largo plazo que aporte rasgos de seguridad, orden y excelencia a toda una cadena de valor que quiere salir de la vulgaridad y alcanzar nuevos retos de notoriedad y reputación. Referencias se contemplan de tecnología en vinos alemanes, diseño en vinos italianos, economías circulares en vinos españoles, innovación en vinos australianos, junto a compromisos ambientales o iniciativas organizativas novedosas nacidas en las nuevas fronteras: EE.UU., Chile, China, Vietnam, Sudáfrica, Canadá, Nueva Zelanda…

Naturaleza, innovación y consumo. Tres pilares básicos capaces de revalorizar territorios, vinos y regiones que necesitan de algo más que no aportar defectos en cata y seguir ciertas normas, para volver a ocupar el lugar en las mesas ciudadanas del honesto vino de cada día y tener un lugar en la mentalidad del mundo actual, garantizando ese plus de valor capaz de situarlos en los mercados con una marcada vocación de quedarse.

Paralelamente, hay que pensar en el significado y capacidad de una marca propia, sumada a la veracidad o eficacia de una marca colectiva, la credibilidad de una Denominación de Origen y eficiencia en la gestión de un Consejo Regulador, la vocación de un territorio y la biodiversidad de una variedad. Todo ello explicado con palabras sencillas para que el consumidor elija aquello que más calidad aporte a su forma de entender un vino y le generé satisfacciones.

Hay que pensar en la capacidad del ser humano para adaptarse a constantes evoluciones, junto a la resistencia de determinados elementos a desaparecer que obligan a la sociedad para preservar determinadas culturas o que “hechos culturales” no se pierdan, por mucho que la competitividad de mercado, agresividad y nuevas tendencias inunden con nuevas modas, incitando a rebajas presenciales en los lineales de las ofertas.

Es aconsejable leer detenidamente los documentos del denominado Horizonte 2020 y releer conceptos tales como: “La actual crisis jubilará viejos modelos de gestión por ineficacia e insuficiencia de los actuales”. En este sentido, cada día es más necesario actuar con inteligencia y visión de futuro ante las nuevas crisis y emergencias que se avecinan, incorporándose a las que son endémicas de un sector en marcha.

Como bien dice el profesor Vicenç Navarro: para saber dónde vamos, tenemos que saber dónde estamos y de dónde venimos.

Entra en vigor el nuevo Plan Estratégico 2020-2024 de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV)

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El director general de la OIV, Pau Roca. (photo: )

El director general de la OIV, Pau Roca.

Plan estratégico de la OIV en pdf adjunto (para suscriptores)

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) aprobó en octubre del pasado año en su Asamblea General el nuevo Plan Estratégico quinquenal del periodo 2020-2024, que entró, por tanto, en vigor este año.

Según el director general de esta institución intergubernamental, Pau Roca, “el 2020 se presenta para la OIV como un periodo lleno de oportunidades para los proyectos que hemos identificado, que están totalmente en línea con los principios y valores del Plan Estratégico y que hacen de la viticultura un fenómeno presente en los planos sociales, económicos, culturales y medioambientales.”

Roca señaló que para el 43º Congreso de la Viña y el Vino, que se celebrará del 23 al 27 de noviembre de 2020, “iremos a Chile, uno de los países más activos en el comercio internacional del vino, comprometido en la investigación de los problemas relacionados con la resistencia y la lucha contra el decaimiento de la vid.”

El Plan Estratégico es un proyecto establecido por el Comité Científico y Técnico de la OIV, en colaboración con el director general de esta organización. Con una duración de cinco años, define las orientaciones de los trabajos a realizar por las comisiones, las subcomisiones y los grupos de expertos. Se elabora a partir de las propuestas de los socios miembros, los grupos de expertos, las comisiones y subcomisiones, evaluadas y jerarquizadas por el Comité Científico y Técnico.

Ejes estratégicos

El nuevo Plan quinquenal 2020-2024 de la OIV se organiza en torno a seis ejes estratégicos, que son:

1. Fomentar la vitivinicultura respetuosa con el medio ambiente;

2. Fomentar una actividad económica basada en los principios de desarrollo sostenible, crecimiento y globalización de los mercados;

3. Contribuir al desarrollo social mediante la vitivinicultura;

4. Continuar desarrollando un marco normativo armonizado;

5. Favorecer la transición digital del sector;

6. Consolidar el papel de la OIV como referencia mundial en los ámbitos científico, técnico y cultural.

Dicho Plan y sus objetivos estratégicos atienden a los distintos desafíos a los que se enfrenta el sector vitivinícola internacional y a la voluntad de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, a los trabajos de la Organización. Al respecto, la OIV se muestra comprometida con los ODS y ayuda a sus miembros a aplicarlos en los ámbitos relacionados con su mandato de velar por la estabilidad financiera y el crecimiento económico sostenible e inclusivo.

El eje IFomentar la vitivinicultura respetuosa con el medio ambiente” contempla como orientaciones estratégicas que, a su vez, se desglosan en objetivos concretos, hacer frente al cambio climático con medidas de mitigación y adaptación; mejorar la eficacia ambiental, y preservar los recursos naturales.

El eje IIFomentar una actividad económica basada en los principios de desarrollo sostenible, crecimiento y globalización de los mercados” incluye en sus orientaciones estratégicas (desglosadas en objetivos, a su vez) fomentar y poner en valor la compleja estructura de las cadenas de valor como factor de sostenibilidad en el sector vitivinícola mundial, así como mejorar el conocimiento del sector, mediante el análisis estadístico y el estudio de los flujos y los efectos de las políticas comerciales.

El eje III “Contribuir al desarrollo social mediante la vitivinicultura” incluye en su orientación estratégica contribuir a poner en valor la relación de los productos vitivinícolas con la salud y el bienestar; desarrollar una mano de obra capacitada y eficaz, así como a contribuir al desarrollo social ya reducir las desigualdades en el sector vitivinícola.

El eje IVContinuar desarrollando un marco normativo armonizado” incluye como orientación estratégica avanzar en la armonización de las categorías y la presentación de los productos vitivinícolas; elaborar recomendaciones relativas a las prácticas enológicas, así como elaborar recomendaciones relativas a los métodos de análisis.

El eje VFavorecer la transición digital del sector” incluye como orientación estratégica (con sus objetivos correspondientes) favorecer la digitalización del sector vitivinícola y conocer a fondo el medio digital.

Y, por último, el eje VIConsolidar el papel de la OIV como referencia mundial en los ámbitos científicos, técnico y cultural” plantea una orientación estratégica para favorecer la cooperación internacional en el ámbito de la vitivinicultura; ofrecer asistencia de calidad desde el Secretariado, así como desarrollar la información y comunicación sobre el sector y sobre el papel y las decisiones de la propia organización intergubernamental.

Las orientaciones definidas en el Plan Estratégico 2020-2024 se aplicarán o, en su caso, se actualizarán, en forma de programa anual, cuyo proyecto será establecido por el Comité Científico Técnico de la OIV, en el que se detallará el contenido de los trabajos a efectuar para el año de referencia por cada uno de los órganos científicos, técnicos, económicos y jurídicos en línea con el citado Plan.