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El MAPA modificará de nuevo la normativa que regula el potencial vitícola español

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Proyecto de RD en pdf adjunto (para suscriptores)

El Ministerio de Agricultura ha elevado a consulta pública hasta el próximo 10 de julio, incluido, un proyecto de real decreto que viene a modificar el RD 1338/2018, de 29 de octubre, por el que se regula el potencial de producción vitícola, referido en concreto, a la normativa básica para regular el sistema de autorizaciones de plantaciones de viñedo, el potencial productivo vitícola y la clasificación de variedades de uva de vinificación autorizadas.

El objetivo del MAPA es dotar de más estabilidad al sector vitivinícola y garantizar mayor seguridad jurídica en algunos aspectos, por lo que, por un lado, se realizarán algunos ajustes técnicos a la normativa actual y, por otro, se actualizará la lista de variedades de uva de vinificación.

Con este fin, en lo referente a la aplicación del sistema de autorizaciones se modificarán varios artículos (7, 8, 10, 11, 17, 18 y 23) y el Anexo I de la normativa actual (RD 1338/2018) para mejorar la aplicación del proceso de concesión de autorizaciones de nuevas plantaciones de viñedo.

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Bruselas defiende que un vino con D.O.P. puede llevar sacarosa como ingrediente de fuera de la región de producción

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

La Comisión Europea, a través de una respuesta europarlamentaria del comisario de Agricultura, Phil Hogan, señala que “los ingredientes distintos de las uvas, utilizados por la elaboración de un producto vitivinícola con Denominación de Origen Protegida (D.O.P.), incluida la sacarosa, pueden proceder de fuera de la región de producción”.

Es más, añade que “si dichos ingredientes y su uso cumplen con la legislación de la UE, no hay ninguna razón por la que el producto vitivinícola no pueda tener derecho a una D.O.P., ya que, al aumentar el grado alcohólico de un producto vitivinícola, este no pierde necesariamente sus otras características atribuibles a factores naturales y humanos, presentes en la zona de producción. Además, el grado alcohólico es un elemento que, en el caso de determinados vinos, depende esencialmente del factor humano”.

En su argumento, el eurodiputado del Partido Popular Europeo (PPE), José Ignacio Salafranca, había señalado que la definición de D.O.P. (artículo 93 del Reglamento (UE) nº 1308/2013) establece que la calidad y características del producto protegido se deben básica o exclusivamente a los factores naturales y humanos de la zona geográfica de producción, vínculo necesario que debe estar debidamente acreditado en el pliego de condiciones a que se refiere la letra g) del artículo 94 de dicho Reglamento.

El eurodiputado madrileño, J. Ignacio Salafranca Sánchez-Neyra, preguntaba si, “en el caso de que un mosto de uva o vino de la categoría 1) de los productos vitícolas perteneciente a una zona geográfica de D.O.P. fuera chaptalizado, con el correspondiente aumento de su grado alcohólico natural por la incorporación del alcohol producido por la fermentación del azúcar de remolacha añadido, consideraba la Comisión Europea que esta modificación de las características del vino es ajena a los factores naturales y humanos de la zona geográfica, que desvirtúa el vínculo exigible a vinos de la D.O.P. con su zona geográfica y que, en consecuencia tal vino chaptalizado debería perder el derecho a ser reconocido y comercializado como D.O.P”..

Y, en caso negativo, es decir si no desvirtúa ese vínculo exigible a los vinos de la D.O.P. con su zona geográfica, cuáles eran los argumentos de la Comisión para justificar y avalar que dicho vino chaptalizado tiene derecho al uso de la D.O.P.

Para Bruselas, la definición de “denominación de origen”, en virtud del artículo 93, apartado 1, letra a) del Reglamento (UE) nº 1308/2013, “es una condición básica para registrar y proteger las denominaciones vinícolas como denominación de origen protegida (D.O.P.). Según esta definición, una D.O.P. tiene que poseer calidades y características que sean básica y exclusivamente atribuibles a factores naturales y humanos presentes en la zona de producción, es decir, a su origen geográfico”.

A vueltas con la cosecha

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Hasta el momento, se decía que el granizo “hacía pobre al que le caía y rico al vecino”. Y aunque argumento sólido para cuestionar este dicho no tenemos, la generalización de lluvias torrenciales y piedra en la geografía española animan la proliferación de informaciones que constatan serios daños en el viñedo, avalando a los que vaticinan un descenso de cierta consideración en la próxima vendimia a nivel nacional.

La menor muestra de fruto que presentan algunas comarcas, tampoco es que ayude mucho a mantener las estimaciones de una cosecha similar al año pasado, dándose por prácticamente segura la reducción de producción.

Para algunos la cuestión está en concretar esa merma y poder estimar las consecuencias que sobre las cotizaciones de los vinos tendrá en los próximos meses. Pues, ante el importante descenso sufrido en estos meses, no faltan quienes ven en la especulación una excelente oportunidad de hacerse con una suculenta ganancia.

El problema está en que según los últimos datos publicados por el Infovi y referidos al cierre del mes de mayo, las existencias eran de 41,8 Mhl de vino frente a los 33,9 de la campaña anterior, o lo que es lo mismo 7,9 millones de hectolitros más (+23,3%).

Volumen que el mercado interior no parece que vaya a ser capaz de absorber, ya que los datos conocidos del consumo en hogares arrojan un descenso para el 2018 del 2,79% y nuestras exportaciones de vino a mes de abril tampoco es que estén como para echar cohetes, teniendo en cuenta que han descendido en periodo interanual un 9,7%.

Llegados a este punto, plantearse que el mercado pueda presentar un problema de abastecimiento en los próximos meses, por escasa que pudiera resultar la cosecha, no parece muy probable y, en consecuencia, tampoco que las cotizaciones puedan recuperar lo perdido en esta campaña.

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#SomosVino

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Tras muchas discusiones y debates que le han llevado a la realización de un profundo estudio sobre las motivaciones del consumidor de Vino en España, la Interprofesional del Vino de España (OIVE) centra su objetivo en el consumidor, eje sobre el que deberán pivotar todas las acciones encaminadas a aumentar el consumo de vino en nuestro país.

Discusiones aparte sobre si los esfuerzos deben centrarse en la incorporación de nuevos consumidores, los famosos millennials que cada vez están más cerca de franja de edad que comienza sobre los treinta años (que es el momento en el que se van incorporando a su consumo). Sobre si a la generación a la que deben dirigir el foco es la “Z”, para los que los smartphones son como un apéndice más de su cuerpo. O si, por el contrario, lo que debemos hacer es centrarnos en aquellos que ya han vencido esa barrera de entrada en la categoría y lo que hay que conseguir es incrementar su frecuencia de consumo, que no la cantidad diaria. Lo más importante es que por fin asumimos que son los consumidores, en sus diferentes tipos, facetas, momentos de consumo y tipologías los que deben centrar nuestros esfuerzos.

Esfuerzos que, cada vez más, parece claro (y consensuado) que deben centrarse más en experiencias y emociones y menos en tecnicismos e instalaciones industriales. Con un vocabularios sencillo y directo y gran preponderancia de medios digitales que además de inmediatez le otorguen frescura y modernidad al mensaje.

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Es necesaria mayor atención

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Hablar de viticultura es hacerlo siempre con un alto grado de incertidumbre. Es precisamente su mayor valor, el apego a la tierra, al origen; lo que hace impredecible su comportamiento de un año a otro. Y aunque la gran profesionalidad de nuestros viticultores y los grandes avances técnicos con los que cuentan mitigan esta sobreexposición, su dependencia del comportamiento climático en la campaña es absoluta. Predecir lo que pueda suceder y adelantarse a las posibles inclemencias que se presenten es la labor más importante, pero no la única. Amoldarse a los cambios, ajustar los medios productivos a esas circunstancias cambiantes y conseguir minimizar al máximo sus efectos sobre las cosechas, labor de todos.

En esta tarea de predicción de los posibles acontecimientos a los que tendremos que hacerles frente en los próximos años para realizar este acomodo a las nuevas condiciones de cultivo, los científicos tienen mucho que decir. Por más que nos lo hayan repetido y aún a riesgo de resultar cansinos, la evidencia con la que se presentan los efectos que sobre la maduración del fruto y los episodios extremos de lluvias o episodios de sequía, han llevado a algunas bodegas a “tirarse al monte”, como coloquialmente podríamos decir, con la traslación de nuevas plantaciones a lugares más frescos, más altos y alejados de aquellas zonas de producción en las que actualmente se producen los vinos más afamados del mundo.

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