Topic:

Paciencia y prudencia con la vendimia

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

Tal y como era de esperar, la inauguración de la campaña 2018/19 el pasado día 1 de agosto, ha llegado acompañada de un sinfín de valoraciones de cosecha y estimaciones de volúmenes posibles. Y aunque todas son muy interesantes y merecen ser tomadas en consideración, la primera premisa que hay que tener muy en cuenta a la hora de considerar el peso de la información es su procedencia. La gran importancia que estas cifras pueden tener en los precios que se marquen para las uvas o sus efectos sobre la mayor o menor fluidez en la contratación de mostos; hacen que en muchas ocasiones estén un tanto dirigidas. Siempre dentro de un orden y respetando la orientación de la estimación, pero llevada hasta uno u otro extremo de la horquilla, atendiendo a los intereses de cada uno.

Sabemos con total seguridad que, salvo catástrofe impredecible, nos enfrentamos a una cosecha que se presenta entre diez y veinte días más tarde de lo que lo hizo la anterior; aunque es previsible que en las próximas semanas ese plazo se vaya acortando. Que la sanidad del fruto y su calidad son buenos, a pesar de los numerosos episodios de enfermedades criptogámicas, especialmente mildiu, a los que han tenido que hacer frente los viticultores. Y que el volumen será considerablemente superior, con porcentajes prácticamente garantizados por encima del veinte por ciento con respecto a la del año anterior y, muy posiblemente, por encima de esos valores.

Apreciaciones que podríamos considerarlas como afirmaciones categóricas en la gran mayoría de las regiones vitivinícolas españolas. Aunque, si quisiéramos concretar un poco más, podríamos incluso añadir una pequeña observación y señalar como excepción a aquellas comarcas en las que el año pasado no tuvieron tantos problemas, caso especialmente significativo de Galicia, donde el incremento con respecto a la pasada cosecha no está tan claro. Para el resto, en mayor o menor medida, estas tres características podrían resultar aplicables.

A continuación, información para suscriptores.

Mercados 01-08-18

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Información en documento PDF adjunto.

Vinos ‘Manuscritos’ para obtener la máxima expresión varietal

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

 (photo: )

Manuscrito es una colección de vinos de las más reconocidas regiones españolas creada por la firma comercializadora Terra Furati. La componen actualmente ocho referencias de reconocidas D.O.P./I.G.P. españolas que comparten un concepto común. Así se parte de uvas seleccionadas de variedades autóctonas, de viñedos excepcionales (por suelos y edades), para desarrollar la línea de vinos monovarietales de diseño propio con la máxima expresión varietal.

La dirección técnica recae en la enóloga uruguaya Estela de Frutos, quien sostiene que la “gran diferencia” de la colección Manuscrito “radica en que son todos vinos de crianza sin barrica”. Los blancos la efectúan sobre lías y los tintos se afinan solo en botella. Aun así, son “vinos con promesa de guarda”. “Es la enología que practico para saborear solo las uvas, lo más maravilloso que tiene vuestra viticultura”, destaca.

Para ello se ha desarrollado una plataforma de elaboraciones con protocolo propio en pequeños volúmenes. El resultado es una colección de vinos muy diversa proveniente de distintas regiones de España, abarcando varios climas (con influencia marítima y continentales), altitudes, suelos, insolación, etc., que una única bodega no puede ofrecer al menos que estuviera instalada en muchas DD.OO. de España.

Los vinos de la colección provienen del Bierzo, Rías Baixas, Ribera del Duero, Rioja, Toro, Arabako Txakolina y Tierra de Castilla y están elaborados con las variedades Tempranillo, Garnacha, Mencía, Graciano, Tinta de Toro, Albariño y Hondarrabi Zuri.

Familia Torres plantará 5.000 hectáreas con árboles en la Patagonia chilena para mitigar los efectos del cambio climático

 Publicado el por SeVi (colaborador)

 (photo: )

Familia Torres ha adquirido recientemente una extensa propiedad en la Patagonia chilena con vistas a mitigar los efectos del cambio climático. El fundo, situado en la provincia de Aysén y conocido con el nombre de ‘Los Cóndores’, ocupa una superficie de más de 5.000 hectáreas y se destinará a la plantación de bosques con un doble objetivo: compensar, con esfuerzos propios, la huella de carbono de la bodega, y recuperar el paisaje forestal que históricamente caracterizaba estas tierras.

‘Los Cóndores’ es una finca de uso ganadero, con la vegetación típica de pradera esteparia y  lagunas con abundantes aves. La llegada de los colonos a finales del siglo XIX habría provocado la substitución de los bosques de esta zona por praderas. La intención de Familia Torres es reforestar estas tierras, preservando la flora y fauna locales. A finales del 2016, ya adquirió con la misma intención una finca de 740 hectáreas en la provincia de Coyhaique de la Patagonia chilena, en una zona llamada Altos de Ñirehuao. 

Los bosques contribuyen a la lucha contra el cambio climático por su capacidad de capturar CO2 de la atmósfera y almacenar el carbono en forma de biomasa (tronco, ramas, cortezas y raíces).  Cerca de la mitad de la materia seca de la planta es carbono. El árbol captura más CO2 en su etapa de crecimiento, hasta llegar a la plena madurez. La gestión forestal sostenible garantiza la persistencia, mejora, crecimiento y renovación de la masa forestal, y permite una retención permanente en el tiempo del carbono.

Para Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres: “Tanto en Chile como en España, contamos con una gran superficie forestal que nos permite preservar el paisaje y cuidar el medio ambiente. Plantar bosques en determinadas zonas nos ayudará también a reducir aún más nuestras emisiones de CO2 e ir más allá en nuestro compromiso medioambiental”.

La custodia forestal y reforestación de espacios naturales forma parte del compromiso de Familia Torres de cuidar la tierra y preservar el medio ambiente. Este compromiso queda reflejado en el programa Torres & Earth, que tiene como principal objetivo disminuir la huella de carbono de la bodega del Penedès para mitigar los efectos del cambio climático. La reducción de emisiones de CO2 por botella de Familia Torres en todo su alcance, desde el viñedo al transporte final, se situó en 2017 en un 25,4% con respecto al 2008, con el objetivo de llegar al 30% de reducción en 2020. 

¿Es posible atrapar el alma del mar en una botella de vino?

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

 (photo: )

¿Es posible atrapar el alma del mar en una botella de vino? Con esta pregunta en mente acudimos a la presentación en Valencia del proyecto enológico de la bodega/arrecife artificial Crusoe Treasure. Su apuesta en el mercado es clara: la diferenciación y para ello han optado por criar (atesorar, es como ellos lo denominan) sus vinos bajo el Mar Cantábrico, en la bahía de Plentzia, en Bizkaia.

El reputado enólogo Antonio Palacios es el responsable técnico de esta iniciativa que es capaz de transformar en valor añadido todos los procesos que el mar “acelera” en la botella de vino en este arrecife artificial a 18 metros de profundidad (unas tres atmósferas de presión), sometido al oleaje y las mareas.

El mismo Palacios, fue el encargado de dirigir la cata de vinos atesorados. Defendió que los vinos que se seleccionan (no elaboran vino) deben tener estructura y condiciones de estabilidad microbiológica total para aguantar la crianza submarina.

Palacios explicó que la crianza de bebidas sumergidas en el mar tiene su antecedente en las botellas vino y champagne encontradas en pecios de naufragios, que se comprobó que seguían conservando características organolépticas aceptables. La bodega funciona como un auténtico “laboratorio submarino”, con controles mediante sondas submarinas e inmersiones periódicas para realizar las catas de seguimiento. El proceso del atesoramiento ya fue expuesto en SeVi en 2014.

La cata comprendió: Sea Soul Nº1, Albariño de la zona del Valle del Salnés; Sea Soul Nº3, Tinta Fina originaria de Peñaranda de Duero; Sea Soul Nº8, Garnacha de la zona del Moncayo aragonés; Sea Passion Nº6, Tempranillo y Maturana de la zona de la Sosierra (La Rioja) y Sea Passion Nº2, Tinta Fina de Peñaranda de Duero. Este último se cató en su versión “duet”, es decir probamos el mismo vino con proceso de atesoramiento submarino y sin él.

Vinos con un valor añadido que tienen en la exportación (el 90% de su facturación viene de mercados exteriores, de Suiza, por ejemplo) su principal salida, aunque empiezan a hacerse hueco en el mercado nacional.

De los mismos “padres” nace también la bodega Los Locos de la Bahía, esta vez criados de forma “terrestre”, de los que se dieron a catar Temprus El Loco, Tempranillo 100%; Garnax El Loco, Garnacha 100%; Vertxo El Loco, Verdejo 60% y Hondarrabi Zuri 40%; y Gartxo El Loco, Garnacha Blanca 50% y Hondarrabi Zuri (50%).