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Viña y vino: memoria (historia gloriosa) y futuro (con los pensamientos de D. Lanati)

 Publicado el por Carlo Beltrame Beltrame (colaborador)

Convegno Nazionale di Viticoltura Monferrato & Vino: la Memoria del Futuro. (photo: )

Convegno Nazionale di Viticoltura Monferrato & Vino: la Memoria del Futuro.

Viña y vino, conectadas con la “memoria” y el “futuro” en Casale Monferrato, en una Conferencia Nacional sobre viticultura, entre el recuerdo de una gloriosa historia del pasado, no muy remoto, y un futuro de una tierra, el Monferrato, que está redescubriendo y relanzando su presencia enológica en el mundo globalizado actual. Son términos (la memoria y el futuro) que solo los organizadores de una jornada densa en historia y con proyección de futuro podrían pensar en utilizar. Del pasado recordaremos la memoria de Paolo Desana, uno de los padres fundadores de la cultura enológica entre 1800 y 1900 (título de una ponencia nuestra en un congreso organizado por Giusi Mainardi). Y del futuro destacamos, de entre los ponentes en la conferencia en Casale, un nombre monferrino (con su cuartel general-laboratorio en Monferrato (entre Fubine y Cuccaro) con una gran profesionalidad reconocida en las zonas más remotas del mundo, como es Donato Lanati, de cuya intervención tomamos buena nota.

Dijo una vez Lanati, con motivo de un aniversario de su Enosis-Meraviglia: “Somos un método de trabajo, que vive en esta Cascina Meraviglia, que tiene un papel esencial de proporcionar una tranquilidad creativa, porque ante cualquier problema debemos inventarnos una idea que ofrezca una solución. Nos hemos marcado altas metas y nos hemos dotado de reglas. El nuestro es un centro dinámico que fundamenta la enología sobre bases sólidas y concretas. Buscamos mejorar cada día, con validando con criterio científico todos los datos que aportamos. Sostenemos que la investigación es el único camino para hacer frente a la competencia mundial, para gestionar la biodiversidad y proporcionar un valor a nuestro viñedo de los que carecen otros países productores”.

Y de la conferencia de Casale Monferrato tenemos una larga serie de notas que hemos ordenado de la forma que sigue:

En primer lugar, un discurso de alta economía. “El vino es el principal embajador del sector agroalimentario italiano. El sector del vino cuenta con números importantes, estamos inmersos en la globalización y no debemos caer en la homologación en lo que respecta a un sistema tradicional, pero eso no es bastante. Todos los productores quieren que identidad y singularidad, mientras que por el otro lado el consumidor solo busca satisfacción. Estamos frente a un reto y debemos tener presente que la sociedad de consumo está gobernada por el consumidor final”.

Después, una firme defensa del territorio. “Nuestra riqueza es el territorio. El territorio es el auténtico valor del vino y su personalidad e identidad, que se vinculan a un origen bien definido, que nos permite no caer en la homologación”.

Y apuntamos todavía, el pensamiento en general de un ampelógrafo y enólogo, que nos recuerda al histórico Giovanni Dalmasso.

“La vid debe ser vista como un traductor que capta la energía del ambiente, absorbe microelementos y le da a esto un valor añadido, formado por moléculas. Nuestro país cuenta con el número más elevado de variedades autóctonas y la biodiversidad es uno de nuestros tesoros más preciados. El vino de excelencia se alcanza solo en algunos lugares donde existe el “genius loci” y donde la historia, la tradición y la cultura se alían con la innovación”.

 “Tenemos la tarea de estudiar, comprender y profundizar en los fenómenos que acontecen en la naturaleza para que puedan ser reproducibles y mejorables. El ADN nos permite individualizar las diferencias varietales: es una especie de molde sobre el que se forman las moléculas de calidad que se concentran en la uva”,

 “Es un valioso bagaje desde un punto de vista enológico para identificar las técnicas de vinificación y crianza, para conseguir los objetivos propuestos. Todas las moléculas de calidad como los aminoácidos, los ácidos, los polisacáridos, los polifenoles, los aromas y sus precursores están asociados con la expresión de genes específicos pero su cantidad (y la cantidad absoluta de los diversos componentes que crean la diferencia cualitativa) se escapan al completo control del ADN y responden a estímulos ambientales como la exposición, la variación climática, las variables vitícolas y otros factores”.

 “De este modo, para ligar de una forma concreta el vino al territorio es necesaria una investigación dirigida a valorizar la producción cuantitativa de estos metabolitos individuales que se forman en ese lugar, en esa específica posición y que darán identidad y personalidad a sus vinos. Nuestro objetivo debe ser identificar y valor de modo objetivo, sobre bases científicas aquellas zonas donde una variedad en concreto puede alcanzar la excelencia”.

Y ahora todavía otro apunte/lección de Donato Lanati, que quedó bien claro en nuestras notas. “Por calidad de un vino hoy se entiende armonía de las moléculas, que se traduce en una armonía del gusto. Analizar en profundidad un vino no significa complicar, sino medir la complicidad del hombre con la naturaleza. No podemos darnos por satisfechos con la expresión verbal del terroir, pero debemos seleccionar zonas o parcelas, dentro de un mismo viñedo, y corroborarlo todo desde un punto de vista científico”.

Aún, para finalizar, un pensamiento “lanatiano” fundamental. “Existe la necesidad de comprender cómo el cambio climático puede influir sobre la agricultura, hay que entender la interacción entre los factores atmosféricos, climáticos y biológicos. La variabilidad meteorológica tiene una notable influencia sobre la respuesta de la fisiología de la vid y sobre la calidad de la uva y del vino. Es necesario comprender cuáles son las actuaciones necesarias para gestionar el cambio climático. Necesitamos modelos de simulación para escenarios futuros. La tradición se debe respetar pero el único modo de mejorarla es a través de la investigación y del estudio”.

Traducción: Vicent Escamilla

Retroceso progresivo en el viñedo sudafricano

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

La superficie de viñedo de vinificación en Sudáfrica perdió 866 hectáreas, hasta situarse a finales de 2015 en 98.597 ha (con un retroceso del 1% respecto al dato de 2014), según las estadísticas de South Africa Wine Industry Information & Systems (Sawis) a las que ha tenido acceso SeVi. Se trata del noveno ejercicio con retrocesos (ligeros) en el viñedo sudafricano, que ya en 2013 cerró por debajo de la barrera psicológica de las 100.000 hectáreas. Desde 2006 el constante retroceso en superficie acumula un diferencial negativo de 3.549 ha.

El viñedo total en Sudáfrica suma 123.404 hectáreas, pues además de las 98.597 destinadas a la elaboración de vino (el 80% del total), hay que contabilizar 7.420 ha de la variedad Sultana (de doble aptitud para pasa y, en una pequeña proporción, para vino), 16.880 ha de uva de mesa, 21 hectáreas destinadas al cultivo de portainjertos y 485 ha de viñedo dedicadas a las pasas.

Uruguay perdió en la última década 1.500 ha de viñedo

 Publicado el por Marcela Baruch (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

Son 1.500 las hectáreas que la viticultura uruguaya ha perdido en la última década. Los factores son múltiples, sociales en el caso de las familias que en el cambio generacional deciden deshacerse de la viña; económicos, en el caso de quienes optaron por arrancar plantas y convertirse en productores de soja u otros commodities.

Cierto es que la rentabilidad del cultivo extensivo no es la misma que hace una década, y esto podría aventurar una recuperación en el sector, en el mejor escenario posible. Sin embargo, este decrecimiento en la extensión de la viña en el país no tiene únicamente una lectura negativa. La calidad del vino nacional sigue siendo reconocida en concursos internacionales, de los avalados por OIV y de los otros. El país continúa apostando a la exportación como principal atractivo para el bodeguero, sin desmerecer el mercado doméstico que consume más de 80% de la elaboración anual. 

Situación del viñedo y el vino en los Estados Unidos y California

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

La superficie total de viñedo estimada en California en 2015 era de 371.502,9 hectáreas, según recoge el último informe sobre superficie del Departamento de Alimentación y Agricultura de este Estado (CDFA). De ese total, 246.049,9 hectáreas (dos tercios) correspondían a viñedos dedicados a la producción de vino. El área de viñedo para vino ha retrocedido ligeramente (-1,1%) en comparación con el dato del ejercicio precedente. La mayor parte del viñedo para vino se encuentra en producción (el 92% del total), aunque figuran 19.425 hectáreas que empezarán a ser productivas en las próximas campañas.

Por variedades, y atendiendo al viñedo de transformación, la principal cepa implantada en California es la blanca Chardonnay, con el 19,96% del total de la uva para vino. A continuación encontramos en la estadística la variedad tinta Cabernet Sauvignon, que está presente en el 17,72% del viñedo. Zinfandel, Merlot, Pinot Noir también cuentan con un peso relativo importante en el viñedo californiano.

El viñedo chileno sigue ganando superficie

 Publicado el por Paola Perticarari (colaborador)

Artículo con tablas en PDF adjunto.

Continúa de manera sostenida el crecimiento de la superficie destinada al cultivo de vides en Chile, que alcanzó las 137.592 hectáreas. Ese dato se desprende del catastro vitivinícola 2014, último disponible, donde se observa un incremento del 5,55% en la superficie si se la compara con las 130.361 hectáreas del 2013. El dato 2014 al que nos referimos no incluye la superficie destinada a uvas pisqueras, que totalizaron 8.202 ha. Teniendo en cuenta esa superficie, el total de uva implantada fue de 145.794 ha.

El informe, que fue producido por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), también detalló las principales variedades. En este sentido, las tintas estuvieron presentes en 101.751 ha; y el 32,1% del total implantado correspondió al Cabernet Sauvignon con 44.176 ha. Le siguió el Merlot, con 12.480 hectáreas (9,07%), el Carménère con 11.319 ha y la uva país, con 7.652,58 ha.

En el caso de las variedades blancas, cuyo total fue de 35.840 ha, encabeza la lista el cepaje Sauvignon Blanc con 15.142 ha (11,01% de la superficie implantada), seguido por la variedad Chardonnay, con 11.633 hectáreas (8,46%) y el Moscatel de Alejandría, con 3.574 ha.