Los pelos de la vid

 Publicado el Por Gago, P., Alonso-Villaverde, V. y otros

Los tricomas son apéndices epidérmicos que están presentes en la mayoría de los órganos aéreos de las plantas con flores; se originan a partir de las células epidérmicas y se desarrollan por encima de la superficie de diferentes  órganos de las plantas. En el caso de la vid, estos apéndices han sido utilizados para la taxonomía y la identificación de variedades desde los primeros momentos de la ampelografía en donde juegan un papel clave. Pese a ello poco se conoce de su morfología y composición.
El nombre tricoma proviene del griego trichos, que significa pelo o cabellera. Los tricomas tienen diversa forma, estructura y función. Su gran diversidad morfológica y su abundancia hacen que sean objetos de investigación para la taxonomía y la fisiología de las plantas. Sin embargo, se siguen produciendo controversias acerca de la adecuada forma de describirlos o clasificarlos (Werker, 2000). La clasificación más clásica de los tricomas es dividirlos entre “glandulares” y no “no glandulares” según sean capaces o no de producir y secretar substancias (Werker, 2000). 
En el caso de la vid nos encontramos solo con tricomas no glandulares que comúnmente son denominados “pelos”. Estos a su vez pueden ser de dos tipos: erguidos y tumbados (Galet, 1985; OIV, 2009). Galet describe escuetamente estos dos tipos de pelos, los tumbados o lanosos (poils laineux), son largos y se extienden/despliegan por el órgano que recubren mientras que los erguidos (villosité séteuse) son cortos, incoloros y perpendiculares a sus soportes (Figura 1).
Entre las variedades de vid existe una gran variabilidad en función de la presencia o no de estos dos tipos de pelos y en la densidad con la que recubren el limbo y los nervios de la hoja adulta. Podemos encontrar desde variedades con hojas sin pelos, denominadas glabras (Mencía), hasta variedades con pelos erguidos pero no tumbados (Chasselas) o bien con tumbados pero no erguidos (Albariño, solo erguidos en los puntos de bifurcación de las venas) o con ambos tipos de pelos al mismo tiempo (Cabernet Sauvignon, Jerez) (Figura 2).
Según Galet (1985), la vellosidad de la hoja se corresponde con la vellosidad del brote. Lo que parece ocurrir es que la cantidad de pelos lanosos/tumbados presentes ya en la hojita joven permanece constante en el transcurso del crecimiento del limbo hasta alcanzar el tamaño definitivo de la hoja. Así las variedades con brotes algodonosos tendrán las hojas con el envés recubierto de pelos tumbados con más o menos densidad, dependiendo de la densidad inicial y del tamaño definitivo de la hoja (variedad Albariño).


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