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Las disponibilidades vitivinícolas de 2013 frenaron las importaciones españolas en 2014 (-62,1%)

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

Tabla en pdf adjunto.

Con unos depósitos llenos gracias a una cosecha 2013 histórica, la tarea importadora del sector vitivinícola español durante 2014 fue bastante limitada. Si atendemos al informe que ha elaborado el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), las compras vitivinícolas de España en el exterior quedaron en 72,1 millones de litros (-62,1%), con una inversión de 185,6 millones de euros (-18,2%) y un precio medio de 2,57 €/l (+115,9%).

Nuevo récord en volumen vitivinícola exportado por España, con 26,6 Mhl en 2014

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Tablas en pdf adjunto.

Las ventas al exterior de productos vitivinícolas españoles marcaron, como se esperaba, un nuevo récord de exportación en volumen, con 2.655,92 millones de litros (casi 26,56 Mhl), con un incremento del 22,5% en 2014 en relación al año anterior. Esto, no obstante, no fue suficiente para establecerlo también en valor, a pesar del buen mes de diciembre, pues la facturación se quedó en 2.865,9 M€, un 3,2% y casi 95 millones menos que el récord del año anterior (2.969,55 M€), con un precio medio de apenas 1,08 €/litro, un 22,9% menos, según los datos de la Agencia Tributaria (AEAT), recabados y elaborados, como viene siendo habitual, por el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV).

Adiós, derechos

 Publicado el por Emilio Barco (esporádico)

Foto: Yves Remedios. (photo: Foto: Yves Remedios.)

Foto: Yves Remedios.

Empezaré con un párrafo de autosatisfacción. Hace unos días asistí a una charla informativa de Fernando Miranda, director general de Producciones y Mercados Agrarios del Magrama, en la que escuché lo que llevaba esperando escuchar por parte de los gestores de la política agraria de este país desde el año 2008: que los derechos de plantación de viñedo dejan de existir a partir del 31 de diciembre de 2015. Gracias, señor Miranda. Durante todos estos años he tenido que soportar a políticos de uno y otro signo (y también a algunos representantes del sector) negando lo que ahora es ya evidente (recuerden que esto empezó con Josep Puxeu, cortando el bacalao en el Ministerio y lo trabajó en comisiones varias en el parlamento europeo Esther Herranz). Asunto aclarado, se ha producido un cambio en las reglas de juego que conlleva una pérdida del valor del derecho (en unas regiones, como por ejemplo La Rioja, elevado y en otras apenas significativo) que cada propietario de viñedo está amortizando o amortizará como le parezca en sus estados contables y a otra cosa.

En esa charla informativa quedó claro, además de lo dicho en el párrafo anterior, cómo va ser el nuevo sistema de autorizaciones administrativas que regulará las plantaciones de viñedo en España hasta 2030. Pero antes de contarnos cómo se aplicará, el director general se entretuvo en una larga introducción justificativa en la que me llamaron la atención dos cosas: una, la idea repetida de que en un mercado global como es el del vino, lo que nosotros no hagamos (no plantar) lo harán otros y eso afectará a nuestra capacidad competitiva (supongo que al decir nosotros el director se refería a España); otra, que supuesto que se ejerzan los derechos de replantación de las 74.000 hectáreas que ahora hay “en cartera” y se autoricen cada año unas 9.000 hectáreas de nuevas plantaciones, alcanzando el máximo permitido del 1%, España habría aumentado su producción, en 2030, en unos 9 millones de hectolitros de vino. No hizo, el director, ninguna aportación sobre los cálculos realizados para la obtención de esta cifra, ni reflexión alguna sobre dónde colocar esa cantidad adicional.

Ambas cosas, la idea repetida asociada al mercado global del vino y el esbozo de “plan estratégico 2015-2030 típicamente made in Spain”, en mi opinión son lo suficientemente serias como para despacharlas sin una reflexión profunda y un debate pausado, que obviamente no se produjo aquel día por razones obvias en las que, eso sí, se plantearon cosas interesantísimas, importantes y urgentes, como la transmisión de la titularidad del viñedo, el tratamiento a los jóvenes viticultores en el nuevo sistema y la escasez de planta de variedades blancas ahora mismo, por ejemplo.

Por si a alguien le interesa abordar de una vez este tema, después de seis años soslayándolo, cuando no ignorándolo, aportaré algunas opiniones para ese debate pausado que desde el año 2008 he creído necesario en general a nivel nacional y en particular en mi región, La Rioja.

En el mundo hay ahora entre 7,1 y 7,5 millones de hectáreas, dependiendo de que tengamos fe en los datos de Faostat o de la OIV (en un caso no se incluye la superficie plantada que no ha entrado en producción). La tendencia desde los años sesenta es decreciente (9,3 millones en 1961) aunque recientemente parece haberse estabilizado.

Es bien conocido que los países productores de vino siguen, desde los años ochenta dos tendencias diferentes: en Europa se arranca viña y en los nuevos países productores, con Australia antes y ahora China a la cabeza, se planta.

Este análisis global, no puede ocultar una realidad local mucho más compleja. Por ejemplo, en este mismo periodo la superficie de viñedo en la D.O.Ca. Rioja ha pasado de 38.349 hectáreas en 1983 a 63.451 en 2014 y procesos similares se han vivido en otras regiones europeas.

Cuando se analiza el comportamiento de la producción de vino a nivel mundial, se observa el mismo comportamiento, con una producción estabilizada en torno a 270 millones de hectolitros de vino, la Unión Europea pierde protagonismo en favor de los nuevos países productores y, otra vez, el análisis macro puede ocultar una diversidad de situaciones muy diferentes.

En este caso lo ocurrido en España es un buen ejemplo. Aquí la producción muestra una clara tendencia creciente desde los 35 millones de hectolitros de vino (sin incluir zumos y mostos) hacia los 45 (más de 50 con mostos y zumos), porque el efecto del aumento del rendimiento (en parte debido a los programas de restructuración financiados con fondos OCM) es superior al efecto del descenso de la superficie.

Al analizar la evolución del consumo y del comercio ocurre lo mismo. El consumo muestra una tendencia creciente desde la década de los años noventa hasta situarse en 243 millones de hectolitros en 2014, pero con comportamientos muy diferentes en unos y otros países: mientras disminuye en los países tradicionalmente productores y consumidores, aumenta en los nuevos países productores. Desde la perspectiva del comercio es cierto que la Unión Europea cede protagonismo a los nuevos países productores que, desde la década de los años ochenta, han pasado de tener una cuota en el total de las exportaciones del 1,4% a tener la tercera parte, en un mercado que cada año está más internacionalizado (más de la tercera parte de la producción se exporta). Pero, una vez más, hay que subrayar las particularidades. En este periodo España ha pasado de exportar 4,5 millones de hectolitros el año 1987 a 22,8 en 2014, (el 86% de vino tranquilo), situándose, en volumen, a la cabeza de los países exportadores, por delante de Italia y Francia.

De lo dicho hasta ahora cabe concluir que el mercado del vino es muy diverso tanto desde la perspectiva de la producción y del consumo, como del comercio y de las reglas de juego, y que si, al analizarlo, se ignora esta diversidad, se pueden cometer errores importantes que invaliden cualquier conclusión o estrategia territorial y/o empresarial que pudiera diseñarse.

Precisamente porque este mercado presenta estas particularidades ha sido posible que desde hace siglos convivan diferentes formas de entender la producción y el comercio y, de manera holística, estos diferentes modos de producción han ido creando a lo largo de la Historia esta diversidad. Sobre esto, creo que no hay mucho que explicar, baste decir que en España conviven modos de producción con rendimientos inferiores a los 40 hectólitros por hectárea, por limitaciones ambientales o institucionales, con otros que superan los 80. Y, aún dentro de cada uno de estos dos modelos, existen formas particulares que enriquecen esta diversidad (ya es viejo el debate de la segmentación que introduce el concepto de terruño, o la crianza, o las diferentes técnicas de cultivo, por ejemplo en zonas aparentemente homogéneas como es el caso de una D.O.P. o I.G.P. y si lo vemos desde la perspectiva de la empresa qué les voy a contar).

Esta diversidad, en el caso de España, se refleja, entre otras cosas, en la estructura de las exportaciones por tipo de vino y precio.

Del total del vino exportado por España, en volumen, el 25% es vino con Denominación de Origen (55 en valor), el 7% con Indicación Geográfica Protegida (7), el 7% varietal (6) y el 61% sin indicación (32). El precio medio del litro exportado en 2014 fue 1,6 euros, con diferencias significativas entre los vinos exportados a granel, 0,61 euros el litro, (el 56% del vino se exporta a granel o en envases de capacidad superior a 2 litros) y los envasados, 2,16 euros (datos del OEMV del año 2014).

Escrito lo anterior, subrayaré algo que vengo manteniendo desde hace algunos años (puede consultar la publicación “Análisis de un sector: el Rioja entre dos siglos”): en este sector no hay un mercado único sino muchos mercados y es absurdo tratarlo igual que al mercado de los cereales o de la soja, por ejemplo, y por ello caben y conviven estrategias muy diferentes, unas basadas en economías de escala, a las que les puede ayudar un aumento del potencial productivo, y otras que se apoyan en la diferenciación, y que pueden ser distorsionadas mediante un aumento de su potencial productivo no deseado.

Si nos centramos ahora en el balance vitivinícola español el escenario que parece dibujar la tendencia de sus principales componentes, manteniendo fija la superficie productiva, sería: una producción de vino en torno a 43 millones de hectolitros, una demanda interna de unos 13 millones de hectolitros incluidos los destinos industriales y las pérdidas y un volumen destilado (para uso de boca) de aproximadamente 5 millones de hectolitros en un escenario optimista, lo que plantea la necesidad de exportar 25 millones de hectolitros, que no sería un reto inalcanzable a la vista del comportamiento del sector en los últimos años.

Pero, la primera pregunta que se plantea es: qué pasará si aumenta el potencial productivo en el escenario que definirá el nuevo sistema de autorización de plantaciones de viñedo. A esta pregunta no dio respuesta el otro día el director general, porque ni tan siquiera se planteó. Se limitó a cuantificar, tal y como he escrito antes, en 9 millones de hectolitros el aumento esperado de la producción. Sin ánimo de polemizar en esta cuestión de importancia, pero menor, diré que no creo que al final del proceso y aceptada la hipótesis de un aumento de la superficie de viñedo de unas 180.000 hectáreas hasta 2030, el problema se limite a dar salida a 9 millones más de hectolitros de vino, creo que habrá que dar salida a una cantidad significativamente mayor, y que no me atrevo a cuantificar, aunque no es muy arriesgado pensar que en el nuevo escenario las hectáreas que se planten más van a tender al modelo de producción con rendimiento por encima de los 80 hectólitros que al de 40. Colocar este vino en el mercado será, sin duda un reto importante para el sector a nivel nacional, pero no el único.

Voy con la segunda pregunta: en el nuevo escenario, en el que se acepta que las nuevas plantaciones contribuirán a la mejora de la capacidad competitiva del sector, se mantendrá o se intentará cambiar la estructura actual de las exportaciones de vino de España. La planteo de otra manera: España será líder de los países exportadores solo en volumen renunciando a serlo en valor. Si hay que dar salida a más de 30 millones de litros en el mercado mundial a corto y medio plazo, no parece fácil consolidar estrategias de crecimiento en valor.

Esta reflexión que me sugirió el otro día la exposición del director, me animó a pedir la palabra para preguntarle dos cosas, pero se fue el tiempo y no lo hice: primero, ¿cuál va a ser la estrategia de España en los próximos años? y, segundo, ¿podrán convivir en el nuevo modelo, estrategias de crecimiento en volumen y estrategias de crecimiento en valor, algo que sí ha sido posible con el modelo actual?

Hasta ahora, por aquello de la convivencia histórica que comentaba, nada ha impedido que Rioja, por seguir con ejemplos conocidos, aumente sus exportaciones en volumen y en valor (106 millones de litros y 438 millones de euros en 2014, lo que representa el 32,2% del volumen total de vino con D.O. exportado por España y el 41,6% en valor) consiguiendo situarse en un segmento de precio medio por encima de los 4 euros el litro y mantener su tradicional modelo de producción basado, entre otras cosas, en una limitación del rendimiento. De la misma manera otras zonas de producción han podido dar salida a sus vinos abasteciendo un mercado principalmente con vino a granel de bajo precio que, obviamente, puede ser rentable con modelos de producción de alto rendimiento.

Lo que no sé es cómo va a condicionar esta convivencia el nuevo modelo de autorización de plantaciones que, si entendí bien al director, se apoya en: aumento controlado de la superficie productiva, (máximo del 1% de la superficie nacional), que no liberalización (creo que la preferiría frente al nuevo sistema); posibilidad de limitar justificadamente las nuevas plantaciones en las zonas con D.O.P. para producir vino con D.O.P., pero no para producir vino sin indicación geográfica y posibilitad de replantar en una zona D.O.P. viñedo de cualquier procedencia para producir vino sin indicación geográfica. Si este escenario se confirma cuando se publiquen los reglamentos comunitarios previos al real decreto español en el que se concretará el nuevo sistema de autorizaciones, es muy probable que en unos años los viticultores de la D.O.Ca. Rioja, o de cualquier otra, produzcan vino que irá al mercado como D.O.Ca. y vino que irá sin indicación geográfica, algo que hasta ahora aquí no ha sido posible.

Esta probabilidad aumentará considerablemente si se asienta la idea de que después de 2030 las producciones de las viñas plantadas con autorización administrativa en territorio D.O.P. para producir vino sin indicación geográfica, podrán inscribirse para producir vino con D.O.P.

Después de estas observaciones, me permito una especulación final: el escenario puede complicarse si de ahora al 2030, se modifica el marco legislativo de forma que el vino producido en territorio de una D.O.P., incluso a partir de una de las variedades propias de la denominación, pero que va al mercado como vino sin indicación, pueda ser embotellado y etiquetado indicando su procedencia con referencia al nombre de la región de la que lo toma la D.O.P.

Estas son algunas de las cuestiones sobre las que decía, al principio, que el sector podría hacer una reflexión profunda y un debate pausado, debate que puede concretarse de muy diversas formas, por ejemplo dando respuestas a preguntas como las ya planteadas que tanto sirven a nivel nacional como regional, u a otras específicas de la D.O.Ca, como por ejemplo: qué plus de control le exigirá el nuevo escenario a la D.O.Ca. Rioja y qué estrategia comercial se puede implementar para absorber si se produce después de 2030, la inscripción como viñedo de la D.O.Ca. todo el plantado en territorio de la denominación para producir vino sin indicación (lo dicho para esta denominación sirve para cualquiera otra).

Ahora bien, puede ser que todo esto que acabo de escribir parta de un profundo error por mi parte debido a que entendí mal lo que el director nos contó, lo que justificaría sobradamente que al sector todo esto no le interese lo más mínimo (no ignoro la gran diversidad que existe dentro del propio sector) y que, efectivamente, lo que procedía plantear el otro día al director general era, ni más ni menos, que todas esas preocupaciones que se le expusieron tan acertadamente por parte de algunos representantes del sector. Si así es, disculpen las molestias y no hay más que hablar.

Tendencias mundiales en la venta de vino al por menor

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Foto: Messe Düsseldorf / C. Tillmann. (photo: Foto: Messe Düsseldorf / C. Tillmann.)

Foto: Messe Düsseldorf / C. Tillmann.

Los canales de venta al por menor, a través de los cuales se vende el vino a los consumidores finales, se hallan en un estado de cambio sin precedentes. Están cambiando los hábitos de compra, y esta circunstancia está remodelando la forma en que operan y comercian los minoristas, tanto en el sector del vino como de forma más general. La cuestión fundamental es cómo se manifiestan esos cambios en términos de tendencias observables en los mercados clave. ¿Qué canales ganan y cuáles pierden? ¿A qué minoristas les va mejor que a los demás? Y quizá la pregunta más importante de todas: ¿hay patrones discernibles en las tendencias de los canales en los distintos mercados que nos permitan extraer conclusiones más amplias sobre la forma en que se vende mundialmente el vino?

Bruselas sitúa en 165,3 Mhl (-8,8%) la producción de vino y mosto durante la campaña 2014/15 en la UE-28

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

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Tablas en pdf adjunto.

La Comisión Europea presentaba el pasado 10 de febrero en la reunión del Grupo de Diálogo Civil (GDC), anterior Comité Consultivo Vinos, una nueva previsión, a 5 febrero, de la producción vitivinícola en la UE-28, que rebajaba ligeramente en 1,4 millones de hectolitros la anterior del pasado mes de noviembre. La nueva cifra estimada por Bruselas es de 165,3 millones de hectolitros de producción vitivinícola, que supone un 8,8% y cerca de 16 millones menos que en la campaña anterior 2013/14, siendo también inferior en algo más del 1% y en 1,78 millones al volumen medio del último periodo quinquenal 2009/10-2013/14, como se observa en el cuadro adjunto.