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El honesto vino de cada día

 Publicado el por José Vicente Guillem (colaborador)

Hace tiempo, cuando el consumo de vino rondaba los 50 litros por habitante y año, en un foro se comentó que el descenso del consumo “terminaría cuando volviera el honesto vino de cada día”. Risas, codazos y miradas dieron respuesta a tan acertada opinión, sobre todo en el momento actual, con medias de con consumo por bajo de 20 litros por habitante y año.
Durante todo este tiempo se han sucedido diagnósticos, estudios, encuestas, ensayos, etc., tratando de alcanzar el mejor vino para el cliente más adecuado.
El gran esfuerzo en todos los campos ha ido de la mano de los vinos de calidad con D.O.P., en detrimento de los vinos de mesa, en la exaltación de los vinos de elite, el consumo culto, los vinos estructurados, etc., sin resultados satisfactorios en cuanto al incremento de consumo se refiere.
El vino como “estilo de vida”, cuaja muy lentamente. “Se bebe menos pero se bebe mejor” no compensa los esfuerzos sectoriales y “el vino con moderación” no es suficiente y le falta el apoyo de las voluntades no solo políticas. Algo falla y sobre todo alguna cosa no se esta haciendo de forma correcta para salir del declinar.
En “Impresiones de la Semana” (SeVi), Salvador Manjón ha dedicado varias de las opiniones a la situación del sector bajo la óptica del consumo y generalizando y potenciando las opciones de un consumo moderado y responsable, sentando bases para ampliación de la cultura del vino, cuya realidad nadie cuestiona.
Alice Feiring (EE.UU.), en el 5º Foro de Marketing de vinos en La Rioja, dijo: “Los consumidores buscamos vinos honestos que nos transporten al paisaje, la comida y las gentes del territorio del que provienen. Vinos reales frente a los vinos comerciales”. Esta opinión contrasta con otras procedentes del sector pero puede ser enriquecedora
Otra opinión autorizada, Andrés Proensa, escribe: “No voy a hablar de batallas perdidas, por que cuando uno las pierde todas, ya debe hablarse de guerra perdida y eso me pasa con el vino de la casa, con cierta regularidad saco a relucir este escabroso asunto y, como es lógico nadie me hace ni puñetero caso”. Nadie debe dejar de luchar por algo en lo que cree.
Últimamente José Hidalgo, en línea con lo que Luis Hidalgo opinaba, declaraba: “Uno de los problemas que tenemos hoy en día es que las bodegas hacemos vinos para críticos, muy complejos, muy estructurados, pero realmente como esta bueno el vino es comiendo y disfrutando de él, que se beba fácil”.
Rafael de Michelena en más de una ocasión se ha pronunciado sobre los tipos de vino, los perfiles idóneos y opciones de consumo, relacionando la facilidad del consumo con la agilidad de llegar a la copa y seguir disfrutando con el vino, con la siguiente copa.
Opiniones y líneas editoriales que permiten reflexionar sobre “el honesto vino de cada día”, como aquel tipo de vino con perfil y características definidas que acompañe a la mesa todos los días, forme parte de la alimentación, ayude a la gastronomía, complemente la dieta y proporcione ese grado de satisfacción que solo un vaso de buen vino es capaz de trasmitir.
Cuentan las crónicas que en la antigua Mesopotamia el vino alcanzaba un ritual social cada vez más elaborado y formal llegando a ser sinónimo de poder, prosperidad y privilegio, siendo todo un modelo cultural en una sociedad, que con el tiempo entregó sus testimonios.
Posteriormente, culturas y civilizaciones han incorporado “la viña y el vino” al acerbo común que significa que el producto ocupa un lugar en el hecho diferencial alimentario como tal y como placer, dieta, sensaciones, etc. y todo ello para especial deleite del consumidor. “Ponga usted un vino en su mesa y después solicite su comida”, parecía ser el anuncio en muchas comunidades y en determinados tiempos.
En nuestra niñez era importante al “poner la mesa” incorporar la cesta del pan, el jarro de agua, la botella de vino y las vinagreras y conforme se alcanzaba la edad era frecuente que se combinará agua (o gaseosa) y vino, con expresiones claras de las edades y momentos. En determinados tiempos era el componente del festín, del dialogo, de la relación de convivencia y la celebración.
En los “tiempos modernos” determinados hábitos se han desdibujado y han ido desapareciendo, hasta su no posible realización (cambios de ritmo, prisas, ocupaciones, conceptos alimentarios, etc.) pero siempre queda aquello que siendo útil era importante y formaba parte del quehacer diario. Quizá por ello las sociedades modernas incorporan en sus formas y estilos de vida el concepto de vino.
Es importante destacar la presencia del vino en los nuevos hábitos alimentarios y la potenciación del mismo bajo las formas humildes, moderadas, inteligentes, sencillas y modestas como hilo conductor y, no solo, fomentar el consumo elitista, culto, erudito, mediático y conducido para ampliar las bases de amantes reales del vino.
Se podrá alegar el cambio de modelos (familia, trabajo, comida, etc.), de hábitos (unión en torno a la comida principal, la llamada al regazo, etc.), las costumbres (horarios, dieta, etc.), el momento de crisis económica, las dinámicas sociales (favor, contra, promoción o no, etc.), las casualidades, etc., pero siempre deberá existir el momento de compartir un vaso de vino.
El honesto vino de cada día, no es o era una fácil elección, porque siempre ha sido fruto de una credibilidad, una confianza o conocimiento, además de poseer una relación calidad/precio ajustada y combinar de forma precisa con el sistema de comida del consumidor. Una de las preocupaciones del tabernero o del bodeguero ha sido poder ofrecer un vino digno, asequible y de confianza para representar, en cierta medida la imagen de su oficio y su reputación ante el cliente.
El honesto vino de cada día era/es fruto de una selección basada en el conocimiento, una decisión que se soporta en la confianza y, posiblemente un acierto que se alcanza por tiempo de fidelidad, después viene aquello del gusto del cliente, el origen, las raíces, la calidad/precio, la proximidad de la bodega, la atención al cliente, etc.
No será fácil volver a consumir 80 litros por habitante y año, de los críticos y cualitativos 70 litros, ni los 35 litros/habitante de los boyantes 90, por una serie de razones sociales, comerciales, competencias varias, campañas anti, problemas de adaptación a los nuevos tiempos, etc. Pero el gran esfuerzo del sector por la calidad y credibilidad no se merece los ratios actuales y la desconfianza generada tanto a nivel de producción, de transformación y comercio.
Algo se deberá hacer para salir del abismo y no quedarse en meras cifras estadísticas, referencia de observatorios, o caer en la rutina social y una de las estrategias a desarrollar debería ser volver a disponer del honesto vino de cada día, o poner una copa de vino en su comida, o dar las gracias por acontecimientos favorables de la sociedad con una copa de buen vino.
Hace poco se ha presentado una iniciativa que, sin ser por sí sola la solución puede resultar importante. Me refiero a la campaña “Quien sabe beber, sabe vivir”, esfuerzo importante no solo económico, sino de compromiso entre la FEV, la CECRV, el Ministerio de Agricultura y la Comisión Europea y por su significado de romper moldes ante entornos hostiles al sector vitivinícola.
Habrá que tratar y otorgarle a la viña y al vino, en el s. XXI, un valor en la sociedad e invitar a todos los que lo conocen a actuar en consecuencia, volviendo a incorporar una copa del honesto vino de cada día en la mesa.
Aunque solo sea por devolver “al vino lo que es del vino” o por aquello de la “importante contribución de la vitivinicultura a la economía agraria, al empleo, a los territorios y su destacado papel en el asentamiento de la población”.
 

Cada 7 dias 04-04-13

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Precios del aceite 04-04-13

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Caracterización de materiales del olivo: Cuquillos (Lechín, Lechín de Granada)

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Denominación confusa y, sin duda, muy diversificada, con numerosas sinonimias que pueden inducir a errores o a agrupar en esta denominación materiales vegetales muy distintos, unos de aceituna redonda y otros de aceitunas alargadas, todas ellas de pequeñas a muy pequeñas y aptas para aderezo en negro, siendo muy apreciadas como aceitunas de mesa y también para aceite, que es de altísima calidad.
Si buscamos antecedentes históricos en Rojo (1840) y Rojas Clemente (1815) solo podemos asimilar los Cuquillos y no muy claramente a la oliva Tachuna (Olea europaea ovalis, Clemente) cultivada en Aguilar (Córdoba) de la que ambos dicen que tiene las hojas pequeñas y pequeño el fruto, que es aovado y da muy buen aceite. Lo que no supone que se corresponda con los Cuquillos actuales estudiados.
Rojo (1840) en el apartado “de las especies ó variedades de olivo” ya menciona “la necesidad de arreglar la sinonimia de las preciosísimas y numerosas especies ó variedades de olivos que vejetan en España, coordinando un tratado completo de sus descripciones, como lo hizo Duhamel de las castas en Francia” y sigue: “el gobierno debería comisionar… para recoger en nuestros reinos y provincias los olivos que se cultivan para examinarlos por sus flores, hojas y raíces, etc. compararlas con otras y así dar a cada una el nombre que más conviniese, nos entenderíamos fácilmente”. Añade: “es cierto que en cada distrito se conoce la variedad de olivo que produce más y/o da mejor aceite entre las que se cultivan en él”.

Cada 7 dias 13-03-13

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