La paradoja nacional entre los múltiples valores del vino y su reducido consumo en España

 Publicado el Por Alfredo López

La Asociación Parlamentaria por la Cultura de la Viña y el Vino organizó el pasado 8 de mayo en el Congreso de los Diputados una mesa redonda en la que se hizo hincapié en el arraigo popular y en los diversos valores con los que cuenta el vino desde el punto de vista social, económico, histórico, cultural, artístico y defensa del medioambiente y la biodiversidad.
En esta mesa redonda, además de los portavoces parlamentarios de la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados, disertaron Carlos Delgado, escritor y crítico del vino en ‘El País’ y en otras publicaciones; Eduardo Muga, presidente de la Fundación para la Cultura del Vino (FCV) y el ganadero y también productor de vino, Victorino Martín.
El portavoz del Grupo Popular, José Cruz Pérez Lapazarán, recordó que esta Asociación inició su andadura en el pasado mes de diciembre con la intención de impulsar el vino y transmitir a los ciudadanos el potencial enológico de nuestro país.
Lapazarán volvió a incidir en que se ha pasado de ser un país en el que vino formaba parte de la cultura más ancestral y en el que su consumo era habitual, a ser un país consumidor más, pero incluso por debajo de países sin tradición, como Suecia, Reino Unido, Holanda o Alemania.
A pesar de que el vino es un importante agente dinamizador de la economía española, con la mayor superficie mundial de viñedo y una facturación total superior a los 5.000 millones de euros, su consumo “per cápita” no supera los 16 litros por habitante, frente a los 30 litros de media europea.
Por eso, descifrar y combatir lo que podría denominarse ya como la “paradoja española” es uno de los objetivos de la Asociación para la Cultura de la Viña y el Vino, que se ha propuesto organizar debates periódicos en torno al vino y su cultura, intentando acortar distancias entre el sector y los consumidores, especialmente los más jóvenes.
Cuestión de Estado
El primero en intervenir fue Calos Delgado, que se autodefinió como un “viejo evangelista del vino”, no se anduvo por las ramas al exponer la contradicción que supone que en España se haya construido toda una amplia cultura en torno al vino, en el arte, el pensamiento y las relaciones sociales y, sin embargo, se beba menos que en Australia o la misma cantidad per cápita que en Canadá.
Delgado defendió que el vino en España debería ser una “cuestión de Estado” por la multitud de implicaciones que tiene para la sociedad, el arte o la cultura, y como instrumento de socialización, a través de la gastronomía o las relaciones sociales, y una necesidad de nuestra sociedad, como parte de nuestra identidad, que debe ser tratada como en otros países, caso de Francia o Italia, donde esta bebida está siempre presente en su vida cotidiana.
También lamentó el hecho de que en nuestro país “nunca hemos hecho mejores vinos, con una gama de precios tan amplia y una calidad tan sensacional y, sin embargo, el consumo ha venido cayendo año tras año y está ya muy por debajo de la media europea”.
Por lo tanto, añadió, el problema es posible que no sea la calidad de los vinos, sino en el cambio de valores y de hábitos sociales, puesto que la costumbre o la práctica del consumo del vino se iniciaba en la familia, en la comida, en la mesa del hogar, que era el momento inicial más importante de la socialización de esta bebida y, en gran parte, se ha perdido.
Delgado hizo también referencia al factor de defensa medioambiental y la biodiversidad del viñedo y a su oposición al arranque de vides, que de seguir convertiría a nuestro país en un desierto.
Ya en la mesa redonda, Delgado reivindicó, como viene años pidiendo, una asignatura de educación sensorial, en la que desde edad infantil se enseñase a los niños la importancia del disfrute de la alimentación desde todos los sentidos.
Por su parte, el actual presidente de la Fundación para la Cultura del Vino y miembro en su tercera generación de las Bodegas Muga, Eduardo Muga, subrayó la necesidad de transmitir al público todos los valores positivos asociados al vino, desde su riqueza varietal y tipos de vino, unidos al paisaje, al turismo y la gastronomía, como elemento de conversación, inspirador para muchos artistas, vinculado a la economía y al tejido industrial propio y auxiliar, a la cultura desde tiempos ancestrales (egipcios) y al arte.
Muga se interrogó sobre qué hacer para hacer más interesante el mundo del vino entre los consumidores, sobre todo los más jóvenes, y se contestó sobre la necesidad de destinar más recursos a formación e información, a adaptarse sin complejos a los gustos de los clientes y a las tendencias del mercado, a explorar nuevos elementos de comunicación (redes sociales, internet, etc.).
Por último, el ganadero de toros de lidia y productor de vino, Victorino Martín, vino a reivindicar la necesidad de salvaguardar las tradiciones y las raíces de la cultura del vino, la defensa de una cultura, de una identidad y de un territorio. Hizo hincapié en las enormes similitudes que existen entre la defensa del toro bravo y el vino, en cuanto a la defensa de las variedades de uva y la genética de estos animales, el ecosistema, el paisaje y la defensa del medio ambiente, la cultura y el turismo que existe en su alrededor…etcétera.
El primer debate de la Asociación Parlamentaria por la Cultura de la Viña y el Vino hizo referencia sobre los lazos entre gastronomía y vino. El próximo 22 de mayo está previsto que celebre un tercer encuentro relativo a la campaña europea “Wine in Moderation”.
Además, la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados aprobó en noviembre la declaración institucional en la que respalda que la “Cultura del Vino” sea declarada Patrimonio inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
 


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