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Los precios medios percibidos por los vitivinicultores bajaron en 2019 tras aumentar la oferta en el año anterior

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Tras la fuerte remontada de los precios percibidos por los productores de vino y mosto a granel sobre bodega durante 2018, el año pasado volvieron las rebajas, como consecuencia del incremento de la oferta productiva de vino y mosto, que superó en la vendimia de otoño del año anterior los 50,3 millones hectolitros, según el Ministerio de Agricultura.

En 2015, esta producción sumó algo más de 43,26 Mhl, un año después, en 2016, fue de 44,22 millones; en 2017 alcanzó 35,93 Mhl; en 2018, casi 50,36 Mhl, que es la que se tiene en cuenta ahora en este registro, y en el otoño del pasado año volvió abajar a 37,65 millones, según los datos del MAPA, que incluye además de la elaboración de vino, la producción de mostos concentrados y los mostos parcialmente fermentados, convertidos a mosto natural y la de vino y mosto de los pequeños productores para consumo, no sujetos a la obligación de presentar declaraciones de producción.

Así, en vino blanco, el precio medio anual percibido por el vitivinicultor durante 2019 fue de 40,50 €/100 litros, con un descenso de casi el 22% y de 11,35 €/100 litros respecto al año anterior, cuando alcanzó de media los 51,85 €/100 litros, y un 12,6% inferior también al precio medio percibido en 2017 (46,33/100 l).

En vino nuevo tinto/rosado/clarete, el precio medio percibido por el vitivinicultor sobre bodega se redujo también de forma considerable en un 22,8% y en 18,35 €/100 litros, hasta quedar en 62,23 €/100 litro, un importe medio que es, por el contrario, un 12,4% y de 6,86 €/100 litro superior a la media del año 2017 (55,37 €/100 l.).

Por último, el precio medio anual percibido por los productos de mosto de consumo directo en 2019 fue de apenas 30,37 €/100 litros, un 9,4% y 3,14 €/100 litros menos que en el año anterior, aunque bajó un 26,1% y en 10,71€/100 litros en relación al año 2017 (41,08 €/100 l).

Precios percibidos por los vitivinicultores a granel sobre bodega.

Producto

2017

2018

2019

(%) 19/18

(%) 19/17

Vino blanco (€/100 litros)

46,33

51,85

40,50

-21,9%

-12,6%

Vino nuevo tinto/rosado-clarete (€/100 l)

55,37

80,58

62,23

-22,8%

+12,4%

Mosto consumo directo (€/100 l)

41,08

33,51

30,37

-9,4%

-26,1%

Fuente: MAPA. Año base: 2015 = 100.

Tomando como base de referencia igual a 100 el año 2015, los precios medios percibidos por los productores de vino y mosto en 2019 registran incrementos desde entonces de un 34,86%, según el Ministerio de Agricultura, bastante por encima de la media del índice general, que bajó un 1,39 puntos porcentuales respecto al índice base 100 de 2015, que quedó en el 98,61 % y del índice de los precios percibidos por el conjunto de los productos agrícolas, que fue un 5,38 puntos inferior, quedando en un 94,62% sobre dicho índice.

Índice de precios percibidos por los agricultores.

Producto

2017 (%)

2018 (%)

2019 (%)

Vino y mosto

143,79

158,65

134,86

P. Agrícolas

102,64

103,54

94,62

P. Animales

104,67

101,96

104,22

P. Ganaderos

106,62

102,75

106,15

General de Precios Percibidos

103,48

102,89

98,61

Fuente: MAPA. Año base 2015 = 100

Por último, los salarios medios nacionales de los trabajadores en algunas de las actividades laborales más relacionadas directamente con el sector, como la poda y la vendimia, se mantuvieron durante 2019 en mayor o menor grado bastante estables.

En la vendimia, el salario medio fue el pasado año de 50,10 € por día, apenas un 0,3% más bajo que en 2018, pero un 2,5% más alto que en el año precedente de 2017, cuando fue de 48,88€/día de media.

En la poda, una actividad que requiere de mayor especialización técnica, propia también de otros cultivos leñosos, se registraron salarios medios de 53,09 €/día en 2019, un 1,7% por encima del año anterior (52,22 €/día) y apenas un 0,4% más que los 52,88 €/día de 2017.

Mientras que la vendimia perdió ligeramente algo de poder adquisitivo sobre 2018, aunque no sobre 2017, en la poda continuó el aumento progresivo en estos últimos tres años y la previsión es que lo siga haciendo en los venideros por la falta de suficiente mano de obra al respecto y el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en estos dos últimos años con carácter general, que afectará lógicamente a un aumento del coste laboral de las explotaciones agrarias.

Salarios medios nacional (€/día)

Trabajo

2017

2018

2019

(%) 19/18

(%) 19/17

Vendimia

48,88

50,24

50,10

-0,3%

+2,5%

Poda

52,88

52,22

53,09

+1,7%

+0,4%

Fuente: MAPA.

Índices de salarios agrarios

Trabajo

2017 (%)

2018 (%)

2019 (%)

Vendimia

365,32

375,49

374,44

Poda

388,82

383,97

390,37

Índice General

384,59

382,63

388,87

Fuente: MAPA. Año base 1985=100.

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El MAPA acuerda distribuir casi 66,6 M€ entre las CC.AA. para promoción del vino del PASVE 2021

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El Ministerio de Agricultura acordó con las Comunidades Autónomas adelantar la distribución de los fondos comunitarios del FEAGA para la medida de promoción del vino en mercados de terceros países del ejercicio financiero 2021 (que se inicia el próximo 16 de octubre de 2020 en toda la UE), en el marco del Programa de Apoyo al Sector Vitivinícola (PASVE) 2019-2023.

Se trata, en concreto de una partida de 66.578.245 euros, tras aprobarse la lista definitiva de acciones y programas presentados por parte del sector vitivinícola español, a la espera de ver también cómo evoluciona la situación de crisis sanitaria y económica, provocada por la expansión mundial del Covid-19.

Hay que incidir en que las actuales medidas de promoción del vino del PASVE 2020 están afectadas en gran parte de sus actividades de ejecución (o, mejor, dicho, en su no ejecución), como ya avanzó SeVi, por la declaración motivada de causa de fuerza mayor desde el 31 de enero hasta la conclusión al menos del estado de alarma y la reapertura de las fronteras exteriores, así como por las restricciones en el movimiento de personas y bienes.

En la práctica, eso impide llevar a cabo las acciones de información y promoción previstas en los países terceros de destino que estén afectados por el Covid-19, es decir, prácticamente en todos, y justifica en esta situación excepcional la aplicación inmediata de medidas (plazos, porcentajes y justificación de gastos, avales de garantía, cumplimiento de las acciones, modificación de acciones y destinos, etc.) que salvaguarden a las empresas de los efectos adversos en los que se ven sometidos los beneficiaros de los programas, por no poderlos realizar en su totalidad en los mercados de destino.

Aunque ahora se ha decidió avanzar en el reparto de los fondos comunitarios del PASVE 2021, ni MAPA, ni CC.AA. descartan que este ámbito de aplicación extraordinario por causa de fuerza mayor del PASVE 2020 pueda verse ampliado a los nuevos programas del ejercicio FEAGA 2021, si las circunstancias de los mercados se ven alteradas, tras la reapertura de las fronteras y la libre circulación de personas y mercancías.

Mayor cofinanciación

La medida de promoción del vino en terceros países del PASVE 2021 contará con una cofinanciación del 60% de su coste total es decir, el 40% lo tendrá que poner el propio sector, frente al 50% que era lo más habitual en los programas anteriores.

MAPA y CC.AA. acordaron una selección definitiva de 1.000 programas seleccionados, que fueron aprobados mediante acuerdo de la Comisión Nacional de Selección de Programas correspondiente al ejercicio FEAGA 2021.

Los programas de promoción de vino en mercados de terceros países, como es conocido, persiguen fomentar el conocimiento de las características y cualidades de los vinos españoles para mejorar su posición competitiva, consolidación o, en su caso, la apertura de nuevos mercados.

Como viene siendo habitual, Cataluña ha sido la Comunidad que más programas de promoción ha presentado y aprobado, con 438 (43,8% del total), seguido de lejos por Castilla y León, con 124 programas seleccionados (12,4%), Andalucía, con 90 (9%); Castilla-La Mancha, con 79 (7,9%), La Rioja, con 73 (7,3%), etcétera.

Sin embargo, es el País Vasco, la Comunidad que contará con más presupuesto del FEAGA comunitario. En concreto, con 12,33 M€ (18,5%), seguido de Cataluña, con 10,15 M€ (15,2%), La Rioja, con 8,43 M€ (12,7%), etcétera.

A la cola figura, Extremadura, la segunda región vitivinícola en volumen, con apenas 3 programas y una financiación comunitaria prevista de 132.573 euros, así como Canarias, con 4 programas y solo 75.755 euros de financiación.

Hay que destacar la existencia de 3 programas aprobados de organismos públicos nacionales, que el MAPA no describe cuáles son, con una financiación FEAGA de 839.400 euros, pero que podía referirse al ICEX España y a la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE).

 

Distribución de fondos FEAGA de la medida de promoción de vino. PASVE 2021

CC.AA.

Nº programas

(%) s/total

Presupuesto FEAGA (€)

(%) s/total

Andalucía

90

9,0%

4.049.168

6,1%

Aragón

22

2,2%

4.313.871

6,5%

Canarias

4

0,4%

75.755

0,1%

Castilla y León

124

12,4%

8.826.179

13,3%

Castilla-La Mancha

79

7,9%

4.020.414

6,0%

Cataluña

438

43,8%

10.146.675

15,2%

Extremadura

3

0,3%

132.573

0,2%

Galicia

19

1,9%

1.345.072

2,0%

La Rioja

73

7,3%

8.432.557

12,7%

Com. Madrid

36

3,6%

2.946.453

4,4%

Reg. Murcia

23

2,3%

3.471.535

5,2%

C.F. de Navarra

19

1,9%

1.430.657

2,1%

País Vasco

30

3,0%

12.330.588

18,5%

C. Valenciana

37

3,7%

4.216.348

6,3%

O.P. Nacional

3

0,3%

839.400

1,3%

Total

1.000

100,0%

66.578.245

100,0%

Fuente: Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural. MAPA/CC.AA. de 30 de abril de 2020.

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El consumo de vino en hogares crece por encima de la media de alimentos durante el confinamiento

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

 (photo: )

Con datos de la semana 16 (del 13 al 19 de abril), el consumo de vino en hogares se incrementó un 51,8% respecto a la misma semana del ejercicio 2019, según datos de consumo alimentario del Ministerio. Supone que el vino (y bebidas derivadas del vino) ha visto incrementado su consumo por encima del total de compras de alimentación (+50,6%), a pesar de que su tasa de crecimiento se ha suavizado respecto a semanas previas.

Para tener un poco de perspectiva, es conveniente constatar que en la semana 11 (9 al 15 de marzo) previa, en su mayoría, al confinamiento, la categoría de vinos y bebidas derivadas presentaba también cifras positivas (+6,85 de incremento respecto a la misma semana de 2019). No obstante, el establecimiento del estado de alarma, a partir del 14 de marzo, y el cierre del canal Horeca propició que parte del consumo extradoméstico se derivara hacia el de alimentación, con incrementos muy marcados (llegando al +73,4% en la semana del 6 al 12 de abril).

A pesar de este fuerte aumento, es necesario resaltar que el consumo en hogares no está compensando, ni mucho menos, el cierre de la restauración. De hecho, según un reciente cuestionario que la Federación Española del Vino (FEV) ha realizado entre sus asociados, el 100% de las bodegas manifiestan haberse visto afectadas por la situación generada por el Covid-19; el 33,7% señala que se ha visto afectado muy gravemente, el 32,6% gravemente, el 29,5% dice que su afección es bastante y solo un 4,2 afirma haberse visto afectado poco por la coyuntura actual. Aquellas bodegas de menor tamaño y diversificación son las que mayor impacto han sufrido.

De hecho, datos que maneja la FEV señalan que el vino español presenta una fuerte dependencia del canal Horeca (supone el 61,3% de la facturación total de las bodegas consultadas, sumando lo que se destina a Horeca en mercado nacional y Horeca en exportación, que también se encuentra básicamente paralizado en los principales destinos).

Por el momento, el 85,3% manifestó seguir con su actividad productiva (aunque no a su máxima capacidad y muchas de ellas con medidas laborales para adecuarse a la situación, algunas de ellas con ERTEs), mientras que un 14,7% ha cesado su actividad temporalmente.

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El sector vitivinícola español ante un futuro incierto

 Publicado el por Ramon Viader (colaborador)

En estos días, aparecen en los medios de comunicación diversas noticias preocupantes para el vino español. Tenemos en España un exceso de vino en las bodegas como consecuencia de una disminución de las ventas por el cierre del canal Horeca, principalmente. Con menor incidencia, las exportaciones. Ante esta situación, algunos actores del sector apuestan por reducir la cosecha de uva de este año entre un 15% y un 25%.

Puede parecer mucho, puede parecer poco. A mí, me parece un apaño más de los que históricamente vienen haciéndose en este bendito país.

Dice el refrán, “de aquellos polvos esos lodos” y es que estamos donde estamos por una gran falta de planificación, de visión de futuro.

En 1991, cuando Miguel A. Torres tuvo la acertada idea de fundar FIVIN, no dudé en brindarle mi incondicional apoyo, como lo hizo el Dr. Santiago Dexeus y también Horacio Sáenz Guerrero, en aquel entonces, director de ‘La Vanguardia’. Los tres constituimos la primera junta directiva con el apoyo moral y económico de diversas entidades del sector y muchas bodegas. También, de la Administración.

El propósito de FIVIN era conseguir los medios científicos necesarios para averiguar las propiedades saludables del vino y también sus posibles efectos adversos y, una vez conocidos, hacerlos llegar a los médicos y al gran público. Este interés nacía como respuesta a las campañas antialcohol que se promovían con notable aceleración y difusión por todo el país. Estas campañas tuvieron como consecuencia una disminución del consumo de vino, no solo en España sino en casi todo el mundo. Fue un primer aviso.

Desde entonces, la labor de FIVIN ha sido encomiable y creo firmemente, que el objetivo se cumplió y se mantiene. Gracias a estos esfuerzos, la caída del consumo no solo se frenó, sino que se consiguió que muchos médicos evitaran desaconsejar, incluso prohibir, el consumo de vino.

El notable aumento del mercado exterior aportó gran ilusión y pareció que la producción de vino tendría un crecimiento importante y sostenido en el tiempo. Y así fue durante unos años. Pronto nos dimos cuenta de que no estábamos solos en el mercado y que ciertos países cuyas producciones tradicionalmente apenas alcanzaban para cubrir su demanda interior, las aumentaron hasta llegar a convertirse en exportadores. Me refiero singularmente, a EE.UU., Argentina y Chile. Los elevados rendimientos de sus viñedos, generaron producciones asimismo elevadas y, por lo tanto, una disminución de los costes de producción. En consecuencia, llegaron al mercado internacional vinos con precios de venta público muy moderados, muy competitivos.

Mientras, en España, seguíamos y seguimos todavía, con el viejo mantra de que la producción y la calidad son incompatibles. De este modo se ha condenado al viticultor a una situación de subsistencia por los pobres rendimientos de sus viñedos. También ayudaron, el minifundismo propio de los países mediterráneos y los bajos precios de la uva. Si comparamos, por ejemplo, el Prosecco con el Cava, en el primero se obtienen el doble de kilos de uva por hectárea y su precio es también del doble que el nuestro. Ante este panorama no es de extrañar el paulatino abandono del viñedo por parte del pequeño agricultor. La mecanización, desde luego imprescindible, permitió el surgir de grandes explotaciones propiedad de bodegas que adquirieron viñedos a los que habían decidido abandonar su cultivo. Una de las consecuencias negativas de esta situación ha sido la falta de mano de obra cualificada. Es el caso de los podadores.

Ocurrió que las primeras bodegas que se lanzaron de manera importante a la exportación lo hicieron ofreciendo vinos a bajo precio. Era más fácil y más rápido entrar con este argumento. El Cava es el ejemplo paradigmático de ello. Constituir una marca y consolidarla cuesta mucho tiempo y dinero, pero también conocimiento, estrategia y calidad de producto. No me refiero a la calidad intrínseca de nuestros vinos que, sin duda la tienen, sino a su imagen de producto singular, diferenciado por su origen geográfico y por sus viníferas. Con ello, con tiempo y esfuerzo, se gana el prestigio. En eso, franceses e italianos han sido maestros indiscutibles. Debimos haber aprendido de ellos. Si acaso, no hemos aprendido bien al imitar sus vinos de Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay, etc. Ahora nos encontramos en un mercado mundial saturado de variedades francesas. Nosotros, con nuestros vinos, no aportamos nada nuevo ni original. Y, además, a precio inferior al de nuestros prestigiados vecinos. Un precio inferior que repercute directa y negativamente sobre su margen comercial y de explotación. Cuando un producto se afianza en los mercados se establece automáticamente un precio de referencia. Un precio que muy difícilmente podrá en futuro modificarse al alza. Tal es nuestra situación.

Me resulta evidente que si se hubiera optado por valorar convenientemente la uva en su origen no hubiera sido posible ofrecer vinos a precios tan modestos. Es el caso de denominaciones de origen de mucho prestigio como Borgoña, Burdeos, Champagne, Piamonte, Montalcino, etc. Asimismo, el agricultor habría podido dedicar mejores esfuerzos al viñedo y ver justamente recompensado su trabajo. Un trabajo, digámoslo de paso, no exento de riesgo como cuando las inclemencias meteorológicas merman gravemente el trabajo de todo un año. El agricultor, de este modo imperativo, ya colabora periódicamente en cierto modo a la regulación de existencias. Tristemente, en el escandallo de una botella de vino lo que menos importa es el coste del vino.

Hemos tenido una mala planificación de la política de plantaciones y mientras veíamos el empobrecimiento de los agricultores, asistíamos impertérritos a la transformación del viñedo en solares industriales. El arranque definitivo de muchas hectáreas no se aprovechó para regularizar paulatinamente el sector. Recientemente, hemos asistido a disputas regionales por las autorizaciones de nuevas plantaciones, en la D.O.P. Cava, por ejemplo. Tenemos excedentes, pero solicitamos nuevas plantaciones. No somos capaces de anteponer el bien común al particular de cada uno. Sería deseable que algunas DD.OO. revisaran sus pliegos de condiciones, sus competencias y actuaciones.

Tampoco ha ayudado nada la política de subvenciones. El sector vinícola ha vivido siempre prácticamente subvencionado. No solo desde España, sino también desde Europa. Por definición, un sector que precisa subvenciones continuas no es un sector sostenible. Esta palabra, ahora tan de moda, parece que solo la utilizamos desde el punto de vista medioambiental cuando, en primera instancia, debería aplicarse a la sostenibilidad del modelo de negocio. Podemos aceptar ayudas puntuales para favorecer iniciativas creativas y de jóvenes que desean seguir en la industria agroalimentaria. Las ayudas indiscriminadas como las habidas hasta hoy mismo no son deseables desde diversos puntos de vista socioeconómicos. En España, algunos sectores no han tenido otro remedio que funcionar fuertemente subvencionados. Es el caso de la minería en general y del carbón en particular. Esto es así porque las materias primas no admiten valor añadido algo que si ocurre con los productos manufacturados.

No es sostenible, ni mucho menos socialmente justo, malbaratar el dinero público en obras innecesarias, en bodegas muy lujosas, en equipos sobredimensionados, en planes de expansión realizados antes de que haya surgido la necesidad. Es un dinero que no genera riqueza y que difícilmente retorna a la sociedad, su finalidad última. Recuerdo ahora a Díaz-Plaja en su obra “El español y los siete pecados capitales”. Ni más ni menos. El dinero malbaratado en muchas infaustas subvenciones sería ahora una buena ayuda para capear el temporal. Para eso debe de servir el dinero, para eso una empresa bien gestionada debe generar reservas y, de este modo, apuntalar su solidez. Uno de los puntales de la sostenibilidad. Muchas bodegas, gracias en parte a las subvenciones se han transformado en “museos”, monumentos arquitectónicos, hoteles y/o restaurantes de lujo, palacetes, etc., inversiones totalmente alejadas del objeto de la ayuda pública. No niego que en algún caso se hayan convertido en un atractivo turístico, pero, como digo, no es esta la finalidad de la subvención.

Tocan ahora dos cosas. La primera, planificar seriamente el futuro del sector a medio y largo plazo fijando objetivos claros y realizables. La segunda, solucionar el hoy y el dramático mañana que se nos viene encima.

Empezando por lo segundo, y como he dicho al inicio de este escrito, reducir la producción no resolverá nada. Por desgracia, el problema del mercado, no estriba en un 15, 20 o 25% del volumen. Ojalá. Además, de aquí a fin de año, es muy plausible un descenso de las ventas de un 30% si tenemos en cuenta, además, el impacto negativo en el consumo por el turismo que no vendrá.

Tenemos un problema estructural y endémico que no resolveremos con este apaño. Imponer una reducción de la cosecha, gravita de nuevo sobre la economía del más débil, el agricultor. Esta propuesta de reducción no se verá trasladada a los costes finales pues en estas fechas ya se han realizado muchas actuaciones en el cultivo. Tampoco provocará una reducción sensible de los costes de la próxima vendimia. Y, por el momento, para el año que viene, nadie se atreve a pronosticar. No obstante, parece obvio que el consumo de vino caminará con bastante paralelismo a la lenta recuperación económica.

Hoy en día, tampoco sabemos qué cantidades ni que calidades obtendremos en cada D.O. Podría darse la paradoja de que tuviéramos una añada excepcional y obligaríamos al viticultor a tirar una uva que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado. Socialmente, del todo inaceptable e injusto. No olvidemos el hambre en el mundo. La uva es un fruto, un alimento.

Los excedentes de uva deberían destinarse a diversos productos derivados de la uva que pueden almacenarse, sea alcohol, zumos, MCR, etc. Como nota al margen, a consecuencia de la pandemia las ventas de alcohol se han disparado y este desinfectante seguirá usándose por muchos años. Otro asunto pendiente de revisión, son los impuestos sobre el alcohol.

Con referencia al alcohol y ligado con la sostenibilidad, la ecología circular, etc., no tengo conocimiento de que ninguna de las bodegas líderes en ecología hayan apostado por utilizar ampliamente el alcohol como combustible. En bastantes bodegas ya se utiliza la energía solar, incluso la geotérmica. Pero sería interesante explorar la viabilidad de la utilización del alcohol no solo para mover cualquier vehículo a motor (tractores incluidos) sino también para generar electricidad, calefacción o vapor. Brasil es un gran ejemplo de este aprovechamiento. Este año tocaría destilar y almacenar alcohol, y, con urgencia, dar salida al etanol reutilizándolo en nuestras bodegas.

Aprovecho para recordar a Taguchi cuando definió la “calidad” como “pérdidas mínimas para la sociedad”. Todo producto manufacturado genera inevitablemente algún desecho, algún reciclado. Desechos y reciclados impactan en el medioambiente y también en la cuenta de resultados de la empresa. Es hora de recordarlo, aprenderlo y practicarlo.

De cara a medio y largo plazo debemos tener en cuenta que el consumo de vino crecerá de modo muy moderado a escala mundial, pero no así en España, a partir de la salida de esta crisis. No obstante, lo hará en un delicado equilibrio pues el aumento de población no irá parejo al consumo de vino precisamente por las continuas campañas antialcohol y por el crecimiento, lento pero firme, de la población adicta a una dieta “saludable” · A corto, el consumo se verá reducido por la propia depleción económica generada por la pandemia que nos asola. Por lo tanto, por el momento no cabe esperar recuperación alguna.

En cuanto a nuevas plantaciones estimo que no debería haber ningún incremento de superficie pues ya estamos en una posición crítica tanto por los excedentes como por la necesaria modernización del viñedo. En este sentido, cabe recordar que España tiene el dudoso honor, desde siempre, de ostentar el liderazgo en superficie de viñedo a la par que ser el tercer país en producción. Hay que entender de una vez por todas que producción y calidad no son contrapuestos. Amplias experiencias en todo el mundo vitícola así lo han demostrado, pero en este país seguimos empeñados en ir a la cola. La viticultura tiene que ser rentable para el agricultor. Del mismo modo, la actividad agrícola de una bodega debe contemplarse como una empresa a parte que actúa de proveedor y que por lo tanto debe presentar anualmente un resultado positivo en la cuenta de explotación a la vez que un crecimiento sostenido. Como cualquier empresa. Si no adoptamos con firmeza este concepto seguiremos por un camino tortuoso que no nos llevará a ninguna parte. Como mucho, seguiremos donde estamos ahora, es decir, sin futuro.

En referencia a las viníferas debemos apostar claramente por el abandono de aquellas que están expandidas por todo el mundo y valorar nuestras autóctonas mejorándolas aún más, si cabe. El camino ante tanta competencia se encuentra en promocionar y vender nuestra singularidad y en gestionar nuestras bodegas con el objetivo de la sostenibilidad. Insisto, sostenibilidad entendida no solo como protección ambiental sino también como desarrollo social y crecimiento económico. ¿Quo Vadis?

A modo de resumen, unas ideas en clave de futuro para iniciarlas ahora:

1- Acotar la superficie de viñedo para ajustarla a las verdaderas necesidades.

2- Racionalizar la producción de uva mejorando su calidad a la par que una mejora en los rendimientos.

3- Establecer para la uva unos precios justos que hagan sostenible el trabajo agrícola.

4- Abordar de inmediato mejoras en el viñedo que permitan afrontar los retos del imparable cambio climático. Mejoras centradas básicamente en cambios en el sistema de conducción (de espaldera a vaso) y gestión de la fotosíntesis.

5- Apoyo prioritario a la investigación en viticultura y enología.

6- Dotar a la universidad de los medios necesarios para impartir formación al más alto nivel (viticultura, enología, marketing, diseño, tecnología, etc.).

7- Restringir las ayudas públicas a casos muy concretos y bien justificados.

8- Apostar por la sostenibilidad en su más amplio concepto.

9- Generar individualmente, cada bodega, un fondo económico de contingencia para emergencias.

10- Promocionar siempre el consumo moderado de vino.

Covid-19: A consulta pública urgente el proyecto de RD que modificará las normativas del PASVE y del potencial vitícola

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

///ÚLTIMA HORA///

El Ministerio de Agricultura elevó a consulta pública hasta este lunes 4 de mayo el proyecto de real decreto por el que se modificarán, por un lado, el Real Decreto 1338/2018, de 29 de octubre, que regula el potencial de producción vitícola y, por otro, el Real Decreto 1363/2018, de 2 de noviembre, para la aplicación de las medidas del programa de apoyo (PASVE) 2019-2023 al sector vitivinícola español.

Todo ello a efectos de recabar la opinión de los ciudadanos, así como de las organizaciones representativas del sector vitivinícola. Estos cambios ya fueron en gran parte avanzados en su día por la SeVi y ahora se quieren plasmar en un texto legal, a aprobar y publicar en el Boletín Oficial del Estado (BOE) lo más pronto posible.

De hecho, dada la urgencia en la tramitación de este proyecto, por la situación provocada por la declaración del estado de alarma provocada por el Covid-19, en uso de lo previsto en el segundo párrafo del artículo 26.6 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, el Ministerio de Agricultura ha abreviado el plazo de consulta del 29 de abril al 4 de mayo.

Estos cambios tienen que ver con la flexibilización de plazos, procedimientos y condiciones relativas al potencial vitícola (plazos y condiciones de las autorizaciones de plantación de viñedo) y al PASVE (reestructuración y reconversión de viñedo, promoción, innovación, etc.) con el fin de mejorar la gestión de los recursos disponibles y evitar la pérdida de ayudas de estas medias de la PAC o su posible penalización por incumplimiento en ambos sectores.

El citado RD contempla también modificaciones en la regulación de las organizaciones de productores de frutas y hortalizas, con el mismo objetivo.