El Museo de los aromas: enoturismo sensorial en la Ribera del Duero

 Publicado el Por Javier Pérez

“Los bodegueros dependemos de la nariz. Sin el sentido del olfato sería imposible percibir el potencial aromático de un vino de calidad y nunca podríamos distinguir una Tempranillo de la Ribera del Duero”. Enrique Pascual, presidente de la Asociación Empresarial de Bodegas de la D.O. Ribera del Duero (Asebor), se pronuncia así sobre la trascendencia que tiene este sentido y el privilegio de contar, en el ámbito de la D.O., con un museo temático, el Museo de los Aromas de Santa Cruz de la Salceda (Burgos).
Esta reseña cultural, enmarcada por un paisaje de viñedos del medio rural, se ha convertido en un producto muy demandado por los enoturistas, que encuentran aquí una enciclopedia sensorial sobre el mundo de los olores, aromas y perfumes. Además, el museo destina una sala a describir las variantes aromáticas del vino.
Los visitantes tienen la oportunidad de conocer aspectos que relacionan los cepajes con aromas característicos, la incidencia de las técnicas de elaboración en el aroma del vino, así como la aportación de la crianza en botella y en roble, o el efecto de las levaduras. Un mundo sensorial que se plasma a través de un rico vocabulario que identifica las sensaciones que percibimos en una copa de vino. Los aromas de vainilla, cedro, ahumados, café, jazmín, pomelo, regaliz, azahar... y un largo listado de términos que identifican los olores.
Para Begoña Miguel, enóloga y propietaria de la bodega familiar Miguel Sanz de Vadocondes, la existencia de este museo proporciona un complemento magnífico en las visitas a sus instalaciones. “El museo es el mejor broche para los amantes del enoturismo”, asegura. Sin duda, el museo encaja en la Ribera. Es más, se ha convertido en su apéndice nasal y el mejor receptor del caudal aromático del Valle del Duero.
El museo ha recibido cerca de 4.000 visitantes desde que se inaugurara en mayo. Destaca por su novedad, pues es la primera vez que se plantea un contenido vinculado al mundo del olfato desde todos los puntos de vista.
El mayor acierto de este centro, que dirige la periodista Concha Vargas, es que combina la parte científica, lúdica y didáctica. El visitante recupera la memoria sensorial que creía olvidada. Los productos alimentarios cobran aquí un especial protagonismo. Cítricos, panes, quesos, mantequillas, cafés y aceites pasan por las narices de todos los visitantes gracias a los artilugios que capturan la esencia de olores, aromas y perfumes (más de un centenar) repartidos por todas las salas.
El museo tiene una parte científica, pues en el diseño han intervenido los mejores investigadores, miembros de la Red Olfativa Española, de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, de la Fundación Once y del Laboratorio de Aroma Flavorix. El museo hace un repaso por la cultura del olfato, desde las argumentaciones históricas a los guiños literarios, sin olvidar a los autores, como Brillat Savarin, autor de la “Fisiología del gusto”.
No faltan las citas del best seller “El Perfume”, de Patrick Süskind, que se ha convertido en un rico yacimiento del vocabulario descriptivo de olores y aromas de la mano del siniestro Grenouille.


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