Esperanza con fundamento

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Ya imagino que si no nos han contestado con la contundencia que lo han hecho a la Ministra Báñez en su optimismo sobre el futuro de nuestra economía (ella) y el sector (nosotros) se debe más a la popularidad de unos y otros, que a los apoyos concitados. Lo que no es óbice para que sigamos manteniendo esa visión positiva sobre la evolución de nuestro sector para los próximos meses y, confiemos, años.
Francia y Alemania, primero y segundo destino de nuestras ventas, se han llevado, ellos solitos, nada menos que el 34,93% de lo exportado durante el presente año, más exactamente 2,744 y 2,102 de los 13,872 millones de hectolitros que llevamos vendidos en ocho meses, lo que le otorga cierta relevancia a lo que pueda estar sucediendo en estos mercados.
Si, además, unimos a este cualificado grupo de clientes a Italia, tercer destino con 1,342 Mhl, nos encontraremos con que estamos hablando de que solo ellos representan casi el 45% del total. ¿Demasiada concentración para un país que aspira a convertirse en líder mundial no solo en extensión de viñedo, sino también en producción y calidad? Pues es posible, pero esa excelente oportunidad que se nos presenta esta campaña con cosechas históricamente bajas en Europa, no la vamos a desarrollar en esta ocasión. Lo hemos comentado ya en muchas, muchas, muchísimas ocasiones y ahora prefiero que nos centremos en otro aspecto, a mi entender, mucho más relevante en estos momentos.


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