La Selezione del Sindaco 2012

 Publicado el Por John Umberto Salvi

El concurso internacional del Sindaco es muy particular, puesto que se traslada a diferentes emplazamientos dentro de Italia cada año. Esto le confiere mucho interés y permite a los jueces visitar varios viñedos italianos y regiones productoras. El último año tuvo lugar en Campania, el anterior en Puglia y este año se celebró en Calabria. Tras pasar una semana viajando 2.000 kilómetros a través de viñedos sicilianos estaba encantado de encontrarme una semana después justo al otro lado del Estrecho de Messina en la pequeña localidad de Amantea, en la costa, no lejos de Lamezia Terme, uno de los dos aeropuertos de Calabria.
Nos reunieron a todos en un hotel extraño y maravilloso, una especie de complejo multiusos, justo sobre el Mediterráneo, levantado en una especie de ladera lo que suponía que no había ni una sola habitación con vistas al mar. Inexplicable. Tampoco había bañera en las habitaciones. La primera tarde (tras una ducha) fuimos reunidos para atender una larga charla sobre el procedimiento de las catas, con el que la mayoría de nosotros estábamos ya familiarizados. Catamos muchos vinos para calibrar nuestras puntuaciones y para no tener que hacerlo la siguiente mañana y discutimos los puntos requeridos para obtener medalla. La hoja de cata es una versión actualizada de la de la OIV/UIO pero en miniatura, de forma que hay 10 pequeñas fichas de cata por hoja. Además, puesto que las rondas de vinos son cortas y nunca superan más de ocho vinos, toda la ronda puede ser puntuada en una hoja. Es práctico, económico y funciona perfectamente. Sería una muy buena idea que otros concursos lo adoptaran.
Marcello di Martino nos recibió y nos ofreció un resumen del programa. Él es el auténtico animador de este concurso e irradia eficiencia y bonhomía. La Cámara de Comercio local llevó a cabo una presentación de los vinos de Calabria, con sus 12 denominaciones D.O.C. y sus innumerables I.G.T. Luego nos invitaron a una cena generosa a base de risotto, pasta y fresas.
Temprano a la mañana siguiente, un autobús nos llevó a Lamezia Terme hasta otro moderno, y poco atractivo centro de congresos, Fondazione Lamezia Terma, donde desarrollamos las catas. Estábamos prácticamente perdidos en unas instalaciones tan grandes, pero debo decir que era fresco y excelentemente iluminado con grandes frontales de vidrio y gran comodidad.
Para dar unas pocas estadísticas, diré que hubo 1.260 muestras para catar, la mayoría de ellas italianas, pero con las suficientes referencias internacionales como para cumplir las normas de la OIV, lo que era esencial puesto que el certamen cuenta con el patrocinio de la OIV. La representante del ente internacional fue Svetlana Trofimova, de Rusia, que mantuvo un perfil muy bajo y que no ofreció ningún discurso. No obstante, era muy bella y atrajo a los jueces italianos como un tarro de miel atrae a las abejas.
El Ministerio de la Política Agrícola y Forestal también le concedió el patrocinio y contó con muchos otros patrocinadores, fundamentalmente gubernamentales (13 para ser precisos). Éramos 11 comités de siete jueces cada uno, por tanto, 77 catadores. Mi presidente fue el instruido Ico Turra, de Alba. Se requirieron 84 puntos para una medalla de plata, 88 para la de oro y 92 para el gran oro. Los vinos se distribuyeron en rondas cortas de hasta un máximo de ocho y las pausas las decidía el presidente de cada jurado cuando lo consideraba apropiado.
Las condiciones de cata fueron excelentes. Es extraño hoy en día que no sea así. Hemos recorrido un largo trecho desde aquellas salas oscuras y tenebrosas, los tintos calientes y los blancos y rosados congelados. De cualquier modo, hubo un error importante. Las copas no fueron las adecuadas para los espumosos. Me parece que lo remarco demasiado a menudo respecto a los concursos a los que asisto y no sé si es por motivos económicos o por falta de conocimientos (sospecho que lo anterior). Esto se debe corregir el año próximo. Las botellas estaban hermosamente envueltas en láminas doradas. Las copas para los vinos tranquilos fueron excelentes. El agua, galletas sin sal, escupideras y mantelería blanca, todo estuvo en su sitio. Una iluminación brillante que proporcionó la misma luz solar. La sala era fresca y ventilada. El servicio corrió a cargo de jóvenes de azul con pajaritas negras, pero la chica de mi mesa, a pesar de su sonrisa, estaba muy nerviosa y temblaba cada vez que servía. Por momentos, algunos blancos estuvieron demasiado fríos, de hecho helados, desmintiendo lo que acabo de decir hace unas líneas.
La comida la tomamos en las mismas instalaciones que las catas y se convirtió en un acto largo y lento. Con la comida terminada, pero no la digestión, fuimos de vuelta al hotel para descansar o tomar un baño y el sol en la playa de guijarros, antes de volver a emprender un largo pero hermoso viaje a través de una magnífica campiña, verde, montañosa y exuberante, para alcanzar una encantadora bodega a 650 metros sobre el nivel del mar, Serracavallo, en territorio de Cosenza. Tristemente, llegamos justo cuando el sol se ponía y tuvimos que ir directos a la cena. La comida fue totalmente gastronómica, lo mejor de la comida calabresa servida con estilo y elegancia y fue altamente apreciada por todos. Una ternera de la raza Podolico soberbia y vinos de Terra di Cosenza. El propietario nos recibió cálidamente y fue, posiblemente, lo más destacado del evento. Tan encantados estábamos que nadie pensó en el largo viaje de vuelta al hotel que nos esperaba.
El sábado fue una repetición con 40 vinos más para cada uno y durante la cata recibimos la visita del ministro italiano de Agricultura.
No hubo paz para los malvados y esa tarde fuimos cargados inmediatamente en los autobuses y llevados en un largo trayecto a un inmenso (cuatro hectáreas) vivero, Nursery Gruppo Santacroce, quienes exportan flores a todo el mundo. De aquí, continuamos a un pueblo llamado Pizzo, famosos por sus helados fundentes. Para probarlos tuvimos que andar varios kilómetros por carreteras empinadas y sinuosas hasta una plaza con vistas al mar. La fonduta resultó ser una masa de chocolate desordenada y que se deshacía rápidamente. Algo malhumorado, insistí en ser llevado de vuelta al autobús que siguió un largo viaje alrededor de murallas y calles de una sola dirección. Por las horas a las que llegamos al hotel tuvimos poco tiempo antes de nuestra salida en todavía otro largo trayecto, esta vez a la cena de gala en una soberbia finca perteneciente a la aristocrática familia Barone Statti. Desgraciadamente pudimos ver poco, puesto que era casi de noche. La cena fue muy lenta y algo decepcionante, a parte del festín de cerezas, fresas, helados y grappas deliciosas servido en el patio palaciego. La hospitalidad fue generosa al máximo y no volvimos al hotel hasta las 2.00 horas.
El domingo fue el tercer y último día de catas y fue idéntico a los dos anteriores. El sol salió tras una tormenta impresionante a las 5.30 horas, que nos levantó a todos de nuestras camas. Terminamos felizmente y pudimos entregar muchas medallas de gran oro a Muscats soberbios.
Tras la última comida tuvimos tiempo libre. Yo no regresaba hasta la siguiente mañana, por lo que muchos de nosotros nos bañamos y disfrutamos del sol antes de acudir a una excelente cena a base de pescado en el restaurante Aragosta.
Fue uno de los concursos más relajados e informarles en los que he participado como jurado. Fue agradable al máximo, lo que no lo alejó de estar bien organizado, ser eficiente y productivo. Una hospitalidad generosa fue una gran aliada de catas serias y la cuidadosa evaluación de las medallas por parte de los jueces. Gracias al Sindaco y enhorabuena a Giannina y Marcello di Martino.
Palmarés completo pdf adjunto.
Traducción: Vicent Escamilla
 


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