Topic:

Infografía: Precio testigo del vino semana 10ª 2019/20

 Publicado el por SeVi (colaborador)

 (photo: )

Ofrecemos la siguiente infografía en la que se recoge visualmente el precio testigo del vino en España y en plazas como Albacete, Badajoz, C. Real, Cuenca, Murcia, Toledo, y Valencia en la semana 10ª de la campaña vitivinícola 2019/2020. La infografía permite comparar de un vistazo las cotizaciones con aquellas que regían hace un año.

Infografía: Precio testigo del vino semana 9ª 2019/20

 Publicado el por SeVi (colaborador)

 (photo: )

Ofrecemos la siguiente infografía en la que se recoge visualmente el precio testigo del vino en España y en plazas como Albacete, Badajoz, C. Real, Cuenca, Murcia, Toledo, y Valencia en la semana 9ª de la campaña vitivinícola 2019/2020. La infografía permite comparar de un vistazo las cotizaciones con aquellas que regían hace un año.

Lo que vamos aprendiendo de las últimas campañas

 Publicado el por Rafael del Rey (OEMV) (colaborador)

Artículo con gráficos en PDF aquí.

Año tras año, campaña tras campaña algunas cosas son muy similares, pero alguna diferencia siempre hay. La cuestión es si cada vez podemos ir haciendo las cosas algo mejor. Y para ello resulta fundamental ir aprendiendo de las lecciones que cada campaña nos enseña. Y las últimas, nos han enseñado mucho en el sector del vino. Vaivenes (de cosechas y precios), temores (a posibles excedentes, aunque luego no se confirmaran) y las consecuencias de estos vaivenes (en el mercado, pero también, y como consecuencia de ello, en los precios de uvas y vinos en origen) son cosas que se comprueban con los números y que vivimos a lo largo de todo el sector. De estos elementos, vaivenes, temores y repercusiones en el mercado, podemos sacar alguna conclusión interesante sobre (i) las causas y características de nuestra situación actual y (ii) el camino que parece razonable seguir en adelante.
Vaivenes

Los vaivenes a los que se somete a la producción de uvas y vinos en España son extraordinarios, han sido recurrentes en las últimas campañas y están teniendo gran repercusión en todo el mundo. Es verdad que hemos tenido cosechas grandes seguidas de otras cortas y que han coincidió varios años en España, Italia y Francia. Pero la fuerza de la oscilación en España es enorme y recurrente. No es lo mismo, ni para España ni para el mundo, que nuestro país produzca sobre los 35 millones de hectolitros (2012 y 2017) o que llegue a rondar los 50 millones (2003, 2004, 2013 y 2018). Se trata de una oscilación de 15 millones arriba y abajo, que en años muy recientes se ha dado entre campañas incluso consecutivas.

Pero, con ser malos estos grandes vaivenes en la producción, la experiencia nos dice que las grandes preocupaciones llegan cuando se tienen (o se prevén) dos años consecutivos con una misma tendencia. Dos años “cortos”, como los que tuvimos en 1995 y 1996 generan sensación de falta de vino, precios al alza, dificultad para abastecer a nuestros clientes y voluntad de nuevas plantaciones. Subidas que, si son muy bruscas, normalmente se pagan al año siguiente y que mínimamente se pueden compensar con algo de importaciones, que en todo caso son muy pequeñas en España. Al lado opuesto, dos años “largos”, como los que tuvimos en 2003 y 2004 generan una gran sensación de “excedentes”. Parece como si nos sobrara vino, los precios tienden a la baja, buscamos desesperadamente a nuestros clientes para ver si necesitan más vino y la sensación en la producción llega casi a la desesperación, con efecto negativo no solo sobre el precio, sino también sobre la imagen de España como país productor de vinos de calidad.

Sensación que se vive en las producciones de cada año y que también hemos aprendido debe relacionarse con las existencias al principio de la campaña. Lo importante no es solo que se produzca mucho o poco vino, que se espere una cosecha grande o pequeña, sino como se sume a las existencias que tenemos en bodega. De ahí que una cosecha corta, unida a bajas existencias porque ya fue corta la del año anterior, genere esa sensación de escasez. Y una cosecha larga (o esperada como larga) unida a existencias elevadas porque no se ha sido capaz de vender todos los vinos del año anterior, genera una sensación de enorme peligro por exceso… Que es exactamente lo que pasó a principios de este pasado verano. De ahí los temores.

Si en 2018 volvimos a los casi 50 millones de hectolitros, la reacción de los mercados a esta abundancia de vino español y sus consiguientes mejores precios no fue tan rápida como pudiera esperarse. Y, ya en junio, esperábamos acabar la campaña con existencias muy superiores a las del año anterior e incluso bien por encima de la media de los últimos años. Como así fue. Acabamos con 38,8 millones de hectolitros, que suponían más de 8 millones superiores a las del 2018 y unos 4 millones más que la media de las últimas campañas. Mucho vino. Y a principios de este verano, cuando todavía es muy pronto para estimar cómo pueda venir la nueva cosecha, pero se sabe ya si ha habido o no helada y cómo ha cuajado la uva o cómo son los racimos, hubo un cierto temor a que la nueva vendimia de 2019 pudiera traer también mucha uva. No era certeza. No era ni siquiera previsión. Pero sí había un temor razonable de cómo gestionar unas existencias que ya se esperaban elevadas con una posible cosecha que también lo fuera.

Es pura matemática: ¿qué hubiera pasado si, a unas existencias de 38 millones de hectolitros se les sumaran otros 48 millones de nueva producción? La suma da 86,8 Mhl que, en ese hipotético caso, hubiera sido mucho más vino del que nunca hemos tenido disponible para vender a lo largo de la campaña, bien por encima incluso de los récords de 2013 y 2014. No pasó.

La última previsión del MAPA (a octubre 2019) da 38,1 Mhl, lo que nos deja en unas disponibilidades cercanas a 2015/2016 y sobre la media de los últimos años. Pero podría pasar. Y por estos temores se destararon las alarmas (a dos cosechas posiblemente largas consecutivas) y se plantearon las posibles medidas de regulación de mercados para evitar que lo ocurriera.

Medidas de regulación
Medidas de regulación de campaña que, también a la luz de la experiencia de los últimos años, plantearon por parte de la OIVE y el Ministerio mejor control de los subproductos, posibilidades de regulación, pero, sobre todo, formas de asegurar los mínimos de calidad que exige la normativa. Que no haya vino malo. O, como dice la “Hoja de Ruta” del MAPA sobre estas medidas, para “evitar que se produzcan vinos de baja calidad, con grandes dificultades para ser comercializados todos los años y que son los que suelen engrosar las existencias a finales de campaña”. Que no haya pasado en 2019, no quiere decir que no pueda pasar en el futuro y, por ello, es necesario ser precavidos.

Pero si tenemos grandes vaivenes en la producción, que generan incluso temores a una posible coincidencia de dos cosechas especialmente cortas o largas, que serían muy malas para el sector vitivinícola español, lo que también aprendemos de las cosechas pasadas es la consecuencia de estos efectos en los mercados y los precios. Mucho vino o sensación de mucho vino disponible, generan precios a la baja. Poco vino, o sensación de poco vino (con posibles nervios al principio de la campaña) hacen subir los precios. Y tanto las subidas como las bajadas, además del efecto rápido que puedan tener en los viticultores que entregan las uvas y las bodegas que deben pagarlas (con más inmediatez en el caso de las privadas y más extendido en el tiempo las cooperativas), tienen luego un efecto en los mercados.

Simplificando, lo que las recientes campañas nos enseñan sobre repercusiones de las cosechas y, por tanto, de los precios, en los distintos mercados depende del tipo de mercado. El mercado nacional, en vías de recuperación desde 2015 y con posibilidades de crecer progresivamente, es muy sensible a las subidas de precios, pero cuesta mucho recuperarlo cuando luego vuelven a bajar. Sensible a las subidas y muy poco sensible a las bajadas. Si, como efecto de una cosecha corta, la subida de precios en vendimia se repercute, aunque sea en menor proporción a los distribuidores, las ventas caen. Y luego cuesta mucho recuperarlas cuando los precios vuelven a posiciones más bajas. Competimos con la cerveza y otros productos. El lineal es muy grande y los consumidores poco receptivos a explicaciones sobre subidas de precio.

En los mercados internacionales, los últimos años nos han permitido ver dos efectos preocupantes. Por un lado, subidas muy rápidas de precios en vinos con D.O.P. han hecho que se resientan las ventas. Así ha ocurrido en 2018, cuando las exportaciones de vinos con D.O.P. no espumosos cayeron en 41 millones de litros y en más de 64 millones de euros. Y así sigue ocurriendo en 2019 donde la tasa anual móvil (TAM) a julio muestra caídas respectivamente de 27,5 millones de litros y 55,5 millones de euros. Por imagen, por capacidad comercial, por competencia o por cualquier otro motivo, muchos de nuestros mejores vinos encuentran dificultades para venderse fuera cuando las subidas de precio son muy acusadas. Los mercados necesitan cierta estabilidad.

Y peor aún es, o puede ser a medio plazo, la reacción en los mercados del granel. 2018 fue un año espléndido porque a cosechas cortas en España, pero también en Francia e Italia, nuestros principales clientes respondieron comprando nuestro vino, aunque estuviera mucho más caro. Lo seguían necesitando para abastecer sus mercados. Sin embargo, cuando en 2018 sus cosechas fueron de nuevo mayores, su necesidad del vino español fue notablemente menor. Por eso, aunque nosotros tuvimos mucho vino, aunque nuestros precios bajaron con respecto al año anterior, los mercados del granel no han respondido con la rapidez que se esperaba. A julio de este año, todavía caían las ventas de granel en 7,4 millones de litros mientras la facturación se dejaba más de 109 millones de euros que suponen cerca del 20%. ¿Por qué? Y esta es otra de las lecciones importantes, aprendidas de campañas recientes. Porque muchas de nuestras exportaciones de vinos y mostos, un tercio del valor y más del 55% del volumen, se dirigen a cuatro clientes, Francia, Italia, Alemania y Portugal, fundamentalmente a granel y que coincide que son también productores de vinos y competidores de los vinos españoles en los mercados internacionales.

Lo cual genera una doble y peligrosa dependencia. Por un lado, una parte muy importante de nuestras ventas exteriores depende de cuánto produzcan nuestros principales clientes y, por lo tanto, cuánto necesiten comprarnos. Y al menos dos de ellos, tienen una clara propensión a producir más y depender menos de España: Francia lo tiene incluso escrito en su plan estratégico, mientras que Italia solicita todos los años el máximo de plantaciones posibles para producir en casa gran parte de lo que necesita. Por otro lado, alimentamos nuestra propia competencia y facilitamos las ventas de quienes luego compiten con los vinos españoles en los lineales y restaurantes del mundo, dificultando así las ventas de nuestros envasados. Tanto desde el punto de vista del riesgo que supone para la viticultura como desde la perspectiva de las bodegas, producir más equilibradamente con relación a lo que podemos vender y mejorar nuestra capacidad de comercialización, ya sea de graneles a destino final a mejores precios o de envasados, se convierten así en objetivos deseables.

Finalmente, sabemos las causas de esta situación. Sabemos que muchas de estas exportaciones crecieron exponencialmente hace unos años, coincidiendo con la desaparición de las ayudas europeas a la destilación. Menos vino para destilar, frente a una producción que lejos de ir a la baja, subió pese a las menores plantaciones, y frente a un mercado nacional relativamente insensible a las disminuciones de precios del vino, fue la clave por la que España se vio obligada a vender fuera grandes cantidades de vino, muy rápidamente, y especialmente a nuestros principales competidores, tanto en la producción como en la comercialización. Y es lo que genera una importante dependencia de unos pocos mercados muy variables respecto del vino español, además de una fuerte presión sobre precios y la imagen de España como productora de vinos de calidad.

Vías de mejora
Y si estas parecen las claves que explican la situación actual del vino español, las posibles vías de mejora pueden deducirse con mayor nitidez. Por el lado de la oferta, producciones más ajustadas y equilibradas, con estricto cumplimiento de los mínimos de calidad legales, incluyendo el uso del agua, y medidas eficaces para que en bodega pueda distinguirse con claridad (y pagarse) lo mejor de lo menos bueno. Por el de la demanda, mejora de la comercialización, apostando (invirtiendo) en mejores redes y equipos comerciales tanto para la venta de más envasados como para la mejora de los vinos a granel, no tanto a países productores y exportadores, como graneles varietales a destino final, incluyendo también el aprovechamiento de segmentos de mercado como el bag-in-box (muy poco aprovechado por España) y un apoyo y apuesta decidida por la mejor presencia de nuestras marcas, y en especial las marcas de más prestigio, en todos los mercados internacionales, convencidos de que lo mejor siempre tira de la imagen del conjunto y es bueno para todos.

A todos, y muy especialmente a los viticultores, interesa que se vendan bien nuestros vinos, mostos, alcoholes y vinagres. Y esta es conclusión importante, no solo para tiempos de vendimia, sino para el conjunto de la campaña. Por cierto, de cómo se vendan cada año los vinos y productos vitivinícolas en los distintos mercados es de lo que dependerán los precios de las uvas del año siguiente.

Para más información, visite www.oemv.es

España exportó casi 73 millones de litros por valor de 301,4 millones de euros al mercado americano en el interanual a julio de 2019

 Publicado el por Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV) (colaborador)

El vino en EE.UU. (photo: )

El vino en EE.UU.

Informe completo en pdf adjunto

EE.UU. planteó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) el 14 de octubre imponer mayores aranceles a más de 1.500 productos europeos, para compensar las ayudas que algunos gobiernos de la UE concedieron a Airbus. La lista publicada por el Office of the United States Trade Representative incluye el vino español (no espumoso), en envases de menos de 2 litros y de grado alcohólico no superior al 14% vol (+25% en los aranceles).

España exportó, en el interanual a julio de 2019 (último dato disponible), casi 73 millones de litros de vino, por valor de 301,4 millones de euros, a un precio medio de 4,14 €/litro. Es el mercado más importante en valor para los vinos envasados españoles.

Los productos más exportados al mercado norteamericano son el vino con D.O.P. envasado, con 32,7 millones de litros y 175,4 millones de euros (el 45% del volumen y el 58% del valor total exportado), a un precio medio de 5,37 €/litro y el vino espumoso, con 22,2 millones de litros y 75,3 millones de euros (el 25% del valor y el 30% del valor total exportado).

Desde una perspectiva global, Estados Unidos es el primer importador mundial de vino en términos de valor, con 6.238 millones de US$ en el interanual a julio de 2019. Italia es su primer proveedor de vino en volumen, con 340 millones de litros y Francia lo es en valor, con 2.182 millones US$. España es el séptimo proveedor de vino a EE.UU. en volumen y el cuarto en valor.

Se incluyen tablas con las exportaciones españolas de vino a EE.UU. detalladas por productos en el interanual a julio de 2019, importaciones estadounidenses de vino y sus principales países proveedores al interanual a julio de 2019.

Para consultar el informe completo, visite www.oemv.es

Cada 7 Días 08-10-19

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Agrupada por regiones vitícolas, en esta sección se localiza la información que concierne al viñedo acontecida en la semana previa al cierre de nuestra edición. Desde la Región Gallega a la Andaluza, del Duero, Alto Ebro, Levante o Canarias, el lector localiza aquí el dato especializado...