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El consumo de vino en hogares crece por encima de la media de alimentos durante el confinamiento

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

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Con datos de la semana 16 (del 13 al 19 de abril), el consumo de vino en hogares se incrementó un 51,8% respecto a la misma semana del ejercicio 2019, según datos de consumo alimentario del Ministerio. Supone que el vino (y bebidas derivadas del vino) ha visto incrementado su consumo por encima del total de compras de alimentación (+50,6%), a pesar de que su tasa de crecimiento se ha suavizado respecto a semanas previas.

Para tener un poco de perspectiva, es conveniente constatar que en la semana 11 (9 al 15 de marzo) previa, en su mayoría, al confinamiento, la categoría de vinos y bebidas derivadas presentaba también cifras positivas (+6,85 de incremento respecto a la misma semana de 2019). No obstante, el establecimiento del estado de alarma, a partir del 14 de marzo, y el cierre del canal Horeca propició que parte del consumo extradoméstico se derivara hacia el de alimentación, con incrementos muy marcados (llegando al +73,4% en la semana del 6 al 12 de abril).

A pesar de este fuerte aumento, es necesario resaltar que el consumo en hogares no está compensando, ni mucho menos, el cierre de la restauración. De hecho, según un reciente cuestionario que la Federación Española del Vino (FEV) ha realizado entre sus asociados, el 100% de las bodegas manifiestan haberse visto afectadas por la situación generada por el Covid-19; el 33,7% señala que se ha visto afectado muy gravemente, el 32,6% gravemente, el 29,5% dice que su afección es bastante y solo un 4,2 afirma haberse visto afectado poco por la coyuntura actual. Aquellas bodegas de menor tamaño y diversificación son las que mayor impacto han sufrido.

De hecho, datos que maneja la FEV señalan que el vino español presenta una fuerte dependencia del canal Horeca (supone el 61,3% de la facturación total de las bodegas consultadas, sumando lo que se destina a Horeca en mercado nacional y Horeca en exportación, que también se encuentra básicamente paralizado en los principales destinos).

Por el momento, el 85,3% manifestó seguir con su actividad productiva (aunque no a su máxima capacidad y muchas de ellas con medidas laborales para adecuarse a la situación, algunas de ellas con ERTEs), mientras que un 14,7% ha cesado su actividad temporalmente.

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El sector vitivinícola español ante un futuro incierto

 Publicado el por Ramon Viader (colaborador)

En estos días, aparecen en los medios de comunicación diversas noticias preocupantes para el vino español. Tenemos en España un exceso de vino en las bodegas como consecuencia de una disminución de las ventas por el cierre del canal Horeca, principalmente. Con menor incidencia, las exportaciones. Ante esta situación, algunos actores del sector apuestan por reducir la cosecha de uva de este año entre un 15% y un 25%.

Puede parecer mucho, puede parecer poco. A mí, me parece un apaño más de los que históricamente vienen haciéndose en este bendito país.

Dice el refrán, “de aquellos polvos esos lodos” y es que estamos donde estamos por una gran falta de planificación, de visión de futuro.

En 1991, cuando Miguel A. Torres tuvo la acertada idea de fundar FIVIN, no dudé en brindarle mi incondicional apoyo, como lo hizo el Dr. Santiago Dexeus y también Horacio Sáenz Guerrero, en aquel entonces, director de ‘La Vanguardia’. Los tres constituimos la primera junta directiva con el apoyo moral y económico de diversas entidades del sector y muchas bodegas. También, de la Administración.

El propósito de FIVIN era conseguir los medios científicos necesarios para averiguar las propiedades saludables del vino y también sus posibles efectos adversos y, una vez conocidos, hacerlos llegar a los médicos y al gran público. Este interés nacía como respuesta a las campañas antialcohol que se promovían con notable aceleración y difusión por todo el país. Estas campañas tuvieron como consecuencia una disminución del consumo de vino, no solo en España sino en casi todo el mundo. Fue un primer aviso.

Desde entonces, la labor de FIVIN ha sido encomiable y creo firmemente, que el objetivo se cumplió y se mantiene. Gracias a estos esfuerzos, la caída del consumo no solo se frenó, sino que se consiguió que muchos médicos evitaran desaconsejar, incluso prohibir, el consumo de vino.

El notable aumento del mercado exterior aportó gran ilusión y pareció que la producción de vino tendría un crecimiento importante y sostenido en el tiempo. Y así fue durante unos años. Pronto nos dimos cuenta de que no estábamos solos en el mercado y que ciertos países cuyas producciones tradicionalmente apenas alcanzaban para cubrir su demanda interior, las aumentaron hasta llegar a convertirse en exportadores. Me refiero singularmente, a EE.UU., Argentina y Chile. Los elevados rendimientos de sus viñedos, generaron producciones asimismo elevadas y, por lo tanto, una disminución de los costes de producción. En consecuencia, llegaron al mercado internacional vinos con precios de venta público muy moderados, muy competitivos.

Mientras, en España, seguíamos y seguimos todavía, con el viejo mantra de que la producción y la calidad son incompatibles. De este modo se ha condenado al viticultor a una situación de subsistencia por los pobres rendimientos de sus viñedos. También ayudaron, el minifundismo propio de los países mediterráneos y los bajos precios de la uva. Si comparamos, por ejemplo, el Prosecco con el Cava, en el primero se obtienen el doble de kilos de uva por hectárea y su precio es también del doble que el nuestro. Ante este panorama no es de extrañar el paulatino abandono del viñedo por parte del pequeño agricultor. La mecanización, desde luego imprescindible, permitió el surgir de grandes explotaciones propiedad de bodegas que adquirieron viñedos a los que habían decidido abandonar su cultivo. Una de las consecuencias negativas de esta situación ha sido la falta de mano de obra cualificada. Es el caso de los podadores.

Ocurrió que las primeras bodegas que se lanzaron de manera importante a la exportación lo hicieron ofreciendo vinos a bajo precio. Era más fácil y más rápido entrar con este argumento. El Cava es el ejemplo paradigmático de ello. Constituir una marca y consolidarla cuesta mucho tiempo y dinero, pero también conocimiento, estrategia y calidad de producto. No me refiero a la calidad intrínseca de nuestros vinos que, sin duda la tienen, sino a su imagen de producto singular, diferenciado por su origen geográfico y por sus viníferas. Con ello, con tiempo y esfuerzo, se gana el prestigio. En eso, franceses e italianos han sido maestros indiscutibles. Debimos haber aprendido de ellos. Si acaso, no hemos aprendido bien al imitar sus vinos de Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay, etc. Ahora nos encontramos en un mercado mundial saturado de variedades francesas. Nosotros, con nuestros vinos, no aportamos nada nuevo ni original. Y, además, a precio inferior al de nuestros prestigiados vecinos. Un precio inferior que repercute directa y negativamente sobre su margen comercial y de explotación. Cuando un producto se afianza en los mercados se establece automáticamente un precio de referencia. Un precio que muy difícilmente podrá en futuro modificarse al alza. Tal es nuestra situación.

Me resulta evidente que si se hubiera optado por valorar convenientemente la uva en su origen no hubiera sido posible ofrecer vinos a precios tan modestos. Es el caso de denominaciones de origen de mucho prestigio como Borgoña, Burdeos, Champagne, Piamonte, Montalcino, etc. Asimismo, el agricultor habría podido dedicar mejores esfuerzos al viñedo y ver justamente recompensado su trabajo. Un trabajo, digámoslo de paso, no exento de riesgo como cuando las inclemencias meteorológicas merman gravemente el trabajo de todo un año. El agricultor, de este modo imperativo, ya colabora periódicamente en cierto modo a la regulación de existencias. Tristemente, en el escandallo de una botella de vino lo que menos importa es el coste del vino.

Hemos tenido una mala planificación de la política de plantaciones y mientras veíamos el empobrecimiento de los agricultores, asistíamos impertérritos a la transformación del viñedo en solares industriales. El arranque definitivo de muchas hectáreas no se aprovechó para regularizar paulatinamente el sector. Recientemente, hemos asistido a disputas regionales por las autorizaciones de nuevas plantaciones, en la D.O.P. Cava, por ejemplo. Tenemos excedentes, pero solicitamos nuevas plantaciones. No somos capaces de anteponer el bien común al particular de cada uno. Sería deseable que algunas DD.OO. revisaran sus pliegos de condiciones, sus competencias y actuaciones.

Tampoco ha ayudado nada la política de subvenciones. El sector vinícola ha vivido siempre prácticamente subvencionado. No solo desde España, sino también desde Europa. Por definición, un sector que precisa subvenciones continuas no es un sector sostenible. Esta palabra, ahora tan de moda, parece que solo la utilizamos desde el punto de vista medioambiental cuando, en primera instancia, debería aplicarse a la sostenibilidad del modelo de negocio. Podemos aceptar ayudas puntuales para favorecer iniciativas creativas y de jóvenes que desean seguir en la industria agroalimentaria. Las ayudas indiscriminadas como las habidas hasta hoy mismo no son deseables desde diversos puntos de vista socioeconómicos. En España, algunos sectores no han tenido otro remedio que funcionar fuertemente subvencionados. Es el caso de la minería en general y del carbón en particular. Esto es así porque las materias primas no admiten valor añadido algo que si ocurre con los productos manufacturados.

No es sostenible, ni mucho menos socialmente justo, malbaratar el dinero público en obras innecesarias, en bodegas muy lujosas, en equipos sobredimensionados, en planes de expansión realizados antes de que haya surgido la necesidad. Es un dinero que no genera riqueza y que difícilmente retorna a la sociedad, su finalidad última. Recuerdo ahora a Díaz-Plaja en su obra “El español y los siete pecados capitales”. Ni más ni menos. El dinero malbaratado en muchas infaustas subvenciones sería ahora una buena ayuda para capear el temporal. Para eso debe de servir el dinero, para eso una empresa bien gestionada debe generar reservas y, de este modo, apuntalar su solidez. Uno de los puntales de la sostenibilidad. Muchas bodegas, gracias en parte a las subvenciones se han transformado en “museos”, monumentos arquitectónicos, hoteles y/o restaurantes de lujo, palacetes, etc., inversiones totalmente alejadas del objeto de la ayuda pública. No niego que en algún caso se hayan convertido en un atractivo turístico, pero, como digo, no es esta la finalidad de la subvención.

Tocan ahora dos cosas. La primera, planificar seriamente el futuro del sector a medio y largo plazo fijando objetivos claros y realizables. La segunda, solucionar el hoy y el dramático mañana que se nos viene encima.

Empezando por lo segundo, y como he dicho al inicio de este escrito, reducir la producción no resolverá nada. Por desgracia, el problema del mercado, no estriba en un 15, 20 o 25% del volumen. Ojalá. Además, de aquí a fin de año, es muy plausible un descenso de las ventas de un 30% si tenemos en cuenta, además, el impacto negativo en el consumo por el turismo que no vendrá.

Tenemos un problema estructural y endémico que no resolveremos con este apaño. Imponer una reducción de la cosecha, gravita de nuevo sobre la economía del más débil, el agricultor. Esta propuesta de reducción no se verá trasladada a los costes finales pues en estas fechas ya se han realizado muchas actuaciones en el cultivo. Tampoco provocará una reducción sensible de los costes de la próxima vendimia. Y, por el momento, para el año que viene, nadie se atreve a pronosticar. No obstante, parece obvio que el consumo de vino caminará con bastante paralelismo a la lenta recuperación económica.

Hoy en día, tampoco sabemos qué cantidades ni que calidades obtendremos en cada D.O. Podría darse la paradoja de que tuviéramos una añada excepcional y obligaríamos al viticultor a tirar una uva que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado. Socialmente, del todo inaceptable e injusto. No olvidemos el hambre en el mundo. La uva es un fruto, un alimento.

Los excedentes de uva deberían destinarse a diversos productos derivados de la uva que pueden almacenarse, sea alcohol, zumos, MCR, etc. Como nota al margen, a consecuencia de la pandemia las ventas de alcohol se han disparado y este desinfectante seguirá usándose por muchos años. Otro asunto pendiente de revisión, son los impuestos sobre el alcohol.

Con referencia al alcohol y ligado con la sostenibilidad, la ecología circular, etc., no tengo conocimiento de que ninguna de las bodegas líderes en ecología hayan apostado por utilizar ampliamente el alcohol como combustible. En bastantes bodegas ya se utiliza la energía solar, incluso la geotérmica. Pero sería interesante explorar la viabilidad de la utilización del alcohol no solo para mover cualquier vehículo a motor (tractores incluidos) sino también para generar electricidad, calefacción o vapor. Brasil es un gran ejemplo de este aprovechamiento. Este año tocaría destilar y almacenar alcohol, y, con urgencia, dar salida al etanol reutilizándolo en nuestras bodegas.

Aprovecho para recordar a Taguchi cuando definió la “calidad” como “pérdidas mínimas para la sociedad”. Todo producto manufacturado genera inevitablemente algún desecho, algún reciclado. Desechos y reciclados impactan en el medioambiente y también en la cuenta de resultados de la empresa. Es hora de recordarlo, aprenderlo y practicarlo.

De cara a medio y largo plazo debemos tener en cuenta que el consumo de vino crecerá de modo muy moderado a escala mundial, pero no así en España, a partir de la salida de esta crisis. No obstante, lo hará en un delicado equilibrio pues el aumento de población no irá parejo al consumo de vino precisamente por las continuas campañas antialcohol y por el crecimiento, lento pero firme, de la población adicta a una dieta “saludable” · A corto, el consumo se verá reducido por la propia depleción económica generada por la pandemia que nos asola. Por lo tanto, por el momento no cabe esperar recuperación alguna.

En cuanto a nuevas plantaciones estimo que no debería haber ningún incremento de superficie pues ya estamos en una posición crítica tanto por los excedentes como por la necesaria modernización del viñedo. En este sentido, cabe recordar que España tiene el dudoso honor, desde siempre, de ostentar el liderazgo en superficie de viñedo a la par que ser el tercer país en producción. Hay que entender de una vez por todas que producción y calidad no son contrapuestos. Amplias experiencias en todo el mundo vitícola así lo han demostrado, pero en este país seguimos empeñados en ir a la cola. La viticultura tiene que ser rentable para el agricultor. Del mismo modo, la actividad agrícola de una bodega debe contemplarse como una empresa a parte que actúa de proveedor y que por lo tanto debe presentar anualmente un resultado positivo en la cuenta de explotación a la vez que un crecimiento sostenido. Como cualquier empresa. Si no adoptamos con firmeza este concepto seguiremos por un camino tortuoso que no nos llevará a ninguna parte. Como mucho, seguiremos donde estamos ahora, es decir, sin futuro.

En referencia a las viníferas debemos apostar claramente por el abandono de aquellas que están expandidas por todo el mundo y valorar nuestras autóctonas mejorándolas aún más, si cabe. El camino ante tanta competencia se encuentra en promocionar y vender nuestra singularidad y en gestionar nuestras bodegas con el objetivo de la sostenibilidad. Insisto, sostenibilidad entendida no solo como protección ambiental sino también como desarrollo social y crecimiento económico. ¿Quo Vadis?

A modo de resumen, unas ideas en clave de futuro para iniciarlas ahora:

1- Acotar la superficie de viñedo para ajustarla a las verdaderas necesidades.

2- Racionalizar la producción de uva mejorando su calidad a la par que una mejora en los rendimientos.

3- Establecer para la uva unos precios justos que hagan sostenible el trabajo agrícola.

4- Abordar de inmediato mejoras en el viñedo que permitan afrontar los retos del imparable cambio climático. Mejoras centradas básicamente en cambios en el sistema de conducción (de espaldera a vaso) y gestión de la fotosíntesis.

5- Apoyo prioritario a la investigación en viticultura y enología.

6- Dotar a la universidad de los medios necesarios para impartir formación al más alto nivel (viticultura, enología, marketing, diseño, tecnología, etc.).

7- Restringir las ayudas públicas a casos muy concretos y bien justificados.

8- Apostar por la sostenibilidad en su más amplio concepto.

9- Generar individualmente, cada bodega, un fondo económico de contingencia para emergencias.

10- Promocionar siempre el consumo moderado de vino.

Covid-19: A consulta pública urgente el proyecto de RD que modificará las normativas del PASVE y del potencial vitícola

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

///ÚLTIMA HORA///

El Ministerio de Agricultura elevó a consulta pública hasta este lunes 4 de mayo el proyecto de real decreto por el que se modificarán, por un lado, el Real Decreto 1338/2018, de 29 de octubre, que regula el potencial de producción vitícola y, por otro, el Real Decreto 1363/2018, de 2 de noviembre, para la aplicación de las medidas del programa de apoyo (PASVE) 2019-2023 al sector vitivinícola español.

Todo ello a efectos de recabar la opinión de los ciudadanos, así como de las organizaciones representativas del sector vitivinícola. Estos cambios ya fueron en gran parte avanzados en su día por la SeVi y ahora se quieren plasmar en un texto legal, a aprobar y publicar en el Boletín Oficial del Estado (BOE) lo más pronto posible.

De hecho, dada la urgencia en la tramitación de este proyecto, por la situación provocada por la declaración del estado de alarma provocada por el Covid-19, en uso de lo previsto en el segundo párrafo del artículo 26.6 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, el Ministerio de Agricultura ha abreviado el plazo de consulta del 29 de abril al 4 de mayo.

Estos cambios tienen que ver con la flexibilización de plazos, procedimientos y condiciones relativas al potencial vitícola (plazos y condiciones de las autorizaciones de plantación de viñedo) y al PASVE (reestructuración y reconversión de viñedo, promoción, innovación, etc.) con el fin de mejorar la gestión de los recursos disponibles y evitar la pérdida de ayudas de estas medias de la PAC o su posible penalización por incumplimiento en ambos sectores.

El citado RD contempla también modificaciones en la regulación de las organizaciones de productores de frutas y hortalizas, con el mismo objetivo.

El vino como nueva ave fénix

 Publicado el por José Vicente Guillem (colaborador), Rafael de Michelena (colaborador)

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La pandemia del coronavirus prosigue causando, a nivel nacional y mundial, estragos, desolación, desconsuelo, sesgado de vidas, que a su vez ha desatado una crisis sanitaria, precursora de otra económica y social, cuyas dimensiones son difíciles de determinar. Ante ello, la ciudadanía está reaccionando con una inusitada aportación de ratios de solidaridad, reconocimiento y agradecimiento, pocas veces alcanzados, al identificar y revalorizar la labor de los profesionales de múltiples y diversas disciplinas, qué de no ser por ellos, todo hubiera sido caótico y desesperanzador. La sociedad necesita de todos.

En estos días de confinamiento propicios para la lectura, la reflexión y el análisis de cómo puede verse afectado el sector del vino, a corto y medio, somos muchos quienes intentamos hacer un modesto ensayo, no utópico, sobre probabilidades o posibilidades de acciones que merecen ser tenidas en cuenta ante el lógico proceso de recuperación que se consensuará.

No disponiendo de la mítica bola de cristal, como soñar no cuesta dinero, si queremos pensar en ficciones, lo más positivo es anclar los pies en el suelo y defender un futuro mejor que supere lo que algunos ya se cansan de escuchar sobre la cultura del vino y los mantras de sus leyendas, mitos y ritos. Si creemos que la sociedad va a cambiar, los mensajes que le enviemos también deben ser diferentes, innovadores y sin olvidar de dónde venimos y dónde queremos llegar.

¿Qué sucederá cuando se supere la pandemia? Es la pregunta que se multiplica y que cada profeta responde expresando su opinión y aportando su receta. El sector vitivinícola, partícipe del sistema agroalimentario, tiene sus problemas propios o inducidos por la situación creada, lo está pasando mal y busca soluciones. El mundo de la viña y el vino, sufre.

Primordialmente sufre, en lo inmediato, por la caída del consumo. El crecimiento en el hogar y ventas online, no compensa la decadencia originada por el cierre de la hostelería, restauración y el menguante turismo para los que, desgraciadamente, no se espera una normalización rápida. Se nos recomienda plantear opciones de futuro aprendiendo con humildad, inteligencia, sostenibilidad y sentido común de las carencias que teníamos, y no detectábamos, para hacer frente a situaciones insospechadas. Opciones que no sean de simple supervivencia y sí tomadas con moral de victoria y empatía.

No está falto de raciocinio el prever cambios, algunos más radicales que otros, relacionados con tesis relativas a criterios que ya se estaban estudiando y que contemplaban:

Cómo mejorar nuestra la relación con el medio natural. Un medio maltratado, es un atentado hacia nuestro bienestar. La tierra, el suelo, desempeña un papel crucial en la seguridad alimentaria y en el funcionamiento del ecosistema terrenal. Una buena gestión de los espacios naturales es necesaria para proteger la vulnerabilidad social.

Nuevas actitudes implicarán un cambio sostenible hacia la ecología, respeto al medio y responsabilidades sociales, corporativas y empresariales

Un nuevo modelo nutricional, conllevara la demanda de alimentos y suplementos alimenticios que mejoren el estado de salud, potencie el sistema inmunológico y nos proteja de infecciones: Una nutrición personalizada. Esta pauta puede ser el pasaporte por el que circule la alimentación en un futuro próximo.

 Un cambio de modelo nutricional implicará toda una revolución silenciosa en el sistema agroalimentario, en la cadena de valor de productos y en la imagen ante los consumidores.

Incorporación de la ciencia y el conocimiento en la toma de decisiones solidarias para fortalecer su presencia en la sociedad.

Las opciones que se pongan en marcha llegaran para quedarse: teletrabajo, conexiones en red, intercomunicación, videoconferencias, venta online y cualesquiera otros signos de modernización, competitividad y rentabilidad.

En la nueva sociedad de la alimentación, la llegada masiva de la inteligencia artificial, robótica, bigdata, etc. a las normas de actuación y responsabilidad del sistema agroalimentario adquirirán una muy relevante importancia.

Adoptar cambios en estas direcciones traerán aparejada una evolución de los coetáneos modelos agrario, alimentario y del agrarismo (agricultura, pesca, ganadería, silvicultura e industria de transformación, manipulación y artesanía y sus métodos de trabajo) entre los que se encuentran, sin lugar a dudas, la viña y el vino.

La presión mundial, reivindicando la descarbonización del sistema, la permacultura, la sostenibilidad y valores medioambientales, sobrepasarán a las actuales coordenadas basadas en el buen hacer del sector, sus figuras de calidad reconocidas o su glamour en la sociedad de la alimentación. Hay que “volver a mimar a la naturaleza y no aprovecharse de ella y ni menos destrozarla”.

Hay que ordenar todo lo que el sector ha hecho en materia de desarrollo sostenibles, ahorro energético, energías limpias, vuelta al mundo rural (lucha por la despoblación, incorporación de jóvenes, nuevas tecnologías, etc.), incorporación de inteligencia artificial y robótica, venta online para evitar la brecha digital en el sector y que la viña se muera, porque eso supondría la desaparición de zonas, de vinos, de rentas, de personas y de un modo de entender las relaciones humanas. Trabajemos pues con las ideas, compromisos e instrumentos del día de después, que nunca debe ser un volver a empezar o un borrón y cuenta nueva.

En la manifestación de la caída del muro de Berlín una de las pancartas decía “queremos odres nuevos para vinos nuevos”. El sector del vino siempre ha tenido sus tiempos para superar la salida de múltiples crisis a las que históricamente se ha enfrentado y es ahora en “tiempos de cambio”, cuando debemos aprovechar las limitaciones sobrevenidas para generar oportunidades y devolver la ilusión a un sector que sufre.

Parodiando a Carl Gustav Jung, que en su obra “Símbolos de transformación” definió el Ave Fénix como aquella figura emblemática, capaz de elevarse desde las cenizas de su propia destrucción, el Vino también debe simbolizar el poder de la resiliencia que renueve el sector en otro mucho más fuerte, valiente y luminoso.

La FEV pide fondos comunitarios extraordinarios para salvar al vino más allá de presupuesto del PASVE

 Publicado el por Vicent Escamilla (colaborador)

La Federación Española del Vino (FEV) presentó el pasado 27 de abril, en una rueda de prensa virtual su Memoria de Actividades 2019, en la que su director general, José Luis Benítez, reclamó que la Comisión Europea apoye al sector vitivinícola europeo “con un presupuesto extraordinario que permita implementar medidas extraordinarias, más allá de la dotación anual del Programa de Apoyo al Sector Vitivinícola Español (PASVE)”. Tal y como avanzó SeVi, la CE acordó el 22 de abril adoptar medidas de apoyo al vino ante la situación provocada por la crisis sanitaria del coronavirus, pero, en principio, se enmarcarán en el marco financiero de los Programas Nacionales de Apoyo al Sector Vitivinícola (PASVE), es decir, no habrá fondos adicionales a los ya presupuestados.

La Federación se encuentra trabajando junto con el resto del sector y el Ministerio de Agricultura en propuestas y medidas que permitan a viticultores y bodegas sobreponerse a esta crisis del coronavirus. Además, en ese sentido, Benítez destacó la necesidad de flexibilizar el PASVE para apoyar al sector y reactivarlo una vez termine el estado de alarma y sus consecuencias inmediatas. “Es fundamental que las autoridades autonómicas sean conscientes de que los fondos sobrantes de la actual anualidad del PASVE, son del sector, pertenecen alas bodegas”, ha recalcado Benítez, que ha confiado en que se coordinen rápidamente con el Ministerio.

Durante la presentación de la Memoria de la FEV, su presidente, Miguel A. Torres, repasó la situación actual del sector vitivinícola español, marcada por la crisis del Covid-19 y especialmente por el cierre del sector Horeca. “En el primer cuatrimestre del año, la facturación de las bodegas españolas ha disminuido un 35%. Cuánto caigan en todo el año, dependerá de la evolución de la situación”, detalló Torres al explicar que, aunque se pueda hablar de cierto crecimiento de las ventas del canal alimentación y del canal online, este no compensa de ninguna manera la caída que provoca el cierre total del canal Horeca, tal y como venimos publicando.

Torres alertó también sobre las negativas perspectivas del turismo que recibirá España y las consecuencias para nuestro sector, por lo que ha insistido también en la necesidad de que la restauración española gane fuerza en otros países, lo que también revertiría en una mayor presencia de los vinos españoles en el exterior.

Desde la principal patronal bodeguera española, afirman que la exportación se está comportando de una manera muy irregular, aunque confían en que, al igual que está ocurriendo con China, la reapertura de la hostelería en nuestros principales mercados exteriores permita reactivar las exportaciones. No hay que perder de vista que la crisis del Covid-19 se suma a otros obstáculos con los que viene lidiando el sector del vino desde hace tiempo como son los aranceles extraordinarios establecidos por Estados Unidos desde octubre de 2019 y la incertidumbre provocada por el Brexit.

También la amenaza del cambio climático y la necesidad de que la restauración española gane en internacionalización, para que actúe como embajadora de los grandes vinos españoles. Para ello, desde la FEV tendieron su mano para apoyar a los restaurantes en ese camino y ponerles en contacto con socios capitalistas en países extranjeros, así como ICEX y cámaras de comercio.

La Memoria de la FEV refleja las acciones desarrolladas por la Federación y la evolución del sector vitivinícola a lo largo de 2019, así como su Plan Estratégico 2019-2024.

Descarga la Memoria de Actividades 2019 de la FEV aquí.