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Bloques y escenarios en el sector vitivinícola

 Publicado el por José Vicente Guillem (colaborador)

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A lo largo de su historia, el sector vitivinícola ha mantenido un diálogo constante con la sociedad, ha sido sometido a una acción/reacción de intereses que han representado fuerzas, presiones mediáticas, exigencias de unidades de gestión y grupos comerciales, etc., originando un vertido de opiniones favorables o encontradas, sobre “temas sectoriales”, olvidándose (en ocasiones) de la importancia de resolver las cuestiones con autoridad.
Hoy en día, la presencia de bloques, unidades de opinión o grupos de presión, que inciden sobre elementos de la cadena de valor del sector, se pone de manifiesto tanto en los grandes foros (OIV, OMS, OMC, parlamentos, etc.), como en las relaciones entre Estados (UE, países terceros, Mercosur, etc.) y las normas de convivencia entre operadores sectoriales (empresas, distribución, convenios, etc.). Tal parece ser que un subproducto de la globalización e internacionalización sea la dificultad para caminar juntos.
La historia nos muestra la existencia de bloques, en función de la potencia que gobierna el mundo, en convivencia con las estrategias y políticas “correctas” que, amparadas y planificadas por las técnicas de la época, han marcado diferencias, influido en los mercados, ensalzado o reconocido tipos de vino y determinado hábitos de consumo. Siempre, de forma general, son identificados por los valores del comercio/consumo.
También la historia demuestra la presencia de territorios que alcanzaron nombres propios donde la vid vegeta, se elabora vino y se presentan en sociedad, al objeto que el consumidor conozca, acepte y ponga en ellos su confianza, que han generado zonas de valor e intangibles de marca, donde se representan culturas y patrimonios y se desarrollan labores de comunicación e información. Con carácter general, estos territorios se identifican con los valores de la producción/ transformación.
Un conjunto de operaciones técnicas, económicas, comerciales y sociales que inciden en el desarrollo de zonas pueden verse cuestionadas por presiones en los mercados y confluyen en estos escenarios, motivando promover actividades y estrategias, desarrollar trayectorias y tomar decisiones que pueden influir, alterar o modificar las normales relaciones sectoriales, cuyos resultados pueden verse afectados a causa de los efectos de la acción/reacción.
La historia de las relaciones sectoriales
No creamos que estas relaciones nacen en el s.XX. Fueron las antiguas civilizaciones mesopotámicas las que divulgaron, de oriente a occidente, la cultura de la viña y el vino, las que establecieron normas cualitativas, comportamientos sociales y orientaciones de consumo, estipulando acciones para el caso de su incumplimiento. Desde siempre, el cultivo de la viña y la elaboración y consumo de vino ha sido reglamentado y adaptado a las necesidades del comercio.
Durante los Imperios Griego y Romano, se establecieron sobre el entonces mundo conocido filosofías y leyes en defensa de modelos vitícolas, enológicos y de consumo, concretándose colaboraciones, relaciones y normas que se extendieron conforme se ampliaban las fronteras. Medidas proteccionistas o liberalizadoras, según la evolución de mercados y siempre en defensa de sus propios intereses.
Con posterioridad, la civilización cristiana dignificó el “trabajo en la viña”, invitó a “compartir el pan y el vino” y elevó todo ello a nivel de “mito, rito y culto”, propagándolo y extendiéndolo por tierras noveles, donde mostró la viña su dimensión colonizadora y su faceta social, si bien siempre unido a opciones claras, según intereses de castillos, cartujas y pueblo llano.
En la actualidad, el “centro de gravedad” del sector parece situarse en el ámbito de las culturas anglosajonas y, desde sus foros, equipos de empresarios y grupos de consumidores, establecen opinión, presentan normas, ejercen presiones y dictan conductas que determinan y desarrollan “ideas” y “estilos de vida”. Son los medios de comunicación los que trasmiten noticias con rapidez, transformando en efímero todo éxito inmediato.
Esta introducción, da paso y permite analizar, determinar y valorar las coordenadas de un sector que, evidentemente, está alineado en bloques, con marcados intereses “no generales”, incluso en ocasiones contrapuestos y egoístas y que se han introducido en él mismo bajo el marco de la liberalización, globalización, comunicación e internacionalización que las economías imponen en cada momento.
Tipos de bloques y escenarios
en la sociedad de la alimentación
Los escenarios y bloques son un reflejo veraz de cómo se interpreta la actividad productiva y la transformación, cómo entender el comercio y el desarrollo del negocio y cómo llegar al consumidor, con interpretación fiel de las normas del mercado. Con carácter general, se puede prestar especial atención a las siguientes contraposiciones entre términos:
-Los que están en la cultura del vino vs. los que no están, ni lo estarán por razones de costumbre, interés, religión, desconocimiento o falta de medios.
-Los consumidores habituales vs. los temporales o momentáneos, en función de elementos culturales, hábitos, celebraciones o fiestas.
-Los alineados en la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) vs. los componentes del Grupo Mundial del Comercio del Vino (GMCV).
-Los países miembros de organizaciones supranacionales con personalidad propia: BRIC, PECOS, UE, PT vs. los que no lo son.
-Los países miembros de organizaciones internacionales: OMC, OMS, FAO, etc. vs. sus vasos comunicantes, relaciones y formas de ver al sector del vino.
-Las naciones tradicionales productoras de vino, las emergentes, las consumidoras netas vs. aquellas de viticulturas heroicas y con climas difíciles.
-Las regiones con normativas liberalizadoras vs. las con normas restrictivas, en vías de acuerdos que faciliten o no las relaciones.
-Las zonas donde el vino forma parte del sistema alimentario vs. las que lo configuran otro tipo de bebidas.
En razón a factores geográficos, productivos, estructurales de explotación, personalidad jurídica de la empresa/cooperativa, destino de las producciones, etc. también se plantean escenarios muy diversos:
1- Geografía de la viña y vino vs. modelos productivos. La viña y el vino situados en un mapa y su entorno, relacionados según cada ubicación o lugar. Se observan desde modelos de producción y explotación diferentes, hasta los particulares umbrales de consumo que cambian según territorios, conjugando países consumidores y los no consumidores o bien por su vocación de consumir tipos de vino, por ejemplo: zonas consumidoras de vino blanco o de tintos, etc. En este primer epígrafe se ponen de manifiesto las diferencias en aspectos:
• Caracterización de espacios: internacional, nacional, regional, zonas, etc.
• Tipos de vinos: con o sin modelo de protección, certificación, marca, etc.
• Especialización: uva de mesa, pasa, mosto, vino y alcohol, subproductos, etc.
• Localización de implantación de viñedo y zonas productoras: crecimiento o arranque, nuevas plantaciones, vocaciones productivas, etc.
• Situación del viñedo: en función de clima, suelo, llano, pendiente, altura, laderas de río, etc.

2- Operadores sectoriales y entornos donde desarrollan actividad. Se reconocen los protagonistas sectoriales, sus actividades y compromisos. Mientras que “producen muchos, comercializan muy pocos”, conviviendo desde grandes empresas a empresas familiares o cooperativas con intereses muy diversos y a veces contrapuestos. En este segundo epígrafe es importante reconocer los segmentos siguientes:
• Mundo rural/mundo urbano: viticultura elemento básico de desarrollo rural, actividad agraria, población, territorio, paisaje, ocio, etc.
• País productor/consumidor: modelos de sociedad, impuesto y fiscalidades, barreras técnico-comerciales, proteccionismos, etc.
• Nación emergente/tradicional: características de la explotación, normas de explotación, prácticas enológicas, liberalización, etc.
• Segmento gran distribución/tienda especializada: logística diferenciada, definición de tipos de vino, imagen, comunicación, servicios, etc.
• Empresa familiar/cooperativa/multinacional: modelos de gestión, diferente concepto de vino, referencias a competitividades e intereses distintos, etc.
• Países mediterráneos/continentales: explotación, terroir, caracterización de producto, modelos vitícolas diferentes (plantación, sequía, madurez, etc.), etc.

3- Tipos de vino y condiciones de consumo. Identificación de tipos de vino por su reputación y notoriedad o por los gustos o modas de cada momento, usos y costumbres y hábitos de consumo. Resalta en los últimos tiempos la influencia de la comunicación, la promoción, la divulgación y la formación. En este tercer epígrafe es conveniente fijarse en las matizaciones siguientes:
• Vino producto agrario/producto industrial: relación con el origen, rendimientos, diversidad, criterios de calidad y expresión, etc.
• Vino alimento/vino problema social: en relación con el consumo moderado, droga, problemas derivados de los abusos, anti vino, etc.
• Tradición/moda: modernidad de lo clásico, valor propio o imitación, tendencias del consumo, valor de la imagen y comunicación, etc.
• Biodiversidad/normalización: innovación, encorsetamiento normativo, tipos de vinos distintos y diversos, uniformidad, etc.
• Elite/honesto vino de cada día: expresión del vino, segmento comercial, usos y funciones, cultura, patrimonio, etc.
• Denominación/marca: las DD.OO.PP. y sus normas, liberalización y rigor, criterios y compromiso de empresa, segmentación, puntos de venta, etc.

4- Prácticas vitivinícolas y su implantación. Conjunto de prácticas culturales, enológicas y comerciales que garantizan la presencia de un vino ante un consumidor. En este apartado se producen paradojas y agravios, pues mientras el mercado es único las normas de producción y transformación cambian según bloques o escenarios que se caracterizan por las diferencias en:
• Prácticas autorizadas, prohibidas según reglamentaciones vigentes, Estados y para tipos de vino.
• Etiquetado, información y presentación de los tipos de vino, normas obligatorias y facultativas.
• Protocolos de elaboración de vinos con notoriedad y reputación, menciones protegidas, nombres propios.
• Prácticas concretas: chaptalización, correcciones, virutas, equipos especiales (ósmosis, desalcoholización, resinas), prácticas desleales, etc.
• Mecanismos de protección de los elementos propios y diferenciación de los valores generales.
Los bloques y escenarios elementos de comprensión del actual momento sectorial
En el fondo de la cuestión se pretenden explicar sucesos que llaman la atención, que no son normales y que determinan improntas, relaciones, actuaciones en el leal marco de relaciones sectoriales, como pueden ser:
- Las guerras del vino (Francia- Italia, UE-China, España-China, EE.UU.-UE, Mercosur- UE, Brasil-Argentina, etc.).
- Las competencias desleales (precios en caída libre por debajo de costes, publicidad engañosa, luchas de representación, etc.).
- El descenso del consumo (hábitos, usos, costumbres, precios al consumo, etc.) y la lenta progresión de la cultura del vino a pesar de las inversiones en promoción.
- El pausado, complicado y difícil camino hacia la simplificación, armonización y estabilización del marco legal.
- La falta de ética y compromisos que, como urticaria, de vez en cuando, salpica al sector y lo debilita frente a la competencia.
- El por qué se respeta poco el concepto y origen del vino, confunden términos y se le atribuyen situaciones sociales a las cuales no ha contribuido, o se llama vino a lo que no es.
- El situar el vino a nivel de estupefaciente y las escaladas de los lobby antialcohol, con los problemas que de ello se derivan.
En el sector vitivinícola, al igual que ocurre en otros muchos sectores con actividades diferentes pero igualmente dominados por los criterios imperantes de una economía neoliberal, se plantean numerosas luchas por los poderes (imagen, rentas, competitividades, el nº1, etc. ), acceder a la mayor parte del pastel, a la máxima representación, al mejor galardón, los más preciados honores, etc., pero pocos con ilusión luchan con autoridad por un sector mejor, más ordenado y articulado (defensa de unos intereses generales, colaboraciones puntuales y no competencias, revalorizar la cadena, dignificar el sector en la sociedad, intensificar los esfuerzos por incrementar los consumos con moderación, etc.) y, sobre todo, que el vino siga siendo vino y solo vino.
La “utopía del vino perfecto”, debe ir acompañada por la expresión más veraz de un sector que lucha por su futuro, como decía el poeta: “violentando corazón, nervio y músculo”. Es decir como suma de pequeñas imaginaciones y realidades desde la viña a la mesa, sea cual sea el modelo de gestión empresarial, el escenario previsto o el itinerario seguido.
Alcemos las copas por el sector, por sus operadores comprometidos y por cualquiera de los vinos, por que todos ellos son, al menos una expresión de cultura y en lugares del planeta tengan opción de conocerlos.

El valor bruto de la producción de vino y mosto creció un 26,1% en 2013

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

Atendiendo a la segunda estimación del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), a 30 de enero de 2014, sobre la evolución del valor de la producción agraria durante el pasado año, el valor bruto a precios corrientes de la producción de vinos y mostos en su fase inicial se incrementó un 26,1%, en relación al valor bruto de 2012, pasando de casi 1.700 millones de ese ejercicio (cifra, además, revisada al alza), a 2.142,8 M€ estimados el pasado año 2013, con un aumento de 443,7 millones entre ambos ejercicios. Se trata, además de la cifra históricamente más elevada desde el inicio de la década de los 90.Este importe de negocio, conviene siempre recordar, recoge solo el valor, a precios básicos, de los productos vegetales obtenidos en el desarrollo de la actividad productiva de las explotaciones agrarias y cooperativas en su fase inicial de comercialización, es decir, en la fase de producción, cosecha y primera transformación de las uvas recogidas en mosto y vino.

Es decir, al valor calculado de las uvas cosechadas y comercializadas en origen, en una primera fase que suma también la producción de vinos y mostos elaborados y comercializados desde las propias explotaciones y desde las cooperativas agrícolas, obtenidos de la cosecha o vendimia de estas materias primas.

Durante 2013, se produjo, de nuevo y por cuarto ejercicio consecutivo desde el del año 2010, una recuperación del negocio vitivinícola en la fase de producción inicial en origen, tras los descensos de los años 2009 y 2010.

Más en concreto, el valor de la producción bruta de vino y mosto fue el resultado de un volumen de producción de vino y mosto notablemente superior al de un año antes, con un alza del 41,4% respecto a la cosecha de 2012. El Magrama contempla para su estimación el dato de producción de vino y mosto del avance estadístico a 30 de noviembre de 2013, que fue de 50,58 millones de hectolitros.

Comparativa de los balances del vino: campañas 2010/11, 2011/12 y 2012/13 (prov)

 Publicado el por SeVi (colaborador)

Los balances que se presentan en este documento corresponden a las campañas 2010/11 (datos definitivos), 2011/12 (datos definitivos) y 2012 (datos provisionales).

Los aspectos relevantes observados en esta comparativa de balances elaborada por la Subdirección General de Estadística del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente son:

1º) La producción utilizable respecto de la producción total se ha mantenido estable en las dos últimas campañas, habiendo descendido respecto de la primera campaña (2010/11).

2ª) Las exportaciones son claramente crecientes, superando el 50% de la producción total.

3ª) La utilización interior total es decreciente en todos sus componentes (consumo humano, usos industriales, destilaciones y transformación)

4ª) Las existencias finales se han ido reduciendo cada campaña, respecto de las existencias iniciales.

Los actuales beneficiarios del Pago Único de viñedo deberán cumplir una serie de condiciones para seguir percibiendo ayudas de la nueva PAC

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

La Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural de los pasados 20 y 21 de enero alcanzó un acuerdo sobre aspectos clave de la aplicación en España de la nueva Política Agraria Común (PAC), que afectará a partir de 2015 a más de 650.000 hectáreas de viñedo, perceptoras de 142,75 millones de euros de Pago Único en la campaña 2013/14.

Hubo un consenso básico del Ministerio de Agricultura y de las CC.AA., salvo en el caso de Andalucía, que solicitó un reparto más equitativo de los fondos comunitarios al Desarrollo Rural y ayudas asociadas a otros sectores, como el olivar en pendiente.

Los viticultores que aún sigan en la actividad dentro de este sector y hayan estado recibiendo el Pago Único hasta ahora, deberán cumplir, al igual que el resto de los productores agrarios, una serie de requisitos para seguir percibiendo el Pago Básico por hectárea de viñedo, que sustituye a la referencia histórica del Pago Único, así como otros pagos (pago verde u otros en su caso).Entre lo acordado, está la definición de la figura del “agricultor activo”, que va a suponer que quedarán fuera del beneficio de las ayudas las personas físicas o jurídicas cuya actividad agraria no sea significativa en el conjunto de su actividad económica. Magrama y CC.AA. acordaron que se considerará que la actividad es significativa cuando los beneficiarios cuentan con algún ingreso agrario suficientemente representativo distinto de las ayudas o pagos directos. En este sentido, no será considerado como agricultor activo aquel cuyas ayudas directas supongan más del 80% del total de sus ingresos agrarios. O, en otros términos, será considerado agricultor activo aquél cuyos ingresos por la actividad agraria, en este caso como viticultor, representen al menos el 20% de sus ingresos totales.

Este requisito no será de aplicación para los agricultores que perciban menos de 1.250 euros anuales en ayudas directas.

La nueva PAC reglamenta el futuro régimen de autorizaciones de plantación de viñedo

 Publicado el por Alfredo López (colaborador)

El pasado 20 de diciembre el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) publicó el Reglamento 1308/2013 de la Organización Común de Mercados (OCM), en donde se incluye (Capítulo III, desde el artículo 61 al 72) como novedad el nuevo régimen de autorización de nuevas plantaciones, que sustituirá al vigente sistema de derechos de plantación de viñedo y cuyas líneas básicas fueron ya adelantadas por la SeVi en su día.

La vigencia del nuevo régimen se extenderá desde 1 de enero de 2016, hasta el 31 de diciembre de 2030, con una revisión intermedia que deberá realizar la Comisión para evaluar su funcionamiento y, en caso, pertinente, formular propuestas. No obstante, aunque aún queda tiempo para la entrada en vigor del nuevo régimen, varios Estados miembros han solicitado ya a la Comisión que simplifique el complejo marco de gestión propuesto. En concreto, a nuestro país le preocupa la fijación de criterios óptimos, con los que se pueda medir con fiabilidad suficiente la producción en riesgo, a fin de autorizar cada año hasta el 1% máximo del potencial vitícola para nuevas plantaciones.

En la nueva reglamentación se establece que los Estados miembros, teniendo en cuenta las recomendaciones provenientes de las organización reconocidas y representativas del sector, pondrán cada año a disposición autorizaciones para nuevas plantaciones que representen el 1% máximo de la superficie plantada de viñas, por decisión de cada Estado miembro. Uno de los aspectos principales del nuevo sistema es que solo se permitirán plantaciones o replantaciones que lleven aparejada su autorización. Es decir, se exige que los productores presenten previamente una solicitud, que cumpla con los criterios de admisibilidad objetivos y no discriminatorios. Dicha autorización, correspondiente a una superficie específica expresada en hectáreas, será concedida sin coste para los productores.

Las autorizaciones serán válidas por un periodo de tres años, a contar a partir de la fecha en que hayan sido concedidas. Los productores que no hayan utilizado la autorización concedida durante el citado periodo de validez serán objetivos de sanciones administrativas. Con ello se pretende que el uso de las autorizaciones sea individual, no transferible, directo y rápido, evitando la especulación.