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‘Sabe a uva. ¿A qué va a saber un Tinto Figuero?’

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

José María García repasó la trayectoria de la bodega. (photo: )

José María García repasó la trayectoria de la bodega.

Cuenta José María García (La Horra, 1936), alma páter de la bodega Tinto Figuero (D.O.P. Ribera del Duero) (que para alma máter ya está Milagros Figuero), que siempre que algún paisano le loa que sus vinos saben a uva, contesta con naturalidad: “¿Y a qué va a saber un Figuero?”. Se lo digo yo: sabe a familia, terruño y trabajo. Así quedó patente en el encuentro que la familia García-Figuero organizó el pasado 13 de marzo con la prensa especializada en Madrid para presentar las añadas en el mercado de sus vinos.

Arriesgada desde la convocatoria, pues hay que tener mucha confianza lo que haces como para presentar un menú maridado de vinos tintos de Ribera del Duero con la propuesta gastronómica de O’Pazo dominada por los productos del mar.

El próximo 4 de abril la bodega cumplirá 17 años. Tinto Figuero supuso hacer realidad el sueño de hacer un vino propio de las viñas que venía cultivando José María en La Horra (Burgos) desde que contaba con apenas 14 años de edad. No en balde, durante décadas las grandes bodegas de la Ribera del Duero se abastecieron de sus uvas y tiene la consideración de ser uno de los grandes viticultores de España. Sigue siendo un viticultor de los que mira todas las noches al cielo para ver si hay estrellas e intuir si hay alguna amenaza para el viñedo.

En la actualidad, la bodega Tinto Figuero gestiona 150 hectáreas en La Horra, “el pueblecillo que mayor concentración de uvas buenas tiene”, según relata, de las que 80 hectáreas son en propiedad (34 ha de viña vieja de entre 60 y 90 años). Siempre han creído en la Tempranillo/Tinta Fina y, de hecho el clon varietal de las viñas de la familia García-Figuero procede de cepas prefiloxéricas gracias a los religiosos franceses llegados a La Horra en 1908.

Mimos a las viñas y a su fruto. Vendimian todo a mano en canastos de castaño de hasta 12 kilos de capacidad (lo hacen las mismas familias desde hace 34 años), con selección tanto en campo, como en viña. Y, afortunadamente, sus hijos “han heredado sus tijeras de podar” y con ellas su pasión por la vitivinicultura.

Hablábamos antes de arriesgados (por poco usuales) maridajes, como gamba blanca de Huelva a la plancha o unas almejas de carril a la sartén con Figuero 4 2016, un vino de la categoría roble, con cuatro meses en barrica, goloso y aterciopelado; los bocaditos de merluza a la romana o unos chipirones de anzuelo en su tinta con Figuero 12 2015, un crianza con 12 meses, elegante, frutal, complejo, con estructura; un rodaballo salvaje a la plancha con el tinto Milagros de Figuero 2014, maduro, balsámico, mineral, denso y estructurado, puro terroir de La Horra, carnoso y largo. La carne no llegó hasta que apareció el steak tartar de solomillos de buey, que acompañó Figuero Noble 2012, profundo, con mucha complejidad y punta mineral, potente pero medido, con más de 15 años de vida por delante, seguro; y el solomillo de buey con Figuero 15 de la añada 2013, complejo, con notas de fruta bien madura, regaliz, especiado y sutilmente balsámico, sedoso y elegante en boca. Cerró el menú un rico postre de chocolate, maridado con Figuero Tinus 2012, perfecto baile de frutas confitadas, torrefactos y ahumados, con especias y amargos, tinta china. Equilibrio y elegancia.

Empleo de las TIC en viticultura

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Cada vez en mayor medida el viticultor actual incorpora las nuevas tecnologías como una herramienta más de su trabajo, una herramienta que le permite llevar adelante una viticultura de mayor precisión que redunda en una gestión más eficiente y sostenible de sus producciones. En este proceso trabaja desde 2014 Monet Viticultura con el objetivo de ofrecer al empresario vinícola una ayuda vital en su toma de decisiones informando a los viticultores en tiempo real de lo que ocurre en sus viñedos. Y es que cada vez son más las bodegas que tienen claro que el vino se hace en el viñedo por lo que se hace imprescindible conocer mejor sus características, zonificación, pluviometría e incidencia de enfermedades.

Monet Viticultura trabaja ya con una veintena de bodegas en diez denominaciones de origen españolas a las que ofrece información personalizada que les permite mejorar la calidad y la eficiencia de sus explotaciones. "La herramienta ofrece la valoración y la predicción del riesgo de que se produzca una enfermedad fúngica en el viñedo. Los algoritmos de valoración y predicción de enfermedades, desarrollados y validados por Monet, se alimentan de parámetros meteorológicos medidos en los puntos característicos del viñedo, el estado fenológico en el que se encuentra la vid y la predicción meteorológica a nivel de parcela. Toda esta información está a disposición del usuario, quien puede consultarla en cualquier lugar y en cualquier momento desde un teléfono móvil, un ordenador o una tablet", explica Débora Franco, que destaca que Monet Viticultura ofrece valoración y predicción del riesgo de mildiu, oídio, botritis y black rot.

Para cada una de estas enfermedades se evalúan tanto las condiciones climatológicas como fenológicas lo que permite conocer el grado de desarrollo de la enfermedad en cada una de las etapas del ciclo de vida del hongo y tomar la decisión de cuál es el mejor producto para aplicar en la lucha contra esta enfermedad.

Gracias a esta información, que el viticultor recibe diariamente a través de un informe por correo electrónico y que fácilmente puede consultar en cualquier momento e interpretar fácilmente a través de un código de colores tipo semáforo, el profesional puede conocer el nivel de riesgo en todo momento, lo que disminuye la incertidumbre inherente al trabajo en campo, permite realizar la aplicación de tratamientos fitosanitarios en el momento óptimo y justificar su aplicación conforme a los requerimientos de la legislación (RD 1311/2012).

Además permite optimizar el número de tratamientos fitosanitarios, lo que redunda en una optimización de costes, tanto humanos como económicos y medioambientales, y mejora la calidad sanitaria de la uva reduciendo el residuo químico.

La plataforma también incorpora información de los índices de vegetación del viñedo obtenidos a través del procesado de imágenes aéreas tomadas por satélites, avionetas o drones. Esta información permite zonificar el viñedo, conocer las diferencias de vigor, clorofila o eficiencia fotosintética en las distintas zonas de cada parcela y realizar clasificaciones de uva previas a vendimia, información que puede ser de gran interés para la gestión eficaz de la producción.

Dehesa de Luna entra en el mercado de AOVE de alta gama

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Finca Dehesa de Luna, Reserva de Biodiversidad, está ubicada en el Campo de Montiel y es un espacio natural de especial interés por la riqueza de su fauna y de su flora. Dentro de este espacio, Dehesa de Luna ha creado un viñedo único de 85 hectáreas rodeado de encinas y de olivos con los que se elabora el nuevo Dehesa de Luna Aceite de Oliva Virgen Extra. Cuenta con 44 hectáreas en cultivo ecológico de olivos plantados hace 20 años con la variedad Picual y no ha sido hasta las cosecha 2017 cuando ha entrado en el interesante y cautivador sector del aceite de oliva virgen extra. Se han elaborado 2.500 botellas de medio litro. Dehesa de Luna Aceite de Oliva Virgen Extra destaca por los aromas de fruta fresca y hojas verdes que se combinan con ecos balsámicos (menta) para componer un conjunto aromático muy elegante. En boca, mantiene la frescura y se muestra a la vez sutil y contundente. Equilibrado.

Viñas del Vero homenajea la llegada del primer Chardonnay al Somontano desde Burdeos hace 125 años

 Publicado el por Salvador Manjón (colaborador)

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Hace 125 años, y huyendo de la plaga de la filoxera, llegó a la región del Somontano la familia Lalanne procedente de Burdeos y plantaron en esta tierra aragonesa sobre pie americano las primeras cepas de Chardonnay del Somontano. Para conmemorar tal hito, la bodega Viñas del Vero celebró recientemente en Madrid un acto que también sirvió para presentar en sociedad la añada 2017 de Viñas del Vero Chardonnay. Una variedad a la que la bodega fundada en 1986 y que forma parte, desde julio de 2008, de la Familia del Vino González Byass, le debe mucho. No en vano, el primer premio conseguido por Viñas del Vero fue con su Chardonnay.

En 1987 comenzaron a replantarse terrenos de Viñas del Vero en Barbastro con viñedos de diferentes variedades. En aquel momento, Viñas del Vero fue pionera en desarrollar el potencial de calidad de los vinos del Somontano y, en pocos años, logró ser el referente vinícola de Aragón.  Con el fruto de la vendimia de 1990, Viñas del Vero elaboró su primer vino monovarietal de Chardonnay. Desde ese momento, Viñas del Vero Chardonnay se convirtió en uno de los vinos más representativos de la joven D.O. Somontano y en un referente de la variedad en el panorama vinícola nacional, avalado por diferentes premios y reconocimientos en todo el mundo.

Durante el acto se celebró una cata vertical para observar el efecto del paso del tiempo y el factor añada en Viñas del Vero Chardonnay. En la que recorrimos desde el último en llegar, fruto de la añada 2017, hasta 1998, haciendo escala en las añadas de 2014, 2007, 2004, 2001 y 1998. Interesante ejercicio.

El gerente y enólogo de Viñas del Vero, José Ferrer manifiesta sentir debilidad por la variedad Chardonnay, a la que (al igual que ocurre en la zona con Cabernet Sauvignon o Merlot) cuesta seguir llamando foránea, tras más de 125 años en el Somontano.

Entiende a la variedad y respeta su fruta, buscando la mayor frescura vendimiando a mediados de agosto y beneficiándose de que en el Somontano, por fortuna, los efectos del cambio climático todavía no son tan acuciantes como en otras regiones. Esta zona de suelos calizos, con inviernos extremados y veranos cortos, ofrece unas condiciones agroclimáticas inigualables para obtener excelentes vinos.

Kolenda y Nazarín, los vinos Lagar d’Amprius que rinden homenaje a Luis Buñuel y a Calanda

 Publicado el por SeVi (colaborador)

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Vino y cine son dos conceptos unidos desde tiempos inmemorables. Consciente de ello, Lagar d’Amprius, la bodega turolense del Grupo Térvalis, ha elaborado dos nuevas botellas con un diseño y unos nombres muy especiales: Kolenda y Nazarín, dos vinos para rendir homenaje a Luis Buñuel, el cineasta turolense más universal. Además, para apoyar la gran labor de difusión que realiza el Centro Luis Buñuel de Calanda de la figura y obra del cineasta, la bodega le cede estos vinos para su uso comercial y el 10% del beneficio de su venta.

El tinto Garnacha Lagar d’Amprius recibe en esta edición especial el cinematográfico nombre de Nazarín, título que da nombre a la famosa película de Luis Buñuel protagonizada por Marga López y Francisco Rabal, realizada en 1959 e inspirada en la novela homónima de Benito Pérez Galdós (1895). Fue ganadora del Festival de cine de Cannes en 1959. En el diseño de su botella se pueden observar serigrafiadas en vinilo blanco sobre fondo negro escenas de diferentes películas de Buñuel como el propio Nazarín, ‘Un perro andaluz’, ‘Viridiana’, 'Simón del Desierto’, ‘Ensayo de un crimen’, y ‘El discreto encanto de la burguesía’. El vino que contiene es Garnacha 100% de la añada 2015, galardonado en el recién celebrado Certamen Mundus Vini en Alemania con Medalla de Oro. A este certamen internacional se presentan alrededor de 10.000 vinos de todo el mundo y, tan solo, un 30% han obtenido reconocimiento.

Este tinto es de color rojo rubí y está elaborado con Garnacha Fina. “Un vino auténtico, bondadoso y a la par sofisticado, como él, como Buñuel”, así describe la etiqueta de la botella esta Garnacha con la que desde Lagar invitan a disfrutar, sentir y ser cómplice de las películas de Buñuel.

En cata se muestra color rojo rubí de intensidad media, con ligera variación a tonos rosados en el ribete, lágrima lenta y sutilmente coloreada, muy limpio y brillante. En nariz dominan los aromas de fruta roja, cerezas, guindas al kirsch endrinas y fresas, tonos florales de violeta y rosas, y una sutil presencia de recuerdos lácticos de yogur de fresa. Se “abre” rápidamente, dejando paso a toques de café y toffes así como recuerdos especiados de pimienta roja y canela. En la boca la entrada es directa y su paso rápido, cálido y glicérico, ataque sutilmente goloso, acidez media y tanino ligero y untuoso de cuerpo medio. Final amargo y tostado, con mucha calidez y dilatado retronasal donde permanecen los torrefactos.

Por su parte,Kolenda es el nombre que recibe el blanco de estos vinos como se denominó al primer asentamiento celtibérico que se habitó en las proximidades de la actual Calanda. En el diseño de su botella se observa una escena haciendo un guiño a la Semana Santa del Bajo Aragón y a su emblemática Ruta del Tambor y el Bombo. Tal y como reza su etiqueta, este vino blanco es “un homenaje a tan ilustre Villa, a sus nobles gentes de arraigadas tradiciones”. Así pues, el espíritu limpio, la nobleza, el amor por las tradiciones sin renunciar al carácter emprendedor de las gentes de Calanda, quedan recogidos y representados por este vino de la variedad Gewürztraminer original de la Región de Traminer-Alsacia.

Variedad novedosa en esta comarca que marca un estilo de vino blanco con muchos matices en boca y nariz. Una apuesta arriesgada que ha llegado para quedarse y terminar siendo el Gran Blanco de Amprius Lagar. Así se está reconociendo en certámenes internacionales. Ejemplo de ello es la Medalla Bacchus Plata 2016 que recibió recientemente.

Vino blanco de color amarillo dorado. El vino está en un momento de juventud y lo refleja a través de aromas muy frescos de lichi, uva y pera, y también con marcados aromas florales, especialmente de rosas y flor de acacia muy típicos de la variedad. Luego van apareciendo toques de melocotón y plátano, así como aromas de olivas verdes y romero. Es un vino muy especiado, con recuerdos de pimienta blanca, cardamomo y comino. En la boca es seco, de acidez media, cuerpo medio y alcohol bien integrado. El paso por boca es sabroso y muy fresco. El sabor final es largo y especiado de complejidad media-alta, con un característico sabor amargo que se mantiene y refleja la pureza de la variedad.

El compromiso con el territorio es un valor fuertemente arraigado en el Grupo Térvalis, y a través de esta colaboración, Amprius Lagar, que comparte el mismo valor, apuesta con estos vinos por la cultura de su tierra. Concretamente, la bodega está ubicada en la Comarca del Matarraña (Teruel) en las fincas conocidas como Mas d’en Roch y Mas d’en Jerra, en los términos de Calaceite y Arens de Lledó.